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¿Una nueva edad oscura?

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punteo1En la historiografía europea, el concepto “Edad Oscura”, alude a una serie de siglos que se sitúan en el tránsito desde la Edad Antigua hacia la Edad Media. Este término poco optimista se agrupó a raíz de una serie de episodios que desestabilizaron las tradicionales estructurales de poder institucionalizado. La fragmentación del poder imperial, las invasiones de pueblos nórdicos, esteparios y musulmanes y la creación de unidades políticas en una escala de alcance local. Con todo ello, no era de extrañar que por aquel entonces los cristianos creyesen que el fin del mundo se acercaba conforme llegaba el primer milenio.

En un reciente twitter de Cospedal, aseguraba que no hay educación ni sanidad pública, sino hay seguridad. Es cierto. La acólita de Rajoy se ha convertido en heraldo de los cuatro jinetes en un tiempo de incertidumbre donde las tradicionales estructuras de poder como los Estados Unidos, gobernados por un presidente populista, o Reino Unido guiado por la insegura batuta de los conservadores caminan hacia una desagregación del poder al nivel nacional. La otrora floreciente Unión Europea, convertida en un feudo de los mandatarios alemanes, y minada por el desacuerdo populista apenas presenta mayores señales para el positivismo.

Tampoco faltan en nuestro tiempo, no ya invasores, sino actores internos capaces de desestabilizar el frágil equilibrio entre libertad y seguridad. El terrorismo islamista, o aquel que alude a alguna legitimación coránica, está a la orden del día como el nuevo peligro para la civilización europea. Sin duda, y salvando las distancias, podríamos hablar de un nuevo episodio de oscurantismo cimentado por la desconfianza en los representantes políticos y el inminente peligro desestabilizador. Un enemigo interno y otro externo dispuestos a erradicar el estilo de vida occidental.

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Argumentos contra Pablo Iglesias

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El texto que sigue en estas líneas no es una columna, ni es un análisis. Es un argumentario contra la cúpula de Podemos, en general; y contra su líder, Pablo Iglesias Turrión, en particular. Esto explica el tamaño, el estilo y la redacción del mismo. Si hasta esta frase está pensando que el arribafirmante es algún intelectual a sueldo de algún medio de comunicación de derechas (La Razón, La Cope, ABC, El Mundo), se equivocan. Si creen que estoy a favor de alguno de los dos principales partidos, también se equivocan. Como la mayoría de los ciudadanos y las ciudadanas que viven en este país, soy una de las personas que sufre de un modo u otro la crisis económica. El arribafirmante no se encuentra entre los hipotecados, ni está en el desempleo, si bien como la mayoría de los jóvenes tiene una alta cualificación, no tiene acceso al mercado de la vivienda y aún vive con sus padres. Es uno de los llamados “mileuristas” que a trancas y barrancas salen adelante en nuestro actual sistema político y económico.

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Antes de que sigan leyendo (si no les he producido rechazo anteriormente, ustedes siempre pueden coger la puerta e irse, cerrar ventana en su explorador de Internet, estamos en una democracia), aclararé que ideológicamente soy un convencido del liberalismo democrático con ligeras dosis de socialdemocracia, teniendo como autor de referencia a Karl Popper, autor del libro La sociedad abierta y sus enemigos y como figuras políticas de referencia a Michael Ignatieff. Los principios en los que considero que debe fundarse una democracia y cualquier sistema que se precie como tal son: la pluralidad ideológica, el derecho de ciudadanía, la capacidad de participacion directa o indirecta en la política a través de la representación en el entorno nacional y la participación en el local, la libertad de prensa, la propiedad privada y fielmente, en el individualismo. Creo que cada sujeto tiene derecho a vivir dignamente, expresar libremente lo que piense, respetar lo que piensan los demás, tener una vivienda, disfrutar de una buena salud gracias a un sistema sanitario público, acceder a una educación obligatoria y no vivir desesperado por las facturas, el impago y lo que nos exigen desde Bruselas. Porque gran parte de nuestros problemas están en lo que hoy llamamos Unión Europea y en su política económica. Soy lo que alguna gente llama “alguien de centro”, aunque para ser sincero no creo que exista el centro político, ni la transversalidad, ya que al final todos tienden más o menos hacia un lado izquierdo o derecho en cuanto a ideología política se refiere. No seré yo quien les diga que la izquierda y la derecha no existe. Que se los diga otro. Como en todo, los extremos siempre son peligrosos y hay que desacreditarlos con la razón y la emoción, porque cualquier valoración de la realidad política se hace con una combinación de dosis de argumentos y sentimientos. Y en nuestros tiempos de crisis, es el momento para que los oportunistas y los arribistas jueguen con nuestros sentimientos, nuestra rabia y nuestra impotencia contra un tiempo político que se ha vuelto oscuro. Y como dicen en Juego de Tronos, “La noche es oscura y alberga horrores”. Así pues, pongamos las cosas en su sitio y ofrezcamos datos para aquellos a los que no les convence Pablo Iglesias y aquellos que no están seguros. Si usted es un convencido de Podemos, abandone la lectura, yo respeto que usted piense diferente, aunque personalmente no lo comparto y me produce rechazo.

1. El marco de la realidad. Se aprovechan de nuestras vidas, nuestra rabia y nuestra impotencia.

El discurso de Podemos y la actual coyuntura política, económica y social es lo que ha permitido que un partido político con menos de un año de existencia tenga un tercio de intención de voto del conjunto del electorado a fechas de noviembre de 2014. Si se observan las series del CIS descubrimos como la “corrupción política” es uno de los principales problemas del país según la ciudadanía; tenemos al menos un 23% de parados en el conjunto de España, siendo mayor entre los jóvenes; un encarecimiento de los productos básicos y del acceso a la vivienda y un grave problema económico que afecta también a las administraciones y que les impiden mantener cosas como el sistema sanitario, los servicios públicos y otras actuaciones básicas de los ciudadanos. A partir de esta realidad, se crean tres ejes fundamentales de Podemos: la casta, la atribucion de la primera persona y la promesa.

La “casta” es un concepto ambiguo que incluye al conjunto de élites políticas y económicas que a veces es difícil deslindar. Por ejemplo, ¿un trabajador autónomo que tenga una red de comercios en su pueblo o comarca es casta? ¿ser casta es una cuestión de cantidad o de forma? ¿un partido como IU es casta? ¿o son sólo casta alguno de ellos? ¿Ser de la casta es una decisión personal como quien elige marca de coche o marca de detergente? Lo cierto es que no vivimos en una sociedad de castas donde nuestra clase social y derechos vienen determinados por nuestro nacimiento como sucedía en el Antiguo Régimen, vivimos en una sociedad de clases donde la herencia, la formación, el trabajo y la propiedad determinan nuestra clase social.

La atribución de la primera persona del plural, cuando en realidad el militante de Podemos lo único que hace es dar su apoyo junto al resto del colectivo al líder y su cúpula. No obstante, el uso de la primera persona del plural favorece que psicológicamente el seguidor de Podemos pueda sentirse parte de algo de lo que sólo es parte a efectos de militancia y nada más, al igual que otro militante de base de IU, PSOE, PP, UPyD y el partido que usted quiera incluir. Esto se produce y se ha producido así en cualquier partido político, organización humana o colectivo de sujetos. La jerarquía siempre existe y unos, pueden más que otros.

Como todos pueden (o podemos), es posible construir una sociedad mejor. No obstante, el problema es que hasta día de hoy, Pablo Iglesias, ha dado distintas hipótesis y explicaciones ambiguas sobre cuál es su promesa electoral: transparencia, democracia directa, salir de la crisis, etc. La transparencia se puede mostrar a través de facturas, pero nunca nadie nadie (ni siquiera yo, seamos sinceros) muestra todo lo que realmente es o quiere mostrar. La democracia directa nunca existirá ni dentro ni fuera de un partido e Iglesias y cualquier politólogo que haya leído a Robert Michels y conozca la “ley de la oligarquía de hierro” sabe de lo que hablo. En cualquier grupo, existe una minoría que monopoliza el poder y los recursos para sí misma, y todas las luchas políticas son luchas de unas minorías frente a otras. Eso a lo que a veces Iglesias se refiere como “casta”.

Con estos ingredientes, Podemos crea una estampa o imagen de la realidad (como PP, PSOE o CiU) que le favorece aprovechando nuestra rabia, nuestra impotencia, nuestro deseo de castigo a PP y PSOE y nuestra miseria. Crea un marco de la realidad. El marco es una herramienta usada por politólogos y sociólogos para describir como cada persona o grupo de personas construyen un relato o una forma de ver la realidad, conceptualizado por Erving Goffman y popularizado por George Lakoff en su clásico No pienses en un elefante. Este instrumento para construir discursos que lleguen a la sensibilidad de las personas no es algo nuevo en España. De hecho, fue muy popular entre algunos dirigentes del Gobierno de Zapatero y esta obra se convirtió en un libro de cabecera. Como ideólogo y académico brillante (es algo que no pondré en cuestión), Pablo Iglesias, ha sabido construir un discurso adecuado que le permite acceder a la arena política.

2. Podemos, Somos, todo lo hacemos juntos… ¿usted se cree eso realmente? Lo hace para unos pocos, no para usted como cualquier partido.

Vivimos en una sociedad cada vez más individualista como fruto del desarrollo científico, tecnológico, los avances democráticos y el deseo de tener una vida más plena y el deseo psicológico de desarrollar nuestra identidad. A la vez, vivimos en una sociedad mediterránea como la italiana, portuguesa o griega donde la familia realiza un papel importante e introduce un elemento colectivo. La familia cuida de los hijos que no encuentran empleo, ayuda económicamente, ofrece refugio, asistencia a los mayores y discapacitados, etc.Tenemos un componente individualista por ser una sociedad moderna y colectivista por la institución de la familia.

Probablemente, un psicólogo pueda explicar de mejor forma que un politólogo como yo a lo que me refiero, pero voy a hacer el esfuerzo intelectual. El partido de Pablo Iglesias bien podría llamarse “unidos contra el sistema”, “adiós a la globalización” o “comunismo para el siglo XXI”. Ahora bien, el uso de la primera persona del plural permite que todos y cada uno de los sujetos puedan identificarse con un colectivo, ser una célula en un cuerpo más grande. Simplemente, la cúpula es la que dirige la voluntad del cuerpo y yo, lo siento, no puedo creer que en un partido como Podemos, de donde espero una mayor pluralidad y diversidad de ideas, el Secretario General sea votado con más del 80% de los votos a través de Internet, y todos sabemos que las herramientas informáticas pueden ser manipuladas por ser una herramienta en manos del ser humano.

Todo lo vamos a hacer juntos… ¿y qué pasa con los que nos negamos? ¿con los que no pensamos igual? Quizá el rechazo de Pablo Iglesias junto a los movimientos anti-globalización y anti-sistemas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM a una conferencia de Rosa Díez, pueda darles una idea (o igual han suavizado sus posturas). También recuerdo que están dispuestos a pactar con el PSOE si renuncia a la socialdemocracia, es decir; no aceptan que existan grupos políticos con otras ideologías, pero… después la izquierda y la derecha no es lo importante, son los de arriba y los de abajo. Esto es incoherente: que Iglesias le pida a un partido renunciar a una ideología de centro-izquierda y después la política no sea algo de izquierda o derecha. ¿Les suena esto de algo?

3. Un arribista (oportunista) y el fanático de Monedero. Biografía de Pablo Iglesias.

Un clásico politólogo italiano, Angello Panebianco, (en esto destacan en el país de los spaghettis: Maquiavelo, Sartori, Bobbio, Negrí, etc.) diferencia a los políticos entre arribistas y creyentes. Un arribista es un oportunista que quiere algo para él (fama, dinero, cargos, etc.) y un creyente es alguien que se preocupa por mantener vivos los ideales y los principios del partido. Y aquí sostendré la hipótesis de que Pablo Iglesias es un oportunista más que un creyente, pero no un oportunista cualquier, sino uno que está dispuesto a todo por maximizar su felicidad y beneficio.

A Pablo Iglesias se le llena la boca al hablar de “casta”. Este joven politólogo proviene de una familia de clase media: una madre abogada de Comisiones Obreras y un padre antiguo inspector de trabajo y profesor de Historia. El señor Iglesias es miembro de la “casta” de la que él habla desde que nació, lo que algunos marxistas llamaron la élite o “aristocracia obrera“. Si miran la biografía de insignes personajes como Felipe González encontrarán recorridos biográficos similares y ellos son los únicos entre los obreros que acceden a la política porque un pobre cabrero seguirá siendo un cabrero. También en algunas ocasiones, Iglesias se ha referido a los principales sindicatos (UGT y CC.OO.) como casta. Recuerdo que parte del escándalo de Bankia era posible gracias a la intervención de miembros de Comisiones. Y esta actitud, que yo sepa es de casta. Sería más honrado usar “casta” si fuera hijo de trabajadores manuales o campesinos. Miren ustedes: mi madre fue limpiadora y mi padre es aún jardinero, no sé si soy casta o no, para mayor tranquilidad moral me quedo en la duda.

4. Pablo Iglesias procede de la clase media, como la mayoría de los políticos de los demás partidos. No es coherente hablar de casta.

En la clase media se encuentra el origen biográfico de la mayoría de nuestra clase política. Son escasos los políticos procedentes de las clases bajas y de las clases altas en la sociedad española. Y digo esto después de haber entrevistado a decenas de alcaldes, concejales y otros miembros de nuestra élite, sé muy bien de lo que hablo. Pueden mirar aquí. Si no les convenzo, pueden leer a Jeréz Mir, Edurne Uriarte, Robles Egea, Lourdes López Nieto y Miguel Beltrán que son los grandes politólogos españoles que han tratado élites. Ellos lo han hecho mejor que yo (un joven FPU).

5. Un arribista antisistema que encuentra su lugar en la academia: producción dogmática y creación de ideología extremista y excluyente.

En el caso de Iglesias, encontramos a un joven de ideología comunista y arribista de clase media deseoso sobre todo de fama, poder y ambición que llega a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, el conocido como “búnker” por la preeminencia de colectivos y asociaciones anti-sistema. Es aquí donde Pablo Iglesias encuentra su oportunidad y Juan Carlos Monedero encuentra a su discípulo. Amor a primera vista. El ideólogo, Juan Carlos Monedero, una persona que no cree (y hablo de creencia en el más estricto sentido de la palabra) en la Transición Española; y el discípulo o mano derecha, Pablo Iglesias.

Esta relación es fundamental para entender a Podemos, sin esta pareja de maestro y alumno esto no existiría. Desde finales de los noventa y la década posterior, Iglesias y Monedero han realizado una labor técnica y a la vez ideológica. Se ha trabajado en algo (esto es innegable, no seré yo quien diga que no han trabajado o son unos charlatanes).

Han trabajado técnicamente asesorando a los gobiernos venezolano y boliviano, entre otros, (lo que se llama la nueva izquierda o tercera vía del comunismo en América Latina) a través de un instituto llamado el CEPS, han asesorado a distintos partidos de izquierdas (IU, BNG, etc.) e incluso han apoyado el Gobierno de Zapatero como reza en la página 506 de la tesis doctoral de Iglesias (verán que las fuentes que uso no son de Intereconomía o La Cope, por si tienen alguna duda o creen que alguien me paga). No voy a entrar a valorar políticamente el chavismo ni el bolivarianismo.

Y han trabajado ideológicamente, creando teorías y nuevos posicionamientos en el ámbito de la izquierda. De hecho, es meritorio observar como parte del currículum académico incluye estancias con Negri y Hardt (dos teóricos excepcionales y fundamentales del nuevo comunismo y los movimientos anti-sistema). A la par, hay una amplia producción ideológica (y académica) por parte de Monedero, Errejón e Iglesias sobre el 15-M y sus posibilidades políticas. Por lo que, Iglesias, Errejón y Monedero disponen de una ideología clara y definida como fruto de este trabajo intelectual.

6. Pablo Iglesias quiere ir en las listas de IU a las elecciones europeas, Cayo Lara no le deja e Iglesias crea Podemos.

Mientras el Gobierno de Zapatero caía en el año 2008, se precipitaba en 2011 y el 15-M surgía de la misma sociedad civil para criticar la crisis económica y política, se desarrollaba este trabajo dogmático y técnico por parte de Monedero, Iglesias y compañía. Y llegaron los meses previos a las elecciones europeas de 2014, cuando Pablo Iglesias (que ya había militado antes en el PCE) quería ir en la lista por IU en un pequeño grupúsculo apoyado por Izquierda Anticapitalista y antiguos miembros de IU. A lo que la formación de Cayo Lara se negó, y posteriormente se acusó de no celebrar primarias. Lo que ocurrió aproximadamente para finales de febrero de este año y la rabieta de Iglesias y Monedero se transformó en la creación de un partido político de extrema izquierda con el apoyo de movimientos como Izquierda Anticapitalista. Un partido que en su origen no tenía aspiraciones de gobierno, sino más bien de ocupar un espacio o al menos entrar en el Parlamento Europeo.

7. ¿Por que funcionó Podemos en las europeas? Porque Iglesias y Monedero traicionaron a Izquierda Unida.

Podemos ha funcionado porque a sus espaldas existe un equipo de politólogos competentes, como Bescansa, que fue discípula de Julián Santamaría (reputado experto en análisis electoral y ex Presidente del CIS), Errejón, Iglesias y Monedero;  que han hecho dos cosas que no ha hecho nadie: tantear electoralmente a través de encuestas el descontento político de la gente y politizar las antiguas redes del 15M que no han cuajado con ningún partido hasta la llegada de Podemos.

En primer lugar, Bescansa usó una consultora que dispone en la zona de Galapagar en Madrid para realizar las encuestas que descubrieron un dato objetivo: existía un votante de izquierda no dogmática descontento con los partidos del establishmente y en una cuota considerable. Un buen río donde pescar votos. En segundo lugar, Iglesias escenificó junto a Alberto Garzón (de IU) una llamada de distintos movimientos vinculados al 15-M que eran fundamentales para legitimarse como líder en la Sala Mirador. Allí fue donde Iglesias realizó su llamada a la creación de un partido liderado por su persona. Esto es lo que yo llamo la “conquista de Lavapiés”, un barrio fundamental para la izquierda antisistema en la capital madrileña.

En un mes y medio, Podemos se estructura como un partido bastante centralizado (lo cual es normal, teniendo en cuenta que su origen geográfico está en Madrid) y crea círculos a partir de las viejas redes del 15M en las principales ciudades, a través de un gran esfuerzo humano de las personas que creen en el proyecto, bajo la atenta mirada de Iglesias y sus secuaces.

Y la sorpresa llegó tan lejos que ni el CIS, ni Bescansa ni nadie se lo creyó cuando Podemos consiguió colocar cinco eurodiputados en la cámara europea en la noche de las elecciones. He ahí una volatilidad de votos obtenidos de partidos como PSOE, UPyD e IU. Aquí es donde cambia radicalmente el planteamiento de Podemos e Iglesias toma nota de las recetas para maximizar su éxito.

Izquierda Unida queda estupefacta y aparecen los miedos a ser absorbidos por la reciente formación de los politólogos de la Complutense. Iglesias pasa del anonimato del gremio (para quienes lo conocíamos) y se convierte en una joven promesa política. Lo cual lo convierte en una figura mediática atrayente. Alberto Garzón queda en una posición incómoda y tiene que hacer malabares entre la ideología que defiende y una posible confluencia o absorción por parte de Podemos.

8. Podemos deja de ser un partido minoritario para convertirse en un partido de gobierno (catch-all-party). Podemos imita la dinámica de PP y PSOE. Ya son casta.

Iglesias es consciente de que son momentos muy propicios (quizá los más propicios de nuestra democracia) para pescar en caladeros de votos de todos los partidos. Para eso, abandona la ideología de extrema izquierda de cara a la galería, apartándose de sus antiguos socios de Izquierda Anticapitalista y presenta una ideología más ambigua. Ya no es una cuestión de izquierdas o derechas, es una cuestión de los de arriba contra los de abajo y va creando una ideología líquida como la del PSOE (¿son socialdemócratas?) o el PP (¿liberales, católicos, conservadores?) para atraer votantes desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha.

Se convierte en un partido atrápalo-todo como aquellos a los que llama “casta”.

9. Podemos es un proyecto personalista de Pablo Iglesias y Monedero. No es un proyecto colectivo ni de democracia directa.

En otoño, Iglesias deja claro que Podemos es su proyecto político. Es su partido. Es su cortijo. Es suyo y a través de eso pretende alcanzar el poder, aprovechando el esfuerzo de muchas buenas personas que de forma inocente e ignorante creen en su proyecto.

A su vez, Podemos va tejiendo una estructura territorial a través de los círculos y cierra filas para evitar la llegada de otros arribistas procedentes de otros partidos. Se va creando ese control del partido por parte una minoría frente a otras minorías que puedan surgir para mantener el liderazgo y el control de su actual cúpula. Algo que toda minoría política ha hecho de una forma u otra. Así, Iglesias es nombrado Secretario General, eliminando de sus filas incluso a los críticos como Echenique.

10. Pablo Iglesias propone una ruptura con la Transición y con la Constitución de 1978. Ofrecen un nuevo orden.

La Transición es un claro ejemplo del compromiso político y la capacidad de consenso de la sociedad española, cuando no está dispuesta a enfrentarse entre sí misma.Nuestra transición permitió que pasaramos de una dictadura a una democracia. Iglesias propone una

Podemos, especialmente Iglesias y Monedero, ponen en duda nuestra Constitución y no plantean una reforma. Al contrario, proponen una ruptura con lo que partidos como UCD, PSOE, PCE y otros (a excepción de AP y PNV) firmaron que sería nuestra actual democracia. Nuestra democracia como cualquier otra tiene fallos y eso puede exigir una reforma, pero no necesariamente una ruptura. Romper la constitución implica hacer borrón y cuenta nueva para crear algo “ex novo” que no tiene porque ser necesariamente democrático y puede suponer una limitación de otros derechos que aún tenemos como la libertad de expresión: Rosa Díez, Echenique y aquellos que han sido acosados por ser de otra ideología en el búnker de la Complutense pueden dar fe de ello.

11. Se dice que nuestra democracia es una dictadura o “régimen”. Porque eso contextualiza el liderazgo mesiánico de Iglesias.

Una revolución y un líder revolucionario necesitan una institución autoritaria que derrocar. Para eso, se dice que nuestra democracia nacida del consenso de los partidos que se oponían a la dictadura, son “un régimen”. Un régimen que debe ser derrotado por un elegido. Y ahí entra Podemos a la espera de poder crear un nuevo Estado a través de un proceso constituyente.

12. Iglesias como otros tantos partidos ponen el énfasis en que la institución es el problema, cuando el problema es el comportamiento político de los españoles. Iglesias no es muy diferente a lo que ya conocemos.

Hace un año, asistí a una clase de “La Universidad en la Calle” promovida por Bescansa y en la que se anunciaba la dictadura venezolana como un ejemplo de democracia. En aquella clase asamblearía recordé a Bescansa que el problema no es la institución, que nuestras instituciones son sanas y democráticas y que lo que no es ni sano ni democrático es el comportamiento y la voluntad humana que las acciona. A lo cual, Bescansa asintió a mi opinión para quedar bien y volvió a reincidir en la transformación institucional.

13. Podemos maniobra para absorber a grupos como Equo y Ganemos en las locales. No les importan las ideas, sino su ambición política.

Ha existido una posición ambigua por parte de Podemos por si se presentan o no a las locales. En primer lugar, dijeron que apoyarían a Ganemos. Luego dijeron que presentarían sus propias listas. Y luego, volvieron a decir que no se presentarán. Maniobran para absorber o cooptar otros grupos con posturas similares como Ganemos con la intención de traicionarlos.

Por tanto, y dejando a un lado las alusiones de líderes de Podemos a Venezuela (algo que se puede discutir en otro momento)…

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Me opongo a Pablo Iglesias porque simplemente, me opongo a perder la democracia a manos de un tirano:

1. Pablo Iglesias juega con nuestras emociones y nuestra impotencia.

2. Iglesias actúa en beneficio de unos pocos.

3. Podemos es un producto de un arribista como Iglesias y un fanático como Monedero que se aprovechan de la buena voluntad de las personas.

4. Iglesias pertenece a la clase media como la mayoría de los políticos. Es casta.

5. La cúpula de Podemos no respeta la pluralidad política.

6. Iglesias se enfadó porque no pudo ir en las listas de IU y creó su propia marca política.

7. Podemos se aprovechó de un momento de éxito de IU.

8. Podemos oculta su ideología para atraer más votos de forma similar a PP y PSOE.

9. Iglesias es un ególatra y no permite la crítica a su proyecto personalista.

10. Iglesias propone un nuevo orden político, en lugar de una reforma constitucional.

11.  Pablo Iglesias no cree en el consenso de la Transición.

12. El problema de nuestro país no es la democracia ni las instituciones, sino la actitud de los políticos. Iglesias no es mucho mejor que lo que hemos tenido hasta ahora.

13. Iglesias es capaz de traicionar a posibles aliados como Ganemos o Equo.

¿Esta es la democracia alternativa de Podemos? Cuando alguien le hable de Podemos, respóndale con alguna de estas ideas y desmonten su manipulación y sus falacias.

El crimental de Interior

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El asesinato de Isabel Carrasco en Léon ha conmocionado a la sociedad en los últimos días. Para empezar, es el primer asesinato político no realizado por ETA que se produce en estos treinta años de democracia, prácticamente desde la Transición con marcados episodios como los abogados de Atocha. Si bien, la situación económica y política presente dista de una gran diferencia con la que se vivía por aquel entonces. Esto ha producido multitud de comentarios, opiniones y declaraciones ante los medios de comunicación y las redes sociales.

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En esta época, muy dada al populismo, no ha faltado quién de alguna forma u otra ha parecido celebrar la muerte de esta persona. Si bien, los medios de comunicación están magnificando el asesinato de esta señora hasta límites moralmente indeseables. Y moralmente indeseables porque -y que conste el arribafirmante no es amigo de populismos- son más de 3.000 las personas que a día de hoy se han suicidado por hechos trágicos como la pérdida de su hogar, de su empleo, etc. y esos cadáveres son ocultados por nuestros medios de comunicación. Silenciados. Son “evaporados” como dirían en 1984 de Orwell. Mientras que, la muerte de un representante político parece convertirse en un drama nacional. Hay que meditar sobre estos balances del sistema y sobre todo, ser fríos en nuestra expresión ante la muerte de esta señora, que no deja de ser una ciudadana más como las que a diario mueren en un suicidio o por un caso de malos tratos.

Si bien, será difícil meditar porque las reacciones del Ministerio de Interior no se han hecho esperar. Desde esta cartera se afirma que procederán a investigar en las redes sociales a cualquier opinión, mofa o burla que no haya sido acorde con el drama nacional patrio que estamos viviendo. ¿Será investigada esta columna? ¿Por qué no se investigan las opiniones racistas, machistas y clasistas de algunos miembros del Partido Popular? Parece ser que nuestro derecho a la libertad de expresión tiene mayor alcance para unos y para otros. E insisto, no es una cuestión fácil porque es sencillo caer en el populismo, pero palabras mayores son cortar la libertad de comunicación de una ciudadanía. ¿Se estará produciendo una extraña coincidencia entre Jorge Fernández y el Gran Hermano orwelliano? ¿Estaremos dando los pasos para tipificar el “crimental” y seguir manteniendo la “evaporación” de ciudadanos que se quitan la propia vida en este contexto de crisis? Lo que sí queda claro, es que España no es país para las libertades ni mucho menos para liberales.

Balance del trece

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penduloAunque hace unos meses, las estadísticas oficiales sostenían que se estaba creando empleo, el día a día no ha cambiado para la mayoría de la sociedad. Puede que la promesa electoral de Rajoy hablase del pleno empleo en el sentido matemático de la palabra. Y es que, ya se sabe que desde que empezó la gran mentira en 2008, la única preocupación de nuestros gobernantes –independientemente del color- ha sido una buena presentación de números. Sin embargo, el sujeto sigue perdido entre sobres rapaces y gambones ugeteros que no estarán en muchas mesas navideñas.

Juanca sin cambios recordará la importancia de la institución monárquica. Una institución que independientemente de que vulnere los derechos de igualdad, representa –por su familia- a todo un ejemplo del “typical spanish”. Un abuelo que no quiere irse, un hijo a la espera de pillar el puesto en la empresita del padre, una hija corrupta, un yerno que mejor no salga en las fotos y unos sobrinos que a falta de Playstation se dedican a dispararse unos a otros con rifles de posta. Eso sí, se nos olvidaban los chalecitos en Barcelona y Mallorca.

Mientras tanto, nuestra democracia cada vez más prostituida. Desde sus bases hasta la cúspide, con dos partidos del sistema que caen en picado a la espera de ser devorados por las pirañas. Entre ellos, el depredador del populismo y que cada cual lea esta palabra como le apetezca, pues lo cierto es que los populistas se acusan mutuamente de serlo. Curioso, ¿verdad? Es difícil mirarse en el espejo.

Por lo demás, España sigue siendo un país feliz. No ha cambiado gran cosa, sólo se ha acentuado lo que ya teníamos. Y ahora cabe preguntarse qué pedirle al nuevo año. Algunos estarían gustosos de un conflicto armado. Cataluña, bolcheviques y desmembración de la unidad pensarán algunos de la vieja guardia, del búnker. Lo peor, es que seguimos sin darnos cuenta que la nuestra, es una sociedad de oportunistas. Catalanes o vascos, castellanos o gallegos, andaluces o levantinos, tenemos el mismo ingrediente.

Demagogia

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demagogo_0Sostienen algunos pensadores, entre ellos Platón, que cualquier sociedad humana que base su funcionamiento en la participación está abocada al fracaso. O dicho de otra forma, la democracia es una fórmula de gobierno que entraña grandes riesgos, la tiranía de la mayoría. En esta afirmación se puede extraer una certeza y un error. Por supuesto, que la democracia entraña riesgos contra la misma libertad de los sujetos. Sin embargo, no es la tiranía de la mayoría la que gobierna, al contrario, es la tiranía de una minoría oportuna que aprovecha la coyuntura democrática en su beneficio.

En un repaso a la historia española, se observa como la revolución y la rebeldía son una excepción. No hubo revolución liberal, lo que hubo fue Guerra de Independencia. Más tarde, el escaso logro fue eliminado por la clase gobernante, por la monarquía. Unos doscientos años después aproximadamente, una serie de movimientos sociales vuelven a reclamar un cambio de actitudes y estructuras. El comportamiento corrupto de nuestra clase política y unas instituciones que están dejando de cumplir con las funciones que se les atribuyeron.

El movimiento social empieza a llenar las calles, las plazas y parece que la juventud se activa. Independientemente de género, religión, etnia o consigna política, la sociedad está de acuerdo en que debe producirse una transformación. En pocos días, los conservadores tachan al movimiento de alborotadores y los populistas bajan a la plaza para aprovechar el púlpito. El demagogo sustituye al ciudadano libre. El movimiento se politiza y lo que era un instrumento de protesta se convierte en una herramienta al servicio de los populistas. Fin del movimiento.

El régimen venezolano

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imagesEl líder ha muerto. Algunos le han llamado “dictador” y la prensa de centro-izquierda le ha bautizado como “caudillo”. Un apelativo que casi lo iguala a Franco. No es de extrañar que la mayor parte de los medios de comunicación españoles hayan calificado a Venezuela no ya como una dictadura, sino como un régimen no-democrático. Un tratamiento injusto, dice Viçenc Navarro, si tenemos en cuenta que la prensa de nuestro país está en manos de los grupos multimedia dependiente del capital de la derecha.

Ciertamente, la democracia venezolana no es comparable con un sistema liberal-representativo. Y es que, existen distintos elementos que la hacen quedar fuera de dicha etiqueta. Sin embargo, usar nuestros esquemas socio-culturales para juzgar si tal país latino-americano es una democracia o no, es un craso error, especialmente si se dedican a la política comparada. En la última mitad del siglo XX, Venezuela era un régimen en el que se alternaban el partido conservador y el socialdemocráta. Cada uno por su cuenta disponía de sus propias redes clientelares, sus siervos y contaba con sus notables. Eran caciques que realizaban una buena reproducción de lo que fue el sistema canovista con sus típicos fraude electoral y “pucherazo”. Esa era la democracia que eliminó Chávez.

Hasta este punto, el sistema del líder reconoce la libertad de expresión y la desigualdad ha sido reducida en los últimos diez años. Muchas veces, con medidas populistas como programas de televisión que regalan electrodomésticos o compras de supermercado a las clases populares. Este sistema ha permitido corregir los fallos de los antiguos terratenientes. Sin embargo, el error de Venezuela ha sido tejer relaciones con enemigos del mundo civilizado como Irán, Corea del Norte y Libia entre otros. Estados Unidos es un lobo vestido de cordero, pero quien se junta con dictadores se acaba pareciendo a ellos. Y dice una tesis politológica que las democracias son democráticas en el interior, pero que actúan como autoritarismos en el exterior. Ésta es una democracia más.

Los fascismos desnatados

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Los partidos de extrema derecha y el fascismo representan uno de los temas que actualmente siguen suscitando profundos debates en la Ciencia Política Comparada y los estudios sobre élites y cultura política. Así, existe una tendencia a emplear el término “fascismo” que se ha aplicado mayoritariamente a dictaduras de extrema derecha. El deslindar determinados regímenes autoritarios de extrema derecha -como realiza Linz- del concepto fascista, los llevaría a incluirlos en un término mucho más amplio como el de “dictaduras” que bien pueden ser personalistas, militaristas, de extrema izquierda o de extrema derecha.

 

A partir de la consideración que realiza Linz al separar totalitarismos y dictaduras, surge un aluvión de preguntas. ¿No se puede calificar como fascista a la etapa falangista del franquismo en España? ¿Qué etiqueta le aplicamos al régimen militarista japonés durante la II Guerra Mundial apoyado en las tradiciones sintoístas y la revitalización del ideario nacionalista? ¿Las dictaduras xenófobas de África no pueden ser calificadas como fascistas al reivindicar la primacía de un grupo étnico frente a otros y su exterminio?

 

Encima, hay que recordar la elevada capacidad de cambio y transformación que los partidos radicales de derecha han adoptado en las últimas décadas, llegando a aceptar determinados discursos pro-occidentalistas y con un carácter populista. Lo que añade más leña al fuego y no aclara la diferencia entre unos y otros a través del tiempo y del espacio.

 

En pocas palabras, la división de Linz es suave y redentora, pero no justifica la cantidad de problemas morales que plantea. Con ello, vislumbramos un primer problema en la definición de lo que se considera “fascismo” y de lo que se considera “extrema derecha”. Es una desventaja fundamental en el discurso de las Ciencias Políticas frente a esta cuestión de estudio.

Por último, el término “fascismo” se ha aplicado mayoritariamente a dictaduras extrema derecha. El deslindar determinados regímenes autoritarios de extrema derecha del concepto fascista, los llevaría a incluirlos en un término mucho más amplio como el de “dictaduras” que bien pueden ser de personalistas, militaristas, de extrema izquierda o de extrema derecha