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Mas pone en duda la inteligencia catalana

La encuesta mágica de Mas tiene truco. Esta suerte de referéndum gratuito y burdelero para preguntar sobre la independencia de Cataluña implica que sólo pueden afirmar que Cataluña es independiente si reconocen que es un Estado. Si por el contrario, usted ciudadano o ciudadana catalana (aún español) que me lee, sostiene que no quiere una fórmula estatal catalana, no podrá responder a si quiere que esta comunidad autónoma (hasta ahora) sea independiente.
Mucha gente se ríe, pero esta pregunta está filtrada para una porción de la opinión pública que apostaría por una solución federal. Dicho de otra forma, el Estado catalán federal sólo puede ser afirmado por aquellas personas que quieran una Cataluña separada de España. En cristiano, o seguimos como estamos o somos independientes, éstas son las opciones binarias que ofrece Mas. O blanco o negro, o victoria o derrota. O independientes o victimizados para seguir pidiendo dinero a España, a Madrid o a su puta madre.
El Estado federal está descartado. Y ciertamente, soluciones federales serían interesantes para acabar con esta jodida locura. Sin embargo, el Gobierno español podría aplicar las fórmulas de otros Estados tan democráticos en el reparto del poder territorial como Francia o Italia, anulando cualquier respeto de la minoría catalana como sucede en la costa marsellesa, Córcega, Cerdeña y Sicilia. Así, que no confundan ustedes burgueses y nacionalistas catalanes la tolerancia de la minoría catalana y la diversidad con la debilidad de la posición española. Los españoles aún tienen (tenemos) la sartén por el mango y desde nuestro gobierno -el de Madrid- todavía se pueden hacer muchas cosas.
Balance del trece
Aunque hace unos meses, las estadísticas oficiales sostenían que se estaba creando empleo, el día a día no ha cambiado para la mayoría de la sociedad. Puede que la promesa electoral de Rajoy hablase del pleno empleo en el sentido matemático de la palabra. Y es que, ya se sabe que desde que empezó la gran mentira en 2008, la única preocupación de nuestros gobernantes –independientemente del color- ha sido una buena presentación de números. Sin embargo, el sujeto sigue perdido entre sobres rapaces y gambones ugeteros que no estarán en muchas mesas navideñas.
Juanca sin cambios recordará la importancia de la institución monárquica. Una institución que independientemente de que vulnere los derechos de igualdad, representa –por su familia- a todo un ejemplo del “typical spanish”. Un abuelo que no quiere irse, un hijo a la espera de pillar el puesto en la empresita del padre, una hija corrupta, un yerno que mejor no salga en las fotos y unos sobrinos que a falta de Playstation se dedican a dispararse unos a otros con rifles de posta. Eso sí, se nos olvidaban los chalecitos en Barcelona y Mallorca.
Mientras tanto, nuestra democracia cada vez más prostituida. Desde sus bases hasta la cúspide, con dos partidos del sistema que caen en picado a la espera de ser devorados por las pirañas. Entre ellos, el depredador del populismo y que cada cual lea esta palabra como le apetezca, pues lo cierto es que los populistas se acusan mutuamente de serlo. Curioso, ¿verdad? Es difícil mirarse en el espejo.
Por lo demás, España sigue siendo un país feliz. No ha cambiado gran cosa, sólo se ha acentuado lo que ya teníamos. Y ahora cabe preguntarse qué pedirle al nuevo año. Algunos estarían gustosos de un conflicto armado. Cataluña, bolcheviques y desmembración de la unidad pensarán algunos de la vieja guardia, del búnker. Lo peor, es que seguimos sin darnos cuenta que la nuestra, es una sociedad de oportunistas. Catalanes o vascos, castellanos o gallegos, andaluces o levantinos, tenemos el mismo ingrediente.
La caída del liderazgo
En la actualidad, el liderazgo político experimenta una crisis unida a la debacle económica. Esta intensa relación entre la gestión política y el estilo político de los representantes de la ciudadanía es un hecho que se evidencia en la opinión pública respecto a los mismos. Si nos remontamos a las últimas Elecciones Generales de 2011, los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas no definen ningún candidato político con una calificación media por encima de cinco en las valoraciones que expresa la sociedad española. Este dato demuestra que se ha producido una profunda fractura entre los candidatos políticos y sus seguidores en el ámbito nacional.
El liderazgo político representa por tanto uno de los principales temas vigentes de investigación en la literatura académica establecía que el político debía someterse a la moral de la convicción y a la moral de la responsabilidad. Por un lado, un político sin convicción se convierte en un demagogo y un vendedor de humo. Por otro lado, un político sin responsabilidad carece de contacto con la realidad y no es consciente de las consecuencias de sus actos. En esta coyuntura, cabe preguntarse si el descrédito de la clase política se debe a un abandono de esa convicción y esa responsabilidad que deben caracterizar a sus miembros.
Si descendemos hacia los niveles de gobierno autonómico y local en España, es posible encontrarse con una situación bien parecida. Sin embargo, la escasez de encuestas y barómetros que aporten información sobre la imagen de los alcaldes y su valoración impide conocer con mayor profundidad cuál es la situación de la política en su entorno más cercano. Por lo que, nos encontramos ante un desconocimiento sobre cuál es la labor que desempeñan los representantes municipales en el contexto de la actual crisis.
Desde el monocultivo sureño al norte conservador
Se habla de “monocultivo” de la costa andaluza con un discurso barato basado en la crítica a la globalización desde la intelectualidad del norte español. Un monocultivo basado en el ladrillo, el turismo y la explotación artificial de grandes hectáreas de tierra. Gratuita y expresamente sin tener ni pajolera idea de la historia de la Baja Andalucía. Sin conocer las dagas que vilmente se precipitaron sobre la élite y el conglomerado empresarial malagueño a mediados del diecinueve por la burguesía cántabro-vasca y catalana. Sin tener ni idea de la miseria que sufrieron las clases bajas y medias de Málaga, Granada y Almería.
Pongamos puntos sobre las íes y expliquemos a algunos ignorantes intelectuales norteños lo que nos hicieron sus ancestros a las gentes del sur. A mediados del siglo XIX, la burguesía malacitana había desarrollado un potente complejo siderúrgico que completaba con la exportación de productos horto-frutícolas y vinícolas. Málaga se conocía como la «ciudad de las chimeneas». Este entramado industrial abarcaba la costa malagueña, una sección de la costa granadina y en breve iba a extender su poderío mediante el acceso a las minas cordobesas de carbón. Un carbón más barato que el asturiano, por si no lo saben. Además, se había vertebrado una red de tren bajo las consignas de Ferrocarriles Andaluces, S.A. con sedes en Málaga y Sevilla. Para aquel entonces, sólo existían otros dos focos industriales en España, el textil catalán y vasco.
La burguesía catalana y vasca de identidad católica y conservadora observaba con temor como en el sur se desarrollaba lo que para ellos eran competencia. Una burguesía liberal y republicana que desde los escalafones más bajos de la sociedad había ascendido y creado su propia riqueza gracias al esfuerzo y el ahorro. Sin embargo, para los rancios señores del norte no era permisible permitir este crecimiento empresarial. Para ello, la burguesía vasca aliada con la catalana aprovechó sus posiciones políticas en el Congreso para que se impidieran las licencias viales ferroviarias y otras inversiones que habían realizado las familias Heredia, Larios y Loring. Gracias a esta artimaña política, estas obras quedaron paralizadas y el industrial malagueño empezó a decaer y para principios del siglo XX tan sólo quedaba un erial en el litoral andaluz.
Después de cincuenta años de miseria y pobreza, Málaga ha podido crecer gracias al turismo, sí y al ladrillo barato sea dicho de paso. Granada y Almería mediante las políticas de adquisición de tierras por parte de pequeños propietarios han podido enriquecerse y hacer que quienes en algún momento eran sólo campesinos se convirtieran en grandes exportadores de producción frutícola y hortalizas. Así que, mis queridos intelectuales ácratas del norte pueden meterse sus opiniones por el trasero y entender una cuestión: hemos sobrevivido cómo hemos podido y posiblemente si sus ancestros no hubieran arruinado nuestra industria, no se hubiera devastado el medio ambiente. Ustedes y sólo ustedes son los culpables de lo que critican al sur.
La cocina periodística
En los últimos días la prensa ha abierto su boca para debatir sobre los recientes datos del Centro de Investigaciones Sociológicas. Una subida de votos de los populares y una caída de los socialistas han dado mucho que hablar, tanto para periodistas como para intelectuales. Equivocadamente se denomina con el concepto de “cocina” del CIS a una suerte de estratagema oscurantista en la que jugando con el tamaño muestral, la formulación de las preguntas y la reinterpretación de la estadística se presentan unos resultados que mejor pueden favorecer al gobierno de turno.
El gremio de periodistas tiene una función de “perro guardían”. Tiene que velar por el imperio de la ley y por tanto, la continua crítica a las instituciones. Sin embargo, el CIS no es una institución cualquiera, sino que es un organismo público de investigación único por sus características en el ámbito europeo. Por desgracia, ni la prensa cumple con su papel de vigilancia y la crítica gratuita y barata se resume en una metáfora gastronómica.
Los comunicadores pecan de creer saberlo todo. Bien debieran saber que el trabajo que se realiza en este lugar está sujeto a criterios cientificos, unas rutinas profesionales y unos procesos de ponderacion. Claro. No se les puede pedir a los periodistas que expliquen que es una muestra aleatoria estratificada ni que formulen una pregunta que englobe el concepto de ideología, por ejemplo. Si bien, se puede hablar de la “cocina” de las redacciones, de cómo los medios de comunicación manipulan noticias a gusto de sus directivos, de cómo se muestran serviciales con la entidad financiera que les cubre o de cómo se seleccionan las fuentes informativas.
Por tanto, un poco de autocrítica es necesaria en el gremio. Si hay una cocina probablemente ese sitio no sea el CIS, pues son factores de otro tipo como el voto oculto o la selección última del modelo de ponderación que no está en manos de los politólogos y sociólogos. Así, queridos informadores preocupense por conocer y elaborar mejor sus contenidos que otro dia hablaremos de la cocina periodística. Lúgubre taller de expresión de la opinión publica que despide un hedor a bazofia.
La condenada política bendodiana
Política es el arte de gestionar lo público. Lo público se separa de lo privado, pero lo privado no deja de ser político. La actuación particular de los alcaldes populares que han zarandeado el coche oficial de Susana Díaz en un aniversario de Museo Picasso es un hecho vergonzoso y condenable. Y lo cierto, es que este estilo particular de hacer política que inaugura Elías Bendodo en Málaga dice mucho del mismo y de su partido.
Para empezar, este carácter contestatario es una auténtica hipocresía. En primer lugar, los ediles mayores cometieron esta agresión como una supuesta denuncia de las deudas que acumulan sus consistorios. Bien saben estos señores, que esa deuda está pendiente del abono de determinada cantidad por el Gobierno autonómico y que a su vez, parte de ese dinero está siendo recortado desde Moncloa. Por lo tanto, habría sido más correcto haberse dirigido al Gobierno Central que al andaluz, que ya de por sí está intentando minimizar esos tijeretazos.
En otra línea, si apostamos por este estilo de política contestataria, sería de todos de agradecer que acudiesen a las casas de los banqueros, empresarios y todos aquellos culpables que han hipotecado nuestro país. O dicho de otra forma, que protesten contra aquellos que están destruyendo empleos, arrancando a personas de sus hogares y despojando la poca propiedad que nuestras clases medias y bajas tienen. La culpa no es de los culpables, es de los sin-techo terroristas que atentan contra la élite. No obstante, parte de esa élite económica o son ellos, o los mismos peperos son sus comisarios. Se puede sospechar que el interés no está tanto en solucionar la vida de sus vecinos, sino en garantizar el flujo de dinero que mantenga su rédito político local.
En tercer lugar, esta estrategia de posicionarse a favor del interés provincial y local de Málaga es una mentira. Es uno de los pocos recursos que quedan a estos alcaldes, que agonizan por inacción ante los recortes que ejerce su mismo partido, respondiendo y culpabilizando al adversario político en su lugar. Esto es una muestra, no de lo que se define como “real-politik”, sino como una miseria política propia de una cultura política pobre.
Por último, sería coherente que Bendodo y los principales alcaldes protagonistas de este episodio de la España cañí dimitieran de sus cargos. Por honradez con Málaga y respeto a la provincia. Estos alcaldes si algo no hacen, es representar a sus ciudadanos. Simplemente son gestores burócratas de lo privado a través de lo público.
La hipocresía moral de Garzón
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha confirmado la validez de la doctrina Parot. Una doctrina jurídica que señala que las penas de prisión son revisables y que no deben de superar un total de tres décadas para asuntos penales. Véase el terrorismo euskadita, los psicópatas más peligrosos y los violadores. Lo que ha manifestado un rechazo frontal de la mayor parte de la opinión pública española y el aplauso de un sector considerable de la izquierda extrema.
Si alguien se lo ha preguntado, Parot no fue un juez, ni abogado, ni jurista lego. Al contrario, Parot fue un sanguinario carnicero y terrorista, cuyo nombre ampara esta redención para irredentos de causas visionarias. Con todo lo visionaria que puede ser una muerte. En medio de esta polémica ha saltado a la palestra las celebraciones del PCE y de Alberto Garzón. Los que se sienten muy orgullosos de que no sea tan grave sostener las armas en contra del Estado español si para ello hace falta llevarse por medio varia docena de vidas y unas pocas más.
El buenismo de Garzón es tan hipócrita como su altivez moral. No hay ningún predominio moral en defender a asesinos, sea cual sea la causa, pues el asesino sólo tiene entre sus razones el derramamiento de sangre por el derramamiento de más sangra. El medio es el fin y no hay fin sin este medio. ¿Cómo es posible para el PCE situarse en esta óptica ética? Sin lugar a dudas, durante los años previos a la Transición PCE y terroristas vascos caminaban de la mano junto al GRAPO y otras entidades similares. En aquel contexto, la muerte de dirigentes del franquismo no estaba tan mal visto por parte de la oposición al sistema. Una vez, instaurada la democracia, el combate de la izquierda abertzale siguió abierto y contaba con los guiños de estos petimetres.
Al arribafirmante le avergüenza que un malagueño como Garzón apoye a asesinos. Especialmente, proviniendo de una ciudad que siempre ha luchado contra la tiranía como reza en su escudo municipal “siempre denodada en el auxilio de la libertad”. No obstante, Alberto es un chico capaz de defender a los sectores más críticos apoyando un proyecto de democracia participativa y después alzar un puño por los oprimidos asesinos del País Vasco. Retiradas las máscaras no cabe esperar altivez moral alguna de este tipo de hipócritas y tan sólo un comunismo heterodoxo al estilo bolchevique. Alberto avergüenzas a tu ciudad.
El recorte de la caridad municipal
Las posiciones neoliberales y más conservadoras defienden que la atención a los sectores más humildes de la sociedad debe ser cubierta por la caridad privada. O dicho de otra forma, que las hermandades religiosas se encarguen de los pobres. Vaya, que también es un elemento que debe someterse a las leyes de la competencia. Si en los últimos cincuenta años, el Estado del Bienestar sustituía la caridad por la redistribución de la renta, actualmente asistimos a la retirada de esta institución en España.
El gobierno aristocrático de Rajoy se ha encargado de garantizar que se cumplan estas premisas. En los últimos dias le ha tocado el turno a los servicios sociales de los ayuntamientos. Albergues y comedores locales para los sin techo tendrán que proceder al recorte de sus actuaciones y probablemente al cierre.
De esta forma, el Gobierno Central no sólo da un paso más para convertir a nuestra sociedad en una selva donde impere la ley del más fuerte (o del más corrupto), sino que elimina una competencia importante de los entes locales. Y es que, prácticamente desde los inicios de la democracia, los consistorios permitían reducir la pobreza y las carencias de muchas personas que no tienen ni unos ingresos mínimos. Por lo que, estamos ante un atentado contra la supuesta autonomía municipal que debería garantizarse mediante una financiación adecuada.
La derecha española no conoce límites. Cualquier posibilidad de ahorro es un negocio. No importa si hay en juego bienestar de los ciudadanos o vidas. Seguramente, el siguiente paso de este estilo de política será producir discursos donde se venda la leyenda del hombre hecho a sí mismo. La meritocracia. Una suerte de nuevo feudalismo donde habrá que someterse a la protección de los señores. Las grandes corporaciones empresariales y que ellas se encarguen de los miserables o no.
Iberia
Tras estos días de discusiones sobre la españolidad de Cataluña y días de la Hispanidad, no viene mal reflexionar sobre la cuestión de los nacionalismos en el territorio peninsular. Mejor referirse a territorio peninsular para no dañar identidades ni sensibilidades reales, absurdas, creadas o dopadas e incluyendo al país luso. En primer lugar, lo que todos los habitantes de la Península Ibérica o Iberia comparten es un territorio accidentado que ha influido considerablemente en la falta de comunicación entre unas regiones y otras a lo largo de los siglos. Esta peculiaridad ha hecho que pese a ser un territorio tan fácilmente abarcable se hayan creado toda suerte de entidades políticas e identitarias.
En segundo lugar, un hecho en común que une a todos los ibéricos es el afán por diferenciarse unos frente a otros. Portugueses frente a españoles, catalanes frente a españoles, arrianos frente a católicos, del norte frente a los del sur, cantones cartagineses, lusitanos frente a celtíberos, cristianos frente a musulmanes y un largo etcétera. Por suerte, la ventaja de estas distintas identidades que se han perpetuado reside en la riqueza cultural de Iberia. Por desgracia, el cainismo latente en estos pueblos ha llevado a que no en pocas ocasiones la daga y la escopeta sirviesen para dirimir asuntos sobre terruños de tierra como afirma Pérez-Reverte.
Mientras tanto, el derecho a la autodeterminación y la gilipollez de la clase política ha hecho que se construyan discursos sobre la gloria y el boato de naciones efímeras. Es en estos tiempos de crisis y duda, de fractura de la Unión Europea, es cuando las distintas entidades que ocupan el territorio de Iberia podrían dar lugar a una verdadera y floreciente federación ibérica. Recrear realmente el proyecto político del “iberismo” desarrollado en la época decimonónica permitiría acabar con el catetismo vasco, la tiranía catalana y los fachas del aguilucho. Esto necesariamente implicaria poner en común aquello que nos une y reconocer la identidad distintiva de cada uno dentro de un proyecto político consensuado.
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