Mes: junio 2013

El inicio de la caída

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El escándalo Snowden está dando para hablar de muchas cuestiones. Por un lado, el latente dilema entre libertad y seguridad. Un dilema donde Estados Unidos entiende que la libertad sólo es posible a través de una seguridad extrema con capacidad de llegar hasta el último rincón de la privacidad de los particulares. Por otro lado, también se comenta el papel ambiguo de Rusia en esta confrontación debido a su apoyo a la huida del ex miembro de la inteligencia norteamericana. Lo que se suma a su apoyo al gobierno oficial de Siria en una guerra que está siendo instigada por los países occidentales.

Estos días se ha observado como Estados Unidos ha amenazado a Ecuador por su objetivo de acoger a Snowden. Al respecto, plantean la posibilidad de retirar los acuerdos arancelarios que disfruta este país de América Latina. A lo que, el gobierno ecuatoriano ha respondido que pueden ofrecerles millones de dólares para invertir en educación en materia de derechos humanos a la primera potencia. Este mensaje ha sentado como un jarrón de agua fría a Obama. Estados Unidos que durante décadas había pastado –de la mano de la Escuela de las Américas- por el continente sur como si fuese su casa, apoyando golpes de Estado, eliminando gobiernos no proclives a sus intereses y colocando dictaduras de naipes. América Latina ya no es un cordero débil al que pueden decidir si sacrificar o guiar.

Este hecho es una evidencia de que la primera potencia está en el comienzo de su caída. Nuevos países, algunos no-democráticos, otros no necesariamente capitalistas y muchos de ellos antes en vías de desarrollo se están convirtiendo en los nuevos competidores económicos y militares. China, Rusia, Brasil, los “tigres asiáticos”, Venezuela y otros están acrecentando su poder. Lo que puede plantear la hipótesis de que quedarán no muchas décadas para que América del Norte deje de ser la panacea económica, y también de las libertades individuales.

Wert, Sauron y Génova

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Wert-durante-rueda-prensa-planton-rectoresEs el ministro peor valorado según los barómetros del CIS. Su lengua es mordaz, poco acostumbrada a lo políticamente correcto y a lo políticamente humano. Cuando habla dicta sentencia y abre debate. El último ha sido revisar lo que entendemos como justicia y como excelencia. A lo que, apunta que la justicia es entregar becas sólo a los alumnos que superen una nota media de 6,5 en el expediente. Quedó atrás tener en cuenta otros factores que dificultan la obtención de notas altas, véase: escasos ingresos en el hogar, falta de clases de apoyo, etc. No es igual el hijo de una familia pudiente que puede costearse un colegio privado, unas clases particulares, una academia, un tercer idioma, o “comprar” las notas.

No hay lugar a duda de que la enseñanza que Wert defiende no es ni la meritocrática, sino la aristocrática. Unos arriba y otros abajo por derecho de sangre. Sin embargo, detrás de esta persona se oculta algo más oscuro como saber cuáles son sus auténticas intenciones. En un artículo del año pasado, Luis Gómez desde ‘El País’ señalaba que una hipótesis podría ser que Wert sólo reprodujese el discurso oficial de Génova y que no esté dirigiendo realmente Educación. Por un lado, Wert fue uno de los últimos ministros en ser nombrado y llegó sin equipo. Por otro lado, sugieren que su faceta de “gurú” podría haber convencido a los populares, días antes de nombrar un titular para el ministerio. De hecho, existen datos para pensar que Wert es sólo un títere movido por los hilos del partido.

Independientemente de la anterior hipótesis, es cierto que Wert tiene una doble personalidad. Una que es la de un señor llamado Ignacio que es Ministro de Educación en España que se comporta como el malvado Sauron y la otra es la de un inocente señor de derechas que es consejero del Rey Dorado en el Trono Azul, arrancado hace poco de las garras de la Guardia Zapateriana. O quizá sea al revés. Personas anacrónicas con discursos sincronizados. Mientras, Génova vuelve a torcer tuerca para definir la palabra “justicia” a la oposición y al enemigo interior.

Saluda, te estamos leyendo

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privacidadEn estos días, se han hecho públicos datos bastante escalofriantes sobre el respeto de la intimidad de las llamadas “democracias occidentales”. A partir del caso Snowden, se han hecho públicos los miles de datos que grandes corporaciones han suministrado al gobierno estadounidense para espiar a sus ciudadanos (y a los de otros países). Así, como el espionaje de Reino Unido hacia los enviados del G-20. Un país en cuya capital, decenas de cámaras garantizan la seguridad de sus ciudadanos.

El clásico debate sobre seguridad y libertad vuelve a salir al aire. Está claro de que lado de la balanza pende el hilo. Entonces si bien, llegamos al punto de qué la palabra democracia debe empezar a ser sustituida por otra. Una democracia no persigue a sus ciudadanos para garantizar su seguridad, máxime cuando con tanta información en sus manos se producen fallos entre las agencias como la CIA y el FBI, permitiendo atentados como los del 11-S o la reciente maratón de Boston. Por tanto, puede aventurarse que el principal objetivo de esta política de inteligencia y flagrante violación de la individualidad no es la protección del individuo.

Probablemente, estamos ante futuros proyectos, si no lo son ya, de distopías con sus propios mitos como “el hombre hecho a sí mismo” o “la protección del ciudadano”. Mientras tanto, otros Estados que no tienen la calidad democrática de “pata negra” van acogiendo a los detractores de estas estratagemas como América Latina con Julian Assange. Lo cual señala a los futuros países protagonistas en el desarrollo de las políticas de seguridad internacional.

Los falsos liberales

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La derecha española y sus originales iniciativas políticas están destruyendo lo poco que puede quedar del liberalismo en nuestra vida pública. Y por tanto, también en nuestros derechos subjetivos que tienen una base jurídica, es decir, el corazón de la Constitución Española. Con una mayoría absoluta holgada, los populares muestran su verdadero rostro tras la máscara del “viaje al centro”. Ese lema preconizado por Aznar que en la realidad se convirtió a lo sumo en visitas esporádicas a Ginebra de manos de Bárcenas.

 

El sector ultracatólico ha pedido que se limiten los derechos de la mujer, especialmente, la elección en torno a decidir sobre si se continúa o se rechaza un embarazo. Lo que desde la perspectiva de la libertad del individuo, atenta contra una de las capacidades más básicas como es la elección del proyecto de vida. Así, y entendiéndose en el liberalismo, que cada sujeto es dueño y señor de sus decisiones, pretenden violar esta libertad. A lo que, también podríamos añadir la diatriba existente sobre el matrimonio homosexual y otros similares.

En el ámbito de la educación, se ha producido un movimiento regresivo hacia una situación anterior a la que se ha vivido en los últimos veinte años. El incremento de las tasas universitarias y la reducción de las becas como criterios de un sistema de excelencia ha producido que miles de estudiantes abandonen sus carreras ante el impago de matrícula. Y a esto, lo llaman avanzar hacia un modelo más justo, quizá ¿igualitario? Sería necesario recordar a estos defensores del Antiguo Régimen que Adam Smith, padre del capitalismo moderno, defendía que cualquier sociedad libre debía poseer una educación obligatoria y gratuita para sus miembros.

En el campo de la sanidad, se han privatizado los centros madrileños, se están cerrando plantas especializadas en el tratamiento de graves enfermedades y despidiendo a investigadores. Se está pervirtiendo el Estado del Bienestar de Keynes y el mínimo conjunto de derechos de Rawls, también teóricos liberales. Cabe citar la fuga de cerebros de España, bajo el lema de García Pons de que trabajar en Europa es como estar en casa, esa Europa dirigida por la mano de hierro del neopopulismo merkeliano.

Y estos señores y señoras del Partido Popular dicen defender el liberalismo. Pudiéramos argumentar que al menos defienden el liberalismo económico, es decir; capitalismo. Unos liberales que no declaran sus ganancias al Estado, casos de corrupción que quedan impunes ante la ley, que negocian fraudes y engaños con la monarquía, señoras como Aguirre que defienden el neoliberalismo, pero después ostentan un título nobiliario. Una de las barbaridades contra las que luchó el liberalismo más democrático y más radical en la época decimononica. Sin lugar a dudas, el liberalismo español no se encuentra en su derecha política.

La “hipocresía” de Aguirre

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gallardon-aguirre-esferaHace unos días, el Banco de España, encabezado por Luis María Linde, ha propuesto copiar esa práctica de los “mini-jobs”. O dicho de otra forma, plantear la posibilidad de contratar por debajo del salario mínimo como una apuesta por salir del paro. Lo que no implica necesariamente salir de la crisis, que es una crisis de deuda y de déficit público dicho sea de paso. Desde el mismo Ministerio de Trabajo, PSOE, UGT y CC.OO. se han negado en rotundo a apoyar esta locura macroeconómica.

Y es que, ciertamente es una esquizofrenia macroeconómica, porque esta técnica sólo permite ajustar las cifras de población activa, empleados y desempleados. Un maquillaje a los números para decir mira que bien lo hacemos que ya hay más gente trabajando. Un trabajo debiera de ser un trabajo y no esclavitud. Así es como se entiende el trabajo en el contexto del Estado de Bienestar. Sin embargo, Aguirre señala que detrás de este concepto lo que se encuentra es una bondad hipócrita, puesto que al impedir esta pseudo-esclavitud se está impidiendo trabajar a las personas.

El PP de la Comunidad de Madrid en general, y Esperanza en particular, sólo tienen interés en quedar como buenos gestores. Lo demás de derechos laborales es una mentira, una farsa. Aguirre aspira a que la gente trabaje como se hacía en el Antiguo Egipto. Grandes obras faraónicas a precio de esclavo. Baste con observar como el gobierno autonómico que ella misma presidió está estudiando que desempleados trabajen sin sueldo y sin cotización para los ayuntamientos.

Esta hipocresía neoliberal es una hipocresía de números, de ajustar balances y cuentas, de robar más a unos sin que roben tanto a otros. Aguirre, ideóloga del neoliberalismo y del hombre hecho a sí mismo que de la nada lo consigue todo. Un mito del que no puede dar cuenta la ex Presidenta de la comunidad madrileña, quien lo obtuvo todo de la mano de Gallardón y como no, de Bankia, sin mover un dedo.