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La transición local

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transicion-localLa etapa de la transición política que celebramos esta semana comienza con la muerte de Franco en 1975, continúa con la posterior aprobación de la Ley de Reforma Política en 1977 y culmina con los grandes acuerdos como la Constitución de 1978, los Pactos de la Moncloa y el reconocimiento de las autonomías. Desde la academia, existen dos posturas sobre su interpretación. Por un lado, algunos autores consideran que los líderes políticos acometieron con una labor positiva al dejar a un lado sus diferencias ideológicas y cooperar en la estructuración del nuevo sistema político. Por otro lado, una serie de académicos consideran que la transición fue un proceso pactado entre las élites político-económicas que produjo una democracia imperfecta con una débil legitimidad.

Ambas visiones definen la transición española como un proceso pilotado por las élites nacionales, pactado entre ambas y continuista -en contraposición con la transición rupturista de Portugal- al emanar de la legitimidad del régimen anterior. Este foco de atención en el nivel nacional y en el autonómico ha dejado de lado el estudio y análisis de los gobiernos locales durante esta etapa.

Si la transición política empezó en 1975, las primeras elecciones municipales no se produjeron hasta abril de 1979. A grandes rasgos, los municipios estaban inmersos en una situación conflictiva. En primer lugar, coexistieron unas corporaciones locales con una legitimidad no democrática durante los cuatro primeros años de la Transición. En segundo lugar, la mayoría de los municipios estaban necesitados de una racionalización de los servicios públicos, especialmente en los núcleos urbanos desbordados por el crecimiento demográfico. En tercer lugar, la tensión existente entre la UCD y los partidos de la izquierda, PSOE y PCE, que reclamaban unos “ayuntamientos democráticos” debido al retraso de las elecciones locales. Una pregunta que falta responder en nuestra historia es si los ayuntamientos fueron claves o no en este paso hacia la democracia.

Dos chicos inteligentes

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Angel and Rafa, who say they are from Spain, and volunteered to join pro-Russian separatists, ride a car in Donetsk

¿Existe una relación directa entre la ideología comunista y el autoritarismo de Putin? ¿Es posible que personas de izquierdas luchen junto a ultra-nacionalistas eslavos en el frente ruso de Ucrania? Son muchas las dudas que asaltan ante la noticia que apareció hace unos días, de que dos jóvenes españoles de ideología “comunista” estaban luchando en la batalla de Donest por decisión libre y voluntaria. Sería bueno aclarar la confusión ideológica de estos chavales, Ángel y Rafa, supuestos defensores de la II República que creen estar en una cruzada contra el capitalismo que representa la Unión Europea y que avala a los ucranianos.

Sin lugar a dudas, estos jóvenes militantes del Partido Comunista de los Pueblos de España y anteriormente del PCE, han demostrado tener un auténtico caos mental. No se puede decir que la opaca Unión Europea sea el mejor ejemplo de democracia y transparencia al que muchos comunistas, socialistas, social-demócratas y liberales aspiran. Si bien, la Rusia recién salida del comunismo dista de lejos de tener el grado de libertad de los países miembros de la Unión Europea. Un lugar donde los periodistas opustos al régimen son asesinados, los opositores silenciados o falsamente acusados y donde todo el que no baile a gusto de Putin pocas esperanzas puede tener.

Es vergonzoso que un régimen como la II República en el que se intentó una mejora social y en las libertades de los ciudadanos, sea asociado con el Moscú tiránico de la actualidad. Ahora bien, es cierto que los extremos se atraen y que tras la caída de la antigua Yugoslavia y otros regímenes adeptos a la Unión Soviética, una de las vías mayoritarias fue la creación de gobiernos nacionalistas y excluyentes bajo consignas étnicas. Del intento comunista (porque es difícil catalogar a los soviets como comunistas) se pasó al ultra-nacionalismo. Por lo que, ese fascismo contra el que dicen luchar Rafael y Ángel es el mismo al favor del que empuñan sus armas. Todo lo demás, cabe decir que estos jóvenes tienen un uso más propagandístico que militar.

La hipocresía moral de Garzón

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alb_garzonEl Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha confirmado la validez de la doctrina Parot. Una doctrina jurídica que señala que las penas de prisión son revisables y que no deben de superar un total de tres décadas para asuntos penales. Véase el terrorismo euskadita, los psicópatas más peligrosos y los violadores. Lo que ha manifestado un rechazo frontal de la mayor parte de la opinión pública española y el aplauso de un sector considerable de la izquierda extrema.

Si alguien se lo ha preguntado, Parot no fue un juez, ni abogado, ni jurista lego. Al contrario, Parot fue un sanguinario carnicero y terrorista, cuyo nombre ampara esta redención para irredentos de causas visionarias. Con todo lo visionaria que puede ser una muerte. En medio de esta polémica ha saltado a la palestra las celebraciones del PCE y de Alberto Garzón. Los que se sienten muy orgullosos de que no sea tan grave sostener las armas en contra del Estado español si para ello hace falta llevarse por medio varia docena de vidas y unas pocas más.

El buenismo de Garzón es tan hipócrita como su altivez moral. No hay ningún predominio moral en defender a asesinos, sea cual sea la causa, pues el asesino sólo tiene entre sus razones el derramamiento de sangre por el derramamiento de más sangra. El medio es el fin y no hay fin sin este medio. ¿Cómo es posible para el PCE situarse en esta óptica ética? Sin lugar a dudas, durante los años previos a la Transición PCE y terroristas vascos caminaban de la mano junto al GRAPO y otras entidades similares. En aquel contexto, la muerte de dirigentes del franquismo no estaba tan mal visto por parte de la oposición al sistema. Una vez, instaurada la democracia, el combate de la izquierda abertzale siguió abierto y contaba con los guiños de estos petimetres.

Al arribafirmante le avergüenza que un malagueño como Garzón apoye a asesinos. Especialmente, proviniendo de una ciudad que siempre ha luchado contra la tiranía como reza en su escudo municipal “siempre denodada en el auxilio de la libertad”. No obstante, Alberto es un chico capaz de defender a los sectores más críticos apoyando un proyecto de democracia participativa y después alzar un puño por los oprimidos asesinos del País Vasco. Retiradas las máscaras no cabe esperar altivez moral alguna de este tipo de hipócritas y tan sólo un comunismo heterodoxo al estilo bolchevique. Alberto avergüenzas a tu ciudad.