reforma constitucional

Crisis del bipartidismo, auge del nacionalismo

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La reforma constitucional y la pasividad de los grandes partidos ante la crisis económica manifiestan sus últimos coletazos. Recortes en la sanidad y la educación, sin precedentes para el castigado Estado de Bienestar. Lo que afecta sobremanera a los gobiernos autonómicos en cuyas manos están las mayores políticas públicas, especialmente, las que el ciudadano puede tocar desde más cerca. Y es que, estos cambios determinarán una reducción de la capacidad de autogestión de las comunidades.

Los dos partidos principales entregan un argumento inatacable a los partidos nacionalistas para defender aún más el ataque de las decisiones centralizadas y por tanto, su radicalización. Por tanto, las elecciones no serán un mero trámite para validar la victoria de Rajoy, sino que serán un campo de batalla de negociaciones entre los dos grandes y los partidos minoritarios de Cataluña y País Vasco, entre otros.

En este sentido, cabe plantear la hipótesis de si nos encontraremos ante un futuro gobierno de pinza. La cuestión ya no está en la volatilidad que PP y PSOE puedan sufrir hacia otras opciones como UPyD e IU, sino en la participación, la volatilidad hacia las consignas nacionalistas y el voto en blanco. Con lo que, se hipotecan los intereses comunes de la nación española.

Sobre la reforma constitucional, que no democrática

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Los españoles sufrimos una vez más, como si de un bucle melancólico se tratase, las consecuencias de la chapuza política. Lo que bien pudiera haberse evitado con un pacto entre las fuerzas políticas, y que no fue posible debido a la ocultación que Zapatero hizo de la crisis a principios de 2008, revienta en la cara de cabreados e indignados. Mientras uno engañaba, y el otro esperaba frotándose las manos a la futurible victoria; los dos grandes han llegado a la conclusión de reescribir la Constitución para insertar el déficit cero.

El déficit cero está fuera de lo que jurídicamente se llama la parte dogmática de la carta constitucional, de lo que son los derechos fundamentales. Aunque eso no quita, que el gasto público no mantenga una estrecha relación con los derechos sociales. Por lo que, a la forma del cacique, los políticos han firmado la defunción del Estado del Bienestar español y se han bajado los pantalones ante la Unión Europea y los mercados financieros. Sin mediar por un referéndum, ni ninguna consulta al pueblo que será el auténtico afectado de esta decisión que elimina la política fiscal.

No fue suficiente con la mentira de unos, con la apatía de otros. Y es que, como ya no les queda nada, sólo pueden esperar a desnudar sus adentros y enseñar lo que tienen a los especuladores. Lo que no evitará que no sus eminencias, sino el Estado sea penetrado por un fálico rescate a la europea. Y como dicen, estas acciones se hacen con espíritu francés y carácter alemán. Por lo que, los españoles andaremos unos años más escocidos y jodidos.

Pero no llore, esta historia tiene un final feliz. Porque los imbéciles que degeneran en malvados, como dice Reverte, se irán contentos a sus casas. Zapatero regresará a su taifa leonesa, donde beberá su coñac satisfecho de haber realizado la segunda reforma constitucional y brindará con sus amiguetes. Una gran reforma dirán sus compañeros juristas de la Universidad con los que alguna vez trabajó. A la par que, el Partido Popular no tendrá necesidad de hacer grandes recortes cuando un pacto de Estado le da carta blanca para minimizar gastos. El arribafirmante se equivocó, en España siguen habiendo grandes pactos, sobre todo cuando el perjudicado es la ciudadanía.