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Collado publica un artículo sobre la cultura política en Andalucía en la presente democracia
Francisco Collado presente el artículo con el título «El carácter andaluz durante cuatro décadas de democracia» en Nómadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. En 2015 se han cumplido cuarenta años de democracia representativa en España. A lo largo de este período, el desarrollo del Estado de las autonomías ha configurado un heterogéneo poliedro con distintas comunidades, identidades y formas de concebir la vida política en cada territorio. En el caso andaluz, han existido dos dinámicas en torno al imaginario de cómo son vistos y cómo se ven a sí mismos sus habitantes. Primero, una imagen negativa del andaluz promovida por algunos sectores de la opinión pública frente a otra positiva que destaca sus avances económicos, sociales y culturales. Segundo, un conflicto interno (a veces silencioso) entre las distintas identidades territoriales existentes en el interior de la comunidad. Ante esta variedad de opiniones, se presenta un análisis diacrónico de las identidades territoriales (europea, nacional, autonómica y local) y la cultura política andaluces a partir de los principales datos estadísticos del Centro de Estudios Andaluces, CIS e IESA.
Andaluces sin memoria
El nacionalismo andaluz apenas alcanza un 5% sobre el conjunto de la población de la comunidad autónoma si se miran las estadísticas del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía. Esto quiere decir que sólo uno de cada veinte andaluces cree que su región debería ser una nación, ya fuera federada o como un Estado propio. Si se intenta seguir el rastro de este pensamiento se observará que ni siquiera los antiguos políticos del Partido Andalucista tenían una opinión concreta en torno a este dilema. Ni siquiera en el ámbito urbano se encuentran estas voces minoritarias que proponen un mayor grado de autonomía para Andalucía. Es necesario acceder hasta los entornos rurales de mayor peso demográfico para palpar esta actitud.
El caso de Sánchez Gordillo en el ámbito político o de Isidoro Moreno en el intelectual al frente ilustran claramente a esta minoría de andaluces nacionalistas. Y este mismo perfil ideológico, ejemplifica a aquellos andaluces que deciden apoyar la independencia de Cataluña del Estado español, saltándose la legalidad constitucional y dándole la razón a los separatistas. Parece ser que ya nadie se acuerda de la lucha de Andalucía por ser una comunidad autónoma. Durante la Transición, Madrid decidió reconocer a País Vasco, Cataluña y Galicia como comunidades por ser las que habían negociado el reconocimiento de un estatuto especial durante la II República. Fue Andalucía la que alzó la voz para que no sólo Cataluña, sino los demás territorios y ella misma también fueran reconocidas como comunidades, dando lugar al actual Estado de las autonomías. Es éxito andaluz, y no del egocentrismo de los catalanes, el actual Estado autonómico.
A excepción de Tarradellas, la mayoría de la clase política catalana se negaba a que Andalucía tuviese este reconocimiento. Por eso, me sorprende no la doble moral, sino la amnesia de políticos e intelectuales nacionalistas andaluces -cuyo sentimiento el arribafirmante aprecia- que le están dando la razón a esta gente. A esta gente que no quería una Andalucía autónoma, a esta gente que predicaba su religión payesa entre los charnegos desarraigados, a esa pequeña burguesía catalana que quería nuestra mano de obra barata para mantener sus industrias, a aquellos que decían que el dialecto andaluz era una lengua de analfabetos y a aquellos que siempre han pisoteado (y pisotean) el honor de la tierra andaluza con la suela de la bota. Andalucía ha dado y da a España mucho más que la deslealtad de los separatistas catalanes.
Innecesario
Ya se sabía que Mariano Rajoy se había resistido a aplicar el artículo 155 de la Constitución Española. Fue esta una de las razones por las que hace unos años, y no el aborto como la prensa manifestaba, que hicieron que Gallardón abandonase el Ministerio de Justicia. Deseoso de suspender la autonomía de Cataluña y gestionarla desde Madrid por un período indeterminado. El 155 es un apartado vago e inconcreto cuyo peso político habría dado cierto margen de maniobra para que el ejecutivo español procediera a resolver el contencioso catalán. Estado de alarma, de sitio, de excepción y otras cuantas amenazas legales se han proferido estos días desde los dirigentes populares hacia las autoridades sediciosas de la Generalitat. Si a eso se le añade el peso político de la secesión en el contexto europeo y la salida de empresas del territorio autonómico, la presión sobre Carles Puigdemont ha sido enorme. El poder blando ha sido efectivo por ahora.
Si bien, con independencia de lo que hubiese sucedido en caso de haberse producido la DUI, el castigo penal y económico sobre su equipo y él mismo parece que ha sido el detonante de la retirada. Retirada momentánea porque se habla de «suspensión». Y ahora, los dirigentes de la CUP que esperaban un pronunciamiento del nacionalismo más duro se encuentran revueltos ante el coitus interruptus que han sufrido por parte de la derecha catalana. La Cataluña rural castiza -curiosamente de izquierdas- y la otra Cataluña urbana, cosmopolita y que ha perdido poder global -lean la ciudad global de Saskia Sazen- están ahora en medio de un conflicto interno. Lo que está claro es que esto no ha acabado y que sólo es el paso a un nuevo capítulo de la tragicomedia nacionalista.
De lo que nadie se habrá dado cuenta o pocos han meditado es sobre el posible aumento de la intención de voto hacia el PP y Ciudadanos que se ha podido producir estos días. Menos tanques y más cabeza. Sin embargo, lo sugerente ha sido el baile de Podemos que de una semana a otra ha cambiado de postura en un auténtico espectáculo de travestismo político. Iglesias ha aprendido que el mantenimiento del tradicional respaldo anguitiano a los nacionalismos periféricos es muy bien recibido en los contubernios de cierta izquierda, pero la realidad y las consecuencias de un acto de tal osadía en plena secesión son otros distintos. Ahora sólo cabe desear que los populares y los socialistas no vuelvan a alimentar al drac como ya hicieron González, Aznar, Zapatero y Rajoy.
Prudencia
Si algo ha estado ausente durante estas jornadas de celebración de un referéndum ilegal es la racionalidad. La celebración del plebiscito sin garantías ni seguridades jurídicas mínimas es el culmen del fanatismo del nacionalismo catalán. Esta religión antropológica impulsada por el pujolismo socio de socialistas y populares, continuada por grupos políticos sediciosos -desde Podemos hasta la CUP- y exaltada en un tiempo de crisis social e identitaria en Cataluña se ha convertido en una auténtica enfermedad para el constitucionalismo español. Una plaga que ha creado zombies tanto entre la propia opinión pública española como en las cabeceras internacionales. Porque si evitar mediante la coacción pública -monopolio que sólo posee el Estado, lean ustedes a Weber- la celebración de una consulta ilegal -podemos dudar si legítima- es un acto de violencia, eso quiere decir que se está poniendo en duda el conjunto de España como una entidad estatal.
Nadie habla de por qué Rajoy no ha procedido a la detención de las autoridades autonómicas competentes en Cataluña. Y es que, el marco en el que se ha movido el discurso independentista ha sido el de igualar nuestra democracia con una continuación del franquismo tras la introducción de la carta magna en 1978. Amparándose en un mito que ya había creado hacía años la izquierda más radical y del que después se ha amparado Podemos, vienen distintos sectores políticos a apoyar esta tesis. Lo que probablemente haya llevado a que los populares se hayan retrasado en aplicar las medidas legales oportunas temiendo que la inhabilitación del ejecutivo catalán les volvería a convertir en los franquistas de siempre ante la opinión pública. Bien habría hecho el PP en condenar el franquismo hace años para evitar este ridículo monumental.
Los sabuesos ya han sido soltados. La izquierda española amiga de cualquier nacionalismo, menos de su propio país. Bien olvidan Pablo Iglesias y sus lacayos que las naciones no son más que construcciones artificiales y contingentes de las que las sociedades se dotan para organizarse política, social y espiritualmente. Es el mercado de la identidad. Cuando el nacionalismo, cualquier nacionalismo, traspasa la dimensión espiritual del sujeto se convierte en un organicismo donde la persona se desintegra atómicamente para formar parte de un ente mayor: la nación. ¿Y es que acaso no es esta despersonalización la que también promueven los morados dentro de sus propias filas por un ente mayor: su amado líder? Este conflicto exige de prudencia. Algo que ha faltado y falta por parte de los dos bandos enfrentados, que no son los únicos que están en juego.
Dos ponencias sobre el liderazgo de Santiago Martínez y la teoría política de Max Weber en el XIII Congreso de la AECPA
Francisco Collado Campaña y José Francisco Jiménez Díaz, del Área de Ciencias Políticas de la Universidad Pablo de Olavide, han presentando dos comunicaciones sobre el liderazgo local del primer alcalde de Almería, Santiago Martínez, y sobre la posibilidad de concebir el pensamiento de Max Weber como una teoría para la acción política en el XIII Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración (AECPA). Este foro ha tenido lugar en Santiago de Compostela entre el 20 y el 22 de este mes.
La ponencia bajo el nombre «La construcción del liderazgo local en Almería durante la primera década democrática: Santiago Martínez Cabrejas (1979-1991)» estudia el liderazgo del primer alcalde de la actual democracia en el Ayuntamiento de Almería desde su victoria en 1979 hasta 1991. El enfoque del estructuralismo constructivista permite desarrollar un análisis diacrónico y secuenciado en sus etapas de socialización, legitimación e institucionalización. A través de estas etapas se observan cuatro elementos fundamentales como son: las formas de pensamiento y acción en su habitus, el marco primario en sus discursos, los capitales políticos acumulados durante su alcaldía y los campos en los que han participado. La metodología empleada está basada en entrevistas semiestructuradas a personas que conocieron de primera mano el liderazgo de Santiago Martínez. Así, puede interpretarse lo que ha supuesto el paso por la arena local de este alcalde histórico en la ciudad almeriense. Esta investigación es un estudio de caso del proyecto de tesis que desarrolla actualmente Francisco Collado, bajo la dirección de Francisco Entrena y José Francisco Jiménez
En el paper titulado «El pensamiento político de Max Weber: ¿una guía para la acción pública?«, los autores han pretendido analizar en profundidad las relaciones entre pensamiento y acción en la teoría política de Max Weber. Éste es un teórico político fundamental para comprender las realidades políticas del mundo contemporáneo, puesto que él fue un actor y espectador privilegiado de dicho mundo. Pero también porque él propuso un concepto de la política que marcó un punto de inflexión en la tradición de pensamiento político occidental: rompió definitivamente con la concepción clásica de la política. Desde Weber, la política no es sólo el arte del buen gobierno; quien se decida a practicar este arte tendrá que lidiar con las tensiones ineludibles entre los ideales políticos y las acciones políticas reales, así como evitar confundir ambos ámbitos de la vida política. Además, su concepto de la política va más allá de la concepción realista del poder (y del Estado) que se le atribuye con frecuencia. En este sentido, para Weber la política no es sólo la lucha interesada de personas organizadas en partidos políticos por la distribución del poder estatal en la democracia representativa, sino que la política se constituye como campo intrínsecamente conflictivo del que emana la inacabable discusión de valores en el espacio público sin la posibilidad de justificar científica y racionalmente tales valores.
Comunicación sobre el liderazgo presidencial en España, Italia y Portugal durante la crisis
La Universidad de Salamanca ha acogido el 4º Congreso de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Francisco Collado-Campaña ha presentado una ponencia que analiza la gestión de los primeros ministros en España, Italia y Portugal durante la crisis económica entre 2008 y 2016. Esta comunicación contienen un análisis de los distintos líderes del poder ejecutivo que han afrontado la crisis económica, aunque con distintos efectos y consecuencias, en estos tres países del modelo de Administración napoleónica o también llamado del arco mediterráneo. Pese a las diferencias sustanciales de la crisis en dichos Estados, los tres países pertenecen a la Unión Europea y han visto cómo sus políticas presupuestarias han debido acomodarse a las exigencias del gobierno comunitario de Bruselas. En este sentido, se muestra un especial interés por conocer cómo se han desenvuelto estos actores políticos en una coyuntura de crisis que ha limitado sobremanera su capacidad de actuación política y económica, suponiendo en muchos casos la caída y/o el auge de los liderazgos políticos.
Doñana arde
El primo (o el hermano) de Rajoy, aquel que era (o es) profesor de Física en la Universidad de Sevilla, ya dijo que lo del cambio climático era una moda. Un concepto que se habían inventado algunos ecologistas para sacar tajada vía subvenciones. Quizá este señor ahora se esté cagando en sus propias palabras, una década después. Sobre todo al comprobar que los incendios no son un hecho aislado de Galicia Y es que, han consumido una buena parte de Portugal hasta hace cuatro días con 40.000 hectáreas, 64 muertos y más de 200 heridos. Y hoy, hay otro activo en uno de los pulmones de Europa, Doñana.
Lo que sí parece que se ha preocupado Rajoy es de la normativa de recalificaciones. Disculpen si algunos no son entendidos en el tema. Parece ser que la nueva Ley de Montes permite recalificar el uso de los suelos verdes que han sido afectados por un incendio para proyectos de «utilidad pública». De acuerdo. A eso se añade que Gas Natural tenía planteado hacer un gaseoducto para extraer gas del subsuelo en la misma zona donde se desarrolla el incendio. He aquí la cruel broma del destino.
Y es que el destino o la casualidad pocas veces supera a la causalidad. Ya dijo Guillermo de Ockham que la hipótesis más simple es la más probable. Los linces no entienden de gas, ni de humanos, ni de maldad. Por eso, sería adecuado no ya en un sentido moralizante, sino legalmente punible y políticamente castigable iniciar una investigación en torno a estos hechos, sobre todo en torno a Fenosa y los políticos que aprobaron la reforma en la susodicha normativa forestal.
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Desde el poliamor vegano hasta las manifestaciones más etnográficas españolistas. Éstas son algunas de las sórdidas historias que leo, como todos los veranos, entre las redes sociales. Brexit-arrepentidos, podemitas folclóricos, populares muy populares ellos, hipocresías ciudadana’s, socialistas socializantes, ególatras desapasionados, energúmenos del selfie, cambios climáticos, traperos hípsters, marxistas darthvedianos y otras historias llenan la pantalla. Pasando de una a otra, bajo el calor parisino y las pirañas voladoras del Sena -una especie de nuevo mosquito-, veo las nuevas vidas pasar como si la mía fuese una fotografía de Polaroid.