Partidos políticos
Collado publica una monografía sobre la colaboración de la élite local durante la Transición
Bajo el título Colaboración y oposición: la negociación de la élite local en la Transición, se presenta una monografía que aborda cuatro casos de estudios sobre distintas fórmulas de coordinación que tuvieron lugar entre los grupos municipales de las primeras corporaciones democráticas españolas. Las corporaciones de Cáceres, Ciudad Real, Málaga y Sevilla ilustran ejemplos interesantes para el análisis político, en los que se ofrecían alternativas a la tradicional dinámica de gobierno-oposición que se produce actualmente. Asimismo, se observa como el tipo de colaboración que tuvo lugar en el ámbito nacional de la Transición, también se reprodujo de manera análoga en el contexto local.
Esta obra ha sido auto-editada en formato bolsillo por el autor a través de Amazon, permitiendo su difusión entre el público interesado. Para más información se puede acceder al siguiente enlace:
Hablemos de Moreno Bonilla
Los populares no teniendo claro a quién presentarán para las europeas, han designado su nuevo paladín andaluz. Moreno Bonilla es la persona elegida directamente desde Madrid y como resultado de una disputa entre Cospedal y Rajoy (Arenas), ganando este último. Lo que demuestra que el “síndrome de la Moncloa” o es aislacionismo que sufre el Presidente del Gobierno, afecta a sus decisiones viendo la realidad política y social como quién mira desde el interior de una burbuja. Palacio de Moncloa cual torre de marfil escindida de la mundanidad a la que dice representar en sus actuaciones.
La elección de Bonilla ha sacado a la palestra diversos asuntos que han estado silenciados hasta el momento. Para empezar, la incapacidad del PP andaluz para consensuar un candidato. La huida madrileña de Arenas dejó al descubierto la disputa existente entre populares occidentales y orientales, así como la prepotencia de los hispalenses por mantener el control sobre ocho ingobernables taifas. Algunos iluminados -véase ABC de Sevilla o el “panfleto”- consideran que la designacion del actual candidato malagueño supone una victoria de Andalucía oriental. Lo cierto es que, la victoria en todo caso es de Moncloa, pues hablamos de una persona que desde mediados de los noventa -cuando aún cursaba su carrera- ha abandonado los estudios y se hizo un colaborador directo de Rajoy en Génova. Sus lazos con Málaga son prácticamente nulos.
También se ha puesto sobre la mesa, el falsamiento del currículum vitae del candidato. Un joven que aún no ha acabado su titulación y que a golpe de dinero ha costeado innumerables postgrados en centros de enseñanza privada. Esto tiene relación con otros tres aspectos importantes de la dinámica de la extracción de élites. En primer lugar, el abandono del ámbito educativo y familiar para entregarse por completo al partido. El partido demanda el alma y el tiempo de los miembros de su cúpula. En segundo lugar, la pobreza curricular del político pro-medio que tiene una formación más baja de algunos de los militantes de bases del partido. En tercer lugar, la escasa preocupación de las élites de la derecha española por su formación si las comparamos con las élites de la izquierda.
En cuanto a las perspectivas de futuro, Moreno Bonilla no reúne los requisitos necesarios para competir con el liderazgo de Susana Díaz. Aunque es un candidato de Andalucía Oriental, bien debiera tener otros capitales simbólicos como ser una mujer, mantener lazos con Andalucía, la ausencia del secuestro de Génova (o Ferraz) y una formación universitaria mínimamente finalizada. Partiendo de la dinámica del voto andaluz y del descontento generalizado con los populares, la derrota de este candidato es la crónica de una muerte política anunciada. Su candidatura se mantendrá como una vida artificial alimentada por la siniestra sombra de Javier Arenas y suspendida en una muerte inducida por el rechazo generalizado a esta opcion como líder.
Una España para las clases altas
La derecha española o mejor dicho, la del Gobierno Central, ha demostrado que no es una derecha civilizada. Esta derecha es una derecha aristocrática, tiránica e incivilizada. Es una derecha de orcos y no de seres humanos, y podríamos entrar a hablar sobre si los orcos de Mordor tienen derechos humanos o no. Ese es un debate interesante. La escena de esta semana, de una derecha que está en desacuerdo con el tema del aborto, pero que está dispuesta a unir sus fuerzas -liberales, democristianos y conservadores- para garantizar la reforma de una ley que ha sido bien redactada por el Gobierno de Zapatero, deja claro ante que nos encontramos.
Cuando la derecha dice que se va a hacer esa reforma en expresión de la voluntad de los españoles, surgen dudas sobre los principios democráticos que velan en sus mentes. Una ideología dictatorial que considera que el voto es un cheque en blanco con el que pueden hacer lo que quieran. Ya sea proteger a los bancos, ya sea echar a familias de sus hogares, hundir en la penuria a medio país o reducir los derechos de sus ciudadanos. Si antes se hacian las cosas por la gloria de Dios, hoy se hacen en nombre de la voluntad de una nación. Parece ser que la derecha ha conseguido definir ese concepto que la Filosofía Política no ha definido en más de dos milenios de existencia. Deberán prestar pues atención a su cheque en blanco, pues un grupo nutrido de votantes populares han cambiado su intención de voto hacia otras opciones políticas como demuestran los datos del CIS.
Hay que dejarlo claro. Esta derecha de orcos está haciendo un país a medida de las clases altas. Hace una España a su medida y no a la medida de todos. Después surgen sus críticas ante los socialdemócratas. Cabe preguntarse si esta derecha tiene capacidad de autocrítica. Posiblemente la respuesta sea un rotundo no. Y ciertamente, la clase alta ha demostrado que no tiene capacidad de autocrítica y que como dijo Aristóteles, la democracia sólo es posible con una amplia clase media, con un punto medio. Un punto medio entre la tiranía de los aristócratas y la demagogia de los desarrapados.
Seguridad ciudadana, inseguridad turística
La nueva norma de seguridad ciudadana ha suscitado muchas críticas. En primer lugar, la inseguridad jurídica que produce al conferirle autoridad policial a los vigilantes privados de los centros comerciales. Lo que permite que algunas empresas puedan disponer de agentes con un carácter policial, es decir, se trata una nueva fórmula de Estado corporativista policial. Con todas las consecuencias que ello puede tener contra los derechos individuales y el imperio de la ley.
Sin embargo, más peligroso es el aumento de la securización. La securización o la definición en qué ámbitos de la vida política, económica y social, están considerados de forma pertinente y oportuna para la intervención de la violencia legítima más directa del Estado, convierte a muchos ciudadanos en criminales y delincuentes. En esta nuestra época de crisis y sufrimiento, la respuesta del Gobierno no pasa tanto por ayudar a las personas, sino en criminalizar conductas y aumentar el ejercicio de la fuerza física. Otra cosa, que también se puede discutir es hasta qué punto es legítimo ese ejercicio de la violencia por actores ajenos al Estado.
Por último e igual de importante para aquellas zonas de España que viven del turismo es que cualquier “segurata” puede actuar como un policía. Y ciertamente, es difícil pedirle a la seguridad privada que ostenten los mismos valores que la policía en el ejercicio de capacidades similares. Dicho de otra forma, se abre la puerta al chantaje y la posible extorsión de turistas, como hace la policía marroquí y otros cuerpos de dudosa fiabilidad. Este tipo de comportamientos pueden dañar y afectar negativamente a una de nuestras pocas fuentes de ingresos que reside en los servicios turísticos.
Mas pone en duda la inteligencia catalana

La encuesta mágica de Mas tiene truco. Esta suerte de referéndum gratuito y burdelero para preguntar sobre la independencia de Cataluña implica que sólo pueden afirmar que Cataluña es independiente si reconocen que es un Estado. Si por el contrario, usted ciudadano o ciudadana catalana (aún español) que me lee, sostiene que no quiere una fórmula estatal catalana, no podrá responder a si quiere que esta comunidad autónoma (hasta ahora) sea independiente.
Mucha gente se ríe, pero esta pregunta está filtrada para una porción de la opinión pública que apostaría por una solución federal. Dicho de otra forma, el Estado catalán federal sólo puede ser afirmado por aquellas personas que quieran una Cataluña separada de España. En cristiano, o seguimos como estamos o somos independientes, éstas son las opciones binarias que ofrece Mas. O blanco o negro, o victoria o derrota. O independientes o victimizados para seguir pidiendo dinero a España, a Madrid o a su puta madre.
El Estado federal está descartado. Y ciertamente, soluciones federales serían interesantes para acabar con esta jodida locura. Sin embargo, el Gobierno español podría aplicar las fórmulas de otros Estados tan democráticos en el reparto del poder territorial como Francia o Italia, anulando cualquier respeto de la minoría catalana como sucede en la costa marsellesa, Córcega, Cerdeña y Sicilia. Así, que no confundan ustedes burgueses y nacionalistas catalanes la tolerancia de la minoría catalana y la diversidad con la debilidad de la posición española. Los españoles aún tienen (tenemos) la sartén por el mango y desde nuestro gobierno -el de Madrid- todavía se pueden hacer muchas cosas.
Balance del trece
Aunque hace unos meses, las estadísticas oficiales sostenían que se estaba creando empleo, el día a día no ha cambiado para la mayoría de la sociedad. Puede que la promesa electoral de Rajoy hablase del pleno empleo en el sentido matemático de la palabra. Y es que, ya se sabe que desde que empezó la gran mentira en 2008, la única preocupación de nuestros gobernantes –independientemente del color- ha sido una buena presentación de números. Sin embargo, el sujeto sigue perdido entre sobres rapaces y gambones ugeteros que no estarán en muchas mesas navideñas.
Juanca sin cambios recordará la importancia de la institución monárquica. Una institución que independientemente de que vulnere los derechos de igualdad, representa –por su familia- a todo un ejemplo del “typical spanish”. Un abuelo que no quiere irse, un hijo a la espera de pillar el puesto en la empresita del padre, una hija corrupta, un yerno que mejor no salga en las fotos y unos sobrinos que a falta de Playstation se dedican a dispararse unos a otros con rifles de posta. Eso sí, se nos olvidaban los chalecitos en Barcelona y Mallorca.
Mientras tanto, nuestra democracia cada vez más prostituida. Desde sus bases hasta la cúspide, con dos partidos del sistema que caen en picado a la espera de ser devorados por las pirañas. Entre ellos, el depredador del populismo y que cada cual lea esta palabra como le apetezca, pues lo cierto es que los populistas se acusan mutuamente de serlo. Curioso, ¿verdad? Es difícil mirarse en el espejo.
Por lo demás, España sigue siendo un país feliz. No ha cambiado gran cosa, sólo se ha acentuado lo que ya teníamos. Y ahora cabe preguntarse qué pedirle al nuevo año. Algunos estarían gustosos de un conflicto armado. Cataluña, bolcheviques y desmembración de la unidad pensarán algunos de la vieja guardia, del búnker. Lo peor, es que seguimos sin darnos cuenta que la nuestra, es una sociedad de oportunistas. Catalanes o vascos, castellanos o gallegos, andaluces o levantinos, tenemos el mismo ingrediente.
La condenada política bendodiana
Política es el arte de gestionar lo público. Lo público se separa de lo privado, pero lo privado no deja de ser político. La actuación particular de los alcaldes populares que han zarandeado el coche oficial de Susana Díaz en un aniversario de Museo Picasso es un hecho vergonzoso y condenable. Y lo cierto, es que este estilo particular de hacer política que inaugura Elías Bendodo en Málaga dice mucho del mismo y de su partido.
Para empezar, este carácter contestatario es una auténtica hipocresía. En primer lugar, los ediles mayores cometieron esta agresión como una supuesta denuncia de las deudas que acumulan sus consistorios. Bien saben estos señores, que esa deuda está pendiente del abono de determinada cantidad por el Gobierno autonómico y que a su vez, parte de ese dinero está siendo recortado desde Moncloa. Por lo tanto, habría sido más correcto haberse dirigido al Gobierno Central que al andaluz, que ya de por sí está intentando minimizar esos tijeretazos.
En otra línea, si apostamos por este estilo de política contestataria, sería de todos de agradecer que acudiesen a las casas de los banqueros, empresarios y todos aquellos culpables que han hipotecado nuestro país. O dicho de otra forma, que protesten contra aquellos que están destruyendo empleos, arrancando a personas de sus hogares y despojando la poca propiedad que nuestras clases medias y bajas tienen. La culpa no es de los culpables, es de los sin-techo terroristas que atentan contra la élite. No obstante, parte de esa élite económica o son ellos, o los mismos peperos son sus comisarios. Se puede sospechar que el interés no está tanto en solucionar la vida de sus vecinos, sino en garantizar el flujo de dinero que mantenga su rédito político local.
En tercer lugar, esta estrategia de posicionarse a favor del interés provincial y local de Málaga es una mentira. Es uno de los pocos recursos que quedan a estos alcaldes, que agonizan por inacción ante los recortes que ejerce su mismo partido, respondiendo y culpabilizando al adversario político en su lugar. Esto es una muestra, no de lo que se define como “real-politik”, sino como una miseria política propia de una cultura política pobre.
Por último, sería coherente que Bendodo y los principales alcaldes protagonistas de este episodio de la España cañí dimitieran de sus cargos. Por honradez con Málaga y respeto a la provincia. Estos alcaldes si algo no hacen, es representar a sus ciudadanos. Simplemente son gestores burócratas de lo privado a través de lo público.
La hipocresía moral de Garzón
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha confirmado la validez de la doctrina Parot. Una doctrina jurídica que señala que las penas de prisión son revisables y que no deben de superar un total de tres décadas para asuntos penales. Véase el terrorismo euskadita, los psicópatas más peligrosos y los violadores. Lo que ha manifestado un rechazo frontal de la mayor parte de la opinión pública española y el aplauso de un sector considerable de la izquierda extrema.
Si alguien se lo ha preguntado, Parot no fue un juez, ni abogado, ni jurista lego. Al contrario, Parot fue un sanguinario carnicero y terrorista, cuyo nombre ampara esta redención para irredentos de causas visionarias. Con todo lo visionaria que puede ser una muerte. En medio de esta polémica ha saltado a la palestra las celebraciones del PCE y de Alberto Garzón. Los que se sienten muy orgullosos de que no sea tan grave sostener las armas en contra del Estado español si para ello hace falta llevarse por medio varia docena de vidas y unas pocas más.
El buenismo de Garzón es tan hipócrita como su altivez moral. No hay ningún predominio moral en defender a asesinos, sea cual sea la causa, pues el asesino sólo tiene entre sus razones el derramamiento de sangre por el derramamiento de más sangra. El medio es el fin y no hay fin sin este medio. ¿Cómo es posible para el PCE situarse en esta óptica ética? Sin lugar a dudas, durante los años previos a la Transición PCE y terroristas vascos caminaban de la mano junto al GRAPO y otras entidades similares. En aquel contexto, la muerte de dirigentes del franquismo no estaba tan mal visto por parte de la oposición al sistema. Una vez, instaurada la democracia, el combate de la izquierda abertzale siguió abierto y contaba con los guiños de estos petimetres.
Al arribafirmante le avergüenza que un malagueño como Garzón apoye a asesinos. Especialmente, proviniendo de una ciudad que siempre ha luchado contra la tiranía como reza en su escudo municipal “siempre denodada en el auxilio de la libertad”. No obstante, Alberto es un chico capaz de defender a los sectores más críticos apoyando un proyecto de democracia participativa y después alzar un puño por los oprimidos asesinos del País Vasco. Retiradas las máscaras no cabe esperar altivez moral alguna de este tipo de hipócritas y tan sólo un comunismo heterodoxo al estilo bolchevique. Alberto avergüenzas a tu ciudad.
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