pacto

Cambio retrasado

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sanchez riveraEl acuerdo entre el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos ha irrumpido con fuerza esta semana. Ahora queda comprobar dentro de unas semanas, si finalmente se produce la investidura de Pedro Sánchez y si Ciudadanos entra en el ejecutivo como obviamente cabría esperar. Más allá de lo que suceda, ya que sería necesaria la abstención de Partido Popular o de Podemos para que se pudiese completar, es interesante observar cómo se muestra el electorado de cada uno de los partidos a este pacto que un gran sector de la opinión pública podría calificar de “antinatura”, especialmente los conservadores, socialistas (reales) y partidarios podemitas.

Según una reciente encuesta de Metroscopia, hasta la mitad de los votantes populares son partidarios de que se vote a favor o se produzca una abstención en la investidura. Así como también se desglosa que la cúpula popular está necesitada de una renovación profunda e intensa. Lo que no se resuelve con un comité de sabios en tres cuartos de hora como se ha visto con la puesta en escena de esta semana. También, la mitad de los socialdemócratas se manifiestan positivamente con la abstención o el voto a favor tanto de populares como podemtas. No obstante, el dato interesante viene de parte de los votantes de Pablo Iglesias, siendo un 43% los que se manifiestan a favor del apoyo de los populares y un 56% del apoyo de Podemos.

La pregunta qué se debe hacer es por qué más de la mitad de los partidarios de la formación morada se muestran tan favorecedores de este apoyo a un gobierno de centro-izquierda y centro-derecha. Disculpen que el escribiente no crea en el centro como algo posible. Obvimente, no es que los votantes de Pablo Iglesias crean en el “recambio” como se bautizó a los naranjitos. Al contrario, una legislatura conjunta de PSOE y Ciudadanos puede plantearse como una coyuntura en el corto plazo. Un gobierno siempre pendiente de un débil hilo que podría ser cortado en cualquier momento a través de una moción de censura conjunta del PP y Podemos, favoreciendo el surgimiento de un nuevo horizonte para formar otros posibles gobiernos.

Gran coalición

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Las negociaciones de Pedro Sánchez han quedado anuladas tras la pinza de Ciudadanos y de Podemos. O con uno o sin ninguno, según arguyen Rivera e Iglesias. Lo que ha seguido después es los gustos por las coaliciones, siendo mayoritaria la coalición Ciudadanos y socialistas para los votantes de ambos partidos y de socialistas y podemitas para estos últimos. Ni la clase política es capaz de ponerse de acuerdo, ni tampoco la sociedad civil tiene muy claro con qué amigos quieren que sus representantes vayan a formar gobierno. Hasta hace uno meses, nuestro electorado rezaba un mantra sobre el milagro, la proporcionalidad política y el fin de la crisis y llegados a la hora de la verdad, todo vuelve a la dinámica cainita y crispante del español medio.

Santa Cruz de Mudela

Aunque, ya se ha dicho. Nuestra nueva clase política tiene menos capacidad de diálogo que la que estuvo al frente durante la Transición. Ahora que se habla de una “segunda transición” y de la necesidad de un gobierno de concentración entre las distintas fuerzas parlamentarias. Sea como fuere, este fin de semana ha salido a la luz un pueblo castellano, Santa Cruz de Mudela, donde populares y socialistas se han alternado en el gobierno municipal durante un mandato. Y cuidado, porque el argumento de “PPSOE” no sirve para este caso, en el que los alcaldes de ambas fuerzas se han visto acosados continuamente por sus respectivas ejecutivas.

La cuestión es que necesitamos una gran coalición. Un gran pacto. Quizás surge la pregunta de si cambiando algunas cabezas, se podría hacer más factible el acuerdo. A fin de cuentas, las negociaciones entre grandes partidos políticos no dejan de ser en gran medida, el resultado del trabajo de personas individuales que son los líderes políticos y que a través de sus compromisos interpersonales consiguen compromisos nacionales. Sin lugar a dudas, Podemos y PP representan dos partidos necesitados de una rápida renovación de sus líderes.

Miserables

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img2Esta obra literaria no pertenece a Víctor Hugo. Tampoco fue escrita en el siglo XIX. La única relación que mantiene con su homóloga es la de compartir el mismo nombre. Esta historia se sitúa en la ciudad de Sevilla, aproximadamente en torno a primavera de 2015, y tuvo lugar después de unas elecciones autonómicas en las que el órgano legislativo autonómico había experimentado un cambio considerable en su composición parlamentaria. Las senectudes políticas de la élite que había regido el llamado “cortijo” durante varias décadas estaba preocupada junto a su adversario ancestral que observaba como perdía credibilidad ante la sociedad. Ésta es una leyenda de pérdida de confianza, miedo y egoísmo.

Los otros oligarcas, ataviados en sus chaquetas Emiclio Tucci “off shore”, tenían miedo de perder sus feudos en las capitales de provincia. Asediados por nuevas minorías que aspiraban a representar las verdaderas demandas y en una última oportunidad por hacer algo realmente útil por la gente, los viejos señores de la derecha apostaron su última carta por mantenerse en sus poltronas del poder municipal, ignorando el sufrimiento de sus súbditos. El heraldo, Juan Manuel Moreno, acudió en audiencia ante su adversaria, la sátrapa Susana Díaz para llegar a un acuerdo que beneficiase mutuamente al status quo.

miserables

Del pacto entre enemigos tradicionales surgió una nueva amistad. Y es que, dice el refrán que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, y si el enemigo de los oligarcas era la sociedad andaluza, sólo bastaba con llegar a un pacto de caballeros. De esta forma, Moreno ofreció a Díaz la posibilidad de garantizar su investidura como Presidenta, a cambio de que, los socialistas acometieran con la misma actitud recíproca en los consistorios feudatarios de los populares en las elecciones locales. No había palabras para tan vil acuerdo en el que se dejaba a un lado la opinión de la sociedad y donde el único objetivo de los oligarcas era mantener su poder, un poder que supuestamente se legitimaba en la voluntad de sus súbditos, ya no ciudadanos. Esta obra protagonizada por Susana Díaz y Juan Manuel Moreno se titula “Miserables”.