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Aventurarse en el mercado tecnológico: inteligencia y pertinencia

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mercado-elecEn los últimos años, las iniciativas de “emprendimiento” o “emprendedores” han tenido un intenso auge. Este fenómeno se ha producido principalmente por varios factores. En primer lugar, la reducción de empleo, y por tanto, el aumento de la competitividad en el mercado laboral, lo que ha llevado a que muchos jóvenes -con escasas posibilidades- hayan desarrollado sus propios negocios. En segundo lugar, porque trabajadores que han perdido sus empleos y procedentes de distintos sectores también se han convertido en autónomos o en sus propios jefes para garantizar su empleo. Esto ha llevado a que un recurso de conocimiento especializado -el de los antiguos empleados y los emprendedores más jóvenes- se haya puesto a disposición del mercado de bienes y servicios en multitud de ámbitos y sectores.

Si bien, la decisión sobre el sector y el tipo de negocio a desarrollar representa un paso crucial, es decir, el momento de alumbramiento de un proyecto y su puesta en práctica. A lo que también hay que añadir el valor añadido que se intenta ofrecer a través de las plataformas de las redes sociales. Un buen ejemplo de cómo adoptar dicha decisión y su posterior implementación se ha observado recientemente en empesas como ValorTop, donde un grupo de jóvenes entusiastas del mercado tecnológico y de las redes sociales han aportado -y aportan- lo mejor de ambas vertientes para satisfacer distintas necesidades de los consumidores.

Esta empresa no sólo decidió ofrecer un servicio de venta de productos electrónicos, sino que además ha rentabilizado la red con la edición de un blog divulgativo sobre las características, sistemas tecnológicos y diferencias de precios de dichos productos. De esta forma, ValorTop pone al alcance de los consumidores una información que, dispersa en la red, permite mejorar la decisión de compra, a qué precio y enfocados a satisfacer unas necesidades cada vez más concretas. Y es que, el mercado tecnológico se caracteriza fundamentalmente por satisfacer las mismas necesidades, pero con una metodología distinta. El mercado de teléfonos móviles y el mercado informática son claros ilustradores de esta dinámica.

En este sentido, emprender o aventurarse en el emprendimiento no puede ser interpretado -como se ha hecho creer muchas veces- como un salto de trampolín hacia un posible vacío. Al contrario, la fase de decisión y la inteligencia aplicada a la pertinencia del proyecto y su futurible éxito son claves fundamentales. Algo que se puede mostrar con el ejemplo de los compañeros de ValorTop. Lo que ha valido para que haya sido seleccionados para la tercera edición del programa de la Lanzadera, dirigido por Juan Roig.

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No es país para twits

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La opinión manifestada por los políticos en las redes sociales es el tema estrella de esta semana. Baste hacer un recorrido por diversos episodios. Empezando por Zapata, candidato frustrado a concejal en el Madrid de Carmena, pasando por las declaraciones de Pablo Iglesias sobre la redención de portar explosivos y terminando por algún concejal popular que se ha dedicado a revisar sus twits y estados de Facebook de hace un lustro. Parece que a todos nos ha dado una fiebre por saber quién dijo qué aquel día que tuvo un apretón mental y acabo en cagada, o si donde dije digo, digo Diego como le ha pasado al responsable de comunicación de los populares.

En este nuestro país de cainitas, se trata la opinión de cualquier mequetrefe como información. La vanidad más etérea se convierte en la verdad más absoluta. Esto hace posible que cuándo el adversario diga cualquier barbaridad todos se escandalicen, que cuando un amigo de filas diga otra se minimice su efecto o que cuando diga algo que no sea una barbaridad todos aplaudan como primates (mi respeto a los simios, pues son seres con sentimientos) a los que le lanzan fruta. Hay que repensar que la fugacidad a la que se mueven las redes sociales, y la sociedad del conocimiento, hacen imposible tener una opinión, no ya digamos una postura firme, en torno a un tema. Máxime cuando las lógicas de estas opiniones oscilan en alineamientos izquierda-derecha o adversario-amigo.

La velocidad de la comunicación es un problema, pero no el principal. No, no, no. El principal problema es que somos demasiado cainitas. Tan cainitas como para justificar que si alguien llevaba un explosivo (en el caso hipotético de que lo llevara) tiene tanta legitimad a llevarlo como un banquero a robar dinero. Lo suficientemente cainitas como para pedirle a una alcaldesa como Carmena -que al igual que todos- apenas lleva diez días en el cargo, produzca unos resultados con su gestión que en su día no se le exigió a Botella. Debemos darnos cuenta que nuestro problema no es ser de izquierda o derecha, ser “pepero” o “del sóe”, o “del coletas” o “de los naranjitos”. Nuestro problema auténtico es que somos lo suficientemente gilipollas como para no darnos cuenta de que el cainismo es la variable independiente que nos mantiene sumidos en esta crisis política, social e incluso moral.