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Político o ciudadano

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imagesCuatro años. Ese es el tiempo en que mi proyecto de tesis de doctorado en Ciencias Políticas se ha desarrollado. Esta obra basada en entrevistas directas a aquellos políticos que han sido alcaldes de las capitales de provincia de Andalucía analiza el liderazgo político local. Extraídos su visión, sus recuerdos, sus acciones y su pensamiento sobre la responsabilidad de dirigir y gestionar una ciudad, se plasman distintas generaciones de primeros ediles que han vivido desde la transición local hasta los tiempos más recientes de la crisis económica y la irrupción de Podemos y Ciudadanos en la arena municipal.

Detrás de la realización de este trabajo existen muchas historias. Largas jornadas al frente del volante recorriendo Andalucía de un lado a otro, el contacto previo con los alcaldes en cuestión, horas al frente de la transcripción y una profunda traslación de lo contado por estos actores políticos a la obra académica. Mientras tanto, algunos académicos que se han acercado a este trabajo se han preguntado cuál es el interés de estudiar a simples y meros alcaldes. Parece ser que investigar la acción política local es una labor con poco glamour entre el gremio, como si llevar una ciudad fuera una tarea sórdida, fácil y sencilla. Quizá a algunos se les hayan empañado los cristales del despacho universitario tras tantas horas sin salir a la calle, a la vida cotidiana.

Entre las principales conclusiones que se encuentran presentes en la indagación sobre el estilo de liderazgo y las carreras políticas de los alcaldes hay una gran reflexión final. En España, el ejercicio de la alcaldía se mueve entre dos coordenadas. Si bien, el alcalde es más un ciudadano reclutado por el partido o si es un político propuesto para gestionar la ciudad. Si ese poder político y los intereses a los que responde proceden del ámbito social o de las estructuras orgánicas. He ahí el dilema presente en muchos de los líderes analizados y que de una forma u otra han encontrado destino variados según el papel que han decidido jugar dentro de esa disyuntiva.

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NAC50. MADRID. 23/07/2012.- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la jura o promesa del nuevo Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Gonzalo Moliner Tamborero, y los nuevos magistrados del Tribunal Constitucional, Andrés Ollero, Juan José González Rivas, Encarnación Roca y Fernando Valdés Dal-Ré. EFE/Ballesteros ***POOL***

Rajoy ya ha comunicado que se presentará de nuevo como candidato para la presidencia del Partido Popular. El catch-all-party de los conservadores españoles con una estructura presidencialista y un sistema de selección de su ejecutivo configurado por los compromisarios es una de las mejores máquinas de gobernabilidad intrapartidista que existe en el sistema de partidos españoles. Su organización está dispuesta de forma que el presidente nacional dispone directamente de una gran cantidad de información y poder de decisión sobre su continuidad o no. De esta forma, sólo su decisión de abdicar en el cargo o no renovar, produce el cambio saludable de élites a nivel nacional en este grupo político.

La carrera política de Rajoy no es muy distinta a las de otras personalidades entre los populares. Lo que comenzó con un concejal en Pontevedra, pasando por distintos cargos parlamentarios tanto a nivel autonómico como nacional, culminó durante el Gobierno de Aznar en su elección como ministro. De ahí, dio paso a la pugna con Esperanza Aguirre por el liderazgo del partido y finalmente se consolidó durante la segunda legislatura de Zapatero como el indiscutible líder de la oposición.

Casi diez años después, Rajoy aspira a ser el candidato al poder ejecutivo para las próximas elecciones, que debido a la inestabilidad del parlamento es posible que se adelanten. Con independencia de las posturas de la baja valoración de su liderazgo, el popular persiste en su intento tenaz por acceder a una tercera legislatura como Presidente del Gobierno. Lo que sí es cierto es que ni los partidos en Estados Unidos ni en muchos otros países de Europa los candidatos a dirigir una fuerza política están sometidos a un control tan laxo por su propio partido.