Partidos políticos
Papelones panameños
Nadie le habría dicho a Pedro Almodóvar que el papel de su vida estaría en algún lugar fuera de su obra cinematográfica. Un papel con el que ha compartido escena junto a José Manuel Soria, Bertín Osborne, Pilar de Borbón, Oleguer Pujol, Micaela Domecq, Francisco Paesa, la familia Carceller, Arturo González Panero, Alberto Alcocer, Alberto Cortina, Edmundo Rodrigo, Mario Vargas Llosa, Imanol Arias, Borja Thyssen-Bornemisza, María Ruíz Picasso, Messi, Alex Crivillé y los nietísimos de Franco. Porque si algo une tanto a la izquierda crítica del faraláe, la alta burguesía y la derecha más castiza es la desconfianza en el fisco español. Entre tantas bocas que se llenan de “España” y de “¡qué malo es el PP!” se hace y se deshace por parte de estas personas que tienen en común en pertenecer al conjunto de lo “aristoi”, es decir, a nuestra aristocracia.
Es discutible en términos legales, según los expertos, la decisión personal del sujeto de guardar parte de sus ganancias e ingresos en sociedades opacas. Ahora bien, si esta acción se lleva a cabo en los denominados “paraísos fiscales” como Panamá junto con otros como las Islas Caimán, Barbados o Gibraltar, por citar algunos, se puede cuestionar en la dimensión ética. Es cierto que la moral es un ámbito intrínseco a la persona y que cada uno es libre de decidir a qué creencias, ideología política o religión se adscribe. Aunque otra cosa es hablar de ética porque aunque estemos en una época -la postmodernidad- de politeísmo ideológico debe existir un mínimo común entre ambos.
Desde hace ocho años, la sociedad en España padece una grave crisis económica y social. Una crisis a la que, visto lo visto, ni la clase política, pero tampoco la intelectual o empresarial están dispuestas a solventar. Como diría Wright Mills, cuando un sujeto accede a la élite -sea del corte que sea- se produce la pérdida de unos lazos con el resto de la sociedad. Así se observa en nuestro país donde la pérdida de la ética para con lo público y en lo público, es el rasgo distinto de nuestro élite ególatra. Lo demás. Aquello de que malo era Franco, de que si el fisco me roba, de que a las personas grandes se les pisa. La credibilidad de esos argumentos… Esas golondrinas ya no volverán.
Mínimo común acuerdo
Jordi Évole ha tenido la audacia de hacerle a Mariano Rajoy todas aquellas preguntas de las que, la ciudadanía, espera una respuesta. La corrupción en su partido, la gestión de la crisis y los recortes -entre otras- han sido replicadas como un padre abronca a su joven vástago que cuestiona la autoridad familiar. Esta actitud paternalista típica de los conservadores considera que la esfera política es un monopolio de unos pocos y en concreto de algunos de esos pocos, de ellos. Una postura que se acerca en determinados renglones al carácter autoritario de algunas dictaduras y que sólo sirve para garantizar altas cotas de gobernabilidad en el mejor o vacío de poder en el peor de los casos en un contexto democrático. Así es como España ha experimentado los nefastos efectos de las medidas aplicadas durante el gobierno fuerte del Partido Popular y ha observado la mayor inacción ante los escarceos financieros de su élite.
La mayoría de las fuerzas política desde Ciudadanos hasta Podemos, pasando por PSOE e Izquierda Unida, coinciden en una verdad. El problema de España es su actual Presidente del Gobierno, aún en funciones y es que basta con observar el rércord del bajísimo grado de confianza del Ejecutivo. Sin lugar a dudas, el Partido Popular es el responsable de muchos de los errores y de los escándalos que han salido a la luz, pero si algún elemento contribuye a ahondar los efectos perniciosos de esta caída en el vacío es el ridículo liderazgo de Rajo, cuyo único y gran esfuerzo político han sido dos. Por un lado, desbancar a su competidora y adversaria interna por la presidencia del partido, Esperanza Aguirre, y por otro, esperar a que el conjunto del censo electoral se cansase de la figura de Rodríguez Zapatero. El gallego es paciente.
Quepa subrayar que esta columna no es una crítica gratuita contra el partido conservador. De la misma forma que Suárez pensó que una democracia europea no es una democracia sin un partido comunista, tampoco lo es sin un partido conservador que acoja las distintas tendencias dentro de este sector ideológico. Es una crítica directa contra su líder y en segundo lugar contra la apatía e incapacidad de regeneración interna y renovación del liderazgo, especialmente entre las altas jerarquías del mismo. Por eso, la crisis interna que sufren los populares no es algo que afecte sólo al partido, sino que es necesario que el cierre de esa crisis y la renovación del partido se produzca cuanto antes. Eso, si es que esperan ocupar algún papel de importancia en la nueva legislatura, pues no es suficiente con ser el partido más votado. Y en esa refundación conservadora, no caben Rajoys posibles.
Adopta un tecnócrata
Desde la década de los ochenta y hasta bien entrada la crisis de confianza política a finales de 2010, han sido dos las principales críticas que se han planteado frente a la democracia española. Por un lado, el sistema electoral que combinando unas circunscripciones provinciales con un fórmula de divisores mayores producía un efecto desproporcionado. Por otro lado, la alternancia de los gobiernos populares y socialistas que se habían convertido en hipotéticos “cartel-party” mediante este sistema que les beneficiaba considerablemente. Lo que también conecta con los distintos fenómenos de corrupción política y el sentimiento de falta de representatividad de la élite política. A principios de la actual década, distintas formaciones como Unión, Progreso y Democracia (UPyD) y Equo habían aparecido como fruto de sectores de la sociedad descontentos con el sistema, seguidos más tarde de Podemos y el salto de Ciudadanos (C’s) de la arena catalana al resto del territorio.
Finalmente, las elecciones generales de 2015 han arrojado los resultados no más proporcionales, pero sí el parlamento más fragmentado y plural que se habría podido ver en España. Esto es lo que algunos temerosos y otros esperanzados han venido en denominar como la “Segunda Transición”, pero la cual no termina de cuajar ante la imposibilidad de unos y otros para conseguir un pacto. De un lado, la pinza de Partido Popular y Podemos que no están dispuestos a llegar a la confluencia y el fallido intento de investidura de Pedro Sánchez. Como alguien había dicho, tenemos un parlamento “a la italiana”, pero carecemos de políticos italianos capaces de crear acuerdos imposibles que obren la gobernabilidad. Ya no sólo se trata de un cambio, sino de hacerlo posible. Ante esta situación, la mayoría han vuelto a señalar la necesidad de convocar nuevos comicios para este verano.
El intelectual Iñigo Errejón supo adelantarse a este horizonte caótico, proponiendo la creación de un gobierno independiente y por encima de los partidos con números insuficientes para formar uno. Y es que ya, cinco años antes, un artículo de la cabecera The Economist planteaba esta cuestión. En otras palabras, un ejecutivo tecnocrático dirigido por veteranos de la política, figuras que contentasen a los distintos grupos y probablemente con un trasfondo europeo como pueden ser líderes de la talla de Solana y Almunia, por citar algunas. De hecho, el caso de Mario Monti en Italia representa una posibilidad que cabría de ser estudiada por parte de nuestra clase política.
Charla sobre evolución política de Andalucía
Fátima Recuero y Francisco Collado, han impartido una charla sobre los distintos cambios políticos y sociales que ha experimentado Andalucía en una clase sobre Historia Contemporánea de Andalucía en la Universidad de Málaga. Esta intervención celebrada el lunes 14 de marzo, que ha contado con la invitación y organización de la profesora Mercedes Fernández, ha desglosado distintos aspectos como la identidad andaluza, la transición política, la constitución del Estado de las autonomías y la evolución electoral de esta región.
A lo largo de la sesión, los alumnos han planteado distintas dudas sobre el fracaso del referéndum andaluz en Almería, la visión que los medios de comunicación transmiten de la realidad política y el grado de desarrollo económico de la región. De esta forma, esta actividad se encuadra dentro de distintas sesiones que Mercedes Fernández organiza para acercar las investigaciones y los hallazgos más recientes sobre la realidad histórica más reciente a sus alumnos y alumnas.
Nuevo libro sobre los líderes políticos en la Transición
Francisco Collado ha participado en la monografía Political Leadership in the Spanish Transition to Democracy (1975-1982), que han coordinado José Francisco Jiménez Díaz (UPO) y Santiago Delgado Fernández (UGR). En esta obra de la editorial Nova Science Publisher se analiza el liderazgo de los protagonistas de la transición española y de aquellos que Linz denominó como el «coro político». Por su parte, Collado ha contribuido con un análisis en profundidad sobre la figura de Jordi Pujol y el papel de la derecha nacionalista catalana durante los primeros años de la democracia. De esta forma, estudia su ideología, su carrera política y su consolidación como líder tras la marcha de Josep Tarradellas.
En el libro, además de los mencionados editores, han participado los siguientes autores: Francisco José Llera-Ramo y Rafael Leonisio-Calvo (Universidad del País Vasco); Antonio Robles-Egea (Universidad de Granada); Lourdes López-Nieto (UNED); Julio Ponce-Alberca y Carlos Sánchez-Fernández (Universidad de Sevilla); Belén Blázquez-Vilaplana y Manuela Ortega-Ruiz (Universidad de Jaén) y Francisco Collado Campaña (Universidad Pablo de Olavide). Además, el libro se encuadra dentro de la colección: “Political Leaders and Their Assessment” (ver enlace: https://www.novapublishers.com/catalog/index.php?cPath=23_29&seriesp=Political+Leaders+and+Their+Assessment )
Cambio ideológico por mutación partidista
El cierre de la fallida investidura de Pedro Sánchez y su heraldo naranja ha dejado una clara conclusión. Los partidos se han desplazado en la arena ideológica durante esta coyuntura de cambio político que algunos han venido en denominar la “Segunda Transición”. Aunque es cierto, que si es una transición sabemos desde donde, el bipartidismo, pero no terminamos de avistar donde acaba en un horizonte marcado por la división de los grupos políticos entre la izquierda y la derecha. Siguiendo esta lógica, los distintos partidos políticos se han asentado en determinadas arenas electorales de las cuales consiguen sus apoyos, no siendo las mismas que hace unos años.
A grandes rasgos, nuestro panorama político quedaría dividido de la siguiente forma. Un Partido Popular que se convierte en el gran partido a la derecha acogiendo tanto a conservadores como a elementos extremistas y que aún intenta, aunque de forma fallida pescar en el centro-derecha. Un centro político marcado por PSOE y Ciudadanos que de forma acertada captan el voto tanto del centro-izquierda como del centro-derecha, especialmente ese centro-derecha hastiado del liderazgo de Rajoy acosado por los escándalos de corrupción y el desgaste. A la izquierda de los socialistas, queda un amplio espacio ganado por Podemos y en el que coexisten pequeñas fuerzas como Izquierda Unida, Compromís, En Marea y En Comú-Podem. Finalmente, quedarían los partidos nacionalistas tradicionales que han visto disminuir su cuota, a excepción de PNV y ERC.
Este trance político continúa a fechas de hoy, tras que el monarca haya instado a los candidatos a abrir nuevas negociaciones. Sin embargo, esta italianización de la política que deja espacios estancos claramente definidos viene acompañado de la incapacidad de los partidos para llegar a un acuerdo. Si bien, ya ha empezado una guerra fría entre Podemos y PSOE para tender lazos a través de la mediación de las fuerzas de Compromís e Izquierda Unida. Ahora cabe esperar si el programa de centro propuesto por Sánchez y Rivera es capaz de incorporar demandas desde la izquierda y contar el apoyo de estos partidos. Lo que no cabe lugar a dudas es que Rajoy es innegociable, pero que el tampoco está dispuesto a negociar su salida de la arena política.
Cambio retrasado
El acuerdo entre el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos ha irrumpido con fuerza esta semana. Ahora queda comprobar dentro de unas semanas, si finalmente se produce la investidura de Pedro Sánchez y si Ciudadanos entra en el ejecutivo como obviamente cabría esperar. Más allá de lo que suceda, ya que sería necesaria la abstención de Partido Popular o de Podemos para que se pudiese completar, es interesante observar cómo se muestra el electorado de cada uno de los partidos a este pacto que un gran sector de la opinión pública podría calificar de “antinatura”, especialmente los conservadores, socialistas (reales) y partidarios podemitas.
Según una reciente encuesta de Metroscopia, hasta la mitad de los votantes populares son partidarios de que se vote a favor o se produzca una abstención en la investidura. Así como también se desglosa que la cúpula popular está necesitada de una renovación profunda e intensa. Lo que no se resuelve con un comité de sabios en tres cuartos de hora como se ha visto con la puesta en escena de esta semana. También, la mitad de los socialdemócratas se manifiestan positivamente con la abstención o el voto a favor tanto de populares como podemtas. No obstante, el dato interesante viene de parte de los votantes de Pablo Iglesias, siendo un 43% los que se manifiestan a favor del apoyo de los populares y un 56% del apoyo de Podemos.
La pregunta qué se debe hacer es por qué más de la mitad de los partidarios de la formación morada se muestran tan favorecedores de este apoyo a un gobierno de centro-izquierda y centro-derecha. Disculpen que el escribiente no crea en el centro como algo posible. Obvimente, no es que los votantes de Pablo Iglesias crean en el “recambio” como se bautizó a los naranjitos. Al contrario, una legislatura conjunta de PSOE y Ciudadanos puede plantearse como una coyuntura en el corto plazo. Un gobierno siempre pendiente de un débil hilo que podría ser cortado en cualquier momento a través de una moción de censura conjunta del PP y Podemos, favoreciendo el surgimiento de un nuevo horizonte para formar otros posibles gobiernos.
Teatro político
El gobierno entre PSOE y Podemos es una realidad efectiva. Al menos eso ha escuchado el arribafirmante de un miembro de la cámara alta. Al parecer tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias habrían acordado desde hace más de un mes cuál sería el futuro gobierno de este país, tras la renuncia de Mariano. La sucesión de episodios de intentos, abandonos, amores, rupturas y rechazos entre los grupos parlamentarios no sería nada más y nada menos que la puesta en escena de una obra literaria. Un drama no al estilo shakesperiano, sino al más puro estilo rocambolesco y gamberro de Juego de Tronos donde nunca termina de haber un desenlace final.
Es sugerente la invitación que hace la hipótesis de la política como teatro. Y es que, la vida pública no deja de ser una puesta en escena. Una trama donde los actores, los discursos, las proclamas y los símbolos adquieren un valor especial. Durante mucho tiempo, los expertos en política han denostado la preocupación intelectual por el poder simbólico y las consecuencas que implica. No obstante, esta telerrealidad mostrada a través de los medios de comunicación y de la actuación magistral de nuestra élite política hacen palidecer a esos “expertos”.
Ahora bien cabe preguntarse si la última condición sobre un nuevo referéndum catalán era parte del guión. O si por el contrario, ya se había pactado una respuesta entre los dos partidos de izquierda. Sea cual fuere existe una diferencia entre sus públicos. La audiencia de los socialistas en general no está dispuesta a plasmar la cuestión catalana como una prioridad política en los tiempos que corren. Mientras que, ese electorado de Podemos compuesto de jóvenes preparados, parados, okupas, perroflautas y otras personas afectas al antiguo 15-M, cuya prioridad era la crisis económica sí están satisfechos. Satisfechos con anteponer la independencia de una región española a cambio del cambio.
Gran coalición
Las negociaciones de Pedro Sánchez han quedado anuladas tras la pinza de Ciudadanos y de Podemos. O con uno o sin ninguno, según arguyen Rivera e Iglesias. Lo que ha seguido después es los gustos por las coaliciones, siendo mayoritaria la coalición Ciudadanos y socialistas para los votantes de ambos partidos y de socialistas y podemitas para estos últimos. Ni la clase política es capaz de ponerse de acuerdo, ni tampoco la sociedad civil tiene muy claro con qué amigos quieren que sus representantes vayan a formar gobierno. Hasta hace uno meses, nuestro electorado rezaba un mantra sobre el milagro, la proporcionalidad política y el fin de la crisis y llegados a la hora de la verdad, todo vuelve a la dinámica cainita y crispante del español medio.
Aunque, ya se ha dicho. Nuestra nueva clase política tiene menos capacidad de diálogo que la que estuvo al frente durante la Transición. Ahora que se habla de una “segunda transición” y de la necesidad de un gobierno de concentración entre las distintas fuerzas parlamentarias. Sea como fuere, este fin de semana ha salido a la luz un pueblo castellano, Santa Cruz de Mudela, donde populares y socialistas se han alternado en el gobierno municipal durante un mandato. Y cuidado, porque el argumento de “PPSOE” no sirve para este caso, en el que los alcaldes de ambas fuerzas se han visto acosados continuamente por sus respectivas ejecutivas.
La cuestión es que necesitamos una gran coalición. Un gran pacto. Quizás surge la pregunta de si cambiando algunas cabezas, se podría hacer más factible el acuerdo. A fin de cuentas, las negociaciones entre grandes partidos políticos no dejan de ser en gran medida, el resultado del trabajo de personas individuales que son los líderes políticos y que a través de sus compromisos interpersonales consiguen compromisos nacionales. Sin lugar a dudas, Podemos y PP representan dos partidos necesitados de una rápida renovación de sus líderes.
- ← Anterior
- 1
- …
- 7
- 8
- 9
- …
- 21
- Siguiente →

