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Político o ciudadano

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imagesCuatro años. Ese es el tiempo en que mi proyecto de tesis de doctorado en Ciencias Políticas se ha desarrollado. Esta obra basada en entrevistas directas a aquellos políticos que han sido alcaldes de las capitales de provincia de Andalucía analiza el liderazgo político local. Extraídos su visión, sus recuerdos, sus acciones y su pensamiento sobre la responsabilidad de dirigir y gestionar una ciudad, se plasman distintas generaciones de primeros ediles que han vivido desde la transición local hasta los tiempos más recientes de la crisis económica y la irrupción de Podemos y Ciudadanos en la arena municipal.

Detrás de la realización de este trabajo existen muchas historias. Largas jornadas al frente del volante recorriendo Andalucía de un lado a otro, el contacto previo con los alcaldes en cuestión, horas al frente de la transcripción y una profunda traslación de lo contado por estos actores políticos a la obra académica. Mientras tanto, algunos académicos que se han acercado a este trabajo se han preguntado cuál es el interés de estudiar a simples y meros alcaldes. Parece ser que investigar la acción política local es una labor con poco glamour entre el gremio, como si llevar una ciudad fuera una tarea sórdida, fácil y sencilla. Quizá a algunos se les hayan empañado los cristales del despacho universitario tras tantas horas sin salir a la calle, a la vida cotidiana.

Entre las principales conclusiones que se encuentran presentes en la indagación sobre el estilo de liderazgo y las carreras políticas de los alcaldes hay una gran reflexión final. En España, el ejercicio de la alcaldía se mueve entre dos coordenadas. Si bien, el alcalde es más un ciudadano reclutado por el partido o si es un político propuesto para gestionar la ciudad. Si ese poder político y los intereses a los que responde proceden del ámbito social o de las estructuras orgánicas. He ahí el dilema presente en muchos de los líderes analizados y que de una forma u otra han encontrado destino variados según el papel que han decidido jugar dentro de esa disyuntiva.

Nueva Barcelona

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Nueva Barcelona avanza hacia el futuro, mientras otras ciudades siguen como están. Esta ciudad no consiguió ser capital europea de la cultura en 2016, pero la llaman “ciudad de los museos”. Atesora un Museo y la Casa Natal de Picasso, una sede del Museo Ruso de San Petersburgo, una sede del George Pompidou, un Centro de Arte Contemporáneo, el Museo del Vidrio y el Museo de Bellas Artes y Arqueología de su provincia. Esto viene completado con una oferta de restauración y vida nocturna concentrada en su centro histórico que la convierte en una urbe vibrante cualquier noche de lunes a domingo.

En Nueva Barcelona nadie habla catalán. Ni los niños son educados en el revanchismo histórico. Desde voces germánicas hasta francesas, pasando por orientales se pueden encontrar en sus calles. Las empresas no han huido de su sede en el Parque Tecnológico de Andalucía, sino que crecen como capital económica de esta tierra. Nueva Barcelona dejó de ser un lugar de paso hacia la Costa del Sol para convertirse en un destino de cruceros. También por aire se puede llegar a su aeropuerto internacional. Por suerte, esta ciudad no se llama realmente “Nueva Barcelona”, sigue siendo Málaga.

Málaga que durante tres décadas ha permanecido oscurecida en el mapa ha surgido como una ciudad con un nuevo dinamismo, no ya sólo económico sino también cultural. La que aparece como “città grigia” en alguna guía de viajes de Mondadori de algún italiano sin puta idea de nada, es llamada hoy la “Nueva Barcelona” por Daily Mirror. Mientras la vieja Barcelona se convierte en un campo de batalla de la balcanización, Málaga se convierte en la primera ciudad mediterránea española. Esas tres décadas de olvido han sido tres décadas de recuperación del esplendor de la urbe. Un esplendor que camina de la mano de la innovación constante.

Collado publica un artículo sobre la cultura política en Andalucía en la presente democracia

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Francisco Collado presente el artículo con el título “El carácter andaluz durante cuatro décadas de democracia” en Nómadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. En 2015 se han cumplido cuarenta años de democracia representativa en España. A lo largo de este período, el desarrollo del Estado de las autonomías ha configurado un heterogéneo poliedro con distintas comunidades, identidades y formas de concebir la vida política en cada territorio. En el caso andaluz, han existido dos dinámicas en torno al imaginario de cómo son vistos y cómo se ven a sí mismos sus habitantes. Primero, una imagen negativa del andaluz promovida por algunos sectores de la opinión pública frente a otra positiva que destaca sus avances económicos, sociales y culturales. Segundo, un conflicto interno (a veces silencioso) entre las distintas identidades territoriales existentes en el interior de la comunidad. Ante esta variedad de opiniones, se presenta un análisis diacrónico de las identidades territoriales (europea, nacional, autonómica y local) y la cultura política andaluces a partir de los principales datos estadísticos del Centro de Estudios Andaluces, CIS e IESA.

Andaluces sin memoria

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El nacionalismo andaluz apenas alcanza un 5% sobre el conjunto de la población de la comunidad autónoma si se miran las estadísticas del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía. Esto quiere decir que sólo uno de cada veinte andaluces cree que su región debería ser una nación, ya fuera federada o como un Estado propio. Si se intenta seguir el rastro de este pensamiento se observará que ni siquiera los antiguos políticos del Partido Andalucista tenían una opinión concreta en torno a este dilema. Ni siquiera en el ámbito urbano se encuentran estas voces minoritarias que proponen un mayor grado de autonomía para Andalucía. Es necesario acceder hasta los entornos rurales de mayor peso demográfico para palpar esta actitud.

El caso de Sánchez Gordillo en el ámbito político o de Isidoro Moreno en el intelectual al frente ilustran claramente a esta minoría de andaluces nacionalistas. Y este mismo perfil ideológico, ejemplifica a aquellos andaluces que deciden apoyar la independencia de Cataluña del Estado español, saltándose la legalidad constitucional y dándole la razón a los separatistas. Parece ser que ya nadie se acuerda de la lucha de Andalucía por ser una comunidad autónoma. Durante la Transición, Madrid decidió reconocer a País Vasco, Cataluña y Galicia como comunidades por ser las que habían negociado el reconocimiento de un estatuto especial durante la II República. Fue Andalucía la que alzó la voz para que no sólo Cataluña, sino los demás territorios y ella misma también fueran reconocidas como comunidades, dando lugar al actual Estado de las autonomías. Es éxito andaluz, y no del egocentrismo de los catalanes, el actual Estado autonómico.

A excepción de Tarradellas, la mayoría de la clase política catalana se negaba a que Andalucía tuviese este reconocimiento. Por eso, me sorprende no la doble moral, sino la amnesia de políticos e intelectuales nacionalistas andaluces -cuyo sentimiento el arribafirmante aprecia- que le están dando la razón a esta gente. A esta gente que no quería una Andalucía autónoma, a esta gente que predicaba su religión payesa entre los charnegos desarraigados, a esa pequeña burguesía catalana que quería nuestra mano de obra barata para mantener sus industrias, a aquellos que decían que el dialecto andaluz era una lengua de analfabetos y a aquellos que siempre han pisoteado (y pisotean) el honor de la tierra andaluza con la suela de la bota. Andalucía ha dado y da a España mucho más que la deslealtad de los separatistas catalanes.

 

Doñana arde

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descarga.jpgEl primo (o el hermano) de Rajoy, aquel que era (o es) profesor de Física en la Universidad de Sevilla, ya dijo que lo del cambio climático era una moda. Un concepto que se habían inventado algunos ecologistas para sacar tajada vía subvenciones. Quizá este señor ahora se esté cagando en sus propias palabras, una década después. Sobre todo al comprobar que los incendios no son un hecho aislado de Galicia Y es que, han consumido una buena parte de Portugal hasta hace cuatro días con 40.000 hectáreas, 64 muertos y más de 200 heridos. Y hoy, hay otro activo en uno de los pulmones de Europa, Doñana.

Lo que sí parece que se ha preocupado Rajoy es de la normativa de recalificaciones. Disculpen si algunos no son entendidos en el tema. Parece ser que la nueva Ley de Montes permite recalificar el uso de los suelos verdes que han sido afectados por un incendio para proyectos de “utilidad pública”. De acuerdo. A eso se añade que Gas Natural tenía planteado hacer un gaseoducto para extraer gas del subsuelo en la misma zona donde se desarrolla el incendio. He aquí la cruel broma del destino.

Y es que el destino o la casualidad pocas veces supera a la causalidad. Ya dijo Guillermo de Ockham que la hipótesis más simple es la más probable. Los linces no entienden de gas, ni de humanos, ni de maldad. Por eso, sería adecuado no ya en un sentido moralizante, sino legalmente punible y políticamente castigable iniciar una investigación en torno a estos hechos, sobre todo en torno a Fenosa y los políticos que aprobaron la reforma en la susodicha normativa forestal.

 

No es cuestión de Estado

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lopez-diazPedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López. Las primarias del PSOE son el tema del candelero. Ya se ha demostrado de sobra como la candidata y Presidenta de la Junta de Andalucía cuenta con la bendición de la Santa Trinidad encabezada por Felipe González, Alfonso Guerra y Juan Luis Cebrián. Así como que la mayoría de los barones autonómicos -entre ellos Ximo Puig, García Page y Javier Fernández- han dado su apoyo a ella misma. Mientras tanto Pedro Sánchez parece tener el reducido apoyo de algunas secretarías provinciales y de Patxi López nadie espera que llegue al final del proceso. Por lo que todo quedará en un duelo personal entre Díaz y Sánchez.

El enésimo agujero negro del PSOE se ha convertido en una cuestión de Estado. Parece fundamental que el partido socialdemócrata tenga un líder firme y que la estabilidad política va en ello. Y es que es cierto, porque los socialistas españoles siempre han pecado de ser un partido sin ideología. Un partido cuya ideología se dijo “socialdemócrata” en Suresnes, pero se hizo felipista en la corte hispalense. De hecho, un espectáculo se ha vivido recientemente en las Juventudes Socialistas de Sevilla entre pro-sanchistas y pro-susanistas. Con sinceridad, la única ideología en esta formación es la duda y la necesidad de un liderazgo fuerte. Muy a juego con esa cultura política de jornalero y capataz.

¿Qué ha sucedido en la socialdemocracia española para que su gran preocupación sea pervivir en el espacio electoral a cualquier precio? Incluso al costo de ser centrista y no un demócrata social. La socialdemocracia que protegía a los débiles y mejoraba la vida de las clases populares es hoy una sombra de la élite hispalense acostumbrada al diezmo sucesorio y otros, mientras la sanidad andaluza es la que destina menos fondos en términos netos en comparación con las demás comunidades autónomas. Si Andalucía no es una cuestión importante para Susana Díaz, sus trances florentinos es una cuestión de Estado para España.