Comunicación
Ciudadano Trump
El mundo ha gemido después de conocer el ascenso de Donald Trump como nuevo Presidente de los Estados Unidos. Las encuestas que daban la victoria a Hillary Clinton han fracasado y después de ocho años de los demócratas en la Casa Blanca se produce una alternancia republicana. Desde Bruselas, miran con ojos escépticos y desconfiados al flamante comandante en jefe, mientras las bolsas de distintos países empiezan a dar síntomas de ansiedad, entre ellas las del BBVA que tiene gran parte de su negocio en México.
La gente, sobre todo fuera del país, se preguntan cómo es que este señor con un discurso misógino, xenófobo y excluyente ha alcanzado a ser cabeza del ejecutivo. Incluso los manifestantes que hace unos días se han pronunciado frente a la Torre Trump están atónitos con tan díscola elección. Como dijo Fernando Savater este fin de semana, la democracia implica que tengamos compartir la cosa pública con otros ciudadanos menos agradables a nuestros oídos. Y eso es tanto lo bueno como lo malo, ya que la otra opción sería lanzar a estos sujetos fuera de las instituciones, lo que ya no sería ni democrático ni sano para una democracia que tiene que acoger incluso a las posiciones más extremistas en su seno.
La democracia americana se encuentra en un panorama de polarización social, donde el discurso de Donald Trump ha captado las esperanzas y los miedos de las clases baja y media. Sobre todo cabe pensar en los tradicionales trabajadores de las ciudades industriales como Detroit, lanzados al desempleo y a la carencia, que observan en el nuevo Presidente una luz al túnel de una situación, producida presumiblemente por los latinos y otras etnias que ocupan sus puestos de trabajo. No obstante, cabe observar hasta qué punto es realizable la agenda política que Estados Unidos pretende implementar con su nuevo ejecutivo y entre las cuales o son irrealizables o ya se han hecho antes.
La Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales publica un artículo sobre el análisis del liderazgo desde Pierre Bourdieu
Bajo el título, «El liderazgo político en las democracias representativas: propuesta de análisis desde el estructuralismo constructivista«, se ha presentado un artículo sobre el estudio de los líderes políticos desde la sociología política de Pierre Bourdieu en el último número de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México. Este trabajo académico que ha sido publicado por Francisco Collado Campaña, José Francisco Jiménez Díaz y Francisco Entrena Durán, recoge de forma teórica y como una propuesta práctica, el uso de los conceptos de habitus, campo y capital político junto al marco (framing) de Goffman como elementos para abordar la realidad de las élites políticas en las democracias representativas, creando un enfoque sistémico con una visión micro del poder político y personal.
En este sentido, dicha propuesta constituye el resultado de más de cinco años de investigación y reflexión sobre el análisis del liderazgo desde otras perspectivas en general y en particular, sobre las aportaciones que la visión del dominio de Pierre Bourdieu realizan a nuevas formas de comprender el liderazgo político, distintas a las habituales presentes entre el behaviouralismo, la elección racional y el institucionalismo, entre otros. Al respecto, se debe recordar que la sociología política de Pierre Bourdieu ha sido desarrollada por sus discípulos y seguidores, entre los que caben mencionar los recientes trabajos de Alfredo Joignant sobre el estudio de las élites políticas desde dicha perspectiva.
Tráiganme ese millón
Las elecciones del 26-J, esa especie de segunda vuelta que nuestros partidos necesitaban ante su incapacidad de llegar a un acuerdo, se han saldado favorablemente. Se han saldado favorablemente para el sistema cooptado por los conservadores. Los mercados vuelven a funcionar y la precariedad vuelve a estar a la orden del día en el empleo, el sistema de Seguridad Social y el bienestar público. Los escándalos de corrupción vuelven a estar al amparo tras la cortina de humo, mientras una especie de liberales -difícilmente cabría al arribafirmante llamarlos así- pueden campar a sus anchas entre las lagunas de la legislación y el posterior vacío de una parte del erario público.
La corrupción política se ha legitimado frente al miedo al populismo de izquierdas. Ambos demonios del sentido común y motivadores de ese voto al miedo que ha hecho que votantes liberales, socio-liberales y social-demócratas de Ciudadanos y PSOE, hayan dado su confianza a los populares, o más bien dicho, a Mariano Rajoy. Experto como lo fuera Javier Arenas en repetir fracasos electorales tantas veces como fuera necesario hasta que le tocase la lotería, aunque al segundo nunca le tocase nada. No es que el problema fuesen los conservadores en sí, pues todos tenemos derecho al libre pensamiento y la actividad política, sino su líder que es todo lo contrario de un ejemplo a seguir en política.
Mientras tanto, el PSOE ha conseguido evitar el “sorpasso” y mantenerse como la primera fuerza en la izquierda a la par que su socio, Ciudadanos, ha quedado convertido en una especie de pequeño vestigio de lo que podría llamarse una nueva Unión de Centro Democrático. Ahora bien, lo más preocupante de todo esto es observar cómo un sector del electorado acusa a los comicios de “pucherazo” por los buenos resultados de la derecha y el batacazo de Unidos Podemos. Señores y señoras, ¿dónde estaba ese millón de votantes que se ha abstenido y que eran parte de su apoyo electoral? Como siempre, nuestra sociedad sigue sin ver la viga en el ojo ajeno a la par que los votantes populares se creen ahora legitimados para hacer y deshacer a su antojo. Les recuerdo que no han conseguido mayoría absoluta y que su candidato, actual Presidente en funciones, tendrá que hacer malabares para ser investido. La política vuelve a la normalidad y los extremos ideológicos regresan al monte.
Iconoclastas del Cambio
Todos los caminos conducen a Roma, dice el proverbio popular. Y es que, la sabiduría popular, bastante generalizadora de por sí, no suele equivocarse. Desde Bizancio hasta el mundo islámico, se ha prescrito el culto a las imágenes como un crimen contra la divinidad y que además no debiera ser representada en un tosco soporte material. Madera y piedra aunque han sido creadas por Él que es grande, no deben ser su residencia. Esta parafernalia religiosa sirve como metáfora para comprender el riesgo de los iconocastas.
El mundo de George R. Martín muestra claramente este dilema sobre la esperanza de los hombres y su trascendencia hacia una imagen representada. El Dios Ahogado de las Islas del Hierro, el Señor de Luz entre los seguidores del fuego, la Doncella Doliente en Lys, la Cabra Negra en Qohor y el Dios Sin Nombre en la Fe de los Siete. Todas estas divinidades aluden a una única divinidad y a un único sentimiento: el Dios de Muchos Rostros y el temor de los hombres al final de su vida en el mundo terrenal. Pues más tarde o más temprano, tanto los pudientes como los humildes deberán visitarle.
Una tradición iconoclasta permanece también en nuestra cultura política. Hace más de una década que Javier Arenas, entonces líder de la oposición en el Parlamento de Andalucía, se apropió en su lema político de la palabra “cambio”. Un estallido de rebeldía contra un PSOE que acumulaba tres décadas al frente del ejecutivo de la Comunidad Autónoma. Contradictoriamente, mientras distintos líderes del PSOE habían sido consecutivamente candidatos y Presidentes de Andalucía, Arenas seguía ahí al frente del “cambio” hasta la llegada de Manuel Moreno Bonilla. En total más de do décadas.
“Cambio” pronuncia el líder de Podemos cuando clama ante sus votantes. “Cambio” que es uno y “recambio” que son otros. Recambios que hablaban de “vieja y nueva política”. El cambio de un gobierno de populares por uno de socialistas. Y el “cambio” que ha traído la gestión del Partido Popular, según Mariano Rajoy. En definitiva, los distintos partidos políticos adoran las distintas máscaras bajo las cuales se revista una única palabra “el cambio”. El cambio son todos los cambios y a la vez ninguno, ya que detrás del cambio se oculta lo que hemos visto al final del camino, la inamovilidad del status quo político. Y eso precisamente, es la única divinidad a la que ellos adoran.
Iglesias en segunda vuelta
Nuevas elecciones. Es el diagnóstico de la incapacidad de los partidos políticos españoles. Apenas sin que hayan transcurrido cuatro meses desde la celebración del 20-D, se le pide a la ciudadanía que exprese las preferencias de la soberanía nacional. Si es que este concepto, existe en nuestro caótico y desastroso contexto político y económico. En este sentido, los partidos han comenzado una nueva campaña con menos recursos y un gasto menos austero en apariencia, que tendrá que rentabilizar los espacios públicos que ofrecen los medios de comunicación.
Desde un magacine matinal, le han preguntado a Carolina Bescansa, la experta demoscópica de Podemos, cuál es el planteamiento de la recién inaugurada contienda electoral. A lo que Bescansa ha llegado a denominar como “una segunda vuelta”. Una afirmación que seguramente no se creerá ni ella misma. En el plazo de cuatro meses, no ha habido tiempo suficiente para cambiar las preferencias de intención de voto y simpatía partidista de los electores. Si bien, habrá aumentado el hartazgo con respecto a la política, produciendo una hipotética disminución de la participació y el aumento de la abstención en junio. Por lo que, los partidos políticos que rentabilizarán sus resultados son aquellos que se benefician de los efectos abtencionistas como los populares.
En la afirmación de Bescansa si hay un significado oculto que se puede dilucidar ante la evidencia de los hechos. Es la “segunda vuelta” de Pablo Iglesias. Su segunda oportunidad para reafirmar su liderazgo político de cara a la galería y hacia adentro, mientras un paciente Errejón espera a una posible caída para retomar el relevo. Obviamente, el transversalista ha demostrado unas mayores dosis de intelecto y negociación que Iglesias, quien apuesta por el “hard power” puro y duro sin saber moldear con sofisticación y precisión los dones del “poder suave” tan preciado en esta época exigente de no digamos ya consenso, sino capacidad de pacto.
Mínimo común acuerdo
Jordi Évole ha tenido la audacia de hacerle a Mariano Rajoy todas aquellas preguntas de las que, la ciudadanía, espera una respuesta. La corrupción en su partido, la gestión de la crisis y los recortes -entre otras- han sido replicadas como un padre abronca a su joven vástago que cuestiona la autoridad familiar. Esta actitud paternalista típica de los conservadores considera que la esfera política es un monopolio de unos pocos y en concreto de algunos de esos pocos, de ellos. Una postura que se acerca en determinados renglones al carácter autoritario de algunas dictaduras y que sólo sirve para garantizar altas cotas de gobernabilidad en el mejor o vacío de poder en el peor de los casos en un contexto democrático. Así es como España ha experimentado los nefastos efectos de las medidas aplicadas durante el gobierno fuerte del Partido Popular y ha observado la mayor inacción ante los escarceos financieros de su élite.
La mayoría de las fuerzas política desde Ciudadanos hasta Podemos, pasando por PSOE e Izquierda Unida, coinciden en una verdad. El problema de España es su actual Presidente del Gobierno, aún en funciones y es que basta con observar el rércord del bajísimo grado de confianza del Ejecutivo. Sin lugar a dudas, el Partido Popular es el responsable de muchos de los errores y de los escándalos que han salido a la luz, pero si algún elemento contribuye a ahondar los efectos perniciosos de esta caída en el vacío es el ridículo liderazgo de Rajo, cuyo único y gran esfuerzo político han sido dos. Por un lado, desbancar a su competidora y adversaria interna por la presidencia del partido, Esperanza Aguirre, y por otro, esperar a que el conjunto del censo electoral se cansase de la figura de Rodríguez Zapatero. El gallego es paciente.
Quepa subrayar que esta columna no es una crítica gratuita contra el partido conservador. De la misma forma que Suárez pensó que una democracia europea no es una democracia sin un partido comunista, tampoco lo es sin un partido conservador que acoja las distintas tendencias dentro de este sector ideológico. Es una crítica directa contra su líder y en segundo lugar contra la apatía e incapacidad de regeneración interna y renovación del liderazgo, especialmente entre las altas jerarquías del mismo. Por eso, la crisis interna que sufren los populares no es algo que afecte sólo al partido, sino que es necesario que el cierre de esa crisis y la renovación del partido se produzca cuanto antes. Eso, si es que esperan ocupar algún papel de importancia en la nueva legislatura, pues no es suficiente con ser el partido más votado. Y en esa refundación conservadora, no caben Rajoys posibles.
Cobardía
Las respuestas al atentado del aeropuerto de Bruselas donde se contabilizan varias decenas de víctimas mortales no se han hecho esperar. Como señala Ignacio Torreblanca, las acciones del terrorismo islámico son en letras mayúsculas contra Europa, pero la reacción europea se escribe en letra minúscula. Desde los atentados del 11M, los de la redacción de Charlie Hebdo, los atentados de París el año pasado y el reciente en Bruselas junto a otros episodios son una muestra de que el sector más radical del mundo musulmán lucha contra una entidad a la que considera monolítica y ante la que se define -pues para definirse como señala Laclau es necesario hacerlo frente a terceros- como occidental.
Cada vez que se produce un atentado, las autoridades de los Estados dudan si pulsar el botón de aumento de alerta terrorista. Lo que conlleva los consabidos riesgos para la seguridad y la pérdida económica que producen no hace falta enumerarlos. A la luz de la mayoría, son obvios y perjudiciales. La pregunta es si cada vez que se produce un atentado vamos a estar escondidos y temerosos en nuestros hogares, interrumpiendo viajes y avisando a nuestros familiares en la lejanía de que “estamos bien”. Porque si recuerdan, cuando Francia aumentó su ofensiva tras los atentados de noviembre, fueron multitud de sectores de la opinión pública los que protestaron contra dicha actuación.
En la izquierda en general y en algunos sectores de la derecha política europea, se ha instalado un doble miedo interno. El miedo a actuar con contundencia frente a objetivos que pueden ser claramente definidos y el temor a las respuestas más sensibilistas desde la opinión pública. No cabe sensibilidad contra un enemigo que está dispuesto a acabar con su propia existencia de per se a costa de dañarnos a nosotros, a Occidente. El gran problema de Occidente es que existen posturas que creen que la coacción no es el mejor medio para combatir el terrorismo islámico y el hedonismo acomodaticio que se ha instalado entre una izquierda aún seducida por el multiculturalismo que cree que se puede domesticar a los terroristas islámicos. Al respecto, no se debe olvidar que los perfiles de los nuevos terroristas son los de musulmanes de segunda y tercera generación que han conocido la democracia y las comodidades europeas, no al alcance en los países de origen de sus familias. Mano dura.
Charla sobre evolución política de Andalucía
Fátima Recuero y Francisco Collado, han impartido una charla sobre los distintos cambios políticos y sociales que ha experimentado Andalucía en una clase sobre Historia Contemporánea de Andalucía en la Universidad de Málaga. Esta intervención celebrada el lunes 14 de marzo, que ha contado con la invitación y organización de la profesora Mercedes Fernández, ha desglosado distintos aspectos como la identidad andaluza, la transición política, la constitución del Estado de las autonomías y la evolución electoral de esta región.
A lo largo de la sesión, los alumnos han planteado distintas dudas sobre el fracaso del referéndum andaluz en Almería, la visión que los medios de comunicación transmiten de la realidad política y el grado de desarrollo económico de la región. De esta forma, esta actividad se encuadra dentro de distintas sesiones que Mercedes Fernández organiza para acercar las investigaciones y los hallazgos más recientes sobre la realidad histórica más reciente a sus alumnos y alumnas.
Nuevo libro sobre los líderes políticos en la Transición
Francisco Collado ha participado en la monografía Political Leadership in the Spanish Transition to Democracy (1975-1982), que han coordinado José Francisco Jiménez Díaz (UPO) y Santiago Delgado Fernández (UGR). En esta obra de la editorial Nova Science Publisher se analiza el liderazgo de los protagonistas de la transición española y de aquellos que Linz denominó como el «coro político». Por su parte, Collado ha contribuido con un análisis en profundidad sobre la figura de Jordi Pujol y el papel de la derecha nacionalista catalana durante los primeros años de la democracia. De esta forma, estudia su ideología, su carrera política y su consolidación como líder tras la marcha de Josep Tarradellas.
En el libro, además de los mencionados editores, han participado los siguientes autores: Francisco José Llera-Ramo y Rafael Leonisio-Calvo (Universidad del País Vasco); Antonio Robles-Egea (Universidad de Granada); Lourdes López-Nieto (UNED); Julio Ponce-Alberca y Carlos Sánchez-Fernández (Universidad de Sevilla); Belén Blázquez-Vilaplana y Manuela Ortega-Ruiz (Universidad de Jaén) y Francisco Collado Campaña (Universidad Pablo de Olavide). Además, el libro se encuadra dentro de la colección: “Political Leaders and Their Assessment” (ver enlace: https://www.novapublishers.com/catalog/index.php?cPath=23_29&seriesp=Political+Leaders+and+Their+Assessment )
Cambio ideológico por mutación partidista
El cierre de la fallida investidura de Pedro Sánchez y su heraldo naranja ha dejado una clara conclusión. Los partidos se han desplazado en la arena ideológica durante esta coyuntura de cambio político que algunos han venido en denominar la “Segunda Transición”. Aunque es cierto, que si es una transición sabemos desde donde, el bipartidismo, pero no terminamos de avistar donde acaba en un horizonte marcado por la división de los grupos políticos entre la izquierda y la derecha. Siguiendo esta lógica, los distintos partidos políticos se han asentado en determinadas arenas electorales de las cuales consiguen sus apoyos, no siendo las mismas que hace unos años.
A grandes rasgos, nuestro panorama político quedaría dividido de la siguiente forma. Un Partido Popular que se convierte en el gran partido a la derecha acogiendo tanto a conservadores como a elementos extremistas y que aún intenta, aunque de forma fallida pescar en el centro-derecha. Un centro político marcado por PSOE y Ciudadanos que de forma acertada captan el voto tanto del centro-izquierda como del centro-derecha, especialmente ese centro-derecha hastiado del liderazgo de Rajoy acosado por los escándalos de corrupción y el desgaste. A la izquierda de los socialistas, queda un amplio espacio ganado por Podemos y en el que coexisten pequeñas fuerzas como Izquierda Unida, Compromís, En Marea y En Comú-Podem. Finalmente, quedarían los partidos nacionalistas tradicionales que han visto disminuir su cuota, a excepción de PNV y ERC.
Este trance político continúa a fechas de hoy, tras que el monarca haya instado a los candidatos a abrir nuevas negociaciones. Sin embargo, esta italianización de la política que deja espacios estancos claramente definidos viene acompañado de la incapacidad de los partidos para llegar a un acuerdo. Si bien, ya ha empezado una guerra fría entre Podemos y PSOE para tender lazos a través de la mediación de las fuerzas de Compromís e Izquierda Unida. Ahora cabe esperar si el programa de centro propuesto por Sánchez y Rivera es capaz de incorporar demandas desde la izquierda y contar el apoyo de estos partidos. Lo que no cabe lugar a dudas es que Rajoy es innegociable, pero que el tampoco está dispuesto a negociar su salida de la arena política.
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