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No es cuestión de Estado

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lopez-diazPedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López. Las primarias del PSOE son el tema del candelero. Ya se ha demostrado de sobra como la candidata y Presidenta de la Junta de Andalucía cuenta con la bendición de la Santa Trinidad encabezada por Felipe González, Alfonso Guerra y Juan Luis Cebrián. Así como que la mayoría de los barones autonómicos -entre ellos Ximo Puig, García Page y Javier Fernández- han dado su apoyo a ella misma. Mientras tanto Pedro Sánchez parece tener el reducido apoyo de algunas secretarías provinciales y de Patxi López nadie espera que llegue al final del proceso. Por lo que todo quedará en un duelo personal entre Díaz y Sánchez.

El enésimo agujero negro del PSOE se ha convertido en una cuestión de Estado. Parece fundamental que el partido socialdemócrata tenga un líder firme y que la estabilidad política va en ello. Y es que es cierto, porque los socialistas españoles siempre han pecado de ser un partido sin ideología. Un partido cuya ideología se dijo “socialdemócrata” en Suresnes, pero se hizo felipista en la corte hispalense. De hecho, un espectáculo se ha vivido recientemente en las Juventudes Socialistas de Sevilla entre pro-sanchistas y pro-susanistas. Con sinceridad, la única ideología en esta formación es la duda y la necesidad de un liderazgo fuerte. Muy a juego con esa cultura política de jornalero y capataz.

¿Qué ha sucedido en la socialdemocracia española para que su gran preocupación sea pervivir en el espacio electoral a cualquier precio? Incluso al costo de ser centrista y no un demócrata social. La socialdemocracia que protegía a los débiles y mejoraba la vida de las clases populares es hoy una sombra de la élite hispalense acostumbrada al diezmo sucesorio y otros, mientras la sanidad andaluza es la que destina menos fondos en términos netos en comparación con las demás comunidades autónomas. Si Andalucía no es una cuestión importante para Susana Díaz, sus trances florentinos es una cuestión de Estado para España.

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Traidores

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traidoresQuizá lo recuerden de anteriores episodios como “España no sufre una crisis” o “Sólo era una recesión”. Su nombre es José Luis Rodríguez Zapatero, el Presidente del Gobierno bajo cuya etapa aparecieron nuevas temporadas como el aumento del paro, el descrédito político y otras novedades. El flamante y último líder del PSOE, porque no ha habido nadie hasta el momento que haya detenido la sangría desde el auto-decapitado Pérez Rubalcaba hasta el último militante de la agrupación de Villamargosa de los Frailes, si es que este pueblo existe, ha aparecido para apadrinar a Susana Díaz. La presidenta autonómica como indiscutible elegida por las altas divinidades de la socialdemocracia española.

El PSOE parece tener una enfermedad extraña. Es incapaz de detener su eterno enfrentamiento interno, pero sí dispone del ritual adecuado para determinar quién es el “elegido” que guiará a las masas. Al parecer, esta tradición recientemente instaurada, ya que el creador de la tercera vía no tuvo que pasar por dicho trance, consiste en contar con el visto bueno de Felipe González, Alfonso Guerra y Zapatero. Si la Santísima Trinidad de los socialistas no se aparece en milagrosa estampa cual efigie comprada de recuerdo en Fátima o Lourdes, no hay nada que hacer. Ahí está Pedro Sánchez peregrinando sin que ninguno de los que antes le apoyaban, incluido el señor Iceta, se acuerde de él. Tan sólo unos compañeros de base que intentan hacerle un hueco en las “agrupas” de barrio donde Díaz no es tan bienvenida.

Rajoy le hace la cama al PSOE, González se la hace al candidato a la Secretaría General y Zapatero echa unas palmas. Aquí están los Reyes Magos que todo militante socialista desea tener -o no, porque realmente no les dejan hablar- en su casa. ¿Está viviendo acaso el PSOE sus últimas horas? ¿Hasta qué punto los acólitos hispalenses, corazón de la socialdemocracia española, van a consentir estas jugadas que pervierten toda regla de la democracia representativa con tal de que Díaz llegue a Madrid? ¿Quién guardará el granero andaluz? Tantas preguntas y una sola respuesta: hambre de poder. Y como siempre, latiendo desde el corazón de la centralista ciudad sevillana.

¿Por qué triunfa Ciudadanos?

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La indiscutible posición de Albert Rivera se sitúa entre los tres principales partidos con intención de voto para las generales. Mientras que en las elecciones autonómicas que se celebran, mantiene posiciones entre la primera y la segunda fuerza con más votos. De esta forma, Ciudadanos se ha constituido como el partido más exitoso de la nueva oleada de lo que algunos han venido a definir como la “nueva política”. Ni la extinta UPyD ni la moribunda IU, han conseguido aprovechar esta situación de crisis y a la vez de oportunidad que ha surgido en el mercado político. En cambio, Podemos que parecía aglutinar a la mayoría del descontento de izquierdas ha obtenido un éxito relativo que no se corresponde con sus expectativas iniciales.

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Las voces críticas señalan a ciudadanos como un heredero de PP y PSOE. Una especie de suerte de continuismo de las propuestas políticas realizadas por el bipartidismo, los dos grandes catch-all-parties de la primera época de la democracia española. Y es que, algo de verdad encierra estas afirmaciones. Es cierto que Ciudadanos supone un aglutinamiento de las tendencias ideológicas más moderadas y del votante de centro, ya sea centro-izquierda o centro-derecha. Lo que explica que el éxito de Ciudadanos se deba principalmente a la atracción de votantes socialdemócratas y liberales, entre otros. Y es que, si se observan los datos de auto-ubicación ideológica del votante español, éste se sitúa en una posición entre el cuatro y el cinco, por lo que a grandes rasgos, la mayor bolsa de votantes se encuentra en torno a posiciones políticas moderadas.

Partiendo de que el votante promedio está en una posición centrípeta, se puede explicar la caída de Podemos a partir de sus posiciones originales radicales. Las cuales han tenido que moderar conforme han entrado en el juego político para poder hacerse un hueco en el mercado electoral. De hecho, la ruptura de Podemos con el discurso bipartidista ha beneficiado más a su adversario Ciudadanos que a la misma formación. No obstante, Ciudadanos tiene que jugar a un juego peligroso, y es que en aquellos casos en los que no gobierna, se está convirtiendo en una fuerza de apoyo a la gobernabilidad en las distintas arenas, situándose en una estrategia de partido-bisagra. Ahora está en las posturas que mantenga si actúa como partido-bisagra sin integrarse en los gobiernos que apoya o si realiza una labor de oposición adecuada. Se podrá estar en desacuerdo o en acuerdo con Ciudadanos, pero sí es cierto que durante mucho tiempo muchos votantes han esperado una opción política central capaz de defender los derechos individuales por igual que los derechos colectivos, y aglutinase lo mejor del centro-izquierda y del centro-derecha. He ahí el éxito.

La voluntad del califa rojo

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Julio_AnguitaHace unas cuantas décadas, cuando Julio Anguita era alcalde de la ciudad de Córdoba, sonó un teléfono en los pasillos del consistorio. Era un llamada de Madrid y quién hablaba al otro lado, era ni más ni menos que Felipe González, el recién estrenado líder socialista como Presidente del Gobierno. Esta llamada llevaba una demanda hacia el califa rojo en el que se solicitaba al ayuntamiento cordobés, que al igual que otros, se sumara a la política del ladrillazo que tan bien iba a venir al resto de municipios. La respuesta de Anguita fue clara y flagrante. Mientras él fue alcalde de aquella ciudad, no se procedería a ningún juego con el ladrillo.

Habiendo llovido ya bastante, Anguita vuelve a ejercer su papel como líder de la auténtica izquierda, intentando consensuar una agenda entre lo que en España podría llamarse un “bloque de izquierdas”. Primero, ruptura de Izquierda Unida de cualquier pacto con la socialdemocracia, o sea, con el PSOE. Segundo, búsqueda de puntos comunes entre Izquierda Unida y Podemos. En tercer y último lugar, la confluencia de listas conjuntas para las elecciones generales de cara a una mayor unidad.

El problema de esta agenda de Anguita, que es bastante respetable desde una postura de izquierdas, es la pérdida de posibles feudos como Andalucía. Desde donde siempre ha sido tradicional, la búsqueda de una alianza de izquierdas para evitar el gobierno de la derecha. Sin embargo, se ha acusado bastante a los socialistas de no ser socialistas, sino de ser social-demócratas, socio-liberales y algún que otro marxista descolgado que de vez en cuando vota a otros grupos de izquierda. Pese a todo el descalabro del PSOE, esta hipotética alianza propuesta por el califa rojo responde a planteamientos de creyente, más que de arribista e introduce riesgos. Riesgos como los que ya vivió la izquierda en 1995 cuando con la complicidad de Anguita se dio paso al gobierno de los populares. Cada uno saque sus propias conclusiones.