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El rescate llega y el IVA engorda

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La prima de riesgo aprieta y ahoga. Aunque no estemos a la profundidad de Portugal, el que se vende como modelo de rescate a seguir. Con un aumento de los recortes sin precedentes, la implantación del copago sanitario y este fin de semana, el aumento de las cotizaciones a la seguridad social. Miren ustedes, el Estado se convierte en un negocio poco rentable mucho aprieta, poco hace y nada aporta. Y es que, se rumorea que ya se están abriendo las cuentas de las presentes cotizaciones para pagar las pensiones de jubilados y desempleados.

El futuro imaginado está aquí. Rajoy que tanto criticó de Zapatero no es más que un bucle de su predecesor. Mano dura, silencio ante los medios y seguir los pasos de una Europa distópica. Una sociedad perfecta donde Merkel se convierte en la dama de hierro comunitaria y garantiza a todos la felicidad. O dicho de otra forma el “german way of life”, contratos de pocas horas pagados con salarios basuras.

Mientras tanto, nuestro IVA alcanza la obesidad morbida gracias al sobrepeso que le entregó el PSOE y su raquítico compañero el Sueldo Mínimo Interprofesional mantiene una draconiana lejanía con la primera. En el mercado común europeo, no hay competencia desleal, pero acaso no debemos cuestionar que los Estados miembros ofrecen distintos productos con una competencia abismal.

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El cuento de Bankia

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Los “pro-hombres” se han convertids en ranas. A la inversa de los cuentos para infantes. Los ex ministros populares, Rato y Acebes; el antiguo presidente de la Confederación de Empresarios y el archifamoso MAFO convertido en testigo. Ellos junto a otra miríada de consejeros del PSOE e IU son los protagonistas de la tragedia de la antigua Caja Madrid. Un drama que nada tiene para ellos, actores de la chanza financiera, pero que mucho afecta a los engañados por este fraude. Entre imputados y disgustados anda la cosa.

Se cuenta que los miembros del consejo de Administración de Bankia iban a veces y otras se quedaban a medio camino. Lo que incluía sus dietas tanto si se perdían como si llegaban. Y así, el cuento del nunca acabar porque parece imposible que terminasen una reunión con alguna conclusión en claro o en consenso entre todos ante la ausencia del quórum.

La cuestión en nuestro país no es la clase política en esta desfachatez bancaria. El problema real está en determinados políticos que una vez finalizado el trayecto pasan a la empresa privada o a la banca. Y así, cambian la profesión de político por la de tecnócrata, o mejor dicho de lobbista, puesto que una vez en el mercado, los contactos con las altas esferas y la capacidad de influencia se convierten en una mejor carta de presentación que el currículum vitae.

Por lo tanto, si pretendemos seguir en una economía de mercado, para volver a evitar viejos errores sería recomendable adoptar algunas medidas. Limitar no sólo la pensión de los políticos, sino también su ejercicio profesional posterior a la labor representativa. Algunos dirán que se atenta contra la libertad de un sujeto, pero su competencia monopolística en el ámbito de la influencia bien atenta contra la igualdad de otras personas que también tienen derechos y pudieran estar mucho mejor capacitadas.