Liderazgo

No exit

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slide_3Dice un buen profesor, Josep Baqués, que tenemos los políticos que nos merecemos. Nuestros políticos son humanos, no extraterrestres ni criaturas de una dimensión alternativa. Proceden de nuestra misma sociedad, han estudiado en lugares -menos o más privilegiados-, comparten creencias religiosas ampliamente extendidas, han participado en actividades, clubes o asociaciones presentes en su entorno. En definitiva, han llevado a cabo un proceso de socialización existente en el seno de su sociedad. Un proceso de socialización que otras personas ajenas a la política, también han experimentado. Nuestra élite política es producida en casa, es un producto de manufactura artesanal. Su pensamiento, su forma de contemplar el mundo, sus acciones, la justificación de sus acciones y sus objetivos no son tan distintos a los que cualquier ciudadano tendría.

Análogamente a la inversa, el individuo promedio no es tan distinto de esos políticos. Las glorias y las miserias de la política a gran escala también se reproducen en los grupos pequeños. Veamos, cualquier grupo humano de la sociedad crea su propia jerarquía, más o menos acentuada, con independencia de su tamaño. Lo interesante de la microsociología es que -siempre y cuando se tenga en cuenta la falacia ecológica- se puede observar si se reproducen tendencias similares a una escala mayor. Por eso, no es extraño que personas que militan, votan y simpatizan con partidos que supuestamente se oponen al bipartidismo tradicional -C’s y Podemos-, luego en su vida privada, actúen como auténticos miembros de la casta. Y con placer.

Es imposible escapar a estas tendencias. La política, la sociedad y cualquier colectivo humano tiene en su más profundo corazón esta dinámica. Decía Kichi, el alcalde de Cádiz, que la política es gestionar las incoherencias y es cierto, política es la resolución de conflictos con alternativas enfrentadas no necesariamente binarias y cuyo resultado siempre conlleva una pérdida para alguno de los participantes. Pareciera que desde la perspectiva de los elitistas el mundo es oscuro. Sin embargo, existe una luz y es que los líderes necesitan mantener algún vínculo con la masa, y que de no mantenerlo corren el riesgo de ser depuestos por otros.

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Ciudadanos jerarcas

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riveraPodemos ya ha empezado su guerra interior. Al respecto, surgen los críticos contra la falta democracia basándose en una guerra de liderazgos. Parece que alguien pensaba que la supuesta democracia interna del partido morado iba a ser una excepción a la vieja política, o de forma más clara, a la política partidista de toda la vida. Necesariamente son dos cuestiones distintas, el grado de democracia interna y la pugna entre las élites de esta fuerza. Es politológicamente normal que todo grupo político experimente este tipo de desajustes que son necesarios para una posterior armonización de las jerarquías. Sí. Jerarquías.

Lo mismo está pasando ahora en Ciudadanos donde ya se han hecho públicas las primeras críticas contra el liderazgo personalista de Rivera. Más suavizado que el caudillismo que experimenta Pablo Iglesias, pero no menos efectivo por las consecuencias que tiene para la organización naranja. Así, Albert se ha rodeado de sus personas de confianza como Arrimadas para asentar el nuevo orden dentro del partido. Ya otra cosa, como hemos dicho antes, es que esto no puede unirse al debate sobre la mayor o menor democracia interna. ¿O quizás sí?

La ley de la oligarquía de hierro de Michels sigue estando presente. No vengan Pablo Iglesias ni Albert Riveras a darnos explicaciones. Porque una cosa está clara. Los debates internos en cualquier partido no dejan de ser enfrentamientos entre élites con distintos intereses que termina con la imposición de una frente a las otras. Y eso no lo va a cambiar la perfumada “nueva política”.

The only one

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NAC50. MADRID. 23/07/2012.- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la jura o promesa del nuevo Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Gonzalo Moliner Tamborero, y los nuevos magistrados del Tribunal Constitucional, Andrés Ollero, Juan José González Rivas, Encarnación Roca y Fernando Valdés Dal-Ré. EFE/Ballesteros ***POOL***

Rajoy ya ha comunicado que se presentará de nuevo como candidato para la presidencia del Partido Popular. El catch-all-party de los conservadores españoles con una estructura presidencialista y un sistema de selección de su ejecutivo configurado por los compromisarios es una de las mejores máquinas de gobernabilidad intrapartidista que existe en el sistema de partidos españoles. Su organización está dispuesta de forma que el presidente nacional dispone directamente de una gran cantidad de información y poder de decisión sobre su continuidad o no. De esta forma, sólo su decisión de abdicar en el cargo o no renovar, produce el cambio saludable de élites a nivel nacional en este grupo político.

La carrera política de Rajoy no es muy distinta a las de otras personalidades entre los populares. Lo que comenzó con un concejal en Pontevedra, pasando por distintos cargos parlamentarios tanto a nivel autonómico como nacional, culminó durante el Gobierno de Aznar en su elección como ministro. De ahí, dio paso a la pugna con Esperanza Aguirre por el liderazgo del partido y finalmente se consolidó durante la segunda legislatura de Zapatero como el indiscutible líder de la oposición.

Casi diez años después, Rajoy aspira a ser el candidato al poder ejecutivo para las próximas elecciones, que debido a la inestabilidad del parlamento es posible que se adelanten. Con independencia de las posturas de la baja valoración de su liderazgo, el popular persiste en su intento tenaz por acceder a una tercera legislatura como Presidente del Gobierno. Lo que sí es cierto es que ni los partidos en Estados Unidos ni en muchos otros países de Europa los candidatos a dirigir una fuerza política están sometidos a un control tan laxo por su propio partido.

¿Estrategia en Juego de Tronos?

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caminante blancoCuando Pablo Iglesias fundó Podemos para las elecciones europeas, se atrevió a publicar su conocido libro Ganar o morir, lecciones políticas en Juego de Tronos. Por aquel entonces, había empezado a acudir a distintos tabernáculos televisivos para hacer de comentarista. Y es que, entre sus distintas apariciones cabe destacar aquellas en las que venía a promulgar las “bondades politológicas” de esta popular saga de la fantasía medieval. Según la tesis sostenida por el profesor de la Complutense, la “realpolitik” o el “realismo político” se encuentra dentro de la visión del poder que subyace en Juego de Tronos y se pueden extraer lecciones aplicables a la realidad política del presente. En favor de dicho argumento, Juego de Tronos ha sido bautizado dentro del género de la fantasía moderna como “realismo fantástico” principalmente por la escasa presencia de elementos mágicos y la descripción psicológica, social y cultural que se plantea del ser humano.

Ahora bien, concebir que la concepción de la política existente en Juego de Tronos es una visión estratégica y que dicha estrategia se puede trasladar a la realidad son palabras mayores. A primera vista, el reino existente se muestra como la tradicional poliarquía medieval en la que a raíz de una disputa nobiliaria comienza una guerra entre el feudo del Norte -Invernalia- y el resto de reinos favorables a los Lannister. En medio de todo este meollo, tenemos: Robb Stark, un señor que incumple su promesa matrimonial sobre la que descansa una alianza militar; los saqueadores de los Greyjoy que aprovechan para conquistar de mala manera cuatro aldeas; Stannis, un líder falto de carisma que aspira a ser el futuro monarca confiando en los consejos de una sacerdotisa extranjera; Cersei Lannister, una reina madre cuyo único objetivo es mantenerse en el poder con su linaje; y Joffrey Baratheon, un renacuajo sádico y tiránico que cree que el poder consiste en crear el odio entre sus ciudadanos. Y mientras los reinos se rompen, una marea sólida y unida de muertos vivientes acecha en el Norte, deseando someterlo todo a su paso. ¿Qué más da el honor de los Lannister, Baratheon o Stark cuando sus tierras pueden ser reducidas a un erial?

A la luz de este panorama, lo que se observa es una concepción del “hard power” llevado hasta límites politológicamente insanos. Las guerras del Juego de Tronos son claramente la manifestación de un estado de anarquía hobbesiano y de las poliarquías feudales previas a la consolidación del Estado moderno. De esta forma, es difícil hablar de una estrategia claramente definida que siga cuanto menos alguna lógica, con las excepcion de Tywin Lannister, Tyrion Lannister y Petyr Baelish. En ambos, se observa cierto equilibrio entre el uso del “poder duro” -guerra, violencia y coacción- y el “poder blando” -alianzas, discurso, cooperación y buen gobierno-, que es el equilibrio que cualquier líder debe mantener como sostiene Jospeh Nye o argumentaba Maquiavelo en el pasado. El príncipe no debe ser amado u odiado, debe ser temido de forma que no genere ni animadversión ni una confianza extrema.

Por lo que, la tesis que defiende Iglesias en su obra es un auténtico despropósito. No existe ninguna estrategia sabia entre los distintos personajes de la novela. Y es que, no se debe olvidar que George R.R. Martín es un escritor y guionista, pero no es un experto en Ciencias Sociales. Y si por otro lado, Iglesias considera que el realismo político existente en esta obra es la verdadera y auténtica visión de la política, se puede llegar a la conclusión de que es un seguidor no ya de la “realpolitik” o del “maquiavelismo” -recordando que para Maquiavelo, no todo vale-, sino de una concepción maníquea del poder.

En definitiva, la intención de Iglesias era captar parte de ese electorado joven y de izquierdas no adscrito a ninguna fuerza partidista. Un sector de la sociedad que en esos momentos era -y es- activo en las redes sociales, pero que seguía esta saga. Una vez se había captado ese público, sólo faltaba inocular dos ideas. La primera que en la política todo vale, sin que existan límites a tu acción de ningún tipo, máxime si hablamos del líder. La segunda que los peones del juego de ajedrez se mueven en una dimensión maníquea del bien y del mal, de los seguidores de la oscuridad o los seguidores de la luz. Ahí está la lección -el adoctrinamiento- final.

Conferencia en Escuela de Formación de Nuevas Generaciones Sevilla

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CggWm4WXIAACxn5Bajo el título “Liderazgo y Política Municipal”, Francisco Collado ha presentado una conferencia en la Escuela de Formación de Nuevas Generaciones del Partido Popular de Sevilla y organizado desde la Vicesecretaría de Formación de dicha agrupación. Esta actividad celebrada en un ambiente distentido, que tuvo lugar en la Cafetería Elphie del Prado de San Sebastián, ha tratado diversos temas como: estilos de liderazgo en el entorno local, la clase política local durante los primeros años de la democracia, la “nacionalización” de la política local y el papel de la política local en las carreras multinivel en España, entre otros.

Mínimo común acuerdo

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salvados-rajoyJordi Évole ha tenido la audacia de hacerle a Mariano Rajoy todas aquellas preguntas de las que, la ciudadanía, espera una respuesta. La corrupción en su partido, la gestión de la crisis y los recortes -entre otras- han sido replicadas como un padre abronca a su joven vástago que cuestiona la autoridad familiar. Esta actitud paternalista típica de los conservadores considera que la esfera política es un monopolio de unos pocos y en concreto de algunos de esos pocos, de ellos. Una postura que se acerca en determinados renglones al carácter autoritario de algunas dictaduras y que sólo sirve para garantizar altas cotas de gobernabilidad en el mejor o vacío de poder en el peor de los casos en un contexto democrático. Así es como España ha experimentado los nefastos efectos de las medidas aplicadas durante el gobierno fuerte del Partido Popular y ha observado la mayor inacción ante los escarceos financieros de su élite.

La mayoría de las fuerzas política desde Ciudadanos hasta Podemos, pasando por PSOE e Izquierda Unida, coinciden en una verdad. El problema de España es su actual Presidente del Gobierno, aún en funciones y es que basta con observar el rércord del bajísimo grado de confianza del Ejecutivo. Sin lugar a dudas, el Partido Popular es el responsable de muchos de los errores y de los escándalos que han salido a la luz, pero si algún elemento contribuye a ahondar los efectos perniciosos de esta caída en el vacío es el ridículo liderazgo de Rajo, cuyo único y gran esfuerzo político han sido dos. Por un lado, desbancar a su competidora y adversaria interna por la presidencia del partido, Esperanza Aguirre, y por otro, esperar a que el conjunto del censo electoral se cansase de la figura de Rodríguez Zapatero. El gallego es paciente.

Quepa subrayar que esta columna no es una crítica gratuita contra el partido conservador. De la misma forma que Suárez pensó que una democracia europea no es una democracia sin un partido comunista, tampoco lo es sin un partido conservador que acoja las distintas tendencias dentro de este sector ideológico. Es una crítica directa contra su líder y en segundo lugar contra la apatía e incapacidad de regeneración interna y renovación del liderazgo, especialmente entre las altas jerarquías del mismo. Por eso, la crisis interna que sufren los populares no es algo que afecte sólo al partido, sino que es necesario que el cierre de esa crisis y la renovación del partido se produzca cuanto antes.  Eso, si es que esperan ocupar algún papel de importancia en la nueva legislatura, pues no es suficiente con ser el partido más votado. Y en esa refundación conservadora, no caben Rajoys posibles.

Desc(g)astados

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pablo_iglesiasLa dificultad para la formación de un gobierno está inmersa entre bambalinas. Los distintos postulantes, entre ellos Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han hecho sus apuestas para formar gobierno. Entre las posibles fórmulas que se han dado cabe mencionar la gran coalición PP, PSOE y Ciudadanos y la coalición de izquierdas de PSOE, Podemos e IU. Esta última combinación un auténtico espectáculo de fuegos artificiales de Pablo Iglesias sin haber consultado previamente con el líder socialista. Las intrigas son justas, justificadas y hasta necesarias para producir un ejecutivo con suficiente estabilidad para producir los cambios, sean en una dirección u otra, correspondientes con las expectativas de la ciudadanía. Cosa distinta son las fanfarrias que son directamente proporcionales el desgaste de los petimetres ante la opinión pública.

Mientras algunos desean hablar de carteras y otros esperan a que ocurra un milagro mariano, otros líderes en un segundo plano han mejorado su valoración ante el electorado según una reciente encuesta de Metroscopia. Rajoy, Sánchez e Iglesias engrosan la lista de los “fiambres políticos” que han experimentado una caída de su valoración. A la par, Albert Rivera, Eduardo Madina, Soraya Sáenz de Santamaría y Susana Díaz han mejorado su valoración ante los votantes. Por lo que la “nueva política” no tiene porque venir necesariamente a través de los nuevos partidos, sino de nuevos líderes. A la luz de estos resultados, los tradicionales catch-all-parties españoles requieren de una sustitución necesaria de sus líderes, especialmente entre los conservadores.

El caso de Pablo Iglesias servirá en años postreros para ilustrar los manuales de Ciencia Política. La casta se ha atragantado en su boca. Ha dejado de hablar de esa élite extractiva para convertirse en parte de ella. Ya no interesan las reformas tanto como los sillones a ocupar. Como en La Granja de Orwell, los cerdos se sentaban en la mesa para negociar con el granjero opresor hasta tal punto que no se distinguía a los revolucionarios de los explotadores. Ha pasado de la casta de los descastados a la casta para ser candidato al descas(r)te entre los líderes políticos del establishment. En síntesis, Iglesias puede que en breve pase a ser incinerado políticamente junto a sus dos compañeros de peripecias: Mariano y Pedro. Tiempo al tiempo.