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Ciudadano Trump

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Republican presidential candidate Donald Trump speaks to supporters as he takes the stage for a campaign event in Dallas, Monday, Sept. 14, 2015. (AP Photo/LM Otero)

El mundo ha gemido después de conocer el ascenso de Donald Trump como nuevo Presidente de los Estados Unidos. Las encuestas que daban la victoria a Hillary Clinton han fracasado y después de ocho años de los demócratas en la Casa Blanca se produce una alternancia republicana. Desde Bruselas, miran con ojos escépticos y desconfiados al flamante comandante en jefe, mientras las bolsas de distintos países empiezan a dar síntomas de ansiedad, entre ellas las del BBVA que tiene gran parte de su negocio en México.

La gente, sobre todo fuera del país, se preguntan cómo es que este señor con un discurso misógino, xenófobo y excluyente ha alcanzado a ser cabeza del ejecutivo. Incluso los manifestantes que hace unos días se han pronunciado frente a la Torre Trump están atónitos con tan díscola elección. Como dijo Fernando Savater este fin de semana, la democracia implica que tengamos compartir la cosa pública con otros ciudadanos menos agradables a nuestros oídos. Y eso es tanto lo bueno como lo malo, ya que la otra opción sería lanzar a estos sujetos fuera de las instituciones, lo que ya no sería ni democrático ni sano para una democracia que tiene que acoger incluso a las posiciones más extremistas en su seno.

La democracia americana se encuentra en un panorama de polarización social, donde el discurso de Donald Trump ha captado las esperanzas y los miedos de las clases baja y media. Sobre todo cabe pensar en los tradicionales trabajadores de las ciudades industriales como Detroit, lanzados al desempleo y a la carencia, que observan en el nuevo Presidente una luz al túnel de una situación, producida presumiblemente por los latinos y otras etnias que ocupan sus puestos de trabajo. No obstante, cabe observar hasta qué punto es realizable la agenda política que Estados Unidos pretende implementar con su nuevo ejecutivo y entre las cuales o son irrealizables o ya se han hecho antes.

Obama, Mas, Romney y la austeridad

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Obama o Romney­­. Parece que son las únicas elecciones de los norteamericanos. Sin embargo, hay muchos temas sobre los que hablar en la mesa. Una buena pregunta es saber cuál de ambos candidatos conviene más a las relaciones entre Estados Unidos y España. Y es que, los resultados de la última visita de Rajoy a Nueva York fueron de todo menos satisfactorios, publicando las principales cabeceras sendas imágenes sobre la pobreza en el país ibérico.

Por su parte, Romney es el que posee una visión más cercana a la cancillera Merkel. Por lo que, una victoria de los republicanos bien sería un aval para las directrices de austeridad alemanas. Por otro lado, una posible revalidación de Obama bien puede ser un intento para aupar el rescate que la Unión Europea priva a España, obligándola a subsistir con todas las cargas de recortes, subida del paro y profunda depresión económica que sufre.

En este sentido, es interesante seguir la campaña estadounidense, pues aunque no lo parezca se decide tanto para el mismo país como para el resto del mundo. ¿Cuál será la política internacional a seguir por este país? ¿Se producirán recortes similares en la economía “made in USA”? No obstante, y más allá de estas incógnitas, algo hay en común entre las elecciones norteamericanas y catalanas, y es que, es mejor hablar de otros, que hacer un balance de los problemas de pobreza que padecen ambos.