nacionalismo

Cerdos y tirantes

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lanzaDecía Pablo Iglesias en algun reunión con sus amiguetes de la kale borroka que había que “cazar fachas”. Los sicarios de Alsasua, el chungo de Bódalo y la defensa del pobrecito Alfon es la llamada de los guiños de líderes como Colau, Carmena y muchos otros a esa extrema izquierda que cruza finamente las barreras no ya del Estado de Derecho, sino del respeto a la dignidad humana. Y es que, desde su punto de vista existe una extrema ideología (izquierda) que es más digna que otra extrema ideología (ultra-derecha). Fíjense, los perros callejeros haciendo suya la superioridad moral y el saberse seguros de tener en sus manos la receta definitiva al orden público (o anárquico).

La última estratagema de nuestra indisciplinada izquierda ha sido justificar que el asesinato del legionario por el señor Rodrigo Lanza ha sido en defensa propia. Se puede plantear que en defensa propia, Lanza tuvo el tiempo suficiente para tomar una barra de hierro para abrirle la cabeza a Víctor Laínez y ya de paso fumarse un cigarro mientras le pateaba la cabeza. Esta última agresión confirmada tras la autopsia de la víctima. Lanza que ya tiene un currículum envidiable tras haber dejado tetrapléjico a un Guardia Urbano. Y que para hacer más honor a su linaje, es descendiente de los golpistas chilenos que acabaron con la socialdemocracia de Allende. Ahora bien, serán los tribunales quienes deban tomar cartas en este asunto.

Sea como sea, los guiños de la izquierda de Iglesias y Colau a los extremismos antisistemas de los que ellos mismos provienen y a los nacionalismos periféricos no es gratuita. Tiene un precio. Lo ha tenido y lo va a tener en tanto en cuanto la arena sobre la independencia catalana sigue siendo aún un campo de batalla entre la derecha españolista y la izquierda periférica. Esa izquierda que todavía grita al unísono de “Dios, patria, rey y fueros” en las masías geronesas. Esa izquierda que ni es izquierda ni es derecha y es toda tradición, conservadurismo e inamovilidad y que pretende legitimarse como (contra)revolucionaria.

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Cataluña del futuro

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Mientras Cataluña vive la campaña del 21-D, el heredero de Fortuny, el ex-president Puigdemont sigue como un exiliado en Bélgica. Los restaurantes de lujo en Bruselas y Lovaina, la ópera centroeuropea y las reuniones nacionalistas con otros convencidos de la causa junto al Estado belga que coopera misteriosa y siniestramente a favor de la causa. De nada ha servido la euro-orden de detención dictada por la judicatura española que ha sido respondida con el profundo silencio de la complicidad. Y la cual ha tenido que ser retirada. No vayan los tribunales a hacer un ridículo mayor que el que ya hace el compatriota Puchi por tierras europeas. Eso sí, tampoco han faltado los autobuses con Pujoles montados para mover banderas catalanas en el Parlamento Europeo.

La incapacidad de Europa, y más en concreto la connivencia belga, son un síntoma inequívoco del fallo institucional que tenemos por delante. La Unión Europea tiene más vocación de Liga Hanseática que de una auténtica integración política. El Brexit promovido por los conservadores ingleses y ahora esta chanza de nacionalismo catalán que dice sufrir una verdadera represión. Una represión franquista por la cual la Generalitat reclama una indemnización al Estado español. Como si el resto de España no hubiese sufrido los desmanes de la dictadura. Esto demuestra que los órganos comunitarios no sirven absolutamente para nada a la hora de respetar la mínima soberanía que queda a los países miembros. Y que el compromiso democrático se diluye entre las tramas de la diplomacia belga.

Y no ha faltado Mas a la fiesta para pugnar por el liderazgo. Los nacionalistas del interior contra la Generalitat en el exilio. Nos cueste más o menos, estos se está viviendo en el presente. Más de medio siglo después de la Guerra Civil y de tantos episodios que han desangrado a nuestro país. Sin embargo, no faltará el estallido de violencia. El viejo fantasma asesino de los nacionalismos periféricos que vira desde País Vasco hasta Catalauña, donde ya se han registrado el incendio provocado en un hogar por usar la bandera constitucional, las pintadas en los mítines del PSC y las amenazas a los miembros del PP y de C’s. Éste es nuestro presente, de aquí derivará el futuro de un conflicto que hará de Barcelona, una urbe decadente.

Innecesario

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Ya se sabía que Mariano Rajoy se había resistido a aplicar el artículo 155 de la Constitución Española. Fue esta una de las razones por las que hace unos años, y no el aborto como la prensa manifestaba, que hicieron que Gallardón abandonase el Ministerio de Justicia. Deseoso de suspender la autonomía de Cataluña y gestionarla desde Madrid por un período indeterminado. El 155 es un apartado vago e inconcreto cuyo peso político habría dado cierto margen de maniobra para que el ejecutivo español procediera a resolver el contencioso catalán. Estado de alarma, de sitio, de excepción y otras cuantas amenazas legales se han proferido estos días desde los dirigentes populares hacia las autoridades sediciosas de la Generalitat. Si a eso se le añade el peso político de la secesión en el contexto europeo y la salida de empresas del territorio autonómico, la presión sobre Carles Puigdemont ha sido enorme. El poder blando ha sido efectivo por ahora.

Si bien, con independencia de lo que hubiese sucedido en caso de haberse producido la DUI, el castigo penal y económico sobre su equipo y él mismo parece que ha sido el detonante de la retirada. Retirada momentánea porque se habla de “suspensión”. Y ahora, los dirigentes de la CUP que esperaban un pronunciamiento del nacionalismo más duro se encuentran revueltos ante el coitus interruptus que han sufrido por parte de la derecha catalana. La Cataluña rural castiza -curiosamente de izquierdas- y la otra Cataluña urbana, cosmopolita y que ha perdido poder global -lean la ciudad global de Saskia Sazen- están ahora en medio de un conflicto interno. Lo que está claro es que esto no ha acabado y que sólo es el paso a un nuevo capítulo de la tragicomedia nacionalista.

De lo que nadie se habrá dado cuenta o pocos han meditado es sobre el posible aumento de la intención de voto hacia el PP y Ciudadanos que se ha podido producir estos días. Menos tanques y más cabeza. Sin embargo, lo sugerente ha sido el baile de Podemos que de una semana a otra ha cambiado de postura en un auténtico espectáculo de travestismo político. Iglesias ha aprendido que el mantenimiento del tradicional respaldo anguitiano a los nacionalismos periféricos es muy bien recibido en los contubernios de cierta izquierda, pero la realidad y las consecuencias de un acto de tal osadía en plena secesión son otros distintos. Ahora sólo cabe desear que los populares y los socialistas no vuelvan a alimentar al drac como ya hicieron González, Aznar, Zapatero y Rajoy.

 

Excusas para reformas

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puigdemontHace unos días, el ex eurodiputado de Podemos, Carlos Jiménez Villarejo, enviaba una carta a Pablo Iglesias. Dicha misiva recogía una única petición: reformas. Las necesitadas reformas que el Estado español requiere para mejorar el bienestar de sus ciudadanos y recuperar los derechos civiles perdidos durante el Gobierno de Mariano Rajoy. El jurista solicitaba al líder de la formación morada que dejase a un lado las demandas de los nacionalistas a favor de comenzar el inicio del cambio político a través del acuerdo con las demás fuerzas parlamentarias. Como bien señalaba Villarejo, no era ni hora ni lugar para preocuparse por la independencia de ningún terruño ibérico.

Lo cierto es que el condicionante de Podemos, de colaborar en la aplicación de las reformas -en la mayoría de las cuales el PSOE e IU están de acuerdo y en otras que podría sumarse con Ciudadanos- venía supeditada a la celebración de plebiscitos autonómicos. Especialmente ahora que está candente el tema de Cataluña. O lo estaba, ya que el nombramiento de Puigdemont, ha acabado con el inusitado protagonismo que En Comú Podem aspiraba a tener en el proceso independentista. Ahora, la música del te reformo toda la casa, si separamos una de las habitaciones suena a requiem por una excusa. Y es que, el servicio de reformas profesional de Junts Pel Sí ha dejado a un lado a los manitas de turno.

Bien cabe observar si Iglesias presentará una nueva excusa barata, o si por el contrario, cederá finalmente a negociar con Sánchez. A la par, Rivera ha hecho gala estos días no tanto de su capacidad de acuerdo como de ser el lacayo de Rajoy como si de un apéndice popular se tratara. Todo ello, aludiendo al sacrosanto pilar de la “estabilidad”. Con Iglesias y Riveras poca estabilidad se va a alcanzar visto lo visto. Excusas. Sería recomendable que se volviera a proponer sobre la mesa aquella idea que planteó Errejón de nombrar un tecnocráta que permitiera reconducir la situación durante esta legislatura.

Demasiada permisividad, futura catalanidad

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alguer-italyCorren ríos de tinta sobre los pros y los contra de la independencia catalana. Se escuchan argumentos de un lado y de otro sobre la legalidad de la consulta que no deja de ser un comicio autonómico. Si sube el café, también están los que se preguntan si al escindirse estaría ese nuevo país dentro o fuera de la Unión Europea. Y para atemperar el debate, aparece un periodista de la BBC que desmonta uno a uno los argumentos de “Junts per Sí”. ¿Y quién se preocupará de la futura selección de fútbol catalana? Si bien, se observa que aquí nadie habla de los catalanes o la minoría catalana que se encuentra repartida entre, Andorra, el Rosellón francés y el Alguer italiano.

En un ejercicio de política comparada, se puede afirmar que esta escalada de la tensión catalano-española es el resultado de cierta permisividad del Estado español desde el inicio de la democracia. Como los más mayores saben, el Gobierno Central decidió conceder el reconocimiento de una autonomía a Cataluña, País Vasco y Galicia en un primer momento debido a que tras la Guerra Civil, eran una serie de demandas que se mantenían bajo el nombre de los llamados “territorios históricos”. Desde aquí, España ha evolucionado hacia un Estado descentralizado con determinados ingredientes regionalistas y federalistas, según teóricos como Agranoff, para satisfacer dichas exigencias territoriales.

En Francia, existe una minoría catalana que no tiene acceso a la educación en su lengua, tampoco se admite su lengua en las relaciones entre ciudadano y Administración. Esto es el resultado de un Estado centralizado que ha impuesto el francés tanto como lengua como patrimonio lingúístico común a todos sus territorios, sin ninguna concesión. Tan sólo en 2007, el Consejo General de los Pirineos Orientales lo reconoció como idioma oficial. En Italia, sólo la lengua catalana está reconocida como lengua minoritaria del Alguer desde 1991 y queda protegida por la jurisdicción que vela por la misma con un carácter protector, desarrollada especialmente a través del gobierno regional y municipal. Finalmente en Andorra, coexiste el catalán junto al español y al francés en igualdad de condiciones, existiendo centros de educación diferenciados para cada una de estas lenguas y auspiciados por los ministerios español y francés.

Ante todo esto, cabe preguntarse por qué en España no hemos procedido de forma similar al caso francés, más aún, cuando Francia tiene más minorías etno-lingüísticas (bretones, vascos, occitanos, catalanes, corsos, etc.) que España. O por qué no se quedó todo en un tímido reconocimiento territorial como en el caso de Italia. Tampoco se pudo auspiciar una situación similar a la de Andorra debido al reducido tamaño geográfico de este micro-Estado y a sus propias características socio-culturales. La permisividad ante todo ha sido la política del Gobierno Central, mientras en Barcelona se sigue haciendo dinero con los “tablaos flamencos” que desde una postura estrictamente nacionalista-catalana, no serían patrimonio de su identidad cultural.

Orgulloso de ser andaluz

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El Día de Andalucía se ha convertido en una efeméride más, sin ningún valor para aquellos que lo celebran. Entre los tópicos y los típicos, el andaluz es un tipo vago, poco preocupado por el futuro y otros aspectos negativos que en el imaginario general de los españoles aún pervive. Esta figura fue creada a principios del siglo XX por una serie de pensadores, filósofos y antropólogos que hicieron teoría de sus observaciones subjetivas del universo andaluz.

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Andalucía es una comunidad que pese a haber tenido un partido regionalista (o nacionalista) no ha conseguido hacer valer sus demandas frente a otras como Cataluña y País Vasco. Como dice Pepe García, el andalucismo de la democracia murió asesinado por sus propios creadores. Tras eso, parece ser que los andaluces no tienen ninguna forma de evitar el tópico, ni salir al paso de las diferentes acusaciones que padecen. Y ciertamente esta situación de indefensión tan sólo es una mentira.

El andaluz puede sentirse orgulloso en gran parte gracias a su herencia histórico-cultural. Para empezar, el mundo de Tartessos y las ciudades de Malaca, Sexi y Abdera fueron unos de los primeros centros urbanos del Mediterráneo antiguo. Si avanzamos un poco más, también fue una de las zonas que más permeable fue a la romanización, llegando a rebelarse contra los dominadores visigodos una vez había caído el Imperio. Al-Andalus albergó una de las tradiciones humanistas de la cultura islámica y tras la expulsión de los musulmanes, fue ocupada por valientes colonos -gran parte de ellos castellano-leoneses- que decidieron vivir en esta tierra.

A lo largo de la Edad Moderna, Andalucía albergó los puertos hacia las Américas -Sevilla y Cádiz-, sufrió los efectos de la piratería turca y magrebí y aportó recursos humanos a las sucesivas campañas militares por la gloria de los monarcas españoles. Finalmente, en la época decimonónica se eliminó su industria, ya que desde la perspectiva de las élites del Gobierno central, nuestra tierra era para trabajar el campo y que la industria y los bancos eran para los norteños y los vascos. Después de dos siglos, seguimos siendo fieles a la capitalidad de Madrid y siendo la comunidad autónoma más poblada. Esos somos los andaluces frente a los argumentos secesionistas de otras comunidades que son las mismas que nos critican.

Crisis del bipartidismo, auge del nacionalismo

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La reforma constitucional y la pasividad de los grandes partidos ante la crisis económica manifiestan sus últimos coletazos. Recortes en la sanidad y la educación, sin precedentes para el castigado Estado de Bienestar. Lo que afecta sobremanera a los gobiernos autonómicos en cuyas manos están las mayores políticas públicas, especialmente, las que el ciudadano puede tocar desde más cerca. Y es que, estos cambios determinarán una reducción de la capacidad de autogestión de las comunidades.

Los dos partidos principales entregan un argumento inatacable a los partidos nacionalistas para defender aún más el ataque de las decisiones centralizadas y por tanto, su radicalización. Por tanto, las elecciones no serán un mero trámite para validar la victoria de Rajoy, sino que serán un campo de batalla de negociaciones entre los dos grandes y los partidos minoritarios de Cataluña y País Vasco, entre otros.

En este sentido, cabe plantear la hipótesis de si nos encontraremos ante un futuro gobierno de pinza. La cuestión ya no está en la volatilidad que PP y PSOE puedan sufrir hacia otras opciones como UPyD e IU, sino en la participación, la volatilidad hacia las consignas nacionalistas y el voto en blanco. Con lo que, se hipotecan los intereses comunes de la nación española.