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Reseña sobre un estudio de élites gubernamentales españolas de Andrés Villena

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La Revista Española de Ciencia Política (RECP) acoge una reseña sobre una reciente obra publicada por Andrés Villena sobre las élites ministeriales de los ejecutivos del PSOE y PP en los últimos años. Esta monografía editada por Comares estudia distintos aspectos como los perfiles de procedencia de los ministros, los grupos de interés que están representados en sus carteras y la capacidad para actuar como un actor colectivo con su propio espíritu de cuerpo y capacidad para la coordinación. De esta forma, el autor muestra los resultados más brillantes de su tesis doctoral, siendo este libro una obra fundamental para los expertos en élites políticas en España.

La forma de gobierno es, y sigue siendo, una pregunta básica en la ciencia política. Tradicionalmente, los manuales de la disciplina han respondido a través de la clásica división entre parlamentarismo, presidencialismo y semipresidencialismo. Por su parte, la contribución institucionalista se centra en los cauces a través de los cuales discurre la organización de los poderes públicos dentro de un marco normativo. ¿Cómo se desarrolla la labor de gobierno de un Estado en su dimensión más empírica y en la realidad efectiva? ¿Cuáles son los criterios de los gabinetes ministeriales en su proceso de toma de decisiones? ¿Qué intereses están representados en los Ejecutivos de la España actual en el contexto de una crisis económica y un mundo globalizado? Estas son las cuestiones que plantea y a las que intenta responder la reciente monografía ¿Cómo se gobierna España?, donde su autor, Andrés Villena, estudia los ejecutivos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Para más información se puede leer en el siguiente enlace: https://recyt.fecyt.es/index.php/recp/article/view/58934/pdf_109.

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Ciudadanos en auge

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rivera.jpgLas encuestas parecen dar buenas noticias a la formación naranja. Ese centro-derecha actualmente que antes era centro-izquierda. El paraguas bajo el cual se amparan socialdemócratas, liberales, socioliberales, neoliberales y liberal-demócratas. Una fauna variopinta en la que se funden las ideologías mas primigenias de la época decimonónica con la sonrisa amable a cuestiones como la igualdad de la mujer, el medio ambiente y otros temas que han sido generalmente capitalizados por la izquierda. Fuere como fuere Ciudadanos podría calificarse como la “tercera transición”.

Este tercer tránsito es el camino por el cual una parte de la derecha y el centro-derecha sociológicos renuevan su agenda y sus posturas. Distanciados del PP no ya sólo en lo ideológico, sino también en lo estratégico, Rivera aspira a hacer de esto la nueva UCD o CDS. Al menos, sin llegar a tener el trágico final que estas formaciones tuvieron en su día al depender del liderazgo de Suárez. Aunque si en algo se ha renovado esta derecha sociológica es en la concepción territorial de España basada en el constitucionalismo. Autonomías sí, pero sin olvidar que son una delegación de Madrid.

Sea como fuere, Ciudadanos a diferencia de Podemos está llamado a jugar un papel importante en la definición de temas como el mundo laboral, la modificación del sistema electoral que ya no tiene sentido para un bipartidismo difunto, la conciliación laboral y la paridad en los puestos de dirección de las empresas. La vieja derecha del PP se niega en multitud de estos puntos, viviendo aún en la melancolía de un franquismo que no se fue en la segunda transición de Aznar, sino que siempre estuve detrás de la puerta de Génova.

Cambio retrasado

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sanchez riveraEl acuerdo entre el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos ha irrumpido con fuerza esta semana. Ahora queda comprobar dentro de unas semanas, si finalmente se produce la investidura de Pedro Sánchez y si Ciudadanos entra en el ejecutivo como obviamente cabría esperar. Más allá de lo que suceda, ya que sería necesaria la abstención de Partido Popular o de Podemos para que se pudiese completar, es interesante observar cómo se muestra el electorado de cada uno de los partidos a este pacto que un gran sector de la opinión pública podría calificar de “antinatura”, especialmente los conservadores, socialistas (reales) y partidarios podemitas.

Según una reciente encuesta de Metroscopia, hasta la mitad de los votantes populares son partidarios de que se vote a favor o se produzca una abstención en la investidura. Así como también se desglosa que la cúpula popular está necesitada de una renovación profunda e intensa. Lo que no se resuelve con un comité de sabios en tres cuartos de hora como se ha visto con la puesta en escena de esta semana. También, la mitad de los socialdemócratas se manifiestan positivamente con la abstención o el voto a favor tanto de populares como podemtas. No obstante, el dato interesante viene de parte de los votantes de Pablo Iglesias, siendo un 43% los que se manifiestan a favor del apoyo de los populares y un 56% del apoyo de Podemos.

La pregunta qué se debe hacer es por qué más de la mitad de los partidarios de la formación morada se muestran tan favorecedores de este apoyo a un gobierno de centro-izquierda y centro-derecha. Disculpen que el escribiente no crea en el centro como algo posible. Obvimente, no es que los votantes de Pablo Iglesias crean en el “recambio” como se bautizó a los naranjitos. Al contrario, una legislatura conjunta de PSOE y Ciudadanos puede plantearse como una coyuntura en el corto plazo. Un gobierno siempre pendiente de un débil hilo que podría ser cortado en cualquier momento a través de una moción de censura conjunta del PP y Podemos, favoreciendo el surgimiento de un nuevo horizonte para formar otros posibles gobiernos.

Teatro político

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maxresdefaultEl gobierno entre PSOE y Podemos es una realidad efectiva. Al menos eso ha escuchado el arribafirmante de un miembro de la cámara alta. Al parecer tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias habrían acordado desde hace más de un mes cuál sería el futuro gobierno de este país, tras la renuncia de Mariano. La sucesión de episodios de intentos, abandonos, amores, rupturas y rechazos entre los grupos parlamentarios no sería nada más y nada menos que la puesta en escena de una obra literaria. Un drama no al estilo shakesperiano, sino al más puro estilo rocambolesco y gamberro de Juego de Tronos donde nunca termina de haber un desenlace final.

Es sugerente la invitación que hace la hipótesis de la política como teatro. Y es que, la vida pública no deja de ser una puesta en escena. Una trama donde los actores, los discursos, las proclamas y los símbolos adquieren un valor especial. Durante mucho tiempo, los expertos en política han denostado la preocupación intelectual por el poder simbólico y las consecuencas que implica. No obstante, esta telerrealidad mostrada a través de los medios de comunicación y de la actuación magistral de nuestra élite política hacen palidecer a esos “expertos”.

Ahora bien cabe preguntarse si la última condición sobre un nuevo referéndum catalán era parte del guión. O si por el contrario, ya se había pactado una respuesta entre los dos partidos de izquierda. Sea cual fuere existe una diferencia entre sus públicos. La audiencia de los socialistas en general no está dispuesta a plasmar la cuestión catalana como una prioridad política en los tiempos que corren. Mientras que, ese electorado de Podemos compuesto de jóvenes preparados, parados, okupas, perroflautas y otras personas afectas al antiguo 15-M, cuya prioridad era la crisis económica sí están satisfechos. Satisfechos con anteponer la independencia de una región española a cambio del cambio.

Desc(g)astados

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pablo_iglesiasLa dificultad para la formación de un gobierno está inmersa entre bambalinas. Los distintos postulantes, entre ellos Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han hecho sus apuestas para formar gobierno. Entre las posibles fórmulas que se han dado cabe mencionar la gran coalición PP, PSOE y Ciudadanos y la coalición de izquierdas de PSOE, Podemos e IU. Esta última combinación un auténtico espectáculo de fuegos artificiales de Pablo Iglesias sin haber consultado previamente con el líder socialista. Las intrigas son justas, justificadas y hasta necesarias para producir un ejecutivo con suficiente estabilidad para producir los cambios, sean en una dirección u otra, correspondientes con las expectativas de la ciudadanía. Cosa distinta son las fanfarrias que son directamente proporcionales el desgaste de los petimetres ante la opinión pública.

Mientras algunos desean hablar de carteras y otros esperan a que ocurra un milagro mariano, otros líderes en un segundo plano han mejorado su valoración ante el electorado según una reciente encuesta de Metroscopia. Rajoy, Sánchez e Iglesias engrosan la lista de los “fiambres políticos” que han experimentado una caída de su valoración. A la par, Albert Rivera, Eduardo Madina, Soraya Sáenz de Santamaría y Susana Díaz han mejorado su valoración ante los votantes. Por lo que la “nueva política” no tiene porque venir necesariamente a través de los nuevos partidos, sino de nuevos líderes. A la luz de estos resultados, los tradicionales catch-all-parties españoles requieren de una sustitución necesaria de sus líderes, especialmente entre los conservadores.

El caso de Pablo Iglesias servirá en años postreros para ilustrar los manuales de Ciencia Política. La casta se ha atragantado en su boca. Ha dejado de hablar de esa élite extractiva para convertirse en parte de ella. Ya no interesan las reformas tanto como los sillones a ocupar. Como en La Granja de Orwell, los cerdos se sentaban en la mesa para negociar con el granjero opresor hasta tal punto que no se distinguía a los revolucionarios de los explotadores. Ha pasado de la casta de los descastados a la casta para ser candidato al descas(r)te entre los líderes políticos del establishment. En síntesis, Iglesias puede que en breve pase a ser incinerado políticamente junto a sus dos compañeros de peripecias: Mariano y Pedro. Tiempo al tiempo.

El riesgo de Rajoy: imagen y liderazgo

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El Gobierno ha nombrado a sus nuevos ministros. Ahora cabe preguntarse cuál será el estilo de liderazgo y gestión del ejecutivo popular. Aunque, conocemos a Mariano como ese hombre afable y a veces tan criticado en el seno del partido, especialmente tras la anterior derrota electoral de 2008. Éste es el momento para observar y analizar sus dotes como líder de un país que está a punto de ser arrastrado por la escila económica de Italia y Grecia.

Rajoy es un hombre que conoce sus limitaciones. No tiene gran fluidez con el inglés, ni tampoco es un experto en economía, más bien, lo que se ha llamado muchas veces un “político generalista”. Por ello, se ha rodeado de tecnócratas y ha asentado en los ministerios claves para atravesar la crisis a especialistas en la materia. De forma similar, Zapatero también se rodeó de grandes fichajes, como Solbes. Sin embargo, Zapatero trató a sus hombres como lacayos y no como consejeros de los cuáles debiera guiar su criterio. Y es que, no sabemos si Rajoy cambiará este estilo, o lo mantendrá como hizo su predecesor.

En el caso hipotético de que no lo hiciera, entra en juego una segunda variable. Si la comunicación política llevada a cabo desde los ministerios y desde el mismo partido, situasen a Rajoy como un salvador en el largo plazo, cabría el riesgo de la creación de un virtual liderazgo carismático. Y esto, volvería a situar tanto su liderazgo como su imagen en la de un ejecutivo preparado, pero castrado por una mano férrea que dicta en las sombras. A imagen y semejanza, de Zapatero.

Zapatazo a las primarias

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El balance de las elecciones municipales y autonómicas del 22-M es una efeméride. Un momento histórico que marca la debacle definitiva del ascenso del Partido Socialista en las instituciones. El poder que tantos años habían acumulado en todos los niveles de gobierno cae barrido por la victoria de los populares que mantienen actualmente el control de dos tercios de las comunidades autónomas y de todas las capitales de provincia andaluzas. Lo que anuncia la caída más profunda del liderazgo del Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y también de Jose Antonio Griñán en el feudo sureño.

Las respuestas desde los socialistas integrantes del Gobierno no se han hecho esperar. Chacón ha anunciado su negativa a presentarse como candidata a las elecciones generales los mismos días que se hablaban de primarias. Así, se habló de elecciones anticipadas, las fricciones con el PSC y los toques de queda del Patxi López al Presidente del Gobierno. Y es que, antes de que se convocase una auténtica concurrencia competitiva entre la élite socialista para su renovación, Zapatero ha hecho una vez más uso de su control personalista del partido. Para ello, un día después ha nombrado a Rubalcaba como el candidato oficioso del “zapaterismo” para plantar cara a Mariano Rajoy.

La regeneración de la que adolece el PSOE y que exigiría de una renovación de caras y de ideas profunda ha muerto. Una vez más, por el comité que dirige las tornas sin consultar a su electorado. El PSOE que tiene un sistema de elección mediante primarias, de forma distinta al método de compromisarios del PP parece que avanza hacia este segundo sistema. Posiblemente, hacia una fórmula mucho más presidencialista, rozando lo dictatorial.

Pero no todo son lágrimas, Blanco y Rubalcaba se unen en la caída de Zapatero y la continuación de su legado, como ¿la nueva oferta electoral del PSOE? En este panorama, ha aparecido la figura de un ex diputado socialista y miembro de la corriente crítica, Luis Ángel Hierro. Profesor de Economía Pública en la Universidad de Sevilla y Presidente del Consejo Económico y Social de Andalucía se postula como contrincante de Rubalcaba a las primarias internas. Posiblemente, esta apuesta de los críticos sea una llamada a la esperanza de que aún queda algo de democracia dentro del socialismo.