Comunicación

Chiquito

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Un ángel más nos ha abandonado este fin de semana. Chiquito de la Calzada ha sido uno de los malagueños más internacionales. Con su propio lenguaje humorístico, sus expresiones misteriosas y su humor genuinamente propio ha hecho reírnos durante décadas. No haya quizá mayor mérito que arrancar una risa contando un chiste que nada más empezar a contarlo ya hacía gracia. Supieses o no cuál fuera a ser el desenlace de la historia que estaba narrando. La gloria del pecador de la pradera no llegó a su juventud, sino a su vejez cuando fue descubierto como una revelación en el programa Genio y Figura. Si bien, su característico arte ya había sido construido a lo largo de toda su vida.

Humorista y flamenco. Son las dos coordenadas que explican su perfil. Chiquito o Gregorio para los más cercanos fue una persona que trabajó durante años tras los tablaos. El hambre y el nomadismo fueron dos constantes durante muchos años de su vida acompañado de su incansable Pepita. Hasta que un día le llegó la oportunidad. De la noche a la mañana, Chiquito ganó el reconocimiento, el prestigio y como no una mejora fundamental en su calidad de vida. Y es ahí donde sigue rigiendo la gracia universal de este hombre que no dejó que la fama rompiese quien era o dejase de serlo. No se puede decir lo mismo de otros malagueños.

Chiquito no intentó que le regalásemos un negocio en el Astoria. Ni se creyó catapultado hasta el Olimpo como inmortal que mira desde arriba a sus congeneres. Bien podría haberlo hecho después de décadas de miseria al verse que era alguien, al sentirse importante. No. Chiquito siguió con su humor. Haciéndonos reir y riéndose de la vida que a últimas horas le había dado una oportunidad. Siguió siendo ese hombre de la Calzada de la Trinidad, barrio popular de Málaga, que siempre había sido. He ahí donde residía la magia de este maestro. Persona y cómico que ahora ya no está entre nosotros. Al menos, la ciudad malagueña ha sabido darle el honor que en vida se merecía y que todavía aún puede seguir dándole. Descanse en paz.

Una ponencia advierte sobre los riesgos del ciberactivismo

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Francisco Collado y Fátima Recuero presentan una comunicación con el título «Del ciberactivismo al ciberpesimismo: el aislamiento ideológico como estrategia cohesionadora en en la red» en el II Congreso Internacional de Movimientos Sociales y TIC celebrado esta semana en la Universidad de Sevilla. Esta paper indaga en los distintos problemas que ofrece el ciberactivismo tales como el ciberbullying, la existencia de cosmovisiones megalíticas en la red y la ausencia de un debate democrático auténtico. Pese al optimismo inicial de los ciberactivistas, no ha existido una preocupación por denunciar estos fallos, basándose en un falso determinismo tecnológico que considera que cuanto mayor sea el desarrollo tecnológico mayores serán las posibilidades de liberación de los individuos a través de las nuevas tecnologías.

Dinamitar para perseverar

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23430298_xl«Muchísimo cuidado con quién pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país, nos han fusilado a los progresistas también». Éstas son las declaraciones de Ramón Espinar refiriéndose a la nueva frontera que traza Podemos. El procés se ha convertido en una oportunidad para la redefinición de quiénes son. Y la patria de Laclau se identifica en oposición a terceros. De un lado, los «demócratas republicanos» junto a sus aliados los nacionalistas catalanes y de otro lado, los «monárquicos tiránicos» del PP, PSOE y C’s.

El secesionismo catalán significa la repesca para Podemos. En la secuencia temporal, Iglesias intentó que su partido suplantara el espacio electoral del PSOE con el consabido «sorpasso». Fracasó. Luego las voces más conciliadoras de Podemos intentaron plantear una confluencia con PSOE y Ciudadanos para oponerse al PP. Fracasó seguido de la decapitación política de Errejón. Finalmente, un discurso rupturista como el de PdeCat, ERC y CUP que personifica la continuación del franquismo en la democracia llamada «régimen del 78» supone el tercer lance para ganar una victoria. De ahí que la victoria en la independencia de Cataluña sea la posibilidad de cuestionar la democracia.

No se puede culpar a Pablo Iglesias de haber cruzado una frontera como nuestra Constitución. En la lógica del leninismo todo vale para alcanzar los objetivos políticos. El líder no es amado, ni temido. El líder es odiado. La infamia tanto desde aquellos que respetan la Constitución de 1978 como de los votantes que Podemos ha perdido por el camino. Ahora sólo quedan un grupo de votantes que no se sabe si por argumentos de justicia social, de lucha contra la corrupción o de dinamitar la casta están dispuestos a defender la demanda de los nacionalistas catalanes a ser indemnizados económicamente por los crímenes del franquismo. ¿Y el resto de españoles?

 

La alta academia es independentista

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El apoyo de relevantes intelectuales a la causa independentista ha sido una de las cuestiones que han salido a la palestra. Desde hace tiempo, personalidades como Noam Chomsky y Vicenc Navarro se han sumado a la causa. No es de extrañar que un anarquista como Chomsky crea que el Estado apalea a los catalanes, les prohíbe hablar en su lengua y les roba dinero para dárselo a los maleantes andaluces. Es muy fácil opinar, pero muy difícil comprender cuando se quiere estar en todas partes. Pese a ello, se le puede dar una tregua al reputado filólogo para que exprese lo que considere oportuno.

Lo que si merece una especial atención es la presencia de distintos académicos, entre ellos médicos, politólogos y sociólogos, de origen catalán y que trabajan en prestigiosas universidades estadounidenses. Harvard, Princeton y otros centros acogen a estos científicos de origen español (y catalán) que actúan como opinadores ante la opinión pública de su país con el relato de la España tirana. Estos mismos se agrupan en el Colectivo Wilson con el objetivo de servir como lobby externo y con capacidad para influir desde sus posiciones en el público norteamericano.

Weber aconsejaba que los académicos evitasen hacer política con sus convicciones. O dicho de otra forma que con la ideología académica apoyasen causas propias de la esfera del poder. Aunque la doctrina weberiana es bellísima en su redacción, eso no ha impedido que estos intelectuales se posicionen del lado secesionista. Ahora bien, se puede recordar una cuestión y es que si este amplio grupo de profesores catalanes reside en Estados Unidos no es precisamente porque España no hubiera invertido en investigación y desarrollo en Cataluña.

Innecesario

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Ya se sabía que Mariano Rajoy se había resistido a aplicar el artículo 155 de la Constitución Española. Fue esta una de las razones por las que hace unos años, y no el aborto como la prensa manifestaba, que hicieron que Gallardón abandonase el Ministerio de Justicia. Deseoso de suspender la autonomía de Cataluña y gestionarla desde Madrid por un período indeterminado. El 155 es un apartado vago e inconcreto cuyo peso político habría dado cierto margen de maniobra para que el ejecutivo español procediera a resolver el contencioso catalán. Estado de alarma, de sitio, de excepción y otras cuantas amenazas legales se han proferido estos días desde los dirigentes populares hacia las autoridades sediciosas de la Generalitat. Si a eso se le añade el peso político de la secesión en el contexto europeo y la salida de empresas del territorio autonómico, la presión sobre Carles Puigdemont ha sido enorme. El poder blando ha sido efectivo por ahora.

Si bien, con independencia de lo que hubiese sucedido en caso de haberse producido la DUI, el castigo penal y económico sobre su equipo y él mismo parece que ha sido el detonante de la retirada. Retirada momentánea porque se habla de «suspensión». Y ahora, los dirigentes de la CUP que esperaban un pronunciamiento del nacionalismo más duro se encuentran revueltos ante el coitus interruptus que han sufrido por parte de la derecha catalana. La Cataluña rural castiza -curiosamente de izquierdas- y la otra Cataluña urbana, cosmopolita y que ha perdido poder global -lean la ciudad global de Saskia Sazen- están ahora en medio de un conflicto interno. Lo que está claro es que esto no ha acabado y que sólo es el paso a un nuevo capítulo de la tragicomedia nacionalista.

De lo que nadie se habrá dado cuenta o pocos han meditado es sobre el posible aumento de la intención de voto hacia el PP y Ciudadanos que se ha podido producir estos días. Menos tanques y más cabeza. Sin embargo, lo sugerente ha sido el baile de Podemos que de una semana a otra ha cambiado de postura en un auténtico espectáculo de travestismo político. Iglesias ha aprendido que el mantenimiento del tradicional respaldo anguitiano a los nacionalismos periféricos es muy bien recibido en los contubernios de cierta izquierda, pero la realidad y las consecuencias de un acto de tal osadía en plena secesión son otros distintos. Ahora sólo cabe desear que los populares y los socialistas no vuelvan a alimentar al drac como ya hicieron González, Aznar, Zapatero y Rajoy.

 

Prudencia

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Si algo ha estado ausente durante estas jornadas de celebración de un referéndum ilegal es la racionalidad. La celebración del plebiscito sin garantías ni seguridades jurídicas mínimas es el culmen del fanatismo del nacionalismo catalán. Esta religión antropológica impulsada por el pujolismo socio de socialistas y populares, continuada por grupos políticos sediciosos -desde Podemos hasta la CUP- y exaltada en un tiempo de crisis social e identitaria en Cataluña se ha convertido en una auténtica enfermedad para el constitucionalismo español. Una plaga que ha creado zombies tanto entre la propia opinión pública española como en las cabeceras internacionales. Porque si evitar mediante la coacción pública -monopolio que sólo posee el Estado, lean ustedes a Weber- la celebración de una consulta ilegal -podemos dudar si legítima- es un acto de violencia, eso quiere decir que se está poniendo en duda el conjunto de España como una entidad estatal.

Nadie habla de por qué Rajoy no ha procedido a la detención de las autoridades autonómicas competentes en Cataluña. Y es que, el marco en el que se ha movido el discurso independentista ha sido el de igualar nuestra democracia con una continuación del franquismo tras la introducción de la carta magna en 1978. Amparándose en un mito que ya había creado hacía años la izquierda más radical y del que después se ha amparado Podemos, vienen distintos sectores políticos a apoyar esta tesis. Lo que probablemente haya llevado a que los populares se hayan retrasado en aplicar las medidas legales oportunas temiendo que la inhabilitación del ejecutivo catalán les volvería a convertir en los franquistas de siempre ante la opinión pública. Bien habría hecho el PP en condenar el franquismo hace años para evitar este ridículo monumental.

Los sabuesos ya han sido soltados. La izquierda española amiga de cualquier nacionalismo, menos de su propio país. Bien olvidan Pablo Iglesias y sus lacayos que las naciones no son más que construcciones artificiales y contingentes de las que las sociedades se dotan para organizarse política, social y espiritualmente. Es el mercado de la identidad. Cuando el nacionalismo, cualquier nacionalismo, traspasa la dimensión espiritual del sujeto se convierte en un organicismo donde la persona se desintegra atómicamente para formar parte de un ente mayor: la nación. ¿Y es que acaso no es esta despersonalización la que también promueven los morados dentro de sus propias filas por un ente mayor: su amado líder? Este conflicto exige de prudencia. Algo que ha faltado y falta por parte de los dos bandos enfrentados, que no son los únicos que están en juego.

Basta ya de tonterías

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Basta ya de tantas tonterías. Hoy pienso ir al grano. Tanta sordidez que exhuman los medios de comunicación y las redes sociales. Sobre el atentado de Barcelona, han muerto personas de distintas nacionalidades. En tanto en cuanto si los catalanes son españoles se puede comentar en otro momento, ya que no es una cuestión prioritaria. Educación, cultura, aceptación, en definitiva, tolerancia es un principio de nuestra democracia. Una democracia representativa imperfecta, pero democracia a fin de cuentas. Hay otros formatos de democracias para el gusto de todos ya sea Bielorrusia o Marruecos con un componente más exótico.

La nuestra es una democracia. Europea. Construida históricamente sobre un discurso artificial, sí, como todos los discursos, pues no son productos de la naturaleza, sino de la intersubjetividad humana. Los terroristas que han actuado lo han hecho aprovechando nuestra tolerancia, que jamás debiera ponerse en duda. Si se observan las declaraciones de las personas que conocían a los terroristas de la célula yihadista los calificaban como ciudadanos normales. Fanáticos islamistas, pero de cara hacia afuera plenamente integrados. ¿Quieren darles un discurso sobre multiculturalidad? ¿Sobre historia de las religiones? Y es que no es sólo una cuestión de integración, sino de creencia en una versión distorsionada y embrutecida del islamismo, ya que el máximo cabeza de esta barbaridad fue el imán de Ripoll. Es ahí donde deben estar nuestros cuerpos de seguridad que también son los de los demás musulmanes, cristianos, judíos o mormones que viven en España.

En tanto en cuanto a la cagada de los Mossos que no compartieron información con los otros cuerpos de seguridad del Estado. Ahí está el fallo. Tanta independencia y tanta absurdidez. Como en la Guerra Civil, mientras la II República se caía, los nacionalistas catalanes proclamaban no sé que república bananera en medio del caos más profundo. Mierda barata. Dejémonos de valores postmodernos que sólo llevan a favorecer comodidades que se pagan caras. De independencias y de educar en derechos y valores. Ellos no son bárbaros a los que debamos evangelizar. Porque el musulmán auténtico sabe cuáles son sus valores y no la bazofia de la ciberyihad. No confundamos tolerancia con ingenuidad. Porque se puede pecar de odio, pero también de gilipollez profunda.

Vacaciones posmodernas

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dezeen_Postmodernism-Style-and-Subversion_04.jpgDesde el poliamor vegano hasta las manifestaciones más etnográficas españolistas. Éstas son algunas de las sórdidas historias que leo, como todos los veranos, entre las redes sociales. Brexit-arrepentidos, podemitas folclóricos, populares muy populares ellos, hipocresías ciudadana’s, socialistas socializantes, ególatras desapasionados, energúmenos del selfie, cambios climáticos, traperos hípsters, marxistas darthvedianos y otras historias llenan la pantalla. Pasando de una a otra, bajo el calor parisino y las pirañas voladoras del Sena -una especie de nuevo mosquito-, veo las nuevas vidas pasar como si la mía fuese una fotografía de Polaroid.

La estupidez del ser humano en su máxima expresión me abruma, mientras la insularidad -concepto que tomo de mi estimado Antonio Quesada- hace mella en el sujeto. Será que llegado un punto de nuestra vida quedamos descontextualizados o quizá nos quedamos con aquellas piezas más preciadas formando un mosaico extravagante. La pluma distancia y la tecla aleja en tanto que tienen la capacidad de expresar quiénes somos en oposición de aquellos que son alguien.

El concepto de posmodernidad, tan trillado por los sociólogos anglosajones, es útil porque permite describir una serie de culturas, prácticas y estilos de vida que de difícil forma podría acoger otro concepto. También, es la legitimación del ser humano en su pérdida de valores y su aceptación de posturas cada vez más disonantes. Por este motivo, el arribafirmante necesita unas vacaciones insulares para olvidar intelectualmente toda esta diatriba intelectual bajo el olor a salitre. Buen verano.

El héroe del monopatín

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Los atentados que han conmocionado recientemente a la ciudad de Londres tienen un protagonista. Una persona joven, valiente y osada que cuando observó como los yihadistas apuñalaban a varios viandantes en London Bridge no dudó en interponerse en su camino. Monopatín en ristre, golpeó a los susodichos, evitando una tragedia mayor. Sin embargo, este acto de heroicidad quedó convertido ante todo en un sacrificio de su propia vida por la de otras. Y es que, durante toda una semana se perdió su paradero hasta que finalmente las autoridades de Scotland Yard hicieron público que su cuerpo se encontraba en las dependencias policiales.

Este héroe. Un joven español que trabajaba en Reino Unido. Sus actos han sido aplaudidos en su municipio de residencia de Las Rozas, en el pueblo donde pasó su infancia de As Pontes y en Comillas le ha valido el reconocimiento de la Xunta de Galicia. Como homenaje, las autoridades le han reconocido al mismo Echevarría la Cruz de la Orden del Mérito Civil. Mientras tanto, en su pueblo natal de Ferrol, la marabunta de podemitas y nacionalistas gallegos folclóricos, liderados por Jorge Juan Suárez, han optado por no reconocer prácticamente nada a esta persona, argumentado que no tenía ninguna vinculación con su ciudad. Esta es la respuesta de la formación de Pablo Iglesias ante quienes se atreven a desafiar al terrorismo islámico.

Si bien, un tema más peliagudo que las imbecilidades de Podemos está en el «retraso» de las autoridades británicas en el reconocimiento de su cadáver. Han corrido por las redes distintas noticias que apuntan no al apuñalamiento, sino a un disparo de la policía contra Echevarría como la causa de su muerte, al haberlo confundido con un terrorista. Si esto ha sido así, nunca lo sabremos. Lo que sí es cierto es que de ser lo que realmente acaeció no habría sentado nada bien en las votaciones de May. Un ciudadano europeo, confundido con yihadistas, asesinado por la policía y en medio de su rechazo conservador a Europa. Mala cosa habría sido.

Macron

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macron.jpgFrancia ha experimentado recientemente un cambio en su sistema de partidos similar a España. Las fuerzas tradicionales barridas de la escena política y tan sólo dos opciones se han disputado el liderazgo presidencial en su segunda ronda, el Frente Nacional de Le Pen y En Marcha de Macron. A diferencia del sistema español, es difícil predecir aún si estos dos partidos se perpetuarán como un nuevo bipartidismo entre centro y derecha. Mientras que la izquierda, tanto socialistas como comunistas han sido relegados a otros puestos menos importantes de la escena política.

Emmanuel Macron, definido como un liberal de centro o «centrismo extremo» (palabro que los expertos en Teoría Política aún deben definir) es el nuevo cabeza del ejecutivo. Lo que ha hecho que Albert Rivera ya hubiera echado algunas palmas durante la campaña presidencial y posteriormente. Entre sus principales líneas directrices está acabar con el paro -en torno a un 10%- y que afecta especialmente a los jóvenes y retomar el papel de Francia en la Unión Europea. La que, como todos sabemos, no corre en sus mejores horas gracias a Merkel, el Brexit y la brecha económica entre los países miembros.

No es que Macron vaya a hacer que Europa sea más democrática o más unida. Sí al menos viene a poner un segundo eje tras años de ausencia del frente franco-alemán que tradicionalmente había liderado la política comunitaria. De esta forma, la respuesta a la negativa de Trump de cumplir los acuerdos de París sobre el cambio climático y las advertencias a la política exterior de Rusia sean el inicio de una nueva era en la política de la Unión. Aunque, como ya sabemos, en Europa somos muy dados a ejercitar la lengua mientras todo estalla a nuestro alrededor. El tiempo dirá.