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Ciudadanos en auge

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rivera.jpgLas encuestas parecen dar buenas noticias a la formación naranja. Ese centro-derecha actualmente que antes era centro-izquierda. El paraguas bajo el cual se amparan socialdemócratas, liberales, socioliberales, neoliberales y liberal-demócratas. Una fauna variopinta en la que se funden las ideologías mas primigenias de la época decimonónica con la sonrisa amable a cuestiones como la igualdad de la mujer, el medio ambiente y otros temas que han sido generalmente capitalizados por la izquierda. Fuere como fuere Ciudadanos podría calificarse como la “tercera transición”.

Este tercer tránsito es el camino por el cual una parte de la derecha y el centro-derecha sociológicos renuevan su agenda y sus posturas. Distanciados del PP no ya sólo en lo ideológico, sino también en lo estratégico, Rivera aspira a hacer de esto la nueva UCD o CDS. Al menos, sin llegar a tener el trágico final que estas formaciones tuvieron en su día al depender del liderazgo de Suárez. Aunque si en algo se ha renovado esta derecha sociológica es en la concepción territorial de España basada en el constitucionalismo. Autonomías sí, pero sin olvidar que son una delegación de Madrid.

Sea como fuere, Ciudadanos a diferencia de Podemos está llamado a jugar un papel importante en la definición de temas como el mundo laboral, la modificación del sistema electoral que ya no tiene sentido para un bipartidismo difunto, la conciliación laboral y la paridad en los puestos de dirección de las empresas. La vieja derecha del PP se niega en multitud de estos puntos, viviendo aún en la melancolía de un franquismo que no se fue en la segunda transición de Aznar, sino que siempre estuve detrás de la puerta de Génova.

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No es cuestión de Estado

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lopez-diazPedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López. Las primarias del PSOE son el tema del candelero. Ya se ha demostrado de sobra como la candidata y Presidenta de la Junta de Andalucía cuenta con la bendición de la Santa Trinidad encabezada por Felipe González, Alfonso Guerra y Juan Luis Cebrián. Así como que la mayoría de los barones autonómicos -entre ellos Ximo Puig, García Page y Javier Fernández- han dado su apoyo a ella misma. Mientras tanto Pedro Sánchez parece tener el reducido apoyo de algunas secretarías provinciales y de Patxi López nadie espera que llegue al final del proceso. Por lo que todo quedará en un duelo personal entre Díaz y Sánchez.

El enésimo agujero negro del PSOE se ha convertido en una cuestión de Estado. Parece fundamental que el partido socialdemócrata tenga un líder firme y que la estabilidad política va en ello. Y es que es cierto, porque los socialistas españoles siempre han pecado de ser un partido sin ideología. Un partido cuya ideología se dijo “socialdemócrata” en Suresnes, pero se hizo felipista en la corte hispalense. De hecho, un espectáculo se ha vivido recientemente en las Juventudes Socialistas de Sevilla entre pro-sanchistas y pro-susanistas. Con sinceridad, la única ideología en esta formación es la duda y la necesidad de un liderazgo fuerte. Muy a juego con esa cultura política de jornalero y capataz.

¿Qué ha sucedido en la socialdemocracia española para que su gran preocupación sea pervivir en el espacio electoral a cualquier precio? Incluso al costo de ser centrista y no un demócrata social. La socialdemocracia que protegía a los débiles y mejoraba la vida de las clases populares es hoy una sombra de la élite hispalense acostumbrada al diezmo sucesorio y otros, mientras la sanidad andaluza es la que destina menos fondos en términos netos en comparación con las demás comunidades autónomas. Si Andalucía no es una cuestión importante para Susana Díaz, sus trances florentinos es una cuestión de Estado para España.

Investidura polarizada

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investidura sanchezPedro Sánchez ha protagonizado el primer intento de investir a un Presidente del Gobierno en España, sabiendo previamente la imposibilidad de ser aceptado. Sólo el episodio que protagonizó Antonio Hernández Mancha durante su fallida moción de censura a Felipe González, guarda alguna analogía con la heroica defensa del líder socialista de su pacto con Ciudadanos. Tras una crisis financiera, un aumento de la desigualdad y una legislatura marcada por una mayoría absoluta despótica -la de Mariano Rajoy-, el debate de investidura se ha convertido en un encuentro bronco entre los distintos grupos parlamentarios, con la salvedad de Albert Rivera y Sánchez.

Rajoy e Iglesias se reconocen mutuamente. Son la antítesis mutua y los enemigos eternos. Saben que se necesitan. Populares y podemitas representan los extremos ideológicos de una sociedad que posiblemente se haya polarizado como resultado del desarrollo de la realidad social. Una clase política polarizada niega cualquier punto de partida hacia un cambio profundo que permita una mejora profunda de la situación de la ciudadanía en todos los ámbitos. Podemos defiende el cambio, pero única y exclusivamente su cambio centrado en el reparto de sillones cual ritual micheliano. O el cambio podemita o la inamovilidad popular son las opciones que Iglesias ofrece a su electorado y a los españoles. A esa patria de la que se le llena la boca, pero de la que ayer no se ha acordado entre sonrisas cómplices con el líder popular.

Se acabó la obra de teatro. Los actores se han quitado las máscaras y cada uno sabe cuál es su papel. El viernes habrá que repetir el intento en segunda vuelta para ver qué sucede. Sucederá un desenlace trágico, ya que nuestra clase política tiene la inmadurez suficiente como para no representar a su ciudadanía. Se rechaza de lleno un proyecto de centro que aúna propuestas incluso que han sido recogidas en los proyectos de la formación morada. Por tanto, la única opción que cabe a nuestra macarra clase política -especialmente la de Rajoy e Iglesias- es el extremismo partidista. Sería bello pensar que nuestra sociedad es más madura y que no nos representa. Aunque probablemente ya sea tarde. Vuelve a ser tarde para esta nuestra España cainita, revanchista y bronca que lee a Maquiavelo como quien se masturba sacrílegamente sobre un crucifijo.

Aborto: disenso en el retroceso

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imagesEl proyecto de ley sobre el aborto está dando mucho de qué hablar. Sería oportuno establecer algunas ideas claras desde la corriente que se opone a este cambio legislativo y que contempla la presente norma del Gobierno Zapatero como un avance en los derechos, tanto del hombre como de la mujer. Y es que, feministas y machistas a parte, lo que es imposible poner en duda, es que la decisión de tener un hijo o no, es cosa de dos.

Desde el Partido Popular, se han pronunciado desde el Ministro de Justicia hasta los cachorros más descerebrados sobre el progreso que implica esta norma y porque se recupera el consenso de la ley del ochenta. Para empezar, la norma del ochenta, aprobada durante el gobierno socialdemócrata, es una ley hecha para su época. O dicho de otra forma, en un país que apenas llevaba una década de democracia y acababa de salir de una transición política, era difícil buscar un consenso parlamentario entre las distintas fuerzas políticas. Por lo que, se aceptó aquella ley que, a grandes rasgos, podía satisfacer a todos. Ahora bien, los tiempos han cambiado y era hora de dar un paso hacia delante, en el sentido de la libertad humana, de que cada individuo decida si quiere ser padre o madre, o si no.

Generalmente, se entiende que la derecha es defensora de la libertad del individuo frente a la opresión del Estado. En el caso de España, todos los partidos limitan la libertad, pero quien lo hace en mayor intensidad son los populares. En este partido, el sector católico-integrista, para separarlos de posibles demo-cristianos a quienes quiero atribuir una mayor liberalidad; considera que sus creencias religiosas deben ser traspasadas a las normas civiles. Algo así como los países basados en la ley islámica, pero con la católica. Y ya decía Locke, que el liberalismo era difícilmente posible en países de mayoría católica o musulmana. Dándole la vuelta a la tortilla, la ley de Zapatero no obliga a ninguna mujer a abortar, por lo que, el Estado no interfiere en la moral de las mujeres católicas, por tanto, que estas señoras respeten la moral de aquellas que quieran abortar.

También se ha dicho, por parte de una supuesta liberal como Esperanza Aguirre, es que el aborto es un fracaso. Y ciertamente, lo que sería un fracaso es pensar que el aborto se produce por alguna suerte de despiste exclusivamente. Esta mujer debiera saber que existen muchos otros factores médicos y sanitarios -como determinadas enfermedades- que permiten impedir un embarazo. Aguirre sencillamente es una ignorante y una analfabeta. Tampoco ha entendido lo que significa “fracaso”. Pues mire usted, lo que realmente es un fracaso es su Gobierno y la gestión que está realizando. Primero porque ni representa la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, porque está favoreciendo que muchas personas sigan y vayan a la calle, que no soluciona el paro, que está aumentado la tasa de migración española, recorta derechos en Educación y Sanidad y también derechos del individuo como la libertad de expresión y la libertad a decidir sobre nuestros proyectos de vida. No hablemos ya de la corrupción.

Y si realmente, los populares integristas -que esperemos no lo sean todos- quieren vender a la ciudadanía y a la oposición dentro del partido, que este proyecto de ley es un regreso al consenso, es que son sencillamente estúpidos. Primero, porque la demagogia barata del PP ya no convence ni a la mitad de sus votantes. Segundo, porque el único progreso posible es aquel que respeta la libertad del individuo, pues el progreso, no es ni de izquierdas ni de derechas. La palabra “progreso” procede de la confianza en la libertad del individuo y en la ciencia, pero el “retroceso” pertenece a la oscuridad de la religión y la tradición. Y ahí, es donde nuestra derecha, nuestra buena derecha, desea volver.