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Susana en el mito de Electra

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electra-susanaLa situación en el parlamento andaluz se ha complicado bastante. Ya ni en segunda votación, Susana Díaz ha conseguido investirse como Presidenta de la Junta de Andalucía. Pese a ser una de las líderes mejor valoradas en los últimos meses, eso no ha impedido que se vea salpicada por la imputación de Chávez y Griñán. Y es que, la dimisión de ambos es la condición que fuerzas como Ciudadanos y Podemos están reclamando para dar luz verde al poder ejecutivo. Mientras tanto, los populares siguen observantes desde sus cuarteles de invierno, los ayuntamiento de las capitales de provincia, esperando al vendaval de las elecciones locales.

La cuestión es que son mentalidades distintas, discursos distintos, los que separan a los socialistas más jóvenes, los que se encuentran actualmente entre la treintena y la cuarentena, de los mayores que ya han superado el medio siglo. En palabras de Bourdieu, son dos habitus distintos: unos que han crecido en los convulsos tiempos del tardío-franquismo y la Transición, y otros que ya han vivido su plenitud política o han nacido en la democracia. Sin embargo, el cambio de los tiempos ha llevado a nuevas exigencias de los social-demócratas sevillanos.

En este contexto, el dilema de Díaz mantiene una analogía con el mito de Electra. La hija debe “matar a su madrastra”, es decir, a sus predecesores políticos para poder gobernar, para convertirse en reina del reino. Un reino en el que parece que por fin se eclipsa una de sus más míticas dinastías. Si no hay parricidio, el reino tendrá que volver a pronunciarse sobre quiénes serán sus delegados en la corte real y el ciclo volverá a abrirse una vez más. Veremos.

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Tela para Rato

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ratoRodrigo ha sido el primero en caer. Inspección hogareña, detención durante unas horas y de vuelta a la calle. El relato ha quedado como un amago de ejercicio de Justicia, pero también como un aviso de que los partidos están dispuestos a ¿reconocer? sus errores. Un reconocimiento de los errores cometidos es probablemente lo que puede (o podría) haber salvado la situación de nuestros partidos dinásticos: socialistas y populares. Por desgracia, ni Chaves ni Griñán, ni a Ratos ni a Montoros, se les va a presionar como se le presiona a aquellos ciudadanos que son deshauciados de sus hogares por impago.

Después los cuadros actuales de estos partidos se preguntan qué es lo que está pasando. ¿Por qué se habla de “casta” o de “vieja política”? Puede ser que quizá alguien esté jugando a crear un nuevo discurso para una nueva época de mano de la batuta de Laclau. ¿Es necesario un nuevo orden o nos quedamos como estamos? Quizá lo deseable puede ser recuperar el bienestar que teníamos hasta mediados de la década pasada, sin que nadie diga que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Para nuestros viejos políticos, eso también sería lo deseable, pero ya no saben por dónde se van a meter porque la cosa está que arde.

Ese mito de “las dos Españas” ha quedado totalmente por los suelos. Ya no hay dos Españas, hay cuatro cuartas Españas que postulan por sus verdades, mientras otras tantas arrinconadas en sus nidos ideológicos observan desde su torre de marfil el que puede ser uno de los escenarios más dinámicos de la historia reciente. Lo que no cabe duda, y el Parlamento de Andalucía lo demuestra, es que por una vez, tendrán que pactar y habrá que llegar al pacto, o se irá todo al carajo. Lo dicho: que hay tela para rato.

Susana en el cambio andaluz

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incendio_archivo_los_palaciosYa tenemos nueva responsable del ejecutivo andaluz. Por primera vez en nuestra historia, la cabeza de la Presidencia es una mujer. Sin embargo, esto es uno de los pocos motivos de celebración que tiene la Junta de Andalucía. Está claro que el nombramiento no electo de Susana Díaz no responde al interés ideológico -o estético- de poner a una fémina al frente de la institución. Por desgracia, se trata de una retirada de Griñán ante el riesgo de que su persona pudiera salpicar con su permisividad las corruptelas del caso de los ERES a la institución autonómica.

Por su parte, Díaz responde que se perseguirá la corrupción. El mismo día que lo dice, le estalla el incendio intencionado de un archivo en el Ayuntamiento de Los Palacios. Lugar donde constaba importante documentación sobre los fondos de reptiles que se habían usado por parte de determinados miembros del PSOE-Andalucía. Además, como también se han destruido actas e informes con un gran valor histórico pertenecientes al siglo decimonónico. A la par, el vendedor de humos Antonio Martín se aventuraba unos días antes a valorar el discurso de Díaz como una entrada de aire fresco en el búnker. Al final, la poesía barata es lo poco que queda en el discurso de los socialistas andaluces.

Mucho tendrá qué hacer Susana si quiere reconvertir el aparato del partido. No obstante, puede que la solución a este problema sólo sea posible mediante un cambio de partido en la Presidencia de la comunidad autónoma. Lo que sólo será posible en las próximas elecciones al Parlamento Andaluz. Por desgracia, las alternativas de la derecha tampoco parecen muy auspiciadoras. Si algo parece no cambiar en los candidatos andaluces es su residencia en la ciudad de Sevilla, su carrera en Derecho y eso sí, por la Hispalense. He aquí el cambio andaluz.

La clave está a la izquierda

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25M. Desenlace de la contienda electoral por Andalucía. Los protagonistas del bipartidismo se la juegan todo a una. Aunque, en la parrilla de cada partido hay distintas cuestiones que acabarán con buen asado o una chamusquina definitiva. Por ello, si algo marca a los contendientes es que el derrotado perderá mucho más que el acceso al ejecutivo de la Junta de Andalucía.

En primer lugar, el PP andaluz afronta su bautismo de fuego para hacerse por primera vez en la historia con el Gobierno autonómica. Y por tanto, efectuar una alternancia en el poder de la comunidad que ha estado durante más de treinta años en un régimen de partido dominante, según la clasificación de Sartori. Lo que, se presume, es un síntoma de calidad democrática para las instituciones y la cultura política. No obstante, la apuesta de los conservadores es el liderazgo de Javier Arenas, político superviviente e iniciado en el centro-democrático durante la Transición. Y que, de no obtener la victoria acabaría totalmente quemado produciendo una renovación de la élite en el seno del partido.

En segundo lugar, el PSOE se juega la continuidad del régimen chavista, ahora griñaniano, de café para todos. O mejor dicho, está a prueba el liderazgo de José Antonio, que recibió el Gobierno de la Junta de parte de su amigo Manuel, pero nunca lo ha ganado hasta ahora en unos comicios. De ahí, debemos observar si el heredero tiene la misma virtus que el príncipe; o si por el contrario, la fortuna termina por vencerlo en el último momento después de tantos ERES, fondos reptilianos, leyes de reforma administrativa y demás varapalos. Cuya hipotética derrota abriría aún más las luchas intestinas en el socialismo andaluz arrastrado por la marea azul.

En tercer y en último lugar, está el gran decisor de esta contienda IU. Esta formación aspira a aumentar sus diputados gracias a los votos volátiles desde la izquierda del PSOE. Lo que la coloca en una posición inmejorable para negociar con los socialistas un gobierno de coalición en caso de que los populares no obtuviesen mayoría absoluta, o si, dejaría a la derecha gobernar como castigo al gobierno saliente como hizo en Extremadura. IU lo tiene todo por ganar porque si cede al PP aumentaría sus votos y apoyos de forma indirecta y se legitimaría como “auténtica izquierda” frente a un PSOE que ella misma cataloga como derecha. Si no, regresaría al ejecutivo entrando en la gestión de la comunidad autónoma con todas sus prerrogativas y prebendas.

En cuanto a los diputados de PA y UPyD, los primeros se quedarían fuera y los segundos mantienen unas lejanas posibilidades de conseguir algún diputado por Sevilla y Málaga. Por lo que, tras este análisis, la izquierda real es la que tiene el sartén por el mango y la que decidirá cuál será el destino de Andalucía en la próxima legislatura.

El dúo dinámico: Griñán y Valderas

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Los candidatos a las elecciones andaluzas, disculpen, algunos han tenido la buena costumbre democrática de participar en el debate televisado. Un ritual que viene siendo símbolo de una cultura política coherente y saludable. Aunque, antes bien habría que observar si el dúo entre Griñán y Valderas corresponde con las fuerzas que compiten por la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Muchos partidos, especialmente los que carecen de representación política, se quejan de la poca visibilidad que tienen en los medios de comunicación. Y en parte razón no les falta, pero entonces llegamos a la pregunta sobre cuáles son los partidos que deben ser llamados a un debate. La tradición electoral norteamericana impuso como tendencia la confrontación entre los dos principales partidos, pero esto sólo tiene sentido en un sistema bipartidista como el del otro lado del Atlántico.

Dice Sartori que aquellos partidos con poder real, es decir, los que ostentan o pueden lograr una representación efectiva son los que deben ser analizados. Por tanto, bien estaría que en el debate se hubiese contado con la presencia de UPyD y PA, a los cuales se les ha hecho un vacío mediático. Y mejor no hablar, del desplante del valiente Javier Arenas, temeroso de ser acorralado en el gallinero de Canal Sur.

Asimismo, reza en el estatuto de RTVA que los medios autonómicos serán un fiel reflejo de las distintas sensibilidades y la diversidad de la comunidad. Parecer ser que, los directores de la empresa pública sólo han tenido en cuenta a los dos grandes, amén del tercero que está ahora en alza. Por lo que, ni la censura de PA y UPyD, ni la espantada de los populares hacen honor a esa pluralidad política que bien debiera haberse esperado del mencionado debate. Por lo que, el debate ha dejado más por los suelos aún la pésima imagen de la que ya disfruta esta nuestra televisión autonómica.

Del egoísmo localista o la ley de capitalidad

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El debate sobre las ventajas que debe gozar Sevilla por su estatus como capital andaluza ha abarrotado los titulares en la última semana. A raíz de las demandas de colectivos sociales hispalenses, el consistorio de la ciudad ha vuelto a demandar la creación de una norma autonómica que haga honor a la capitalidad. Todo ello en base, al abandono que ha sufrido por parte de la Administración Central y autonómica. Lo que se traduciría en más fondos, administraciones e infraestructuras para el polo del desarrollo andaluz en un interior prácticamente en vías de desarrollo.

Por su parte, De la Torre ha manifestado que carece de sentido dotar de mayor capacidad a Sevilla. En primer lugar, porque Málaga, Almería y Granada son las ciudades que más aportan a las arcas regionales, pero son las que menos perciben en relación a su capacidad contributiva. En segundo lugar, por no ser justo con el resto de provincias ni municipios ni con las dificultades que atraviesa su financiación. Lo que ya estaba previsto en la ley de autonomía local que preveía unos mayores recursos para los entes.

Desde la capital hispalense, se sigue promoviendo a bombo y platillo eso de que son capital. La solidaridad interterritorial, la justicia redistributiva y la capacidad de financiación del resto de municipios andaluces quedan olvidados en la buhardilla por el egoísmo sevillano. Los que no satisfechos con ser capital administrativa, receptores de dos exposiciones mundiales y beneficiarios de los recursos de la Junta tienen el morro de decir que son los grandes ignorados. Pues, su queja no está en demandar para Andalucía mayores fondos por ser la gran olvidada por la Administración, sino en recordar que Sevilla la menos olvidada lo sigue estando.

Por si no fuera poco, desde el grupo socialista del Ayuntamiento sevillano se quejan del desacuerdo entre populares de allí y de Málaga. Lo que no se recuerda tampoco es que su gestión ha dejado sin fondos tanto a las arcas locales como a las autonómicas. Lo que entrega un argumento más para que la insolidaridad territorial hispalense pueda seguir haciendo gala de su “caciquismo anocéntrico”. Menos mal que Málaga y Almería siguen aportando al grifo del derroche autonómico, menos mal para Javi y José Antonio.

Trini, ¿la malagueña?

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La disputa entre el socialismo andaluz y la ejecutiva federal manifiesta sus efectos en la elaboración de las listas electorales. En esto de las circunscripciones que tanto nos recuerdan a los feudos, entre baronías y taifas lleva a que señores y señoritas que no tienen nada que ver con una localidad la encabecen sin haber estado nunca en ellas. Es el caso de la actual ministra y diputada, Trinidad Jiménez, malagueña de nacimiento y madrileña de corazón que toda su carrera política la ha volcado en la capital. La cual tiene el privilegio de encabezar la lista electoral de los socialistas por su ciudad de origen.

Lo criticable más que la decisión de la cúpula socialista es la tendencia del sistema electoral en los grandes partidos. Estas entidades colocan a sus pesos pesados en las cabezas de los feudos donde tienen asegurada la salida de los parlamentarios estrella. Todo ello, con independencia de la relación que estas personas mantengan con el electorado de dicha provincia. El que puede ser cero como el caso de Trini cuya experiencia está más vinculada a Madrid y las relaciones iberoamericanas.

A mediados del siglo XIX, las cámaras legislativas eliminaron los mandatos imperativos de los electores sobre sus representantes. Una acción basada en la creencia de otorgar una mayor libertad a los representantes. Los que finalmente, en países de cultura mediterránea vuelven a emular un feudalismo choricero que bien noble podría ser si la relación con el electorado fuese tan directa como en los países anglosajones donde aún se mantiene la tradición de entrevistarse periódicamente con el electorado. Mientras tanto, tenemos que confiar en los conocimientos de Trini sobre las necesidades de Málaga. Un conocimiento que no será mayor que los que tenga de la posición que juega en la partida de ajedrez entre Rubalcaba y Griñán.