crisis

A quién le importa

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marea-blancaEste fin de semana se han alternado dos hechos que afectan directamente a la persona que ostenta la Presidencia de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. De un lado, las manifestaciones con decenas de miles personas en Granada, Málaga, Huelva y Sevilla contra los recortes en salud del gobierno autonómico. De otro lado, la convocatoria del congreso que elegirá al nuevo Secretario General del PSOE, donde la sevillana compite contra Patxi López.

Entre otros precedentes al problema de pérdida de calidad de los servicios sanitarios se pueden mencionar bastantes más. Las continuas denuncias presentadas por el ya famoso Jesús Candel, alias “Spiriman”; la destitución del director gerente, Emiliano Nuevo, realizada por el Servicio Andaluz de Salud en febrero del año pasado por solicitar más recursos; las largas listas de espera en atención especializada; la compra de medicamentos de baja calidad; e incluso el colapso de las consultas de los médicos de cabecera. Con este aval, Susana Díaz aspira a presentarse como lideresa del PSOE y futura candidata a la Presidencia de España.

No falta decir que en la agenda del ejecutivo andaluz, lo que suceda dentro de su comunidad poco importa. Ya que ahora existe una ventana de oportunidad para que las élites regionales socialistas coaligadas con Díaz puedan implantarse nuevamente en Ferraz. Sede que volverá a ser dirigida directamente desde la capital hispalense. Lo demás parece que es superfluo en la agenda de la Comunidad Autónoma de Andalucía.

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Participación en el XII Congreso de la AECPA

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José Francisco Jiménez (UPO) y Francisco Collado (UPO) han presentado dos ponencias en el último congreso celebrado por la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración (AECPA), en San Sebastián entre el 13 y 15 de julio. Estas exposiciones han versado sobre una revisión del liderazgo de José Luiz Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno, bajo el título “Liderazgos antes y durante la crisis en España: José Luis Rodríguez Zapatero y la construcción del liderazgo socialdemócrata”;  y la importancia de la participación política de los inmigrantes desde la teoría pluralista de la democracia, con el nombre “La participación política de los inmigrantes en las poliarquías: una aproximación desde la teoría democrática de R.A. Dahl”.

El ocaso de las instituciones

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Decir que el liderazgo político en particular y la política en general, alcanzan sus horas más bajas, no es una afirmación nueva. No es un conocimiento añadido. Ni mucho menos una noticia. Pocos son los líderes que a día de hoy gozan de una valoración no ya positiva, sino que al menos alcance un aprobado según los barómetros del CIS. Todo ello dentro de una época donde en lugar de la política de consenso que debiera primar y se echa en falta, se ha pasado de la política de la crispación a la política de la tribu. Puertas cerradas, olor a cerrado y cada cual con su progenie.

Si se observa la valoración de los líderes que han ocupado el poder ejecutivo en España se demuestra que existe una caída continuada según señala Estefanía y otros intelectuales, desde 2004 hasta la actualidad en las personas que han ocupado dicha institución. De esta forma, la pésima valoración de Rajoy es parte de la herencia recibida del anterior Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. Sin embargo, no se debe entender esto como la “herencia” de la que hablaba Mariano en sus primeros días tras las elecciones de 2011. Esta herencia maldita no tiene como causa única de la gestión de los socialistas desde 2004 hasta 2008. Al contrario, el principal factor que incide en su creación es la tónico y el estilo de liderazgo que se ha ejercido hasta la actualidad, muy distinto al de los primeros años de la democracia que debía basarse en el consenso y el diálogo.

En base a dicha herencia, se observa como la pérdida de confianza no se produce ya simplemente en el individuo, sino también en la institución que ocupa, como es el caso de la Presidencia del Gobierno. Durante mucho tiempo la Ciencia de la Administración ha intentado separar sujeto y estructura, cuando se observa que la dinámica de los integrantes de las instituciones afecta directamente a la confianza que se profesa hacia la misma. De esta forma, se pierde confianza no ya sólo en la misma política, sino en la misma capacidad de organización formal del ser humano, y promoviendo otros métodos informales como los círculos de personas y las concentraciones espontáneas. Esto indica que está llegando el ocaso de la política y el albor de la anti-política en torno a liderazgos mesiánicos.

 

De vuelta en Málaga

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mercado centralEl arribafirmante ha aterrizado en la urbe malacitana tras un año en Madrid. La ciudad parece seguir en su continuo trance. En las calles no se perciben los efectos de la crisis. No hay manifestaciones, ni grandes huelgas. Las personas se mantienen sumidas en la cotidianeidad del Centro, dirigiéndose a algún comercio en la calle Larios o calle Nueva, o quizá realizando sus compras puntuales en el Mercado Central.

Sin embargo, esta imagen idílica es sólo un espejismo. Un telón detrás del que se oculta el día a día de muchas familias que han sido lanzadas a la calle. Nunca mejor dicho. La identidad que hace distinta a Málaga, es el papel que juega su clase media y el esfuerzo de sus ciudadanos. Muchas empresas han caído, sin el apoyo de la Junta de Andalucía, que ha decidido fortalecer el frente de sus inversiones en Sevilla. Este realmente es nuestro día a día.

Para continuar, no son pocos los malagueños y las malagueñas que se están yendo al exterior. Conforme aumenta esta salida de intelectuales y se pierde gran parte de la riqueza de las familias, Málaga pasará a convertirse en algo que no es. Puede que en algo que nunca fue, o en algo distinto. Se pierde su esencia.

Asociaciones, cerrado por crisis, abierto por caridad

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imagen_innovar2Comenta Fernando de la Riva la dura situación actual que atraviesan las asociaciones y los colectivos sociales. Es fundamental observar como las asociaciones junto con la empresa privada se han convertido en agentes de las políticas públicas de la Administración, pero a un costo más bajo y muchas veces aprovechando su carácter no lucrativo. Esto ha producido que las asociaciones sean tratadas de forma desigual, prevaleciendo aquellas que comparten los planteamientos técnicos e ideológicos de los programas que cada gobierno desea impulsar en su municipio, autonomía, etc. Dicho de otra forma, se han establecido redes clientelares entre poderes públicos y asociaciones que comparten unos mismos temas y unas mismas soluciones en la agenda política.

Una vez se inicia la crisis, los colectivos han perdido fuelle ya que se recorta el gasto público. Y opuestamente a toda lógica, el Estado aspira a que algunas de las antiguas políticas sean desarrolladas por estos agentes de la sociedad civil con menos recursos de los que disponían antes. Por ejemplo, las políticas sociales intentan ser sustituidas por políticas de caridad por parte de ONGs religiosas y dedicadas a la solidaridad. Lo que produce un empobrecimiento de las políticas sociales y las convierte en simples acciones de caridad que no tienen un deseo de perpetuar una mejora considerable de los más desfavorecidos a largo plazo, sino que sólo aspira a una solución en el corto.

Por tanto, si la situación no cambia, nos acercamos probablemente a una época de corporativismo. Dicho de otra forma, una etapa en las que sólo las grandes organizaciones y fundaciones cercanas al poder y a la empresa privada serán detentarias de llamarse agentes de la sociedad civil, ya que las pequeñas y medianas ONGs habrán quedado marginadas ante la falta de presupuesto, de voluntariado y la competencia que realizan las otras con mayor capacidad de actuación.

Lisboa, ciudad del desasosiego

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Lisboa 012En el delta del Tajo. Descansa oscura, estrecha, laberíntica y triste, la capital lusitana. También en sus grandes espacios urbanos abiertos al mar y al comercio se vislumbran atisbos de luz. Breve esperanza. Éste es el carácter de la ciudad de Lisboa, en la que dice un refrán que llena de tanto optimismo a sus visitantes que al abandonarla todo se vuelve desesperanza. Probablemente, hay algo de razón en el conocido “desasosiego” del poeta Fernando Pessoa. Y aquí es donde el arribafirmante ha tenido la fortuna de volver por segunda vez y de caer en la más suma añoranza tras la vuelta.

Políticamente, Portugal es un país orgulloso de sus instituciones y de su historia. Nada que ver con la crispación española, ni con el rencor de la Castilla profunda. A diferencia de nuestro país, la sociedad lusa no padece una alta tasa de paro ni grandes subidas de precio. Sin embargo, el Estado ha tenido que recortar considerablemente las políticas sociales e incrementar el IVA. No escasean desde las llamadas a la revolución hasta los carteles de protesta por los impuestos en cualquier bar o cafetería. Un ambiente muy distinto al que existía hace un año antes de las últimas iniciativas políticas.

Sin embargo, Portugal está cumpliendo bien su papel en la Unión Europea. Al menos, a ojos de la Alemania de Merkel y de los mercados. Cada vez más, los pueblos mediterráneos o lo que los economistas centroeuropeos llaman PIGS se están convirtiendo en vasallos de los países del Norte europeo. Y llegará un momento, en que el orgullo de estos pueblos se sentirá más que herido y responderá de una forma contundente. Nadie quiere ser la Grecia de la crisis económica, pero todos los antiguos bárbaros de Europa intentan trazar una línea histórica con la Atenas democrática para alabar la bondad de sus sistemas. La historia no es un retal que se descose a partes mejores o peores, la historia es un continuum que al final se acaba repitiendo de una forma u otra. De hecho, ya se está produciendo el IV Reich tan autoritario como siempre, pero tan sofisticado como nunca.

Elogio liberal, retracto popular

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En estos tiempos que corren, existen modas ideológicas y aparentemente contrapuestas. En tiempos de crisis, adscribirte a una corriente de pensamiento político parece una respuesta de verdadero o falso, de permitido o prohibido, de acierto o de pecado. Ese culto politeísta del que habla Giddens en los albores de la postmodernidad, es un fantasma errante en la difícil política española. O estas con el sistema que es algo así como obedecer a Alemania y consentir la injusticia, o estas contra el sistema que representa su subversión hacia un modelo que ya se ha demostrado que es inviable en la práctica política.

Probablemente, estemos en la fase inicial de un nuevo tipo de autoritarismo o totalitarismo del siglo XXI, que aún no ha sido diagnosticado por la Ciencia Política y la Filosofía Moral. Seguramente también, una ideología permisible es la que se basa en la libertad de pensamiento liberal-democrático, una suerte de relativismo moderado y limitado por los derechos individuales. Y aquí es donde la personalidad y la individualidad de cada uno y cada una deben jugar un papel crucial.

Desde el Gobierno del PP, se está imponiendo una lógica bastante peligrosa en lo que Lakoff y Goffman llaman los “marcos”. El marco popular impone que estemos a favor de la posición predominante de los bancos, de las subidas de impuestos y recortes y de aceptar el aumento del desempleo hasta que el Estado saneé sus cuentas. Y además, aspiran a que los liberales españoles aprueben esta ideología bajo pena de herejía.

Sin lugar a dudas, un liberal-democrático no se plegará ante esta bazofia de marco, poco refinado y más aún injusto. Nadie que sea liberal puede aceptar una subida de impuestos, nadie que sea liberal puede permitir que su propiedad privada y la de sus ciudadanos sea violada por una entidad fantasma que juega con dinero invisible, nadie que sea liberal permitirá una intervención tan inútil del Estado en la economía. Y sin embargo, los populares tienen el descaro de reclamar la ideología liberal en sus estatutos, un lugar del que por ahora no ha salido.