Córdoba

La voluntad del califa rojo

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Julio_AnguitaHace unas cuantas décadas, cuando Julio Anguita era alcalde de la ciudad de Córdoba, sonó un teléfono en los pasillos del consistorio. Era un llamada de Madrid y quién hablaba al otro lado, era ni más ni menos que Felipe González, el recién estrenado líder socialista como Presidente del Gobierno. Esta llamada llevaba una demanda hacia el califa rojo en el que se solicitaba al ayuntamiento cordobés, que al igual que otros, se sumara a la política del ladrillazo que tan bien iba a venir al resto de municipios. La respuesta de Anguita fue clara y flagrante. Mientras él fue alcalde de aquella ciudad, no se procedería a ningún juego con el ladrillo.

Habiendo llovido ya bastante, Anguita vuelve a ejercer su papel como líder de la auténtica izquierda, intentando consensuar una agenda entre lo que en España podría llamarse un “bloque de izquierdas”. Primero, ruptura de Izquierda Unida de cualquier pacto con la socialdemocracia, o sea, con el PSOE. Segundo, búsqueda de puntos comunes entre Izquierda Unida y Podemos. En tercer y último lugar, la confluencia de listas conjuntas para las elecciones generales de cara a una mayor unidad.

El problema de esta agenda de Anguita, que es bastante respetable desde una postura de izquierdas, es la pérdida de posibles feudos como Andalucía. Desde donde siempre ha sido tradicional, la búsqueda de una alianza de izquierdas para evitar el gobierno de la derecha. Sin embargo, se ha acusado bastante a los socialistas de no ser socialistas, sino de ser social-demócratas, socio-liberales y algún que otro marxista descolgado que de vez en cuando vota a otros grupos de izquierda. Pese a todo el descalabro del PSOE, esta hipotética alianza propuesta por el califa rojo responde a planteamientos de creyente, más que de arribista e introduce riesgos. Riesgos como los que ya vivió la izquierda en 1995 cuando con la complicidad de Anguita se dio paso al gobierno de los populares. Cada uno saque sus propias conclusiones.

Para los que se llaman incultos

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La última columna del arribafirmante cerraba con una afirmación entre sus comentaristas. Málaga no merecía la capitalidad europea porque es una ciudad donde impera la incultura y el resto sobra. Por ello, es oportuno responder cortésmente a esta afirmación tan bien argumentada en dos líneas. Decía Voltaire que no pienso como el prójimo, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo. Me parece legítimo que algunos piensen que en la urbe malacitana existe un déficit de cultura y ciertamente tiene razón en algo.

Vamos a ver. Algunos malagueños se llaman incultos porque lo manda el partido político, pero otros por pura ignorancia. Y esto tiene su razón de ser en que desconocen la estructura social y cultural de esta nuestra ciudad. En los últimos doscientos años, con sus luces y sus sombras Málaga ha forjado a sus propios hombres y mujeres, cuyo carácter dista bastante con el resto de provincias andaluzas.

Primero, mientras en la capital hispalense, el objetivo corriente de cualquier joven es trabajar para la Administración, en la capital económica la meta está en el sector privado. No escasas veces, los jóvenes animados por el autoempleo hacen gala de la iniciativa y el carácter emprendedor de los malagueños. Y es que, mientras Sevilla y otras ciudades andaluzas se han nutrido durante décadas del esclavismo procedente de las Américas y los ingresos de las tasas públicas gracias a los decretos reales. En Málaga, a falta de esclavos y de otras ayudas, hemos crecido con lo que teníamos, exportando nuestros productos a través del puerto y mediante la atracción del turismo. Y así, hemos crecido permitiendo alimentar con nuestros ingresos a una Administración autonómica que poco hace por nuestra urbe, salvo pedirle dinero.

En segundo lugar, nuestra ciudad ha recibido a más civilizaciones que cualquier otra ciudad andaluza. Hemos presenciado la llegada de iberos y tartessos, fenicios, griegos, romanos, cartagineses, visigodos, bizantinos, judíos, árabes y musulmanes y a día de hoy recibimos la llegada de muchos otros pueblos. Y conste el dato, que son escasos en la ciudad los malagueños con más de tres generaciones nacidas en la misma. Ciudad siempre hirviente de población, acogedora y hospitalaria. ¿Es posible denominar incultura a la diversidad? La única incultura que impera en nuestra ciudad es el desconocimiento del que hacen gala los que se llaman ignorantes, por el motivo que sea. Puesto que, son muchos y muchas los que a diario luchamos a favor de la cultura de esta ciudad y no pocas veces desde el anonimato.

A los que se sienten incultos. Pueden abrir la puerta de su casa, investigar y leer sobre nuestra ciudad. Cuando conozcan y sientan la esencia que define a Málaga, que vayan a otras ciudades andaluzas y conozcan el ambiente y las gentes que viven en ellas. Pues tanta cultura de la que gozaba Córdoba, fue quemada por un tribunal inquisitorial de feligreses de la misma ciudad durante más de tres decenios. Señorita, por favor lea y aprenda.

La otra capitalidad cultural

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La ciudad de Córdoba ha sido hasta hace unos meses la competidora andaluza con Málaga por la Capitalidad Cultural de 2016. Lo cierto es que, la vida intelectual y cultural de Málaga tenía sendas barreras para arrebatar a la antigua capital de Al-Andalus su paso a candidatura. De hecho, la urbe malacitana se quedó en la entrada para llegar a ser candidata, algo que los cordobeses y cordobesas no han tenido tan difícil.

La cuestión está en que además de esta barrera, existía una segunda. Las malas artes con las cuales el PSOE de Andalucía ha jugado con un proyecto, que más que político, es ante todo ciudadano y cultural. Para ello, desde el primer momento apoyó la capitalidad cordobesa antes que la de Málaga por ser un feudo popular. A la par que, los lacayos socialistas de Málaga brindaron su colaboración tardía a la iniciativa municipal a la espera de que fuese eliminada, sin dejar de ser “defensores de su ciudad” ante sus conciudadanos.

Una vez la marea pasó y la capitalidad malagueña fue devorada por la política partidista del PSOE y el incivismo, los cuervos dieron paso a su festín. Así, estos pajarracos ataviados bajo apariencia intelectual e hipotéticas instituciones ciudadanas se dedican ahora a criticar desde sus asambleas la “incultura malagueña”. ¿Falta de cultura? Se engañan quiénes dicen que en Málaga no hay cultura, puesto que no son escasos los intelectuales que a diario trabajan de forma anónima a favor de la ciudad.

El problema es que realmente no existen valores de amor a una ciudad, porque por encima de ellos, está la disciplina del partido. Pero, sería demasiado pedirle a estos individuos que se conviertan en intelectuales. Cuando en realidad, sólo son políticos que han leído alguna obra que les recordó a un viejo aire rojo cercano al anagrama que reza en su sede.