Bauman

Vacaciones posmodernas

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dezeen_Postmodernism-Style-and-Subversion_04.jpgDesde el poliamor vegano hasta las manifestaciones más etnográficas españolistas. Éstas son algunas de las sórdidas historias que leo, como todos los veranos, entre las redes sociales. Brexit-arrepentidos, podemitas folclóricos, populares muy populares ellos, hipocresías ciudadana’s, socialistas socializantes, ególatras desapasionados, energúmenos del selfie, cambios climáticos, traperos hípsters, marxistas darthvedianos y otras historias llenan la pantalla. Pasando de una a otra, bajo el calor parisino y las pirañas voladoras del Sena -una especie de nuevo mosquito-, veo las nuevas vidas pasar como si la mía fuese una fotografía de Polaroid.

La estupidez del ser humano en su máxima expresión me abruma, mientras la insularidad -concepto que tomo de mi estimado Antonio Quesada- hace mella en el sujeto. Será que llegado un punto de nuestra vida quedamos descontextualizados o quizá nos quedamos con aquellas piezas más preciadas formando un mosaico extravagante. La pluma distancia y la tecla aleja en tanto que tienen la capacidad de expresar quiénes somos en oposición de aquellos que son alguien.

El concepto de posmodernidad, tan trillado por los sociólogos anglosajones, es útil porque permite describir una serie de culturas, prácticas y estilos de vida que de difícil forma podría acoger otro concepto. También, es la legitimación del ser humano en su pérdida de valores y su aceptación de posturas cada vez más disonantes. Por este motivo, el arribafirmante necesita unas vacaciones insulares para olvidar intelectualmente toda esta diatriba intelectual bajo el olor a salitre. Buen verano.

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¡Vistalegre y tanto!

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hedonismoEsta columna iba a dedicarse a analizar lo que hay en juego en el aquelarre de Podemos. Sin embargo, la vieja política es sólo jerga de hipócritas que prometen hacer que lo antiguo parezca nuevo. Hablemos de algo más interesante y suculento. Y es que, la maruja que el arribafirmante lleva dentro ha encontrado un espacio donde saciar toda su sed de curiosidad, morbo y miserias humanas. El auténtico experimento sociológico de ese programa de televisión, cuyo nombre ni cadena mencionaré, en el que los sujetos más excéntricos del planeta llamado España van a buscar: ¿compañía? ¿amor? ¿fin a su aburrimiento? ¿un nuevo animal para tu zoológico particular? ¿un perro o una perra a la que pasear bajo el apelativo de “pareja” o “Anastasia Steele”?

Con independencia del tono humorístico y de la autenticidad hipotética de las historias, sí es cierta una cosa, que son una muestra de las distintas tendencias en nuestra sociedad. Una sociedad que ya ha trascendido esa postmodernidad de la que hablaban Giddens y Beck y de esa ideología líquida de Bauman. Con independencia de que hayamos sufrido una de las crisis económicas, políticas y morales más profundas de los últimos tiempos, el hombre postmoderno avanza. El compromiso se elude, la comodidad se expande y los valores y las preferencias pueden ser tan finos como un hilo o tan gruesos como el fanatismo religioso, político, vegano o cual que otra cosa puesta en valor como capital simbólico por una persona.

No es que ya sea difícil mantener un hogar con el nivel de sueldos, la efusividad de los contratos y los precios de la luz, por mencionar algunas cuestiones. Es que además es cada vez más difícil que las parejas sean estables, o al menos que la psicología de sus miembros lo sean y la sociopatía no cale en lo profundo. El hedonismo en su más plena intensidad está presente en cada uno de nosotros y evitamos los esfuerzos por el prójimo, lo de ayer me aburre y hoy busco otra cosa que desecharé como un producto hipotéticamente reciclable. ¿Yo? ¿O usted? Vegano, animalista, feminista, multiculturalista, comprometido con tantas causas como fueren posible, encajándolas en la difícil y controvertida incoherencia del ser humano, postmoderno. Más ya se sabe, que el hedonismo no es buena causa, ahí está(ba) Roma, y llegaron los bárbaros. Bárbaros que hoy pueden llamarse Donald Trump, Brexit, Pablo Iglesias, Marie Le Pen o Daesh. Mientras tanto, que siga el circo para saciar el ansia de conocimiento.