sociologia

Andrés Villena analiza las élites políticas en Beers and Politics Málaga

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El sociólogo y economista Andrés Villena ha dialogado en torno a las élites ministeriales españolas en Beers and Politics (B&P) Málaga con un intervención titulada “¿Quién manda en España? Las redes de poder“. Esta sesión, que tuvo lugar el pasado jueves 5 de noviembre, reunió a un amplio público interesado en las dinámicas entre élites políticas y funcionariales, el efecto del sentimiento de cuerpo de estos agentes en las políticas públicas, el papel de la clase dirigente en el contexto de la pandemia ante el Covid-19, la evolución de la tecnología y sus efectos sobre las conexiones entre la clase política europea y las de los países miembros, entre otros temas.

Desde este diálogo, Villena -que puede ser considerado el Wright Mills del actual panorama politológico en España- ha planteado que lejos de condenar la democracia liberal como una excusa para el enriquecimiento de una minoría, es necesario cambiar el marco presente desde el que se estudian los fenómenos políticos y económicos. Por ello, la lupa de un análisis perspicaz debería centrarse en los intercambios entre ministerios, empresas y organismos supervisores. Eso es lo que este experto califica como las redes de poder en las que se resuelven las decisiones que más afectan a la sociedad. Mediante esta evaluación de la democracia se pueden establecer incentivos positivos para la salud del sistema que en las últimas décadas se ha resentido en distintos ámbitos.

¡Vistalegre y tanto!

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hedonismoEsta columna iba a dedicarse a analizar lo que hay en juego en el aquelarre de Podemos. Sin embargo, la vieja política es sólo jerga de hipócritas que prometen hacer que lo antiguo parezca nuevo. Hablemos de algo más interesante y suculento. Y es que, la maruja que el arribafirmante lleva dentro ha encontrado un espacio donde saciar toda su sed de curiosidad, morbo y miserias humanas. El auténtico experimento sociológico de ese programa de televisión, cuyo nombre ni cadena mencionaré, en el que los sujetos más excéntricos del planeta llamado España van a buscar: ¿compañía? ¿amor? ¿fin a su aburrimiento? ¿un nuevo animal para tu zoológico particular? ¿un perro o una perra a la que pasear bajo el apelativo de “pareja” o “Anastasia Steele”?

Con independencia del tono humorístico y de la autenticidad hipotética de las historias, sí es cierta una cosa, que son una muestra de las distintas tendencias en nuestra sociedad. Una sociedad que ya ha trascendido esa postmodernidad de la que hablaban Giddens y Beck y de esa ideología líquida de Bauman. Con independencia de que hayamos sufrido una de las crisis económicas, políticas y morales más profundas de los últimos tiempos, el hombre postmoderno avanza. El compromiso se elude, la comodidad se expande y los valores y las preferencias pueden ser tan finos como un hilo o tan gruesos como el fanatismo religioso, político, vegano o cual que otra cosa puesta en valor como capital simbólico por una persona.

No es que ya sea difícil mantener un hogar con el nivel de sueldos, la efusividad de los contratos y los precios de la luz, por mencionar algunas cuestiones. Es que además es cada vez más difícil que las parejas sean estables, o al menos que la psicología de sus miembros lo sean y la sociopatía no cale en lo profundo. El hedonismo en su más plena intensidad está presente en cada uno de nosotros y evitamos los esfuerzos por el prójimo, lo de ayer me aburre y hoy busco otra cosa que desecharé como un producto hipotéticamente reciclable. ¿Yo? ¿O usted? Vegano, animalista, feminista, multiculturalista, comprometido con tantas causas como fueren posible, encajándolas en la difícil y controvertida incoherencia del ser humano, postmoderno. Más ya se sabe, que el hedonismo no es buena causa, ahí está(ba) Roma, y llegaron los bárbaros. Bárbaros que hoy pueden llamarse Donald Trump, Brexit, Pablo Iglesias, Marie Le Pen o Daesh. Mientras tanto, que siga el circo para saciar el ansia de conocimiento.

La cocina periodística

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En los últimos días la prensa ha abierto su boca para debatir sobre los recientes datos del Centro de Investigaciones Sociológicas. Una subida de votos de los populares y una caída de los socialistas han dado mucho que hablar, tanto para periodistas como para intelectuales. Equivocadamente se denomina con el concepto de “cocina” del CIS a una suerte de estratagema oscurantista en la que jugando con el tamaño muestral, la formulación de las preguntas y la reinterpretación de la estadística se presentan unos resultados que mejor pueden favorecer al gobierno de turno.

El gremio de periodistas tiene una función de “perro guardían”. Tiene que velar por el imperio de la ley y por tanto, la continua crítica a las instituciones. Sin embargo, el CIS no es una institución cualquiera, sino que es un organismo público de investigación único por sus características en el ámbito europeo. Por desgracia, ni la prensa cumple con su papel de vigilancia y la crítica gratuita y barata se resume en una metáfora gastronómica.

Los comunicadores pecan de creer saberlo todo. Bien debieran saber que el trabajo que se realiza en este lugar está sujeto a criterios cientificos, unas rutinas profesionales y unos procesos de ponderacion. Claro. No se les puede pedir a los periodistas que expliquen que es una muestra aleatoria estratificada ni que formulen una pregunta que englobe el concepto de ideología, por ejemplo. Si bien, se puede hablar de la “cocina” de las redacciones, de cómo los medios de comunicación manipulan noticias a gusto de sus directivos, de cómo se muestran serviciales con la entidad financiera que les cubre o de cómo se seleccionan las fuentes informativas.

Por tanto, un poco de autocrítica es necesaria en el gremio. Si hay una cocina probablemente ese sitio no sea el CIS, pues son factores de otro tipo como el voto oculto o la selección última del modelo de ponderación que no está en manos de los politólogos y sociólogos. Así, queridos informadores preocupense por conocer y elaborar mejor sus contenidos que otro dia hablaremos de la cocina periodística. Lúgubre taller de expresión de la opinión publica que despide un hedor a bazofia.