Política
Malos días para la independencia
Las élites españolas (dirán las élites catalanas) han jugado sus cartas esta semana. En estos días, ha coincidido la cita de Mas con Rajoy en la Moncloa para exponer sus demandas soberanistas y a la par, ha saltado toda la trama de corrupción que había detrás de la familia Pujol. Una de las principales entre lo que es la actual élite político-económica catalana. Son dos hechos que pueden parecer aislados, pero que han coincidido en la agenda de los medios de comunicación.
Ya llevamos un año y medio prácticamente desde que el ejecutivo autonómico catalán alzase su bandera independendista. A lo largo de estos meses, si bien se ha demostrado una cuestión. Y es que, en cuanto a respeto de los principios democráticos y la corrupción política, la burguesía catalana no se diferencia mucho de la del resto de España. Por eso, que algunos teóricos duden de que el futurible Estado catalán sea una democracia y se parezca más bien a algunas de las dictaduras sicilianas de la Edad Antigua. Por otro lado, la visita de Mas ha quedado más bien en una serie de exigencias ante el Gobierno Central que ya se verá si tendrá en cuenta o no. Además, de que sí se avanzan en esas líneas, otras comunidades reclamarán lo mismo y se volverá a repetir el bucle de café para todos.
En segundo lugar, ya hacía unos meses que se seguía la pista de las supuestas faltas y delitos cometidos por los hijos de Pujol. Hasta que finalmente, se ha abierto la caja de Pandora y han salido a la luz todos los trapos sucios que había detrás de todos los integrantes de esta casa catalana. Por lo que, cabe preguntarse cómo afectará esto a la valoración que los mismos catalanes hacen de sus líderes. O si bien, será interpretado como un ataque contra el intento independentista. Si bien, lo que ha quedado claro para el resto del país, es que no hay plena separación de poderes entre lo ejecutivo y lo judicial y que los conflictos políticos se siguen dirimiendo a través de su judicalización.
Relatos
Alguna vez hemos hablado de la perspectiva del constructivismo en Ciencias Sociales. Esta forma de abordar la realidad política y también de entender la vida, parte de que la misma vida está vacía de contenido de por sí misma. Ya dijo Schopennhauer que la existencia es dura por eso de que es un vacío de angustia y continuó Nietzsche con que la vida está hecha para los fuertes que prescinden de discursos que permiten dulcificar nuestro paso por el mundo. Ante esto, los constructivistas sostienen que nuestro mundo político, económico y social ha sido construido sobre artefactos como ideas, normas, creencias y opiniones que unidas en su conjunto crean discursos.
El discurso, o mejor dicho los discursos, están presentes en cada individuo y momento de nuestra vida. Existe un mercado amplio de distintos discursos (marcos), en los que cada sujeto adquiere aquellos que desea o la parte que mejor le parece de cada uno. Así, a través de la elección de los discursos y su fusión o reconfiguración, cada persona crea su propia visión del mundo. Es por eso, que nuestra sociedad no es una construcción natural al modo de las manadas de lobos o como dijo Aristóteles, sino que es una construcción artificial. Otra cosa es que el ser humano por sus características psicológicas y físicas precise crecer preferiblemente en el interior de un entorno social.
La cuestión es que nuestra existencia está llena de relatos. ¿Por qué triunfa el cine, la literatura o recientemente, el mundo de videojuegos? Porque ofrecen relatos, respuestas alternativas a muchas preguntas que la filosofía, las ideas políticas y las ideologías no han sabido cubrir hasta el momento. Por eso, erróneamente se habla a veces del fin de la historia o del fin de las ideologías, cuando falsamente lo que se oculta es la multiplicidad de relatos que dan sentido a nuestra vida, una vida que de por sí está vacía y hay que llenarla. Ya a cada cual, el contenido que elige para rellenar su copa que es algo sólo posible en la democracia.
Dialógica y democráticamente
Hablar. Sin discutir. Ésta es una de las grandes ventajas de la democracia. Si bien, no depende en exclusiva de las normas, la posibilidad de entablar una conversación respetuosa y lógica con otra persona donde sea posible sopesar los distintos puntos de vista de la realidad. Ya que, si algo se intenta garantizar con un sistema democrático es que las distintas visiones de la ciudad puedan convivir sin que ninguna dañe a la otra y tomando lo mejor de cada una de ellas.
Hace unos días, un servidor tuvo el placer de compartir una distendida tarde con una de nuestras compañeras de columna, Lola Gallego. Sobre lo divino y lo profano de la política, se pudo debatir bastante y sopesar distintas perspectivas. Éste probablemente sea uno de los ejemplos de lo que se ha hablado anteriormente. Desafortunadamente, personas con esta capacidad de miras y enfoques, haberlas pocas haylas y sería a bien tenerlas.
Independientemente de criterios de política partidista. De si se es de izquierdas o derechas, de si individualista o colectivista, u otras dicotomías plausible e ignorables en cuanto se trata de acceder al debate público. Es deseable como dice Descartes que nos liberemos de los prejuicios. Prejuicios que pueden llevar en muchas ocasiones al fanatismo y a los monstruos más oscuros que se oponen a las normas de lo que definimos como democracia.
Líder nuevo, enfrentamiento abierto
Pedro Sánchez ha sido el vencedor de las primarias del PSOE, habiendo obtenido casi la mitad de las votaciones de los militantes. Esta elección supone una fractura en el contexto de los socialistas andaluces que han optado mayoritariamente por este candidato y otra gran parte por Madina. Lo que implica el inicio de un conflicto intenso entre los distintos sectores y corrientes de la izquierda liberal.
Cabe señalar, que tanto Madina como Sánchez han competido por el voto de un mismo tipo de militante. Hablamos del sector socialdemócrata, pero con un interés en la renovación del aparato en términos de personas y propuestas políticas. En cambio, la alternativa más a la izquierda del PSOE de Pérez Tapias ha quedado desbancada al no haber obtenido ni una cuarta parta del apoyo en las primarias. De esta forma, se dibuja el panorama de apoyo a las distintas corrientes del partido.
Ahora bien, cabe preguntarse cuál es el papel que jugará en este sentido el PSOE andaluz. Y es que, desde algunas posiciones internas se plantea la necesidad de la supresión de las redes clientelares creadas tras más de tres décadas. A lo que algunos críticos socialistas subrayan que la única vía vendría por un cambio de gobierno en esta comunidad autónoma. Sea o no así, el liderazgo de Susana Díaz no ofrece muchas perspectivas para que se produzca una hipotética y lejana alternancia en el ejecutivo andaluz.
Fanáticos
Malos días. Un mal día tuvo el placer (o la desgracia) de llevarse el arribafirmante con un miembro de la casta del PSOE este pasado fin de semana. Y es que, detrás de la fachada de lo que parecían ser unos dialogantes defensores del señor Madina en las primarias que tienen lugar ahora en el seno del partido, se encontraban unos fanáticos. Todo comenzó cuando alguien preguntó, en una reunión entre (ex)amigos, por el falso discurso de los brotes verdes que se había defendido en el anterior Gobierno de Zapatero. Esperando una respuesta racional y lógica, un miembro del PSOE de Alhaurín El Grande, cuyo nombre no voy a decir por respeto, respondió directamente con amenazas verbales y físicas. A lo que amablemente, el arribafirmante respondió con una retirada silenciosa y respetuosa.
Véase aquí un claro ejemplo de lo qué es un fanático. El fanático es un ejemplar bastante habitual. En cualquier partido, en cualquier grupo humano o colectivo se encuentra. Sus ideas son la única verdad, su fe es inquebrantable y reconocer un fallo sería sojuzgar su credo. Como cualquier religión extremista, cualquier idea que se fundamenta en la fe y en la razón no puede ser defendida dialógica ni discursivamente y sólo puede ser argumentada con gestos y no pocas veces, con violencia física. Sería recomendable en general para todos los partidos (que se dicen democráticos) que evitasen que estas personas estuviesen dentro de sus órganos, y a ser posible que participasen en la vida pública.
Y en particular, recomiendo a este señor, miembro respetado entre los socialista de Alhaurín El Grande, que se dedique a algo distinto a la política o que se someta a la correspondiente terapia psicológica. La obsesión y el fanatismo no son buenos compañeros de camino, ni mucho menos los queremos en una sociedad democrática como la nuestra que pide a gritos una regeneración. Mejor, por la seguridad de todos los ciudadanos quédese en su casa y alégrese de que se va a ahorrar la posible denuncia que podría haberle metido el arribafirmante por amenaza verbal y física.
Gracias a tod@s
La semana pasada llegó una gran noticia para el arribafirmante. El haber ha obtenido su Beca de Formación de Profesorado Universitario, más conocida como FPU, en el ámbito de las Ciencias Políticas y de la Administración. Por este motivo, hablaré hoy en primera persona, ya que el deber me obliga a ello y son muchas las personas con las que estoy en deuda. En parte, este logro es el resultado de siete años de intenso trabajo y actividad mientras estudiaba y simultaneaba otras tareas de investigación y trabajo.
Pero es sólo un logro en parte, porque la mayor parte se la debo a una serie de personas que han confiado en mí y me han apoyado a lo largo del camino. En primer lugar, la primera persona que engrosa esta lista y a la que siempre estaré agradecido, es el profesor José Francisco Jiménez quien allá por 2008 animó a algunos alumnos a que enviasemos nuestros ensayos politológicos a un certamen organizado por la Asociación Castellano-Manchega de Sociología del que obtuve un premio. Desde aquel momento y hasta ahora, he continuado colaborando de una u otra forma e introduciéndome en el ámbito investigador y académico junto a esta persona. A él lo considero mi maestro, si se puede denominar así en los actuales tiempos que corren. Sin su apoyo, sus enseñanzas y su amistad puede que hoy fuera otra persona distinta a quien soy y hubiera seguido otra trayectoria.
Después de él, debo dar las gracias a los distintos profesores, familiares, amigos y compañeros con los que he compartido este proyecto y especialmente al profesor Francisco Entrena que es mi actual director y aquellos otros que dieron su aval para apoyar mi candidatura. En el complejo y dificultoso mundo académico no es suficiente con encontrar a un buen director, sino también a una buena persona. Tengo la suerte de tener a dos buenos directores y dos buenas personas, a los que me debo. Y finalmente, una especial que no debe faltar aquí eres Tú, por haberme dado sostén cuando parecía que todo se venía abajo en este largo tránsito y por haberme demostrado lo importante qué eres. A vosotros me debo.
Algo huele a podrido en España
Apenas queda nada para que “Juanca” o Juan Carlos I se jubile apaciblemente de su dura vida como monarca. En estos momentos, es cuando la institución de la carencia de responsabilidad política empieza a manifestar sus síntomas. O mejor dicho, la sintomática y errónea actitud de nuestro rey. Como enanos debajo de las setas, empiezan a aparecer una procesión de bastardos e hijos ilegítimos que requieren que se conozca a su verdadero padre. Cuestión esta baladí, más si estos aspirantes a usurpadores pretenden pillar algo de pastel financiero de la Casa Real que tan barata nos sale a los españoles y las españolas.
Sin embargo, no es eso quizá lo más grave de la actividad de nuestro monarca. Cacerías de paquidermos aparte y comisiones especiales a empresarios españoles son la punta del iceberg de lo que nuestra opinión pública tiene derecho a conocer. Para que no se haga memoria de la historia, ni la historia se escriba por parte de las élites ajenas al pueblo español, lo que quizá si debiera de aclararse es conocer realmente cuál fue la participación que tuvo Juan Carlos I en el golpe de Estado del 23-F, en el que un grupo no muy reducido de militares insurrectos aspiraba a acabar con nuestra democracia parlamentaria.
Dicen las malas lenguas y los rumores -que a veces algo de verdad encierran- que el monarca participó como uno de los autores intelectuales del 23-F. De hecho, un reciente libro de Pilar Urbano así lo certifica, y es que, no estaría de más que algunos documentos clasificados probablemente en alguna oficina de nuestros servicios de inteligencia o en alguna institución opaca salieran a la luz para que pudiéramos juzgar con verdaderos criterios la labor de la monarquía en pos de la democracia. Pues, que quiere que le disga, una democracia no es la campechanía de su monarca ni sus correrías nocturnas entre Casas de Campo y féminas de la aristocracia. Si la institución no sirve o es contrario a nuestra democracia, que se deponga.
Horas bajas
La monarquía sigue siendo nuestra institución intocable. Dícese de la fruta prohibida del árbol de la ciencia del bien y del mal. Este paraíso de la poca democracia que nos queda en el que hablar de monarquía o república es una cuestión vedada para la ciudadanía y donde criticar a determinados poderes alcanza el grado de blasfemia. Una demostración de que aún quedan signos de autoritarismo en nuestra democracia y que se quiera o no, la institución real por el hecho de tener una composición hereditaria y no electa, es un reducto del pasado dictatorial de España.
Queda manifiesto que la abdicación y por tanto, la sucesión de un monarca por otro es algo que se sitúa en la normalidad de su institución. No se entrará en este texto a valorar si república o monarquía, sino más bien a defender el derecho de todos los ciudadanos y por tanto, de los medios de comunicación de criticar a la monarquía, por ser la libertad de expresión el derecho de los ciudadanos para valorar, juzgar y criticar la labor de los poderes y de las instituciones. Instituciones electas y especialmente aquellas que no son electas, por su manifiesto claro anti-democrático.
Por tanto, es un crimen contra la democracia, contra la libertad de expresión, lo que ha acontecido en la redacción de El jueves hace unos días. La dimisión en cadena de Manel Fontdevila, Albert Monteys, Paco Alcázar, Manuel Bartual, Bernardo Vergara, Guillermo e Isaac Rosa ante la decisión de RBA de retirar la portada en la que Juan Carlos hacía entrega de una pútrida corona al heredero Felipe. Este hecho, es una violación de libertades propia de repúblicas bananeras, de regímenes bolivarianos y poco oportuno de países que se digan democráticos. Ahora no es el momento de remover la monarquía, pero sí es el momento de meditar en relación a los miembros de tan feudal estructura cuál es el lugar que ocupan como parte de los poderes.
Iglesias en la política partidista
La gran sorpresa de estas elecciones ha sido la irrupción de Podemos con cinco eurodiputados. Literalmente, han conseguido en cuatro meses lo que a Izquierda Unida le ha costado ocho años o más de trabajo político. Llueve rápida y constante mucha información, de seguidores y detractores, sobre el programa de este partido o «movimiento ciudadano» como se autodefine y es normal que entre sus seguidores las alabanzas sean bien recogidas y las críticas mal acogidas. Muchas veces, sin una contra-réplica o respuesta en la que se dice que Pablo Iglesias no es igual que el resto de político, que la «casta», con esa casta con la que ya empieza a pactar (léase Izquierda Unida y Equo, a quien susodicho considera miembros de la «casta»).
Para bien o para mal, a día de hoy vivimos en una democracia parlamentaria de corte liberal. Eso implica que nuestros representantes políticos, por ejemplo Pablo Iglesias, y los partidos, léase Podemos, acceden al poder y como parte del poder democrático tenemos el derecho a defenderlos y criticarlos. No es válido el argumento de separar a Pablo Iglesias y sus propuesta de lo qué es Podemos, de la misma forma que no se separa a Bárcenas del Partido Popular o a los ex-consejeros de la Junta de Andalucía implicados en el caso de los ERE tampoco se les separa del PSOE. Esto es una democracia, y cualquier persona que defienda Podemos, debe entender que desde el momento cero en que acceden a la arena política, todos los ciudadanos (incluidos ellos) están en el derecho de criticar a los poderes bajo la sacro-santa libertad de expresión.
Es denostable tanto que desde Interior vayan a perseguir a ciudadanos que comentaban tal o cual con el reciente asesinato de Isabel Carrasco como que ahora cualquier crítica a Podemos se esgrima: separando a Iglesias de su partido, diciendo que quién lo critica es un «fascista» o que Pablo es una persona buena y santa. Cuestión esta última de la que me ocuparé en siguientes textos de dilucidar quién es Pablo Iglesias (para quiénes no lo conocían antes de febrero), de explicar qué es Podemos y sus propuestas y sobre todo, de saber quién está detrás de este grupo político. Porque, lo quieran o no en Podemos, hay que recordar que ningún movimiento ciudadano representará a toda la ciudadanía, por eso de que vivimos en una democracia donde otro principio fundamental es la pluralidad ideológica y partidista. Bienvenidos todos y todas al debate.
La caída de los partidos dinásticos
A falta de unas horas de los resultados de las elecciones europeas, surge la hipótesis de vaticinar la caída de los dos partidos dinásticos en España. Es posible plantear la posibilidad de que se esté abriendo un ciclo, y no precisamente económico, sino político en el que las dos corporaciones atrápalo-todo, ya no consiguen atrapar ni una cucaracha en una esquina. Todo ello, debido a una gran volatilidad del voto, que hacía décadas que no se conocía en este país. He aquí lo interesante de estas elecciones europeas que sirven como un previo de las nacionales.
A la izquierda le ha salido una gran competencia y por tanto opciones al ciudadano de a pie, en el que el gran beneficiado ha sido el pasaporte gratuito de Podemos para que Pablo Iglesias sea político sin tener que sufrir años de militancia. Mientras tanto, en la derecha hay dos grandes ganadores como son UPyD y Ciudadanos. No precisamente porque hayan ganado en términos reales, sino porque son los que mejor han optimizado el voto descontento de antiguos votos del electorado popular. Además, a lo anterior hay que recordar la presencia de otras formaciones como Equo, Vox y los partidos nacionalistas que han sido depositarios de muchos otros votos que en gran medida podrían haber obtenido PP y PSOE.
Es muy pronto para hablar de la caída de estos partidos, si bien puede que algún medio de comunicación se aproxime a hacer vaticinios esotéricos. Lo que está claro es que se abre y se cierra un ciclo especialmente para los líderes, o dicho de otra forma, la vida política de Rajoy y Rubalcaba está contada. Si bien las opciones que parecen plantearse para estos dos partidos de cara a las próximas elecciones generales son la renovación de sus candidatos, o de lo contrario, tendrán que recurrir a la tradicional alianza del PSOE con IU y otros grupos o la formación de un posible gobierno entre PP-PSOE que como ya anunció en su día Julio Anguita, son prácticamente lo mismo en el plano económico que es el que realmente importa ahora mismo.
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