extrema derecha

La extrema derecha golpea en Ucrania

Posted on


Hace apenas unos días, un grupo de militantes del grupo ultra-derechista Praviy Séktor ha cometido una de las mayores carnicerías que se recuerdan en los últimos años en la Europa civilizada. Un total de 43 personas quemadas y más de un centenar y medio de heridos han sido el resultado de las acciones violentas efectuadas contra militantes de partidos de izquierdas, sindicatos y de Borotba por esta facción nazi, quienes aluden que estaban actuando contra los opositores al gobierno de Kiev. A lo que nuestra querida prensa, por ejemplo ABC, tilda de un «incendio provocado».

Esto es una señal de como el nacionalismo eslavo ha tenido y tiene una gran capacidad para reciclar el pasado comunista y convertirlo en una ideología de extrema derecha. Se puede mencionar la aún reciente guerra de los Balcanes, el nacionalismo ruso y este reciente caso, como una muestra de esta capacidad de producción ideológica. En el conflicto de Ucrania, cada vez son más los asesinatos y ataques contra civiles que se están produciendo por parte de ambos bandos.

Izquierdistas a favor de regresar con la Rusia de Putin, nazis a favor de acceder a la Unión Europea. Todo esto sólo demuestra una cosa, y es que en un conflicto internacional, las identidades políticas se desvanecen y lo único que quedan son los intereses geopolíticos. Mientras tanto, se sigue esperando a que Occidente tome una parte activa en este conflicto que va camino de alcanzar proporciones graves, especialmente en un momento en el que se ha extendido a la población civil.

 

Los fascismos desnatados

Posted on Actualizado enn


Los partidos de extrema derecha y el fascismo representan uno de los temas que actualmente siguen suscitando profundos debates en la Ciencia Política Comparada y los estudios sobre élites y cultura política. Así, existe una tendencia a emplear el término “fascismo” que se ha aplicado mayoritariamente a dictaduras de extrema derecha. El deslindar determinados regímenes autoritarios de extrema derecha -como realiza Linz- del concepto fascista, los llevaría a incluirlos en un término mucho más amplio como el de “dictaduras” que bien pueden ser personalistas, militaristas, de extrema izquierda o de extrema derecha.

 

A partir de la consideración que realiza Linz al separar totalitarismos y dictaduras, surge un aluvión de preguntas. ¿No se puede calificar como fascista a la etapa falangista del franquismo en España? ¿Qué etiqueta le aplicamos al régimen militarista japonés durante la II Guerra Mundial apoyado en las tradiciones sintoístas y la revitalización del ideario nacionalista? ¿Las dictaduras xenófobas de África no pueden ser calificadas como fascistas al reivindicar la primacía de un grupo étnico frente a otros y su exterminio?

 

Encima, hay que recordar la elevada capacidad de cambio y transformación que los partidos radicales de derecha han adoptado en las últimas décadas, llegando a aceptar determinados discursos pro-occidentalistas y con un carácter populista. Lo que añade más leña al fuego y no aclara la diferencia entre unos y otros a través del tiempo y del espacio.

 

En pocas palabras, la división de Linz es suave y redentora, pero no justifica la cantidad de problemas morales que plantea. Con ello, vislumbramos un primer problema en la definición de lo que se considera “fascismo” y de lo que se considera “extrema derecha”. Es una desventaja fundamental en el discurso de las Ciencias Políticas frente a esta cuestión de estudio.

Por último, el término “fascismo” se ha aplicado mayoritariamente a dictaduras extrema derecha. El deslindar determinados regímenes autoritarios de extrema derecha del concepto fascista, los llevaría a incluirlos en un término mucho más amplio como el de “dictaduras” que bien pueden ser de personalistas, militaristas, de extrema izquierda o de extrema derecha

Sobre la tolerancia

Posted on Actualizado enn


En estos tiempos que corren de crisis, se abre el camino para la llamada a los viejos fantasmas. Los espectros del pasado cercanos a los totalitarismos de izquierdas y derecha, en otras palabras el comunismo ortodoxo y el fascismo. Un buen ejemplo, lo tenemos en el ascenso de partidos de extrema derecha en la última década en las democracias europeas.

La entrada de Aurora Dorada en Grecia es simplemente la punta de un iceberg que termina de vislumbrarse. Y tras este caso, podemos citar el Partido de los Autenticos Finlandeses, Ataka en Bulgaria, el Partido Nacionalista Alemán, Frente Nacional en Francia y su homólogo en Bélgica junto a Orgullo Flamenco. Además de, el Partido por la Libertad y la extinta Lista Pim Fortuyn en Holanda, el Partido de la Gente en Dinamarca, Laos en Grecia y Chipre, Alianza Nacional en Italia o el Partido de las Familias Polacas.

Mientras tanto, este ascenso de la ultraderecha y las cifras de paro dan pie para el surgimiento de movimientos de extrema izquierda. Los cuales, son mucho más difíciles de percibir y que hacen peligrar la misma esencia de las democracias liberales y la sociedad libre que defendía Popper. Cuando el sistema falla todos recurren a los extremos, y las derrotas de otros sistemas como el soviético son sólo “fallos” en un intento por experimentar una nueva experiencia 2.0 de economía planificada y censura.

Izquierda y derecha extrema tienen mucho en común. En ambas esferas, se apuesta por la homogeneización social de los sujetos en una comunidad, ya sea la obrera o la nacionalista. Se pierde la individualidad de la persona, aduciendo que es una ilusión y son castradas toda suerte de libertades y derechos. Por eso, en estos tiempos de crisis lo que más debiera defenderse es un valor que parece echarse de menos, la tolerancia. Y saber tolerar es fundamental para tener el pluralismo que toda democracia precisa. Cuidado con los extremos.