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Ciber-optimismo y ciber-pesimismo en la comunicación local 2.0.

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La intervención de los actores políticos transnacionales en el ámbito local es algo que está a la orden del día. Y esto ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. ¿Qué tipo de consecuencias han tenido estas tecnologías en manos de dichos actores y de otros en el entorno municipal? ¿Se puede hablar de una mejora en la articulación de movimientos sociales en el ámbito más próximo al ciudadano o por el contrario, es una forma de mejorar el control de los súbditos?

En torno a las nuevas tecnologías, las redes sociales y sus efectos como instrumentos articuladores de grupos y colectivos que traspasan las fronteras nacionales existen un debate sobre si fomentan la democracia o al contrario, tienden a favorecer la división y la fragmentación de la sociedad como sostienen autores como Ramón Cotarelo, José Antonio Olmeda y Manuel Ricardo Torres. Es lo que ha venido en llamarse en postura “ciber-optimista”, quienes consideran que estos instrumentos favorecerán un aumento de la democracia y de la participación de los ciudadanos organizados a través de las redes de la aldea global; y “ciber-pesimista”, que postula que estos artefactos tecnológicos favorecerán los mecanismos de opresión de las élites político-económicas y de las instituciones sobre la sociedad cada vez más dispersa en el espacio cibernético y no conectada físicamente.

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Al respecto, Torres Soriano en un reciente artículo publicado en la Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos señala que ambas posturas simplifican sus suposiciones “porque provenienen de cosmovisiones sobre Internet y sus efectos, a partir de metáforas que no encierran adecuadamente la naturaleza de esta tecnología ni el comportamiento de quienes la utilizan”. Teóricos como Steven Lukes señalan que estas redes aunque favorecen el control de los poderes tienden cada vez más a fragmentar la sociedad en pequeños grupúsculos, lo que dificultad la coordinación de grandes masas.

El debate está servido en este sentido entre ciber-optimistas y ciber-pesimistas. Independientemente de esta polémica teórica, es innegable que las nuevas tecnologías han favorecido la creación de actores nacionales e internacionales con implantación local. Entre estos actores están los movimientos antiglobalización, las redes culturales e identitarias locales y el movimiento de indignados. Unos agentes que han entrado en juego en los municipios españoles. Por otro lado, los mismos líderes y los partidos políticos locales se han insertado con mayor o menor éxito en las redes sociales, sabiendo que es un nuevo espacio desde el cual pueden llegar a más ciudadanos y se abaratan considerablemente los costes de una campaña electoral clásica.

Esto ha tenido un efecto realmente importante para los partidos más jóvenes como Podemos, Ciudadanos, UPyD y Equo, entre otros, debido a que conectan con un nuevo tipo de electorado y tienen un recurso de comunicación que no tendrían de otra forma debido a sus reducidos recursos económicos en comparación con otros. Por lo que, no sólo ha mejorado la implantación de determinados actores ajenos a lo local, sino que ha creado nuevas élites políticas como respuesta a una época de descrédito de los partidos políticos tradicionales.

Asociaciones, cerrado por crisis, abierto por caridad

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imagen_innovar2Comenta Fernando de la Riva la dura situación actual que atraviesan las asociaciones y los colectivos sociales. Es fundamental observar como las asociaciones junto con la empresa privada se han convertido en agentes de las políticas públicas de la Administración, pero a un costo más bajo y muchas veces aprovechando su carácter no lucrativo. Esto ha producido que las asociaciones sean tratadas de forma desigual, prevaleciendo aquellas que comparten los planteamientos técnicos e ideológicos de los programas que cada gobierno desea impulsar en su municipio, autonomía, etc. Dicho de otra forma, se han establecido redes clientelares entre poderes públicos y asociaciones que comparten unos mismos temas y unas mismas soluciones en la agenda política.

Una vez se inicia la crisis, los colectivos han perdido fuelle ya que se recorta el gasto público. Y opuestamente a toda lógica, el Estado aspira a que algunas de las antiguas políticas sean desarrolladas por estos agentes de la sociedad civil con menos recursos de los que disponían antes. Por ejemplo, las políticas sociales intentan ser sustituidas por políticas de caridad por parte de ONGs religiosas y dedicadas a la solidaridad. Lo que produce un empobrecimiento de las políticas sociales y las convierte en simples acciones de caridad que no tienen un deseo de perpetuar una mejora considerable de los más desfavorecidos a largo plazo, sino que sólo aspira a una solución en el corto.

Por tanto, si la situación no cambia, nos acercamos probablemente a una época de corporativismo. Dicho de otra forma, una etapa en las que sólo las grandes organizaciones y fundaciones cercanas al poder y a la empresa privada serán detentarias de llamarse agentes de la sociedad civil, ya que las pequeñas y medianas ONGs habrán quedado marginadas ante la falta de presupuesto, de voluntariado y la competencia que realizan las otras con mayor capacidad de actuación.