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Macron

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macron.jpgFrancia ha experimentado recientemente un cambio en su sistema de partidos similar a España. Las fuerzas tradicionales barridas de la escena política y tan sólo dos opciones se han disputado el liderazgo presidencial en su segunda ronda, el Frente Nacional de Le Pen y En Marcha de Macron. A diferencia del sistema español, es difícil predecir aún si estos dos partidos se perpetuarán como un nuevo bipartidismo entre centro y derecha. Mientras que la izquierda, tanto socialistas como comunistas han sido relegados a otros puestos menos importantes de la escena política.

Emmanuel Macron, definido como un liberal de centro o “centrismo extremo” (palabro que los expertos en Teoría Política aún deben definir) es el nuevo cabeza del ejecutivo. Lo que ha hecho que Albert Rivera ya hubiera echado algunas palmas durante la campaña presidencial y posteriormente. Entre sus principales líneas directrices está acabar con el paro -en torno a un 10%- y que afecta especialmente a los jóvenes y retomar el papel de Francia en la Unión Europea. La que, como todos sabemos, no corre en sus mejores horas gracias a Merkel, el Brexit y la brecha económica entre los países miembros.

No es que Macron vaya a hacer que Europa sea más democrática o más unida. Sí al menos viene a poner un segundo eje tras años de ausencia del frente franco-alemán que tradicionalmente había liderado la política comunitaria. De esta forma, la respuesta a la negativa de Trump de cumplir los acuerdos de París sobre el cambio climático y las advertencias a la política exterior de Rusia sean el inicio de una nueva era en la política de la Unión. Aunque, como ya sabemos, en Europa somos muy dados a ejercitar la lengua mientras todo estalla a nuestro alrededor. El tiempo dirá.

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Lisboa, ciudad del desasosiego

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Lisboa 012En el delta del Tajo. Descansa oscura, estrecha, laberíntica y triste, la capital lusitana. También en sus grandes espacios urbanos abiertos al mar y al comercio se vislumbran atisbos de luz. Breve esperanza. Éste es el carácter de la ciudad de Lisboa, en la que dice un refrán que llena de tanto optimismo a sus visitantes que al abandonarla todo se vuelve desesperanza. Probablemente, hay algo de razón en el conocido “desasosiego” del poeta Fernando Pessoa. Y aquí es donde el arribafirmante ha tenido la fortuna de volver por segunda vez y de caer en la más suma añoranza tras la vuelta.

Políticamente, Portugal es un país orgulloso de sus instituciones y de su historia. Nada que ver con la crispación española, ni con el rencor de la Castilla profunda. A diferencia de nuestro país, la sociedad lusa no padece una alta tasa de paro ni grandes subidas de precio. Sin embargo, el Estado ha tenido que recortar considerablemente las políticas sociales e incrementar el IVA. No escasean desde las llamadas a la revolución hasta los carteles de protesta por los impuestos en cualquier bar o cafetería. Un ambiente muy distinto al que existía hace un año antes de las últimas iniciativas políticas.

Sin embargo, Portugal está cumpliendo bien su papel en la Unión Europea. Al menos, a ojos de la Alemania de Merkel y de los mercados. Cada vez más, los pueblos mediterráneos o lo que los economistas centroeuropeos llaman PIGS se están convirtiendo en vasallos de los países del Norte europeo. Y llegará un momento, en que el orgullo de estos pueblos se sentirá más que herido y responderá de una forma contundente. Nadie quiere ser la Grecia de la crisis económica, pero todos los antiguos bárbaros de Europa intentan trazar una línea histórica con la Atenas democrática para alabar la bondad de sus sistemas. La historia no es un retal que se descose a partes mejores o peores, la historia es un continuum que al final se acaba repitiendo de una forma u otra. De hecho, ya se está produciendo el IV Reich tan autoritario como siempre, pero tan sofisticado como nunca.

Obama, Mas, Romney y la austeridad

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Obama o Romney­­. Parece que son las únicas elecciones de los norteamericanos. Sin embargo, hay muchos temas sobre los que hablar en la mesa. Una buena pregunta es saber cuál de ambos candidatos conviene más a las relaciones entre Estados Unidos y España. Y es que, los resultados de la última visita de Rajoy a Nueva York fueron de todo menos satisfactorios, publicando las principales cabeceras sendas imágenes sobre la pobreza en el país ibérico.

Por su parte, Romney es el que posee una visión más cercana a la cancillera Merkel. Por lo que, una victoria de los republicanos bien sería un aval para las directrices de austeridad alemanas. Por otro lado, una posible revalidación de Obama bien puede ser un intento para aupar el rescate que la Unión Europea priva a España, obligándola a subsistir con todas las cargas de recortes, subida del paro y profunda depresión económica que sufre.

En este sentido, es interesante seguir la campaña estadounidense, pues aunque no lo parezca se decide tanto para el mismo país como para el resto del mundo. ¿Cuál será la política internacional a seguir por este país? ¿Se producirán recortes similares en la economía “made in USA”? No obstante, y más allá de estas incógnitas, algo hay en común entre las elecciones norteamericanas y catalanas, y es que, es mejor hablar de otros, que hacer un balance de los problemas de pobreza que padecen ambos.

Hipótesis (II): seguimos aplazando la deuda postsoviética

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Como se adelantó en una columna anterior, el interés diario de la prensa europea en torno a la deuda de los países mediterráneos no responde a planteamientos periodísticos. Más bien, es una necesidad política de Alemania que divorciada del eje franco-alemán desea convertir su agenda nacional en la agenda de la Unión Europea, ocultando las malas cifras de los países miembros del Este. Y es que, como dijo un asesor del Gobierno alemán, “estamos aquí para que paguéis la deuda que habéis contraído, después de haber gastado más de lo que podíais”.

En una comparación, entre los datos macroeconómicos de España y Polonia observamos como la deuda ronda la cifra española y su prima de riesgo se acerca hacia el precipicio de los 400 puntos. La pregunta es dónde están el Bild o The Guardian, avisando sobre este riesgo para la inversión en el antiguo espacio postsoviético. Sin embargo, siguiendo una vieja máxima marxista: todo tiene una explicación económica al menos.

Para empezar, en Alemania existe una desigualdad económica patente entre la zona occidental más rica y la oriental más pobre como resultado de su unificación en los noventa. Por lo que, la existencia de países con un PIB inferior y unos precios más bajos representa una ventaja para compensar la bolsa de la compra de los antiguos alemanes del Este. De forma que, estos ciudadanos tienden a realizar compras como bienes de primera necesidad, ropa y gasolina cruzando la frontera a la República Checa y Polonia.

Esta demanda de productos por parte de los alemanes permite explicar una menor tasa de desempleo en Polonia y unos datos a grandes rasgos menos negativos que los españoles. Sin embargo, eso no ha sido suficiente para que la crisis no se haya cebado con estos países recientemente ingresados en la Unión Europea. Por lo que, seguramente si España no fuese mediterránea y estuviese más cerca de Alemania, otra Merkel cantaría.

Hipótesis: la deuda del Este europeo

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Cada día nos asaltan noticias sobre los posibles cambios y nuevos recortes en los diarios. España está en el centro del huracán, de la campaña presidencial estadounidense, del Banco Central Europeo y del ejecutivo alemán, por citar algunos. Sin embargo, pocos datos llegan sobre la posible deuda de los miembros europeos del Este, pues parece ser que la pandemia es una enfermedad típica del mediterráneo: Portugal, España, Grecia, Italia e Irlanda, que es algo así como el sur inglés en su visión más despectiva.

Por este motivo, y previendo una posible ocultación por parte de la prensa europea, el arribafirmante se ha propuesto en la presente y posteriores columnas indagar sobre la deuda de países como Rumania, Polonia, República Checa, Eslovaquia y los lugares de veraneo para los alemanes. De esta forma, es posible detectar qué es lo que oculta ese silencio de los medios sobre la economía de estos países.

En nuestro primer viaje de la deuda hemos decidido ir a Hungría. Este socio europeo  acumula una deuda del 80,60% de su PIB y una prima de riesgo de 588, ambas superiores a la española para el último ejercicio. ¿Y dónde están los titulares sobre el derroche o el riesgo de la inversión en el antiguo reino húngaro? Por fortuna, las inversiones de los centro-europeos en este país no van destinadas preferentemente al mercado financiero. Al contrario, las compras alemanas en este país se destinan a turismo, servicios médicos y la especulación urbanística.

Estos datos arrojan luz sobre cuál es el papel de España en la Unión Europea bajo el brazo ejecutor alemán, decir “sí”, lejos del “no” de Hollande. Lo sorprendente y anecdótico, es que además en Hungría se sitúa una considerable población germano-parlante, siendo algo así como una extensión cultural de Alemania. Ahora, es cuando hay que preguntarse por qué estos datos no están en las cabeceras internacionales.

Para más información: http://www.datosmacro.com/paises/comparar/espana/hungria

El rescate llega y el IVA engorda

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La prima de riesgo aprieta y ahoga. Aunque no estemos a la profundidad de Portugal, el que se vende como modelo de rescate a seguir. Con un aumento de los recortes sin precedentes, la implantación del copago sanitario y este fin de semana, el aumento de las cotizaciones a la seguridad social. Miren ustedes, el Estado se convierte en un negocio poco rentable mucho aprieta, poco hace y nada aporta. Y es que, se rumorea que ya se están abriendo las cuentas de las presentes cotizaciones para pagar las pensiones de jubilados y desempleados.

El futuro imaginado está aquí. Rajoy que tanto criticó de Zapatero no es más que un bucle de su predecesor. Mano dura, silencio ante los medios y seguir los pasos de una Europa distópica. Una sociedad perfecta donde Merkel se convierte en la dama de hierro comunitaria y garantiza a todos la felicidad. O dicho de otra forma el “german way of life”, contratos de pocas horas pagados con salarios basuras.

Mientras tanto, nuestro IVA alcanza la obesidad morbida gracias al sobrepeso que le entregó el PSOE y su raquítico compañero el Sueldo Mínimo Interprofesional mantiene una draconiana lejanía con la primera. En el mercado común europeo, no hay competencia desleal, pero acaso no debemos cuestionar que los Estados miembros ofrecen distintos productos con una competencia abismal.

Alemania pone el ojo para ocultar la mano

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Hace unas semanas, en un conocido programa de televisión presentaban un reportaje sobre el ambiente de la actual sociedad griega. El conocido presentador andaba por las calles, preguntando a los griegos qué si pensaban salirse del euro, a lo que un ciudadano de a pie respondió audazmente. “Los alemanes no tienen que humillar a los griegos, no deben olvidar que la democracia empezó en Atenas”.

La mano de hierro de Merkel aprieta y ahoga. Cambió el gobierno italiano por una corte de tecnócratas eurocreyentes. Y ahora, amenaza con intervenir en la política griega si no consiguen alcanzar un ejecutivo de consenso en las próximas elecciones. Alemania clama al oráculo de los fantasmas del pasado: el autoritarismo y la unilateralidad como herramientas de política exterior. La única diferencia es que la ocupación del Reich ya no es militar, sino burocrática que representa el depredador de las sociedades liberales.

Grecia es un país con un pasado arduo, duro y honorable. En suelo helénico se encuentra el origen de la filosofía y las ciencias clásicas, de la democracia frente a la tiranía y del desarrollo de la cultura grecorromana. Mientras tanto, los pueblos germánicos caminaban como bárbaros sobre la tundra. Más tarde, la identidad griega palideció durante la larga ocupación otomana y siglos posteriores, fue liberada del yugo musulmán. A la par que, los alemanes tardaban siglos en consolidar una identidad común bajo la filosofía hegeliana.

Alemania carece de legitimidad para dirigirse a los griegos como lo está haciendo. Ni tiene un pasado histórico democrático mayor de cien años. Ni mucho menos, es el caudillo de la Europa unida. Este aguilucho germánico nada habla sobre la deuda, el paro o la economía de los países de Europa del Este. A Merkel le interesa hablar de España y Grecia, para tapar a países como Hungría, Rumania, República Checa y Polonia, por citar algunos. Estados donde el consumidor alemán disfruta de unos precios bajos y una mano de obra barata. He aquí el milagro alemán.