capitalidad cultural

Cinco años del Avisador Malagueño

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Hace no pocas columnas, hablamos de la riqueza histórica y cultural de Málaga. Un valor singular sobre el que podría haber girado la capitalidad cultural y no sobre las tácticas partidistas y el beneficio empresarial. Hoy viene a colación hablar de un proyecto, la revista cultural ‘El Avisador Malagueño’ que se inició hace ya un lustro y que ha sido premiado el pasado viernes con el galardón “Sentir Málaga” que entrega anualmente la Asociación Málaga Siglo XXI.

Por principios de 2006, el historiador y escritor Diego Ceano reunió a un grupo de historiadores, escritores y especialistas en distintos ámbitos de la cultura malagueña. A partir de este equipo, se impulsó la creación de una publicación de periodicidad mensual y cuyo nombre hiciese honor al antiguo periódico malacitano, en la que se tratan distintos temas como la Málaga musulmana, la época decimonónica, misterios, leyendas, flamenco, recuerdos de un pasado reciente y mucho más. Todo ello, con el objetivo de servir como apoyo a los docentes de Historia en los colegios e institutos de educación secundaria para que los alumnos conociesen a su ciudad. Si bien, esta meta no se ha conseguido, el camino final que se adoptó ha sido exitoso.

Con el paso de los meses, aumentaron el número de personas a las que llega un ejemplar del Avisador Malagueño. Así, se han abarcado instituciones, casas regionales, malagueños en el exterior y muchos otros particulares que aún estando lejos de su tierra, tienen un trozo de su esencia para disfrutarla cada mes.

Y llegado a este punto, cabe preguntarse dónde están los políticos, las instituciones y los intelectuales pagados con prebendas del partido de turno para apoyar esta iniciativa. Por desgracia, ninguno de esos elementos ha tenido acceso a la elaboración del contenido de esta revista hasta el momento. Están demasiado ocupados dando palmaditas en la espalda a sus secretarios de organización y hablando de la “incultura malagueña”. En cambio, esto ha permitido que, intelectuales anónimos hayan podido escribir sobre la historia y las raíces malagueñas sin la censura política ni el apoyo condicional de místicos. Cubriendo el vacío de los que se llaman la élite cultural de la ciudad y permitiendo así, recuperar una Málaga que se hace mucho de querer.

La otra capitalidad cultural

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La ciudad de Córdoba ha sido hasta hace unos meses la competidora andaluza con Málaga por la Capitalidad Cultural de 2016. Lo cierto es que, la vida intelectual y cultural de Málaga tenía sendas barreras para arrebatar a la antigua capital de Al-Andalus su paso a candidatura. De hecho, la urbe malacitana se quedó en la entrada para llegar a ser candidata, algo que los cordobeses y cordobesas no han tenido tan difícil.

La cuestión está en que además de esta barrera, existía una segunda. Las malas artes con las cuales el PSOE de Andalucía ha jugado con un proyecto, que más que político, es ante todo ciudadano y cultural. Para ello, desde el primer momento apoyó la capitalidad cordobesa antes que la de Málaga por ser un feudo popular. A la par que, los lacayos socialistas de Málaga brindaron su colaboración tardía a la iniciativa municipal a la espera de que fuese eliminada, sin dejar de ser “defensores de su ciudad” ante sus conciudadanos.

Una vez la marea pasó y la capitalidad malagueña fue devorada por la política partidista del PSOE y el incivismo, los cuervos dieron paso a su festín. Así, estos pajarracos ataviados bajo apariencia intelectual e hipotéticas instituciones ciudadanas se dedican ahora a criticar desde sus asambleas la “incultura malagueña”. ¿Falta de cultura? Se engañan quiénes dicen que en Málaga no hay cultura, puesto que no son escasos los intelectuales que a diario trabajan de forma anónima a favor de la ciudad.

El problema es que realmente no existen valores de amor a una ciudad, porque por encima de ellos, está la disciplina del partido. Pero, sería demasiado pedirle a estos individuos que se conviertan en intelectuales. Cuando en realidad, sólo son políticos que han leído alguna obra que les recordó a un viejo aire rojo cercano al anagrama que reza en su sede.