Partidos políticos
El liderazgo local andaluz en el VI Congreso Historia de Nuestro Tiempo
Francisco Collado ha presentado recientemente la comunicación «El liderazgo de los alcaldes andaluces: una propuesta de análisis desde el constructivismo político» en el VI Congreso Historia de Nuestro Tiempo, celebrado en la Universidad de la Rioja. Este encuentro, que se viene celebrando desde hace varias ediciones por el Grupo de Investigación de Historia de Nuestro Tiempo a cargo del profesor Carlos Navajas Zubeldía, ha reunido entre el 19 y 21 de octubre ha distintos académicos y expertos sobre la Historia Contemporánea de España durante el reinado de Juan Carlos I.
Esta ponencia se puede consultar en el siguiente enlace: 2016-el-liderazgo-de-los-alcaldes-andaluces-congreso-historia-nuestro-tiempo
Sacrificio
Hace ya algunos meses que esta pluma -o con más propiedad, tecla- ha permanecido de vacaciones. Pudiera parecer que el silencio ha invadido al escribiente, mientras el torbellino político hacia dónde se dirige España sigue girando sin parar. Al contrario, ha gustado más de actuar como espectador anónimo a este disparate. Y es que, para empezar este curso no hay nada más acertado que una lección de Lengua Española, no vaya a decirse que somos unos iletrados. La palabra “sacrificio” aparece con ocho entradas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua y en su primera definición se muestra como “ofrenda a una deidad en señal de homenaje o expiación”. Nada más oportuno para interpretar la dimisión de Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE.
Ahora sólo cabe preguntarse a qué divinidad sacrosanta han entregado el alma política de un líder que ha cumplido lo que dijo: su negativa perpetua a la investidura de Mariano Rajoy. Desde un punto de vista táctico, la eliminación del Secretario General era y será una efeméride a celebrar para muchos. Entre los populares, porque era la auténtica roca que evitaba la formación de un gobierno estable con el Presidente del Gobierno más corrupto que hemos tenido hasta el momento. Para la lideresa Susana, que es como el perro del hortelano que ni come ni deja comer, la oportunidad para seguir teniendo un nuevo títere en Madrid para hacer lo que ella dijera. O acaso, algún insensato ha llegado a plantearse la posibilidad de que Díaz aspire a la Secretaria General. Sería absurdo asumir tantos riesgos en un partido fragmentado desde la diplomática retirada de Zapatero.
Se puede dudar de que esa deidad carnívora sea Susana Díaz o Mariano Rajoy. Más bien, hablemos de los auténticos poderosos como Felipe González y sus amigos que se reúnen en lo salones del Ibex-35. Es probablemente entre estos corredores donde encontremos la verdadera respuesta a tan inquietante misterio. Y más aún cabría mencionar a los tecnócratas de Bruselas, nerviosos por mantener la estabilidad de España. Recuerden que es una de las principales economías de la zona Euro. Y definitivamente, por bien de la economía hemos decidido -o los socialistas- han decidido dar un carpetazo a la democracia interna y seguir con sus pugnas cainitas de toda la vida, pero a lo grande. La pregunta es, si tanto interés había por la economía, ¿por qué nadie sugirió la dimisión de Zapatero cuando negó la existencia de una crisis económica a todo un país? Misterios del sincretismo político.
La Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales publica un artículo sobre el análisis del liderazgo desde Pierre Bourdieu
Bajo el título, «El liderazgo político en las democracias representativas: propuesta de análisis desde el estructuralismo constructivista«, se ha presentado un artículo sobre el estudio de los líderes políticos desde la sociología política de Pierre Bourdieu en el último número de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México. Este trabajo académico que ha sido publicado por Francisco Collado Campaña, José Francisco Jiménez Díaz y Francisco Entrena Durán, recoge de forma teórica y como una propuesta práctica, el uso de los conceptos de habitus, campo y capital político junto al marco (framing) de Goffman como elementos para abordar la realidad de las élites políticas en las democracias representativas, creando un enfoque sistémico con una visión micro del poder político y personal.
En este sentido, dicha propuesta constituye el resultado de más de cinco años de investigación y reflexión sobre el análisis del liderazgo desde otras perspectivas en general y en particular, sobre las aportaciones que la visión del dominio de Pierre Bourdieu realizan a nuevas formas de comprender el liderazgo político, distintas a las habituales presentes entre el behaviouralismo, la elección racional y el institucionalismo, entre otros. Al respecto, se debe recordar que la sociología política de Pierre Bourdieu ha sido desarrollada por sus discípulos y seguidores, entre los que caben mencionar los recientes trabajos de Alfredo Joignant sobre el estudio de las élites políticas desde dicha perspectiva.
Tráiganme ese millón
Las elecciones del 26-J, esa especie de segunda vuelta que nuestros partidos necesitaban ante su incapacidad de llegar a un acuerdo, se han saldado favorablemente. Se han saldado favorablemente para el sistema cooptado por los conservadores. Los mercados vuelven a funcionar y la precariedad vuelve a estar a la orden del día en el empleo, el sistema de Seguridad Social y el bienestar público. Los escándalos de corrupción vuelven a estar al amparo tras la cortina de humo, mientras una especie de liberales -difícilmente cabría al arribafirmante llamarlos así- pueden campar a sus anchas entre las lagunas de la legislación y el posterior vacío de una parte del erario público.
La corrupción política se ha legitimado frente al miedo al populismo de izquierdas. Ambos demonios del sentido común y motivadores de ese voto al miedo que ha hecho que votantes liberales, socio-liberales y social-demócratas de Ciudadanos y PSOE, hayan dado su confianza a los populares, o más bien dicho, a Mariano Rajoy. Experto como lo fuera Javier Arenas en repetir fracasos electorales tantas veces como fuera necesario hasta que le tocase la lotería, aunque al segundo nunca le tocase nada. No es que el problema fuesen los conservadores en sí, pues todos tenemos derecho al libre pensamiento y la actividad política, sino su líder que es todo lo contrario de un ejemplo a seguir en política.
Mientras tanto, el PSOE ha conseguido evitar el “sorpasso” y mantenerse como la primera fuerza en la izquierda a la par que su socio, Ciudadanos, ha quedado convertido en una especie de pequeño vestigio de lo que podría llamarse una nueva Unión de Centro Democrático. Ahora bien, lo más preocupante de todo esto es observar cómo un sector del electorado acusa a los comicios de “pucherazo” por los buenos resultados de la derecha y el batacazo de Unidos Podemos. Señores y señoras, ¿dónde estaba ese millón de votantes que se ha abstenido y que eran parte de su apoyo electoral? Como siempre, nuestra sociedad sigue sin ver la viga en el ojo ajeno a la par que los votantes populares se creen ahora legitimados para hacer y deshacer a su antojo. Les recuerdo que no han conseguido mayoría absoluta y que su candidato, actual Presidente en funciones, tendrá que hacer malabares para ser investido. La política vuelve a la normalidad y los extremos ideológicos regresan al monte.
La colonia española después del Brexit
El referéndum anglosajón manifiesta la respuesta positiva a su salida de la Unión Europea. Hacía ya algunos años, que entre la población de mayor edad en Reino Unido existía un deseo de abandonar el gobierno de Bruselas. Entre las razones sostenidas se encuentran principalmente que no existía un beneficio neto para este país sobre su permanencia.
Se debe recordar que los ingleses siempre entraron a la Unión Europea con un estatus especial como condición para quedarse al igual que su compañero de andanzas, Dinamarca. Y es que, en los setenta y ochenta existían aires propicios para acceder al mercado europeo. La década de los noventa cambió el contexto y el saldo real era negativo, ya que debían respetar ciertas imposiciones comunitarias. No obstante, ni laboristas ni conservadores estaban preparados en aquel momento para plantear una salida del tratado. El sentimiento estaba presente ahí desde hacía más de una década, pero necesitaba que los partidos políticos tomaran esa demanda como propia. No ha sido hasta la campaña de Cameron en 2015 y el ascenso del UKIP que este problema se ha convertido en un “tema” dentro de la agenda institucional.
Una vez canalizado por las fuerzas políticas, el problema ha sido pasado al referéndum. Un ejercicio democrático del que muchos países del Sur de Europa quisieran disfrutar, aunque fuera con mayor periodicidad de lo habitual. Finalmente, el Brexit ha sorprendido a europeos y no europeos, a inversores y no inversores con su aprobación. La pregunta que surge es si los votantes del Brexit y los políticos ingleses se han preguntado que pasará en España, donde existen dos cuestiones. Primero, la considerable cantidad de ingleses que viven en España -aprovechando los acuerdos en materia de libre circulación, ciudadanía europea y pensiones- en lugares como Andalucía, Valencia y Baleares, entre otros. Segundo, el estatus de la colonia británica de Gibraltar que ahora debe mover ficha entre si establecer una frontera ordinaria -no europea- o si prefiere optar por algún acuerdo de integración, sea de la naturaleza que sea, con España.
Iconoclastas del Cambio
Todos los caminos conducen a Roma, dice el proverbio popular. Y es que, la sabiduría popular, bastante generalizadora de por sí, no suele equivocarse. Desde Bizancio hasta el mundo islámico, se ha prescrito el culto a las imágenes como un crimen contra la divinidad y que además no debiera ser representada en un tosco soporte material. Madera y piedra aunque han sido creadas por Él que es grande, no deben ser su residencia. Esta parafernalia religiosa sirve como metáfora para comprender el riesgo de los iconocastas.
El mundo de George R. Martín muestra claramente este dilema sobre la esperanza de los hombres y su trascendencia hacia una imagen representada. El Dios Ahogado de las Islas del Hierro, el Señor de Luz entre los seguidores del fuego, la Doncella Doliente en Lys, la Cabra Negra en Qohor y el Dios Sin Nombre en la Fe de los Siete. Todas estas divinidades aluden a una única divinidad y a un único sentimiento: el Dios de Muchos Rostros y el temor de los hombres al final de su vida en el mundo terrenal. Pues más tarde o más temprano, tanto los pudientes como los humildes deberán visitarle.
Una tradición iconoclasta permanece también en nuestra cultura política. Hace más de una década que Javier Arenas, entonces líder de la oposición en el Parlamento de Andalucía, se apropió en su lema político de la palabra “cambio”. Un estallido de rebeldía contra un PSOE que acumulaba tres décadas al frente del ejecutivo de la Comunidad Autónoma. Contradictoriamente, mientras distintos líderes del PSOE habían sido consecutivamente candidatos y Presidentes de Andalucía, Arenas seguía ahí al frente del “cambio” hasta la llegada de Manuel Moreno Bonilla. En total más de do décadas.
“Cambio” pronuncia el líder de Podemos cuando clama ante sus votantes. “Cambio” que es uno y “recambio” que son otros. Recambios que hablaban de “vieja y nueva política”. El cambio de un gobierno de populares por uno de socialistas. Y el “cambio” que ha traído la gestión del Partido Popular, según Mariano Rajoy. En definitiva, los distintos partidos políticos adoran las distintas máscaras bajo las cuales se revista una única palabra “el cambio”. El cambio son todos los cambios y a la vez ninguno, ya que detrás del cambio se oculta lo que hemos visto al final del camino, la inamovilidad del status quo político. Y eso precisamente, es la única divinidad a la que ellos adoran.
Iglesias en segunda vuelta
Nuevas elecciones. Es el diagnóstico de la incapacidad de los partidos políticos españoles. Apenas sin que hayan transcurrido cuatro meses desde la celebración del 20-D, se le pide a la ciudadanía que exprese las preferencias de la soberanía nacional. Si es que este concepto, existe en nuestro caótico y desastroso contexto político y económico. En este sentido, los partidos han comenzado una nueva campaña con menos recursos y un gasto menos austero en apariencia, que tendrá que rentabilizar los espacios públicos que ofrecen los medios de comunicación.
Desde un magacine matinal, le han preguntado a Carolina Bescansa, la experta demoscópica de Podemos, cuál es el planteamiento de la recién inaugurada contienda electoral. A lo que Bescansa ha llegado a denominar como “una segunda vuelta”. Una afirmación que seguramente no se creerá ni ella misma. En el plazo de cuatro meses, no ha habido tiempo suficiente para cambiar las preferencias de intención de voto y simpatía partidista de los electores. Si bien, habrá aumentado el hartazgo con respecto a la política, produciendo una hipotética disminución de la participació y el aumento de la abstención en junio. Por lo que, los partidos políticos que rentabilizarán sus resultados son aquellos que se benefician de los efectos abtencionistas como los populares.
En la afirmación de Bescansa si hay un significado oculto que se puede dilucidar ante la evidencia de los hechos. Es la “segunda vuelta” de Pablo Iglesias. Su segunda oportunidad para reafirmar su liderazgo político de cara a la galería y hacia adentro, mientras un paciente Errejón espera a una posible caída para retomar el relevo. Obviamente, el transversalista ha demostrado unas mayores dosis de intelecto y negociación que Iglesias, quien apuesta por el “hard power” puro y duro sin saber moldear con sofisticación y precisión los dones del “poder suave” tan preciado en esta época exigente de no digamos ya consenso, sino capacidad de pacto.
Hastío
Los partidos arrancan su pre-campaña con vistas a junio. Si bien, el monarca ha vuelto a retomar su agenda para evitar el bloqueo de la situación política actual. Por lo que, parece que la institución más vieja y menos democrática -ya que es hereditaria- del país es la única dispuesta a abrir las compuertas de la gobernabilidad en este estancamiento del embalse político. Frente a lo que parecían los primeros brotes verdes de mejoría económica se produce un contraste con este ambiente tenso y calmado de la arena política que prometía un «cambio» ante la decepción de los votantes de la mayoría de los partidos.
Si bien, la respuesta de las bases de Podemos indican que esta decepción no está tan instalada en amplios sectores de la sociedad. Y es que, la misma actitud opuesta a la búsqueda del consenso no pertenece sólo a la clase política, sino también entre la misma sociedad. A falta de consultas en otros partidos, es difícil saber si esta hipótesis se replica en otras formaciones como el PP, PSOE, Ciudadanos o Izquierda Unia. Mientras tanto, la única apuesta viable parece ser el «gobierno a la valenciana» que sigue sin sumar escaños suficientes para alcanzar un gobierno, no se diga ya estable.
La crisis de deslegitimación del principio de representación política parece tocar a su fin, al menos en la formación de Iglesias, a la luz de los datos anteriores. Y por tanto, más valdría hablar, si se conformara esta hipótesis, en la baja capacidad de consenso de nuestra ciudadanía en general. Fuese quizá este un elemento sobre el que dirigir futuras investigaciones y elucubraciones para los politólogos en los próximos años. Lo que está claro es que el cambio en la intención de voto en particular y en el comportamiento político en general no se produce en el corto plazo. Por lo que, las próximas elecciones arrojarían un resultado similar al de las que se celebraron hace cuatro meses con escasas variaciones, según muestran las encuestas. Y esto lleva a un callejón con una única salida: tecnócratas.
Conferencia en Escuela de Formación de Nuevas Generaciones Sevilla
Bajo el título «Liderazgo y Política Municipal», Francisco Collado ha presentado una conferencia en la Escuela de Formación de Nuevas Generaciones del Partido Popular de Sevilla y organizado desde la Vicesecretaría de Formación de dicha agrupación. Esta actividad celebrada en un ambiente distentido, que tuvo lugar en la Cafetería Elphie del Prado de San Sebastián, ha tratado diversos temas como: estilos de liderazgo en el entorno local, la clase política local durante los primeros años de la democracia, la «nacionalización» de la política local y el papel de la política local en las carreras multinivel en España, entre otros.
Egoísmo ilustrado
Hasta hace poco, elitismo y pluralismo eran los dos enfoques principales desde los cuales se analizaba a la élite política. Por su parte, el elitismo sostiene que es una minoría reducida la que ocupa el espacio político debido a su formación, recursos económicos, capital simbólico y acceso a diversas redes sociales. En cuanto al pluralismo, se considera que más que hablar de élite, es preciso referirse a las “élites”, es decir, a una diversidad de grupos que compiten de forma asimétrica en un entorno democrático por el control de distintas fuentes de poder. A la par que se entendía que estas fuentes de poder variaban según el tema o asunto que se tratase desde el económico hasta el social, pasando por otros como el cultural, deportivo, etc.
El estallido de los papeles de Panamá en el contexto mundial y no sólo el español. Este capítulo de la historia de las élites que ha conllevado consigo la dimisión del Primer Ministro de Islandia y del Ministro de Industria en España, entre otros, subraya la necesidad de crear nuevas fórmulas para pensar en la élite. De los anteriores puntos de vista y su confluencia, la creencia que las élites eran los mejores educados, con poder económico y acceso a redes en arenas compartimentadas sin que existiese contacto entre élite política y élite económica no nos sirve para comprender este fenómeno.
Como hipótesis, debería pensarse en una élite egoísta, es decir, retornar a los viejos postulados michelianos y wrightmillianos. Cualquier élite en la postmodernidad debiera tener una suerte de carácter individualista que le lleva a tomar decisiones en beneficio propio. A la vez que, a través del discurso o de acciones de “poder blando” expresa una preocupación hacia la sociedad a la que sirve. En definitiva, un “egoísmo ilustrado” que permita comprender cómo aún habiendo elegido a los políticos, un sector importante de ellos no representan a sus votantes en ningún aspecto.
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