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El affaire catalán como barrera reformista

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colau-iglesiasLas disputas entre Pedro Sánchez y Susana Díaz por el liderazgo socialista y los bailecitos de Mariano al son de guateque son la imagen de la actualidad política de estas fiestas navideñas. Mientras tanto, se ha seguido debatiendo sobre unas futuribles segundas elecciones. En sí, teniendo en cuenta el gasto superior a 160 millones de euros que conllevarían y los efectos perjuiciosos para los distintos partidos políticos con la excepción de los populares que mantendrían una intención de voto similar a la del 20-D. Sin embargo, nadie ha tenido en cuenta la especial coyuntura de oportunidad política que se presenta ante Podemos que ha recabado unos resultados positivos más allá de las expectativas que dibujaron las encuestas.

El problema de Podemos en cambio es la territorialización de sus ramas y sus aliados políticos. Las mareas gallegas han reivindicado su intención de ir coaligados bajo las propuestas de Pablo Iglesias, pero han hecho hincapié en la independencia de su voluntad política y su deseo de crear un grupo parlamentario propio. Algo similar, pero más acusado sucede con Ada Colau y el proyecto liderado En Comú. Desde este sector de los renovadores de izquierda catalanista se ha aclarado a Podemos que no existe un pacto con Iglesias y que cualquier acuerdo estaría suscrito a la aceptación de una consulta soberanista. Todo ello mientras la trifulca política de la CUP y los intentos de salida de Mas han prolongado la hipotética independencia durante más de tres meses y sigue el gobierno en funciones de la comunidad autónoma. Y ello lleva a que todos los deseos de reformas en el plano social, educativo y energético que proponen los podemitas y su apoyo por parte del PSOE queden suscritos una vez más, como sucedió en su época a Súarez, a las reivindicaciones nacionalistas catalanas.

No nos engañemos. La bandera del independentismo catalán de Colau representa no una simple pugna con Madrid, sino un pulso con las otras formaciones políticas catalanas de izquierda como ERC y la CUP por determinar quién es la verdadera cara del proyecto en esta coyuntura de oportunidad. Mientras la alcaldesa de Barcelona intenta ensombrecer a sus adversarios en la arena política de la independencia catalana, suena un teléfono de fondo con la voz de Varoufakis. Una llamada que otorga reconocimiento internacional a Colau y denostación a Iglesias que hace dos años contaba con el respaldo de Syriza. En strictu sensu, Iglesias es sólo un enemigo dramatizado y Mas un zombi necesario frente a sus verdaderos adversarios como lo son Oriol Junqueras y Antonio Baños. Este último erradicado de la arena política tras su dimisión esta semana.

En este sentido, el catalanismo mantiene dos similitudes con sus características durante la II República y la transición a la democracia. En primer lugar, es un rasgo de ostentación para aquellos líderes que pretenden alzarse con suficiente poder y reconocimiento en el territorio catalán. Una reliquia necesaria. En segundo lugar, por sus dinámicas cainitas -tendentes a dificultar la alianza entre todos los que apoyan el independentismo- dificulta la cohesión del proyecto e impide la realización de políticas reformistas necesarias en el contexto del Estado español. Los catalanes como buenos españoles son tan cainitas como aquellos ante los que se proclaman distintos y diferentes. Lo que a la luz de una Europa cohesionada bajo una unión estas tendencias centrífugas quedan sojuzgadas como un auténtico disparate.

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El comunitarismo vence al nacionalismo de Mas

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Barcelona. Acte central de la CUP a l'Auditori de Barcelona.Tras las elecciones catalanas, han quedado dos claros vencedores y no porque hayan ganado más votos que los demás, sino porque han aumentado sus escaños de forma significativa. Se trata del partido de Albert Rivera, que ha sorprendido contra todo pronóstico con 22 parlamentarios y los 7 obtenidos por la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). En este contexto, muchos desconocedores se preguntan quiénes son estos señores que hablan catalán, están a favor de la independencia, pero se niegan a dar su apoyo a la investidura de Mas como President.

Una primera descripción de lo qué es la CUP podría ser un conjunto de partidos de izquierda radical y nacionalistas catalanes. No obstante, una ideología, una forma de concebir la vida y un modelo de organización territorial del poder son los elementos a los que van unidas a estas siglas, con las cuales se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero que son reales y efectivas. En cierta medida, la CUP remonta sus orígenes programáticos hacia el anarquismo catalán del siglo pasado, pero con una evolución y una adaptación correspondiente con los tiempos que corren. Entre sus principios se encuentran la democracia participativa municipal, la igualdad social, la consolidación de los “países catalanes” y el fortalecimiento del movimiento asociativo. Por lo que, la propuesta política de la CUP vendría a situarse entre el anarquismo municipalista y el comunitarismo nacionalista. Lo que explica su claro rechazo a la derecha catalana que ha liderado el plebiscito nacionalista.

Históricamente, la CUP se originó durante las primeras elecciones locales a partir de distintas agrupaciones de electores y con una ideología crítica, que terminaron por confluir en una coalición común de independentistas de izquierdas. Entre los grupúsculos principales que la integran caben destacar el Moviment d’Esquerra Nacionalista y el Moviment de Defensa de la Terra. Durante un tiempo, los distintos grupos que conformaban la CUP se integraron en otras candidaturas como Iniciativa per Catalunya, pero a partir de la década pasada volvieron a congregarse en torno al movimiento inicial. Lo que se ha debido especialmente, a una renovación de su élite política y la llegada de jóvenes militantes abanderados del catalanismo, el comunitarismo, el feminismo, el ecologismo y otros sectores de la izquierda más crítica. Asimismo, su implantación social se hace más visible en el interior catalán, especialmente en las provincias de Girona y Lleida. De hecho, una parte fundamental de su éxito político descansa sobre las actuaciones sociales llevadas a cabo en sus municipios en la provisión de distintos servicios públicos donde han realizado un ejercicio práctico y efectivo del comunitarismo más realista posible.

Hawaii, Bombay es un paraíso

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Con ese lema, Ibarretxe y otros propusieron su modelo de organización territorial del País Vasco frente al Gobierno Central en el guiñol. Una parodia ácida que mostraba como el ejecutivo de Euskadi pretendía llegar a un acuerdo similar al de Puerto Rico con Estados Unidos para la problemática del nacionalismo vasco. Y es que, más de una década después y tras la celebración del 9N, se observa un dato interesante en la consulta y es que no ha primado el independentismo, pero sí la existencia de un Estado catalán. Otra cosa es que sea un Estado independiente, federal, confederal u otras fórmulas de territorios con régimen de soberanía especial.

Por lo que, el problema de Cataluña vuelve a pasar por la fórmula de Estado que desean. Lo único claro y definitivo son dos cosas. Primero, tener una independencia o régimen distinto al de las otras comunidades autónomas. Segundo, tener más competencias y más capacidad financiera que la actual. Esto lleva a que lo único que hay detrás de dicha propuesta es la insolidaridad territorial de un territorio español con respecto a los demás. Es en este punto, donde seguramente nacionalistas y catalanes no nacionalistas pueden estar de acuerdo o llegar a un mayor consenso.

Sin embargo, en esta consulta sólo ha participado un tercio de los votantes. Por su parte, Mas vuelve a proponer una segunda repesca o una consulta sostenida por la legalidad vigente frente al Gobierno. Mientras tanto, sus socios de Esquerra alzan las dagas para acabar con el liderazgo de un ejecutivo que no ha sido capaz de celebrar una consulta legitimante, sin complacer a nacionalistas ni a la legalidad española. Es probable que haya empezado la caída del liderazgo de este señor entre sus seguidores.

Las verdaderas razones de la dimisión de Gallardón

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El que hace unos años fuera el líder de los “liberales” del Partido Popular y hasta hace una semana, Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, ha dimitido debido al fracaso de la ley anti-aborto. Sin embargo, en un esfuerzo de sensatez y en términos de real-politik, no era necesario decapitarlo. Por un lado, porque la retirada del proyecto de ley podría haberse hecho a través de un ligero aviso a través de los boletines oficiales y de los medios de comunicación. Por otro lado, aborto ha habido y habrá siempre. La aprobación de esta ley no iba a contentar los deseos de los ultra-católicos de imponer sus creencias y dogmas al resto de los mortales. Lo único que iba a hacer esta ley era disminuir derecho y penalizar algo que a día de hoy es un derecho de las mujeres (y de los hombres).

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Hay factores más políticos que han jugado en contra de Gallardón. Pese a lo que se pueda imaginar, el auténtico motivo ha sido la postura del Ministerio de Justicia ante la consulta catalana. Al parecer, el Gobierno Central o Rajoy, como ustedes lo quieren llamar, había dado instrucciones a Justicia para anular la autonomía de Cataluña en caso de que prosperase el referéndum sececionista. En dicho caso, las competencias correspondientes de las consejerías habrían pasado a manos de los demás ministerios que se encargarían de gestionarlas. Un hecho inédito en la historia del Estado de las autonomías, en el que por primera vez, una de las comunidades perdería su estatus como tal, quedando en manos de Madrid. Todo ello, con las implicaciones políticas e históricas que tendría dicha actuación. Algo a lo que Gallardón se había negado.

Una segunda razón, es que el ex Ministro de Justicia estaba dispuesto a llegar hasta el final en el caso Urdangarín, llegando a alcanzar a la infanta, que por cierto está bastante pringada y tiene mucha más mierda de la que se puede usted imaginar. A lo que Rajoy había dispuesto, que sólo se tocaría a su consorte y se dejaría intacta a Cristina, acallando los planteamientos del responsable ministerial.

Ante estas conflictivas divergencias, sólo ha hecho falta esperar al momento adecuado, como la retirada de la ley del aborto, para eliminar de un plumazo a Gallardón y matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, evitar la sangría de votos del centro-derecha y acabar con un adversario político. La carrera política del ex Ministro, alcalde de Madrid y discípulo de Fraga queda finiquitada por la contundencia de Rajoy. No se olvide que este Gobierno es el único que ha conseguido dinamitar al incombustible Pedro J. Ramírez y a Gallardón. Rajoy es un completo inútil para la gestión de una nación, pero un hábil “hommus politicus” dispuesto a acabar con cualquier peligro potencial que no baile a su son. Esta es la democracia que ofrece el líder popular.

Malos días para la independencia

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Las élites españolas (dirán las élites catalanas) han jugado sus cartas esta semana. En estos días, ha coincidido la cita de Mas con Rajoy en la Moncloa para exponer sus demandas soberanistas y a la par, ha saltado toda la trama de corrupción que había detrás de la familia Pujol. Una de las principales entre lo que es la actual élite político-económica catalana. Son dos hechos que pueden parecer aislados, pero que han coincidido en la agenda de los medios de comunicación.

Ya llevamos un año y medio prácticamente desde que el ejecutivo autonómico catalán alzase su bandera independendista. A lo largo de estos meses, si bien se ha demostrado una cuestión. Y es que, en cuanto a respeto de los principios democráticos y la corrupción política, la burguesía catalana no se diferencia mucho de la del resto de España. Por eso, que algunos teóricos duden de que el futurible Estado catalán sea una democracia y se parezca más bien a algunas de las dictaduras sicilianas de la Edad Antigua. Por otro lado, la visita de Mas ha quedado más bien en una serie de exigencias ante el Gobierno Central que ya se verá si tendrá en cuenta o no. Además, de que sí se avanzan en esas líneas, otras comunidades reclamarán lo mismo y se volverá a repetir el bucle de café para todos.

En segundo lugar, ya hacía unos meses que se seguía la pista de las supuestas faltas y delitos cometidos por los hijos de Pujol. Hasta que finalmente, se ha abierto la caja de Pandora y han salido a la luz todos los trapos sucios que había detrás de todos los integrantes de esta casa catalana. Por lo que, cabe preguntarse cómo afectará esto a la valoración que los mismos catalanes hacen de sus líderes. O si bien, será interpretado como un ataque contra el intento independentista. Si bien, lo que ha quedado claro para el resto del país, es que no hay plena separación de poderes entre lo ejecutivo y lo judicial y que los conflictos políticos se siguen dirimiendo a través de su judicalización.

Mas pone en duda la inteligencia catalana

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La encuesta mágica de Mas tiene truco. Esta suerte de referéndum gratuito y burdelero para preguntar sobre la independencia de Cataluña implica que sólo pueden afirmar que Cataluña es independiente si reconocen que es un Estado. Si por el contrario, usted ciudadano o ciudadana catalana (aún español) que me lee, sostiene que no quiere una fórmula estatal catalana, no podrá responder a si quiere que esta comunidad autónoma (hasta ahora) sea independiente.

Mucha gente se ríe, pero esta pregunta está filtrada para una porción de la opinión pública que apostaría por una solución federal. Dicho de otra forma, el Estado catalán federal sólo puede ser afirmado por aquellas personas que quieran una Cataluña separada de España. En cristiano, o seguimos como estamos o somos independientes, éstas son las opciones binarias que ofrece Mas. O blanco o negro, o victoria o derrota. O independientes o victimizados para seguir pidiendo dinero a España, a Madrid o a su puta madre.

El Estado federal está descartado. Y ciertamente, soluciones federales serían interesantes para acabar con esta jodida locura. Sin embargo, el Gobierno español podría aplicar las fórmulas de otros Estados tan democráticos en el reparto del poder territorial como Francia o Italia, anulando cualquier respeto de la minoría catalana como sucede en la costa marsellesa, Córcega, Cerdeña y Sicilia. Así, que no confundan ustedes burgueses y nacionalistas catalanes la tolerancia de la minoría catalana y la diversidad con la debilidad de la posición española. Los españoles aún tienen (tenemos) la sartén por el mango y desde nuestro gobierno -el de Madrid- todavía se pueden hacer muchas cosas.

Cataluña, una, tirana e independiente

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El camino al reconocimiento de la soberanía de Cataluña no está exento de polémica. Cada día se confirma la hipótesis de que cualquier Estado naciente de esta región será cuanto menos un autoritarismo que recortará libertades y derechos. Tanto derechos sanitarios como ya viene sucediendo en los hospitales barceloneses como la expresión incondicional del pensamiento y las ideas del sujeto como fruto de su voluntad.

Parece ser que la Generalitat ha empezado a desarrollar una política de acoso a los disidentes. Desde el Gobierno autonómico y costeado con fondos públicos, se están elaborando listas negras con nombres y apellidos de todas aquellas personas que no sean partidarias del proceso independentista. En estos documentos figuran funcionarios, profesores, intelectuales y otros tantos. Cualquier plaza pública, subvención, ayuda o prerrogativa procedente de la autonomía catalana queda excluida para cualquiera de estos hombres y mujeres.

Asimismo, los poderes fácticos procedentes de todos aquellos lugares donde gobiernen las fuerzas nacionalistas tales como medios de comunicación, fundaciones y otras instituciones están acometiendo una labor de persecución contra los disidentes. Esta dictadura en la sombra se está produciendo en el seno de la democracia española y cuenta con el beneplácito de un sector de la burguesía catalana. Una burguesía que una vez finalizada la dictadura franquista cambió una chaqueta por otra con tal de mantener su estatus de poder.

¿Esta es la Cataluña que quieren los catalanes? Una, tirana e independiente como fue España durante casi cuatro décadas. De ser independiente, Cataluña se convertirá junto a Túnez, Egipto y Argelia en otro de los países mediterráneos donde en vez de beber de la herencia democrática griega se bañará en los fangos de la opresión y el fanatismo.