calidad democratica

Andrés Villena analiza las élites políticas en Beers and Politics Málaga

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El sociólogo y economista Andrés Villena ha dialogado en torno a las élites ministeriales españolas en Beers and Politics (B&P) Málaga con un intervención titulada “¿Quién manda en España? Las redes de poder“. Esta sesión, que tuvo lugar el pasado jueves 5 de noviembre, reunió a un amplio público interesado en las dinámicas entre élites políticas y funcionariales, el efecto del sentimiento de cuerpo de estos agentes en las políticas públicas, el papel de la clase dirigente en el contexto de la pandemia ante el Covid-19, la evolución de la tecnología y sus efectos sobre las conexiones entre la clase política europea y las de los países miembros, entre otros temas.

Desde este diálogo, Villena -que puede ser considerado el Wright Mills del actual panorama politológico en España- ha planteado que lejos de condenar la democracia liberal como una excusa para el enriquecimiento de una minoría, es necesario cambiar el marco presente desde el que se estudian los fenómenos políticos y económicos. Por ello, la lupa de un análisis perspicaz debería centrarse en los intercambios entre ministerios, empresas y organismos supervisores. Eso es lo que este experto califica como las redes de poder en las que se resuelven las decisiones que más afectan a la sociedad. Mediante esta evaluación de la democracia se pueden establecer incentivos positivos para la salud del sistema que en las últimas décadas se ha resentido en distintos ámbitos.

Ninguneo popular

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Spain's Prime Minister Mariano Rajoy looks on before delivering his speech to present a new reform program during a session at Parliament in Madrid May 8, 2013. REUTERS/Sergio Perez (SPAIN - Tags: POLITICS BUSINESS) SPAIN-REFORMS/

El proceso al que el mismísimo Mariano Rajoy ha sometido y está sometiendo al conjunto de la sociedad española desconoce límites. Ya no merece la pena hablar de la caída de Pedro Sánchez y el golpe de Estado perpetrado en Ferraz cuyas primeras consecuencias ha sido una pérdida de militantes sin precedentes. Ahora bien, cabe hablar que estas acciones realizadas, directa e indirectamente por el actual Gobierno en funciones exhibe una actitud que se puede considerar constitucional, pero cuya calidad democrática puede ser puesta en duda.

Una revisión de la legislatura del Partido Popular demuestra como el ejecutivo se ha servido de los decretos-ley y decretos legislativos para aprobar mediante su mayoría absoluta cuestiones que deberían haberse consensuado y debatido en el seno de las comisiones parlamentarias. Y esto mismo es lo que, a trancas y barrancas pretende seguir haciendo Rajoy solicitando un cheque en blanco al PSOE para que vote cualquier proyecto que se presente desde los presupuestos generales hasta cualquier norma.

Ciudadanos ha recordado recientemente que aunque apoyará un gobierno legítimo, el Partido Popular no debe olvidar que existen más sensibilidades políticas representadas. De aquí que, los líderes conservadores deben tener en cuenta que esta forma de proceder puede calificarse como poco o nada democrática, sirviéndose de los resortes constitucionales para imponer una suerte de despotismo. Y esto sin lugar a dudas representa el ninguneo de Rajoy al conjunto de los españoles tanto sus votantes como a aquellos que han apoyado a otra fuerza política.

Calidad democrática desde el normativismo

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La democracia como modelo de Estado representa una de las principales preocupaciones de la actual Ciencia Política, especialmente porque desde el final de la II Guerra Mundial se han sucedido distintas oleadas de democratización en el mundo. Sin embargo, el modelo de democracia que se expande es el conocido como liberal-democracia, es decir, un Estado donde la política se basa en una suerte de liberalismo democratizado y una economía de mercado o mixta.

A esto ha contribuido especialmente la evolución del constitucionalismo al considerar que cualquier democracia debe quedar garantizada mediante la legalidad y un Estado de Derecho; y el isomorfismo institucional que permite que determinadas instituciones sean adaptadas por otras siguiendo una tendencia histórica. Por tanto, esto señala que de la misma forma que existía un desacuerdo sobre la definición y los tipos de regímenes no-democráticos, también existe una falta de consenso sobre la definición de una democracia, sus elementos y sus tipos, si los hubiere.

Cuando se ha hablado de democracia, especialmente desde la Teoría Política y el normativismo, se han asentado modelos de qué es una democracia y qué no lo es. Así, se ha hablado de democracia elitista, pluralista o participativa e igualmente, desde distintas corrientes ideológicas como la socialdemocracia y el neoliberalismo. Aún así, se produce una clara división entre ambas si lo que se defiende es el valor de la igualdad –ya sea material o legal- y la libertad del individuo. Así, como el grado en qué cada uno de ellos es ampliado y limitado. Estos desacuerdos en la Teoría Política se trasladan posteriormente al análisis empírico, de forma que, resulta difícil decir qué es una democracia y qué requisitos debe cumplir. Lo que queda eminentemente claro es que la definición de una democracia está unida directamente a unos elementos de carácter normativo que permiten medir su calidad democrática.

 

La caída del pluralismo mediático

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La diversidad de oferentes en el mercado de la comunicación es un bien fundamental de la democracia. Por un lado, la objetividad periodística es inalcanzable, pero sí es un objetivo verosímil que el gremio puede proponerse es la pluralidad informativa. Por otro lado, la presencia de una multiplicidad de opciones en el tránsito de la información, la interpretación y la opinión es una condición “sine qua non” para la calidad democrática. Dice Robert Dhal, que es necesario que existan tantos medios con distintas líneas editoriales como distintas ideologías y valores pueden existir en una sociedad.

¿Dónde se encuentra la calidad democrática del sistema de medios español? Dice el refrán, que de aquellos lodos, estos barros. A principios de la década pasada, la línea editorial de los grandes grupos mediáticos estaba situada entre el centro-izquierda y centro-derecha. Durante esos años, surgieron nuevos medios como La Sexta y Público para acaparar los nichos de mercado de la izquierda y el Grupo Intereconomía para la demanda de la derecha.

Hace unos días, se anunciaba el cierre definitivo de Público. Un año antes, el Grupo Planeta compraba La Sexta y Telecinco, con participación de Vocento, compraba una cuota de Cuatro. Por tanto, la compra de grupos con línea editorial de derecha que se hacen con medios con una línea de izquierda. A la par que, el Grupo Intereconomía, de extrema derecha, se ha consolidado en una estructura multimedia ofreciendo prensa, radio y televisión.

Todo ello nos lleva a un sistema de medios aún menos diverso de lo que era hace diez años. Por lo que, los movimientos accionariales en nuestra estructura mediática nos ha llevado a una pérdida de pluralismo, y por ende, de calidad democrática. Así, e independientemente de cualquier juicio ideológico, estamos ante un período dramático para el periodismo y también para la democracia.