redes sociales

Una ponencia advierte sobre los riesgos del ciberactivismo

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Francisco Collado y Fátima Recuero presentan una comunicación con el título “Del ciberactivismo al ciberpesimismo: el aislamiento ideológico como estrategia cohesionadora en en la red” en el II Congreso Internacional de Movimientos Sociales y TIC celebrado esta semana en la Universidad de Sevilla. Esta paper indaga en los distintos problemas que ofrece el ciberactivismo tales como el ciberbullying, la existencia de cosmovisiones megalíticas en la red y la ausencia de un debate democrático auténtico. Pese al optimismo inicial de los ciberactivistas, no ha existido una preocupación por denunciar estos fallos, basándose en un falso determinismo tecnológico que considera que cuanto mayor sea el desarrollo tecnológico mayores serán las posibilidades de liberación de los individuos a través de las nuevas tecnologías.

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Intolerancia de los pies a la cabeza

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imagesEn nuestra democracia, la consolidación de una memoria compartida con respecto a la Guerra Civil y la dictadura franquista es un imposible. Un sueño de una noche de verano apagado tras el acuerdo de las élites que pactaron la Transición. Y es que, la respuesta a dicho muro psicológico que separa la presente democracia -cada vez más dudosa en cuanto a su tolerancia- no fue mejor. El nefasto intento de llevar a cabo una recuperación de dicha “memoria” por parte de Rodríguez-Zapatero indicaba que había una facción más digna que otra. Lo que acabó con una buena parte de la documentación centralizada en Barcelona y una lectura parcial de la Historia.

Esta incapacidad de la izquierda y de la derecha intelectuales para acordar una memoria consensuada se ha convertido en un cheque en blanco para que el Estado sea juez y verdugo de la libertad individual. El reciente caso de la twittera Cassandra, del cual se ha hecho eco The Guardian, llevado ante los tribunales es un ejemplo de cómo se ha legislado para conservar esta impunidad contra el pasado franquista. Hasta un chiste contra Carrero Blanco puede convertirse en un crimen contra una hipotética libertad, la de mantener la amnesia sobre nuestra historia, en contra del derecho de expresión de un sujeto.

Nuestro sistema y nuestra sociedad no quieren un autobús de Hazte Oír recorriendo las ciudades, pero tampoco quiere Filosofía como asignatura obligatoria en el currículo de la educación secundaria. Quienes critican la dura agresión del caso de los titiriteros, son los mismos que se alzan para defender los derechos de los agresores a unos guardias civiles en Alsasua. Tanto nuestra élite, como nosotros mismos, pedimos que se niegue la libertad de otros y se respete la nuestra hasta límites inconcebibles. Una sociedad sin criterio, sin amplitud de miras e intolerante que a la vez teme (y confía) en el Estado como instrumento al servicio del recorte de las opiniones que no concuerden con las nuestras propias. Una herramienta castradora del debate público por el medio que sea.

¿Estrategia en Juego de Tronos?

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caminante blancoCuando Pablo Iglesias fundó Podemos para las elecciones europeas, se atrevió a publicar su conocido libro Ganar o morir, lecciones políticas en Juego de Tronos. Por aquel entonces, había empezado a acudir a distintos tabernáculos televisivos para hacer de comentarista. Y es que, entre sus distintas apariciones cabe destacar aquellas en las que venía a promulgar las “bondades politológicas” de esta popular saga de la fantasía medieval. Según la tesis sostenida por el profesor de la Complutense, la “realpolitik” o el “realismo político” se encuentra dentro de la visión del poder que subyace en Juego de Tronos y se pueden extraer lecciones aplicables a la realidad política del presente. En favor de dicho argumento, Juego de Tronos ha sido bautizado dentro del género de la fantasía moderna como “realismo fantástico” principalmente por la escasa presencia de elementos mágicos y la descripción psicológica, social y cultural que se plantea del ser humano.

Ahora bien, concebir que la concepción de la política existente en Juego de Tronos es una visión estratégica y que dicha estrategia se puede trasladar a la realidad son palabras mayores. A primera vista, el reino existente se muestra como la tradicional poliarquía medieval en la que a raíz de una disputa nobiliaria comienza una guerra entre el feudo del Norte -Invernalia- y el resto de reinos favorables a los Lannister. En medio de todo este meollo, tenemos: Robb Stark, un señor que incumple su promesa matrimonial sobre la que descansa una alianza militar; los saqueadores de los Greyjoy que aprovechan para conquistar de mala manera cuatro aldeas; Stannis, un líder falto de carisma que aspira a ser el futuro monarca confiando en los consejos de una sacerdotisa extranjera; Cersei Lannister, una reina madre cuyo único objetivo es mantenerse en el poder con su linaje; y Joffrey Baratheon, un renacuajo sádico y tiránico que cree que el poder consiste en crear el odio entre sus ciudadanos. Y mientras los reinos se rompen, una marea sólida y unida de muertos vivientes acecha en el Norte, deseando someterlo todo a su paso. ¿Qué más da el honor de los Lannister, Baratheon o Stark cuando sus tierras pueden ser reducidas a un erial?

A la luz de este panorama, lo que se observa es una concepción del “hard power” llevado hasta límites politológicamente insanos. Las guerras del Juego de Tronos son claramente la manifestación de un estado de anarquía hobbesiano y de las poliarquías feudales previas a la consolidación del Estado moderno. De esta forma, es difícil hablar de una estrategia claramente definida que siga cuanto menos alguna lógica, con las excepcion de Tywin Lannister, Tyrion Lannister y Petyr Baelish. En ambos, se observa cierto equilibrio entre el uso del “poder duro” -guerra, violencia y coacción- y el “poder blando” -alianzas, discurso, cooperación y buen gobierno-, que es el equilibrio que cualquier líder debe mantener como sostiene Jospeh Nye o argumentaba Maquiavelo en el pasado. El príncipe no debe ser amado u odiado, debe ser temido de forma que no genere ni animadversión ni una confianza extrema.

Por lo que, la tesis que defiende Iglesias en su obra es un auténtico despropósito. No existe ninguna estrategia sabia entre los distintos personajes de la novela. Y es que, no se debe olvidar que George R.R. Martín es un escritor y guionista, pero no es un experto en Ciencias Sociales. Y si por otro lado, Iglesias considera que el realismo político existente en esta obra es la verdadera y auténtica visión de la política, se puede llegar a la conclusión de que es un seguidor no ya de la “realpolitik” o del “maquiavelismo” -recordando que para Maquiavelo, no todo vale-, sino de una concepción maníquea del poder.

En definitiva, la intención de Iglesias era captar parte de ese electorado joven y de izquierdas no adscrito a ninguna fuerza partidista. Un sector de la sociedad que en esos momentos era -y es- activo en las redes sociales, pero que seguía esta saga. Una vez se había captado ese público, sólo faltaba inocular dos ideas. La primera que en la política todo vale, sin que existan límites a tu acción de ningún tipo, máxime si hablamos del líder. La segunda que los peones del juego de ajedrez se mueven en una dimensión maníquea del bien y del mal, de los seguidores de la oscuridad o los seguidores de la luz. Ahí está la lección -el adoctrinamiento- final.

Aventurarse en el mercado tecnológico: inteligencia y pertinencia

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mercado-elecEn los últimos años, las iniciativas de “emprendimiento” o “emprendedores” han tenido un intenso auge. Este fenómeno se ha producido principalmente por varios factores. En primer lugar, la reducción de empleo, y por tanto, el aumento de la competitividad en el mercado laboral, lo que ha llevado a que muchos jóvenes -con escasas posibilidades- hayan desarrollado sus propios negocios. En segundo lugar, porque trabajadores que han perdido sus empleos y procedentes de distintos sectores también se han convertido en autónomos o en sus propios jefes para garantizar su empleo. Esto ha llevado a que un recurso de conocimiento especializado -el de los antiguos empleados y los emprendedores más jóvenes- se haya puesto a disposición del mercado de bienes y servicios en multitud de ámbitos y sectores.

Si bien, la decisión sobre el sector y el tipo de negocio a desarrollar representa un paso crucial, es decir, el momento de alumbramiento de un proyecto y su puesta en práctica. A lo que también hay que añadir el valor añadido que se intenta ofrecer a través de las plataformas de las redes sociales. Un buen ejemplo de cómo adoptar dicha decisión y su posterior implementación se ha observado recientemente en empesas como ValorTop, donde un grupo de jóvenes entusiastas del mercado tecnológico y de las redes sociales han aportado -y aportan- lo mejor de ambas vertientes para satisfacer distintas necesidades de los consumidores.

Esta empresa no sólo decidió ofrecer un servicio de venta de productos electrónicos, sino que además ha rentabilizado la red con la edición de un blog divulgativo sobre las características, sistemas tecnológicos y diferencias de precios de dichos productos. De esta forma, ValorTop pone al alcance de los consumidores una información que, dispersa en la red, permite mejorar la decisión de compra, a qué precio y enfocados a satisfacer unas necesidades cada vez más concretas. Y es que, el mercado tecnológico se caracteriza fundamentalmente por satisfacer las mismas necesidades, pero con una metodología distinta. El mercado de teléfonos móviles y el mercado informática son claros ilustradores de esta dinámica.

En este sentido, emprender o aventurarse en el emprendimiento no puede ser interpretado -como se ha hecho creer muchas veces- como un salto de trampolín hacia un posible vacío. Al contrario, la fase de decisión y la inteligencia aplicada a la pertinencia del proyecto y su futurible éxito son claves fundamentales. Algo que se puede mostrar con el ejemplo de los compañeros de ValorTop. Lo que ha valido para que haya sido seleccionados para la tercera edición del programa de la Lanzadera, dirigido por Juan Roig.

Tu privacidad o tu bolsa

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índiceEntre las últimas novedades del Estado, se han presentado una serie de medidas dirigidas a sanear las cuentas públicas. Una de ellas consiste en la intromisión la vida privada de las personas, a través de programas-espía en las redes sociales, aspira a obtener información verídica sobre su riqueza y su renta. El objetivo de esta actuación estrella consiste en que la Agencia Tributaria pueda corroborar que las declaraciones de la renta de los particulares se correspondan fidedignamente con la auténtica realidad para evitar el fraude fiscal. Una idea inteligente ya que Facebook cuenta actualmente con 18 millones de usuarios españoles y 4,5 millones en Twitter.

Una segunda intervención que ha pasado desapercibida ante los medios es la que exige a todas las asociaciones y entidades no lucrativas a realizar la declaración de la renta, independientemente de los ingresos y gastos que hayan generado. En un intento también por obtener información sobre los auténticos recursos que disponen estos agentes sociales. Desde posiciones individualistas, estas actuaciones suponen una clara violación de la privacidad de los particulares, aunque tengan un objetivo de mayor envergadura como mejorar la recaudación del erario público. Y es que, se consolidan unos poderes públicos que además de reducir el Estado del Bienestar, violan los derechos de los sujetos en aras de un bien mayor.

Sin embargo, es preciso recordar que el derecho a la privacidad, desarrollado por a jurisprudencia, tiene un carácter variable según si se habla de un ciudadano corriente o de un representante político. La privacidad de los políticos y otras personas con responsabilidades públicas es inferior a la del resto de españoles y españolas. Nuestra clase política en general y los populares en particular, aspiran a igualar la privacidad de todos, siendo ésta una clara injusticia fundada en base  una hipotética transparencia. Porque como ha demostrado la Lista Falciani, los auténticos defraudadores tienen nombres y apellidos y no son precisamente ciudadanos anónimos.

Ciber-optimismo y ciber-pesimismo en la comunicación local 2.0.

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La intervención de los actores políticos transnacionales en el ámbito local es algo que está a la orden del día. Y esto ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. ¿Qué tipo de consecuencias han tenido estas tecnologías en manos de dichos actores y de otros en el entorno municipal? ¿Se puede hablar de una mejora en la articulación de movimientos sociales en el ámbito más próximo al ciudadano o por el contrario, es una forma de mejorar el control de los súbditos?

En torno a las nuevas tecnologías, las redes sociales y sus efectos como instrumentos articuladores de grupos y colectivos que traspasan las fronteras nacionales existen un debate sobre si fomentan la democracia o al contrario, tienden a favorecer la división y la fragmentación de la sociedad como sostienen autores como Ramón Cotarelo, José Antonio Olmeda y Manuel Ricardo Torres. Es lo que ha venido en llamarse en postura “ciber-optimista”, quienes consideran que estos instrumentos favorecerán un aumento de la democracia y de la participación de los ciudadanos organizados a través de las redes de la aldea global; y “ciber-pesimista”, que postula que estos artefactos tecnológicos favorecerán los mecanismos de opresión de las élites político-económicas y de las instituciones sobre la sociedad cada vez más dispersa en el espacio cibernético y no conectada físicamente.

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Al respecto, Torres Soriano en un reciente artículo publicado en la Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos señala que ambas posturas simplifican sus suposiciones “porque provenienen de cosmovisiones sobre Internet y sus efectos, a partir de metáforas que no encierran adecuadamente la naturaleza de esta tecnología ni el comportamiento de quienes la utilizan”. Teóricos como Steven Lukes señalan que estas redes aunque favorecen el control de los poderes tienden cada vez más a fragmentar la sociedad en pequeños grupúsculos, lo que dificultad la coordinación de grandes masas.

El debate está servido en este sentido entre ciber-optimistas y ciber-pesimistas. Independientemente de esta polémica teórica, es innegable que las nuevas tecnologías han favorecido la creación de actores nacionales e internacionales con implantación local. Entre estos actores están los movimientos antiglobalización, las redes culturales e identitarias locales y el movimiento de indignados. Unos agentes que han entrado en juego en los municipios españoles. Por otro lado, los mismos líderes y los partidos políticos locales se han insertado con mayor o menor éxito en las redes sociales, sabiendo que es un nuevo espacio desde el cual pueden llegar a más ciudadanos y se abaratan considerablemente los costes de una campaña electoral clásica.

Esto ha tenido un efecto realmente importante para los partidos más jóvenes como Podemos, Ciudadanos, UPyD y Equo, entre otros, debido a que conectan con un nuevo tipo de electorado y tienen un recurso de comunicación que no tendrían de otra forma debido a sus reducidos recursos económicos en comparación con otros. Por lo que, no sólo ha mejorado la implantación de determinados actores ajenos a lo local, sino que ha creado nuevas élites políticas como respuesta a una época de descrédito de los partidos políticos tradicionales.