Política
Precios con chispa
El invierno ha llegado esta semana con contundencia. La auténtica semana de la estación donde prácticamente toda España se ha llenado de nieve. No han faltado los catarros, resfriados y otras tantas dolencias con que el clima ha alcanzado a muchos españoles. Fue el miércoles pasado la jornada más fría, según han registrado los servicios meteorológicos, con temperaturas entre los dos y los 12 grados en Málaga, por poner un ejemplo, donde se goza generalmente de un clima cálido.
Ese mismo día parece que fue el agosto de las eléctricas que han subido los precios para aprovechar el tirón. Una cantidad considerable de electrodomésticos como el calefactor, la vitrocerámica, el microondas y la televisión, por citar algunos, que han alcanzado el precio de 30 céntimos por hora. Afortunados los hogares que gocen de estos lujos diarios porque en la próxima factura de la luz la cara de horror será histórica. Es así como nuestras compañías energéticas, que también sirven de hogar de jubilación para algunos políticos de las altas esferas, cuidan del mercado y no tanto del consumidor. Y es que parece ser que el suministro a Francia es uno de los motivos de estos precios.
Con independencia de criterios de mercado, el sistema está diseñado de forma que las compañías puedan beneficiarse sí o sí. Al respecto, ahí está la limitación en el uso de energía solar y de otras fuentes alternativas. Usted está obligado por nuestras sagradas leyes a enchufarse a la red si quiere tener energía en su casa. Sin embargo, no puede buscar otros medios. Y es que, esto obviamente no responde a la presumible libertad económica de los sujetos, sino en todo caso a un proteccionismo favorable a las eléctricas que presuntamente señalan acogerse a la ausente competitividad del mercado.
A quién le importa
Este fin de semana se han alternado dos hechos que afectan directamente a la persona que ostenta la Presidencia de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. De un lado, las manifestaciones con decenas de miles personas en Granada, Málaga, Huelva y Sevilla contra los recortes en salud del gobierno autonómico. De otro lado, la convocatoria del congreso que elegirá al nuevo Secretario General del PSOE, donde la sevillana compite contra Patxi López.
Entre otros precedentes al problema de pérdida de calidad de los servicios sanitarios se pueden mencionar bastantes más. Las continuas denuncias presentadas por el ya famoso Jesús Candel, alias “Spiriman”; la destitución del director gerente, Emiliano Nuevo, realizada por el Servicio Andaluz de Salud en febrero del año pasado por solicitar más recursos; las largas listas de espera en atención especializada; la compra de medicamentos de baja calidad; e incluso el colapso de las consultas de los médicos de cabecera. Con este aval, Susana Díaz aspira a presentarse como lideresa del PSOE y futura candidata a la Presidencia de España.
No falta decir que en la agenda del ejecutivo andaluz, lo que suceda dentro de su comunidad poco importa. Ya que ahora existe una ventana de oportunidad para que las élites regionales socialistas coaligadas con Díaz puedan implantarse nuevamente en Ferraz. Sede que volverá a ser dirigida directamente desde la capital hispalense. Lo demás parece que es superfluo en la agenda de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
Geriátricos políticos
La carrera política en España tiene un recorrido multinivel. A grandes rasgos, el inicio se produce en el gobierno local, siendo alcalde o concejal con responsabilidades ejecutivas en el ayuntamiento. Al cabo de uno o dos mandatos, unos reducidos sujetos que han ejercido funciones en el ejecutivo municipal son promocionados como diputados autonómicos y/o nacionales. Bien se puede dar el caso, de ser primero parlamentario regional y posteriormente pasar al Congreso. Finalmente, el diputado puede formar parte del gobierno con un puesto como ministro o secretario de Estado. Y si la cosa sigue adelante, acabar en alguno de los conocidos cementerios de elefantes.
Los “geriátricos políticos” o instituciones dirigidas hipotéticamente a aprovechar el bagaje de estos profesionales son variados. Entre ellos, se encuentra el Senado, un lugar que puede servir tanto de premio por la labor desempeñada en el partido como una forma de deshacerse de elementos incómodos. La diplomacia es otro lugar donde aparcar a estos ancianos que comparten silla con la vieja aristocracia castellana. Ahí está el reciente Wert que ha acabado en París por destruir nuestro sistema educativo. Y como no, las instituciones europeas y supranacionales que suponen una forma de salida de lo que podría definirse la esfera del Estado.
Estos días se habla del caso del Yak-42 y de Ignacio Trillo. El Peter Baelish del aznarismo. El político perfecto que a todos cae bien y dispuesto a gestionar los temas más truculentos, taimados y sucios que necesite el príncipe. Parece que la justicia no alcanzará a Trillo después de regresar de su idílico exilio inglés, quien ya solicita ser integrado en el castizo Consejo de Estado que representa a la sociedad tanto como un simio al conjunto de los mamíferos.
Ciudadanos jerarcas
Podemos ya ha empezado su guerra interior. Al respecto, surgen los críticos contra la falta democracia basándose en una guerra de liderazgos. Parece que alguien pensaba que la supuesta democracia interna del partido morado iba a ser una excepción a la vieja política, o de forma más clara, a la política partidista de toda la vida. Necesariamente son dos cuestiones distintas, el grado de democracia interna y la pugna entre las élites de esta fuerza. Es politológicamente normal que todo grupo político experimente este tipo de desajustes que son necesarios para una posterior armonización de las jerarquías. Sí. Jerarquías.
Lo mismo está pasando ahora en Ciudadanos donde ya se han hecho públicas las primeras críticas contra el liderazgo personalista de Rivera. Más suavizado que el caudillismo que experimenta Pablo Iglesias, pero no menos efectivo por las consecuencias que tiene para la organización naranja. Así, Albert se ha rodeado de sus personas de confianza como Arrimadas para asentar el nuevo orden dentro del partido. Ya otra cosa, como hemos dicho antes, es que esto no puede unirse al debate sobre la mayor o menor democracia interna. ¿O quizás sí?
La ley de la oligarquía de hierro de Michels sigue estando presente. No vengan Pablo Iglesias ni Albert Riveras a darnos explicaciones. Porque una cosa está clara. Los debates internos en cualquier partido no dejan de ser enfrentamientos entre élites con distintos intereses que termina con la imposición de una frente a las otras. Y eso no lo va a cambiar la perfumada “nueva política”.
La Pedroche
Empezamos un nuevo año abotargados de solomillo, cigalas, lomo, mantecados y uvas. Efectivamente las uvas que han vuelto a dar Antena 3 y La Sexta de mano de Chicote y la Pedroche. Se ha convertido en un ritual habitual en las últimas Nocheviejas observar el modelito que nos trae esta presentadora de Zapeando para que todos los machos ibéricos puedan satisfacer sus ínfulas de testosterona barata del más clásico landismo.
Para ser invierno, el nuevo modelo de Cristina Pedroche bien podría haber pasado por un bañador para estrenar en algún lujoso hotel de la Costa Azul. Eso sí, por favor, en época estival que hace mucho frío para poner tantas carnes al aire en medio del invierno madrileño. La pregunta que nadie se habrá hecho, o al menos entre los machos, es por qué no tenemos a Chicote con una ropita más corta que muestre la bondad de su voluptuosidad fabricada en los fogones entre plato y plato.
Se extrañarán algunos que un machista reconocido como el arribafirmante se queje ahora de este espectáculo. Si alguien se pregunta si es porque frecuento capilla puede tranquilizarse que llevo años sin pisar un templo, a excepción de las consabidas bodas, bautizos y comuniones que celebran los círculos familiares. Pero es que ya me tiene hasta el gorro esta tipa que le vota a Unidos Podemos, supuestos defensores del feminismo más vanguardista, y después hace negocio con la denigración de la figura femenina.
Errejón asediado
La coalición de Unidos Podemos, o mejor dicho, Podemos se caracterizó por una audaz propuesta desde sus inicios. Esa singularidad estaba y está en saber explicar la realidad política española con mensajes claros, nítidos y transparentes. La joven política de la que se jactaban desde la formación naranja hasta los seguidores de las nuevas tesis de la izquierda adogmática como distinción de su marca. No obstante, una excepción hermética es el discurso creado en torno al conflicto existente en el seno del partido.
Desde hace unos meses, distintos medios de comunicación ya jugaban con un posible desacuerdo tanto ideológico como programático entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. Lo que se ha confirmado tras las cartas presentadas por ambos esta semana y el aviso de que si cambian los rumbos, también cambiarán las personas. La ardiente crispación y el transversalismo unificador enfrentados por el método para alcanzar un mismo fin: la confluencia de los ciudadanos. No es éste un debate nuevo en la política ni mucho menos en su vertiente más filosófica y moral. ¿Qué es preferible diría Rafael del Águila? La tensión maquiavelista constante o la suave sofisticación de la política cooperativa de Aristóteles y Arendt.
En política, el debate sobre el medio no es una cuestión baladí porque al final cualquier proyecto político tiene como objetivo lograr una mejora en las condiciones de vida de la sociedad. Más importante es aún cuando detrás existe un partido político y el fin deseado dentro de sí, es el mismo. Si la toma de decisión sobre el método descansa en cuál es el instrumento preferido por la mayoría de sus votantes, no cabe dudas al respecto. Por su parte, el flamante Iglesias propone adherirse a los postulados de Izquierda Anti-Capitalista sin haberle preguntado antes a sus militantes siquiera dónde se ubican ideológicamente si en un centro-izquierda o en un extremismo estalinista. Un análisis de las cifras demoscópicas, y Bescansa experta en el tema lo sabe, demostrará que la mayor parte de sus fieles no se encuentran entre las antípodas soviéticas, sino en otro hemisferio.
Adiós al Comandante
La muerte de Fidel Castro, el último gran dictador comunista de la Guerra Fría -con excepción de los herméticos señores de Corea del Norte- ha muerto. Parece, y seguirá pareciendo un mito hasta que lo asumamos con el paso de los días, increíble que quien experimentase varias decenas de intentos de asesinatos por los servicios de inteligencia de Estados Unidos haya fallecido definitivamente a los noventa años de forma natural. O al menos, no premeditada con acuerdo a un plan de política exterior de Washington.
A nadie deja indiferente esta muerte, ni a los partidarios ni a los detractores, pero mucho menos a aquellos que se sitúan en una delgada línea entre el amor incondicional y el odio exacerbado. Ciertamente Castro después de derrocar el régimen de Batista, hizo suyo ese lema de Lenin de: «¿y la libertad para qué?». No ya tanto aduciendo que fuera un engaño creado por la supraestructura capitalista, sino argumentando que era necesario fortalecer la gobernabilidad del sistema de la isla caribeña. Lo que supo manejar inteligentemente colocando a Cuba dentro del panorama internacional durante la crisis de los misiles en medio del enfrentamiento entre los dos bloques.
Lo que parece que se olvida y que nadie ha hablado, es la posición que ocupará actualmente Cuba en las relaciones internacionales. Ya que desde su independencia a finales del siglo XIX, había sido uno de los cotos privados de la Casa Blanca y después del largo paréntesis de la dictadura castrista, cabe preguntarse qué lugar ocupa Cuba también en la agenda española. Dicho de otra forma, durante más de un siglo España ha dejado de lado a la antigua colonia cubana, dejando que la primera potencia y otras como la URSS campasen a sus anchas entre las cálidas costas caribeñas. Cuba no ha estado en la agenda española, salvo cuando se ha tratado de crear confrontación política entre la izquierda comunista y la derecha. ¿Y ahora qué?
The only one
Rajoy ya ha comunicado que se presentará de nuevo como candidato para la presidencia del Partido Popular. El catch-all-party de los conservadores españoles con una estructura presidencialista y un sistema de selección de su ejecutivo configurado por los compromisarios es una de las mejores máquinas de gobernabilidad intrapartidista que existe en el sistema de partidos españoles. Su organización está dispuesta de forma que el presidente nacional dispone directamente de una gran cantidad de información y poder de decisión sobre su continuidad o no. De esta forma, sólo su decisión de abdicar en el cargo o no renovar, produce el cambio saludable de élites a nivel nacional en este grupo político.
La carrera política de Rajoy no es muy distinta a las de otras personalidades entre los populares. Lo que comenzó con un concejal en Pontevedra, pasando por distintos cargos parlamentarios tanto a nivel autonómico como nacional, culminó durante el Gobierno de Aznar en su elección como ministro. De ahí, dio paso a la pugna con Esperanza Aguirre por el liderazgo del partido y finalmente se consolidó durante la segunda legislatura de Zapatero como el indiscutible líder de la oposición.
Casi diez años después, Rajoy aspira a ser el candidato al poder ejecutivo para las próximas elecciones, que debido a la inestabilidad del parlamento es posible que se adelanten. Con independencia de las posturas de la baja valoración de su liderazgo, el popular persiste en su intento tenaz por acceder a una tercera legislatura como Presidente del Gobierno. Lo que sí es cierto es que ni los partidos en Estados Unidos ni en muchos otros países de Europa los candidatos a dirigir una fuerza política están sometidos a un control tan laxo por su propio partido.
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