Partidos políticos

Reseña sobre un estudio de élites gubernamentales españolas de Andrés Villena

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La Revista Española de Ciencia Política (RECP) acoge una reseña sobre una reciente obra publicada por Andrés Villena sobre las élites ministeriales de los ejecutivos del PSOE y PP en los últimos años. Esta monografía editada por Comares estudia distintos aspectos como los perfiles de procedencia de los ministros, los grupos de interés que están representados en sus carteras y la capacidad para actuar como un actor colectivo con su propio espíritu de cuerpo y capacidad para la coordinación. De esta forma, el autor muestra los resultados más brillantes de su tesis doctoral, siendo este libro una obra fundamental para los expertos en élites políticas en España.

La forma de gobierno es, y sigue siendo, una pregunta básica en la ciencia política. Tradicionalmente, los manuales de la disciplina han respondido a través de la clásica división entre parlamentarismo, presidencialismo y semipresidencialismo. Por su parte, la contribución institucionalista se centra en los cauces a través de los cuales discurre la organización de los poderes públicos dentro de un marco normativo. ¿Cómo se desarrolla la labor de gobierno de un Estado en su dimensión más empírica y en la realidad efectiva? ¿Cuáles son los criterios de los gabinetes ministeriales en su proceso de toma de decisiones? ¿Qué intereses están representados en los Ejecutivos de la España actual en el contexto de una crisis económica y un mundo globalizado? Estas son las cuestiones que plantea y a las que intenta responder la reciente monografía ¿Cómo se gobierna España?, donde su autor, Andrés Villena, estudia los ejecutivos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Para más información se puede leer en el siguiente enlace: https://recyt.fecyt.es/index.php/recp/article/view/58934/pdf_109.

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Político o ciudadano

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imagesCuatro años. Ese es el tiempo en que mi proyecto de tesis de doctorado en Ciencias Políticas se ha desarrollado. Esta obra basada en entrevistas directas a aquellos políticos que han sido alcaldes de las capitales de provincia de Andalucía analiza el liderazgo político local. Extraídos su visión, sus recuerdos, sus acciones y su pensamiento sobre la responsabilidad de dirigir y gestionar una ciudad, se plasman distintas generaciones de primeros ediles que han vivido desde la transición local hasta los tiempos más recientes de la crisis económica y la irrupción de Podemos y Ciudadanos en la arena municipal.

Detrás de la realización de este trabajo existen muchas historias. Largas jornadas al frente del volante recorriendo Andalucía de un lado a otro, el contacto previo con los alcaldes en cuestión, horas al frente de la transcripción y una profunda traslación de lo contado por estos actores políticos a la obra académica. Mientras tanto, algunos académicos que se han acercado a este trabajo se han preguntado cuál es el interés de estudiar a simples y meros alcaldes. Parece ser que investigar la acción política local es una labor con poco glamour entre el gremio, como si llevar una ciudad fuera una tarea sórdida, fácil y sencilla. Quizá a algunos se les hayan empañado los cristales del despacho universitario tras tantas horas sin salir a la calle, a la vida cotidiana.

Entre las principales conclusiones que se encuentran presentes en la indagación sobre el estilo de liderazgo y las carreras políticas de los alcaldes hay una gran reflexión final. En España, el ejercicio de la alcaldía se mueve entre dos coordenadas. Si bien, el alcalde es más un ciudadano reclutado por el partido o si es un político propuesto para gestionar la ciudad. Si ese poder político y los intereses a los que responde proceden del ámbito social o de las estructuras orgánicas. He ahí el dilema presente en muchos de los líderes analizados y que de una forma u otra han encontrado destino variados según el papel que han decidido jugar dentro de esa disyuntiva.

Ciudadanos en auge

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rivera.jpgLas encuestas parecen dar buenas noticias a la formación naranja. Ese centro-derecha actualmente que antes era centro-izquierda. El paraguas bajo el cual se amparan socialdemócratas, liberales, socioliberales, neoliberales y liberal-demócratas. Una fauna variopinta en la que se funden las ideologías mas primigenias de la época decimonónica con la sonrisa amable a cuestiones como la igualdad de la mujer, el medio ambiente y otros temas que han sido generalmente capitalizados por la izquierda. Fuere como fuere Ciudadanos podría calificarse como la “tercera transición”.

Este tercer tránsito es el camino por el cual una parte de la derecha y el centro-derecha sociológicos renuevan su agenda y sus posturas. Distanciados del PP no ya sólo en lo ideológico, sino también en lo estratégico, Rivera aspira a hacer de esto la nueva UCD o CDS. Al menos, sin llegar a tener el trágico final que estas formaciones tuvieron en su día al depender del liderazgo de Suárez. Aunque si en algo se ha renovado esta derecha sociológica es en la concepción territorial de España basada en el constitucionalismo. Autonomías sí, pero sin olvidar que son una delegación de Madrid.

Sea como fuere, Ciudadanos a diferencia de Podemos está llamado a jugar un papel importante en la definición de temas como el mundo laboral, la modificación del sistema electoral que ya no tiene sentido para un bipartidismo difunto, la conciliación laboral y la paridad en los puestos de dirección de las empresas. La vieja derecha del PP se niega en multitud de estos puntos, viviendo aún en la melancolía de un franquismo que no se fue en la segunda transición de Aznar, sino que siempre estuve detrás de la puerta de Génova.

Preferiblemente otro día

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Hacía un tiempo, Francisco de la Torre había declarado que no concurriría como cabeza de lista en las próximas locales. Lo que parecía aventurar que el supuesto delfín -y entiendan supuesto porque el alcalde malagueño nunca se ha expresado con claridad en este asunto-, Elías Bendodo, sería el sucesor entre los populares del consistorio. Como prueba de que la cosa iba en serio, De la Torre manifestaba que así se lo había comunicado a su esposa. No pasaron unos meses hasta que ha vuelto a reivindicar su intención de revalidar como candidato a la alcaldía. Y pese a la edad del primer edil, el sentimiento de generalizado entre muchos malagueños con independencia de colores es que si hay que elegir entre De la Torre y Bendodo, no hay mucho más que hablar. El presidente de la Diputación, que también fue preguntado por su postura, tampoco dio muchas pistas sobre qué opinaba sobre la continuación del liderazgo del alcalde malagueño.

En política local, la meritocracia que se presupone a los candidatos es sustituida por la apreciación de las características y la actitud personal de los sujetos. Dicho de otra forma, en la arena municipal estamos en la pequeña escala. De esta forma, los ciudadanos no valoran a sus dirigentes por lo que sean capaces de hacer, sino por quiénes son y qué representan dentro de la comunidad. De la Torre y Bendodo son personas distintas. Y no es que sea una cuestión de edad. Mientras el alcalde de Málaga es un pro-hombre y hasta cierto punto un notable local, reputado y admirado por amplios sectores de la sociedad civil, el segundo no deja de ser un simple hombre de partido como otros tantos. En su esencia más pura, el poder de Francisco de la Torre bebe directamente de fuentes sociales y/o locales, mientras que el segundo no ha conocido ningún horizonte desde que accedió a las juventudes políticas hace ya algunas décadas. El amado líder local y el señor del aparato. Éstas son las dos opciones entre las que cabe elegir al cabeza de cartel de los conservadores. Ni siquiera entre sus propias filas, Bendodo despierta las simpatías de una amplia mayoría.

La presidencia de Bendodo ha supuesto un cambio profundo en la institución provincial, de las cuales ya se verán sus claroscuros en el futuro. La Diputación de Málaga se ha renovado profundamente, se han impulsado infraestructuras y cambios exitosos. Ahí queda la renovación de El Chorro como un enclave para el turismo rural y el reconocimiento de los Dólmenes de Antequera como Patrimonio de la Humanidad. Ahora bien, esto no puede ser óbice para entender de entender que Málaga vive algunas de sus horas más lúcidas bajo el amparo de De la Torre y que lo deseable sería su continuidad. Sin embargo, la edad, las alternativas de sucesión y el empuje de los nuevos partidos no juegan a favor de la ciudad para mantenerla con el carácter y el modelo de urbe en que se ha consolidado en los últimos quince años.

Irrepresentativa

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Si en algo coincide nuestra clase política, es que cada vez está más alejada del común de los mortales. Ni las demandas de Iglesias hace unos meses apoyando la independencia de Cataluña ni las sentencias de Celia Villalobos tienen nada que ver con las preocupaciones de la sociedad. La última aventura dialéctica de la ex alcaldesa malagueña y chica de Aznar ha sido decir que hay personas con más tiempo cobrando la pensión que trabajando, o que podría estudiarse la posibilidad de que la gente siguiese trabajando hasta los 80 años. Para rubricar esa afirmación se ha quedado en que “ella está divina de la muerte”. Y es cierto que con su sueldo de diputada y jugando al Candy Crush tras su escaño no es que sude como un albañil, un carpintero o un fontanero. No es lo mismo el trabajo de cuello blanco que el de cuello azul.

La vida de Villalobos no es que sea el testigo de un gran esfuerzo vital. O bueno, disculpen, ¿acaso alguien sabe algo sobre la vida de esta mujer antes de convertirse en política? Los datos bien dispersos y en cierto modo opacos sobre cuál ha sido la profesión de esta mujer son escasos. No cabe negar que ha habido y hay un esfuerzo por ocultar la vida de alguien que no representa prácticamente a nadie. Ni siquiera a sí misma. Hija de un antiguo delegado diplomático de Argentina en España, en su currículum del Congreso reza que fue funcionaria. Y quizá sea uno de esos funcionarios con una larga excedencia como Javier Arenas, habiendo trabajado para los servicios ministeriales de lo que podríamos llamar servicios sociales. Aquella parte de los servicios sociales que se insertaron en dicha estructura gubernamental a mediados de los setenta cuando Falange dejó de ser una parte del sector público.

Abrigada al amparo de las estructuras públicas. Sin formación y sin ton ni son. Villalobos aún es política como Arenas después de tantas décadas. Y no es de extrañar, que nadie se quiera jubilar con su sueldo, ni con sus preocupaciones. Permitiéndose aún el lujo de dar ejemplos de obra y vida sin haber dado el callo como lo hacen los trabajadores manuales. Los tiempos de la Villalobos feminista y liberal han dado paso a la versión más choni de esta señora que no está actualizada a los nuevos tiempos. Aunque para dar discursos que no se ajustan a la realidad de muchos ciudadanos a los que dice representar siempre le falta tiempo.

Sorpassicidio

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El “sorpasso” fue el emblema de Podemos hace dos años. La ventana de oportunidad abierta desde las elecciones de 2015 hasta la repetición de 2016, pasando por la negativa de Iglesias de investir a Pedro Sánchez ha sido su defenestración. Definitiva y contundente el camino que ha seguido el partido morado desde su nacimiento hace ya cuatro años permite trazar su horizonte en el medio plazo. Y es que, el único “sorpasso” que los podemitas han conseguido es el que se han hecho a sí mismos.

Iglesias parecía aire fresco. Se presentaba como una brisa cálida en el apagado sótano del bipartidismo PP-PSOE. Con una agenda populista llena de promesas en la ampliación de derechos y en la lucha por los más desfavorecidos prometía un brillante mañana. La felicidad, la alegría, el amor. Como tantos sentimientos gustan de expresar a los padres de la madre patria.

Podemos fue abandonando la atención en la agenda de los que sufrían la crisis. Tomó la escopeta de matar fachas, sacó la motosierra de podar esperanzas y pertrechado de Alcampo subió al monte. Mostró su nefasto fracaso para descalabrar al PSOE, ejecutó políticamente a Errejón repitiendo el fastuo destino de Trotsky y ha defendido el nacionalismo catalán como despropósito constitucionalista. Las recientes elecciones en Cataluña ya anteceden el éxito que Podemos ha cosechado con esta arriesgada jugada. Y ahora, sólo cabe plantear el sorpasso que se harán a sí mismo en futuros comicios.

Cerdos y tirantes

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lanzaDecía Pablo Iglesias en algun reunión con sus amiguetes de la kale borroka que había que “cazar fachas”. Los sicarios de Alsasua, el chungo de Bódalo y la defensa del pobrecito Alfon es la llamada de los guiños de líderes como Colau, Carmena y muchos otros a esa extrema izquierda que cruza finamente las barreras no ya del Estado de Derecho, sino del respeto a la dignidad humana. Y es que, desde su punto de vista existe una extrema ideología (izquierda) que es más digna que otra extrema ideología (ultra-derecha). Fíjense, los perros callejeros haciendo suya la superioridad moral y el saberse seguros de tener en sus manos la receta definitiva al orden público (o anárquico).

La última estratagema de nuestra indisciplinada izquierda ha sido justificar que el asesinato del legionario por el señor Rodrigo Lanza ha sido en defensa propia. Se puede plantear que en defensa propia, Lanza tuvo el tiempo suficiente para tomar una barra de hierro para abrirle la cabeza a Víctor Laínez y ya de paso fumarse un cigarro mientras le pateaba la cabeza. Esta última agresión confirmada tras la autopsia de la víctima. Lanza que ya tiene un currículum envidiable tras haber dejado tetrapléjico a un Guardia Urbano. Y que para hacer más honor a su linaje, es descendiente de los golpistas chilenos que acabaron con la socialdemocracia de Allende. Ahora bien, serán los tribunales quienes deban tomar cartas en este asunto.

Sea como sea, los guiños de la izquierda de Iglesias y Colau a los extremismos antisistemas de los que ellos mismos provienen y a los nacionalismos periféricos no es gratuita. Tiene un precio. Lo ha tenido y lo va a tener en tanto en cuanto la arena sobre la independencia catalana sigue siendo aún un campo de batalla entre la derecha españolista y la izquierda periférica. Esa izquierda que todavía grita al unísono de “Dios, patria, rey y fueros” en las masías geronesas. Esa izquierda que ni es izquierda ni es derecha y es toda tradición, conservadurismo e inamovilidad y que pretende legitimarse como (contra)revolucionaria.