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Político o ciudadano

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imagesCuatro años. Ese es el tiempo en que mi proyecto de tesis de doctorado en Ciencias Políticas se ha desarrollado. Esta obra basada en entrevistas directas a aquellos políticos que han sido alcaldes de las capitales de provincia de Andalucía analiza el liderazgo político local. Extraídos su visión, sus recuerdos, sus acciones y su pensamiento sobre la responsabilidad de dirigir y gestionar una ciudad, se plasman distintas generaciones de primeros ediles que han vivido desde la transición local hasta los tiempos más recientes de la crisis económica y la irrupción de Podemos y Ciudadanos en la arena municipal.

Detrás de la realización de este trabajo existen muchas historias. Largas jornadas al frente del volante recorriendo Andalucía de un lado a otro, el contacto previo con los alcaldes en cuestión, horas al frente de la transcripción y una profunda traslación de lo contado por estos actores políticos a la obra académica. Mientras tanto, algunos académicos que se han acercado a este trabajo se han preguntado cuál es el interés de estudiar a simples y meros alcaldes. Parece ser que investigar la acción política local es una labor con poco glamour entre el gremio, como si llevar una ciudad fuera una tarea sórdida, fácil y sencilla. Quizá a algunos se les hayan empañado los cristales del despacho universitario tras tantas horas sin salir a la calle, a la vida cotidiana.

Entre las principales conclusiones que se encuentran presentes en la indagación sobre el estilo de liderazgo y las carreras políticas de los alcaldes hay una gran reflexión final. En España, el ejercicio de la alcaldía se mueve entre dos coordenadas. Si bien, el alcalde es más un ciudadano reclutado por el partido o si es un político propuesto para gestionar la ciudad. Si ese poder político y los intereses a los que responde proceden del ámbito social o de las estructuras orgánicas. He ahí el dilema presente en muchos de los líderes analizados y que de una forma u otra han encontrado destino variados según el papel que han decidido jugar dentro de esa disyuntiva.

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No exit

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slide_3Dice un buen profesor, Josep Baqués, que tenemos los políticos que nos merecemos. Nuestros políticos son humanos, no extraterrestres ni criaturas de una dimensión alternativa. Proceden de nuestra misma sociedad, han estudiado en lugares -menos o más privilegiados-, comparten creencias religiosas ampliamente extendidas, han participado en actividades, clubes o asociaciones presentes en su entorno. En definitiva, han llevado a cabo un proceso de socialización existente en el seno de su sociedad. Un proceso de socialización que otras personas ajenas a la política, también han experimentado. Nuestra élite política es producida en casa, es un producto de manufactura artesanal. Su pensamiento, su forma de contemplar el mundo, sus acciones, la justificación de sus acciones y sus objetivos no son tan distintos a los que cualquier ciudadano tendría.

Análogamente a la inversa, el individuo promedio no es tan distinto de esos políticos. Las glorias y las miserias de la política a gran escala también se reproducen en los grupos pequeños. Veamos, cualquier grupo humano de la sociedad crea su propia jerarquía, más o menos acentuada, con independencia de su tamaño. Lo interesante de la microsociología es que -siempre y cuando se tenga en cuenta la falacia ecológica- se puede observar si se reproducen tendencias similares a una escala mayor. Por eso, no es extraño que personas que militan, votan y simpatizan con partidos que supuestamente se oponen al bipartidismo tradicional -C’s y Podemos-, luego en su vida privada, actúen como auténticos miembros de la casta. Y con placer.

Es imposible escapar a estas tendencias. La política, la sociedad y cualquier colectivo humano tiene en su más profundo corazón esta dinámica. Decía Kichi, el alcalde de Cádiz, que la política es gestionar las incoherencias y es cierto, política es la resolución de conflictos con alternativas enfrentadas no necesariamente binarias y cuyo resultado siempre conlleva una pérdida para alguno de los participantes. Pareciera que desde la perspectiva de los elitistas el mundo es oscuro. Sin embargo, existe una luz y es que los líderes necesitan mantener algún vínculo con la masa, y que de no mantenerlo corren el riesgo de ser depuestos por otros.