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Tela para Rato

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ratoRodrigo ha sido el primero en caer. Inspección hogareña, detención durante unas horas y de vuelta a la calle. El relato ha quedado como un amago de ejercicio de Justicia, pero también como un aviso de que los partidos están dispuestos a ¿reconocer? sus errores. Un reconocimiento de los errores cometidos es probablemente lo que puede (o podría) haber salvado la situación de nuestros partidos dinásticos: socialistas y populares. Por desgracia, ni Chaves ni Griñán, ni a Ratos ni a Montoros, se les va a presionar como se le presiona a aquellos ciudadanos que son deshauciados de sus hogares por impago.

Después los cuadros actuales de estos partidos se preguntan qué es lo que está pasando. ¿Por qué se habla de “casta” o de “vieja política”? Puede ser que quizá alguien esté jugando a crear un nuevo discurso para una nueva época de mano de la batuta de Laclau. ¿Es necesario un nuevo orden o nos quedamos como estamos? Quizá lo deseable puede ser recuperar el bienestar que teníamos hasta mediados de la década pasada, sin que nadie diga que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Para nuestros viejos políticos, eso también sería lo deseable, pero ya no saben por dónde se van a meter porque la cosa está que arde.

Ese mito de “las dos Españas” ha quedado totalmente por los suelos. Ya no hay dos Españas, hay cuatro cuartas Españas que postulan por sus verdades, mientras otras tantas arrinconadas en sus nidos ideológicos observan desde su torre de marfil el que puede ser uno de los escenarios más dinámicos de la historia reciente. Lo que no cabe duda, y el Parlamento de Andalucía lo demuestra, es que por una vez, tendrán que pactar y habrá que llegar al pacto, o se irá todo al carajo. Lo dicho: que hay tela para rato.

La caída del régimen

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Capital hispalense, centralismo realengo y cuartel latifundista, es el escenario de un hecho histórico en los últimos 30 años. El PSOE de Andalucía y sus socios de tragicomedia caen en la vorágine de la corrupción. Conforme los medios de comunicación revelan el telón de fondo del reparto de la tarta de la res pública, capitulan los últimos días de la democracia orgánica que había instaurado el chavismo oficial y el continuismo griñaniano.

La dimisión de Luis Pizarro como Consejero de Gobernación, la huída de su número dos, la imputación de Torrijos y el caso Mercasevilla, los ERE irregulares, el tráfico de influencias de los Chaves, las disputas entre los socialistas gaditanos y sevillanos, el discutido liderazgo de Griñán, la retirada de Velasco por fraudulenta subvenciones y mucho más. Es el derrumbe de la clase política que durante décadas han convertido a Andalucía en su cortijo particular y en el rancho del socialismo español. Para ello, no han faltado faisanes ni Rubalcabas que cubran las espaldas de la cuestionada imagen de Manuel Chaves.

El derrumbe es inminente y ya sólo falta dilapidar las pocas prebendas que se puedan. Escasea el optimismo para las elecciones locales, mientras el Partido Popular cierra filas en las capitales de provincia andaluzas, incluso en Jaén y Córdoba donde la retirada de Aguilar abre un flanco peligroso para el consistorio. Para ello, el cuartel de calle San Fernando ha dispuesto las listas locales a gusto del consumidor, anticipándose a una hipotética victoria de Arenas en las autonómicas.

En pocas palabras, los conservadores de izquierda caen para dar paso a un nuevo orden. No obstante, sólo podemos contar con una victoria popular mayoritaria en las capitales de provincia de Andalucía y los rumores de algunas diputaciones provinciales como las de Málaga y Cádiz. Cualquier hipótesis más allá de las elecciones locales en el panorama andaluz tan caótico con el derrumbe del socialismo es una pretensión de profecía. Aunque sí, podemos aventurar la hipótesis de un nuevo centralismo sevillano indispuesto a permitir la presencia de tendencias y corrientes en su seno político.