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El Estado del futuro
Ayer durante una conversación con una vieja amiga vino a la mente una pregunta bastante obvia en el campo de la Ciencia Política. Y esta pregunta, se plantea de la siguiente forma. ¿Cómo es posible que después de cinco siglos no exista una organización política más compleja y global que el Estado? De hecho, el ente estatal en sus orígenes es una de las formas políticas que más cambios y transformaciones ha experimentado desde el Estado moderno hasta el Estado liberal-democrático, pasando por los totalitarismos. Ni las izquierdas ni las derechas, con excepción del anarquismo y el anarquismo-municipalista, han renunciado a la institución estatal en sus diferentes manifestaciones y experiencias históricas.
Ciertamente, el origen del Estado viene favorecido por una serie de factores. Entre ellos, uno nada desdeñable, es el desarrollo de la tecnología y el conocimiento, que posibilitó el surgimiento de países como España, Portugal, Francia e Inglaterra. Sin la mejora de las comunicaciones marítimas en el siglo XVI hubiera sido imposible concebir estas fórmulas de organización humana. Y es que, es necesario un sistema de transportes conectado, seguro y con cierta rapidez que permitiese conectar poblaciones situadas a grandes distancias.
Ahora bien, surge la cuestión de por qué existiendo actualmente sistemas de comunicación aérea y las portentosas nuevas tecnologías, no se ha avanzado hacia una organización política más compleja y que englobe un área geográfica mayor que la de los Estados. Se puede citar el caso de la Unión Europea, pero realmente, esta organización camina a un paso entre un instrumento en manos de un Estado -Alemania- y un acuerdo entre distintos Estados. Por otro lado, las Naciones Unidas, al menos en teoría, podría ser un tipo de organización que investida hipotéticamente con los poderes de un Estado podría englobar y abarcar un área geográfica más amplia.
Sin embargo, ¿por qué no se ha avanzado en esa línea? ¿Por qué no se ha creado un parlamento de las naciones o una suerte de gobierno mundial kantiano con poderes políticos efectivos, cuando existe tecnología para hacer posible dicha realidad? La solución, claro está, reside en que la institución estatal mantiene una preeminencia incuestionable por el principio de soberanía y en que el egoísmo humano rige indudablemente la dinámica tanto macro como micropolítica.
Collado expone su proyecto de tesis en XII Seminario de Doctorado de la AECPA
Francisco Collado ha presentado su tesis sobre liderazgo local ante otros doctorandos en Ciencias Políticas en un foro organizado por la Asociación Española de Ciencia Política (AECPA). A partir de esta reunión, encuadrada dentro del XII Seminario de Doctorado de la AECPA que se ha celebrado el 24 y 25 de septiembre, ha recibido distintas propuestas y críticas constructivas para mejorar su proyecto, así como ha conocido los temas de investigación de otros jóvenes compañeros. A lo largo de distintas sesiones, los profesores Antonio Garrido de la Universidad de Murcia (UM) y José Antonio Peña de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), han comentado los proyectos presentes junto a otros doctorandos participantes. Entre otros participantes, han estado Fátima Recuero (UPO), Alberto Bueno (GESI), Gustavo Xavier Ayala (USAL), Belén Fernández (UGR), Esperanza Estevez (UGR), Imanol Ortega (UGR), Helena Pérez (UAM) y Silvia Maresia (ULA), entre otros.
Los seminarios de doctorado representan una de las actividades continuadas de la AECPA y cuyo objetivo reside en facilitar el desarrollo académico de los doctorandos en la disciplina. En esta última edición, el Departamento de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad de Granada (UGR) ha sido la institución encargada de organizar y acoger este evento, bajo la dirección de los profesores José Montabes Pereira y Carmen Ortega Villodres, entre otros.
Ciudadanos sube, Rajoy patina
La maniobra del Partido Popular de vender sus brotes verdes ha caído en papel mojado. Ya ha quedado claro que si hay una salida de la crisis, dicha salida se traduce en las cifras macroeconómicas, pero no necesariamente en la mejora de las condiciones laborales de las personas. Esto se explica principalmente a la receta de los “mini-jobs” importada por Rajoy desde la actual Alemania. De esta forma, juega al disimulo de las estadísticas tal y como hizo su antecesor, Rodríguez Zapatero, y al que él mismo culpaba de dicha visión macro frente a la realidad de las personas.
Mientras tanto, el PSOE de Pedro Sánchez sube ligeramente frente a los populares y la formación de Albert Rivera se beneficia de la volatilidad del caladero popular. No obstante, cabe y surge la duda de preguntarse si parte de esos votos no provienen del centro-izquierda que recientemente ha dado su apoyo a Podemos. Aunque ya advirtió Pablo Iglesias que pescan en caladeros distintos. Lo cierto es que se observa un fenómeno de doble bipartidismo entre unos y otros. Todo esto lleva a la situación de que el próximo gobierno lo determinará el apoyo de Ciudadanos. Es aquí realmente donde se juega la partida y no ya tanto, en el campo electoral.
En este sentido, Rivera no ya es sólo un líder indiscutible, sino que también se ha convertido en alguien que determinará el futuro devenir del panorama político. A fin de cuentas, ha demostrado prudencia al manifestarse frente a los resultados de las encuestas pre-electorales. Prudencia que desafortunadamente no acompaña al actual Presidente del Gobierno, quien entre cuyos grandes éxitos se encuentra el haber convertido a la corrupción política, y no ya tanto a la crisis, en un problema de primer orden.
Navidades rajoyanas, agosto rivereño
La convocatoria para las elecciones generales ya tiene fecha el 20 de diciembre. Apenas con unos cuatro días de antelación para que Rajoy se atragante con el pavo y Rivera celebre un brindis al sol. Ciertamente, los populares han basado su estrategia en el control de los tiempos y en esperar que los “buenos resultados” de la macroeconomía calen entre la opinión pública. Una opinión que todavía no termina de estar segura de ese mensaje que sostiene que hemos salido -o estamos saliendo- de la crisis. Sin embargo, el ascenso de Ciudadanos como principal fuerza nacional tras las elecciones autonómicas de Cataluña asienta un precedente de lo que cabe esperar de los próximos comicios.
En distintas encuestas, se sitúa a Ciudadanos como la tercera fuerza política tras PP y PSOE, de cuya caída se beneficiaría. En cuarto lugar, se encontraría el partido de Pablo Iglesias, que no conseguiría aprovecharse de la volatilidad de votos socialistas, caladero donde Albert Rivera también pesca con éxito. Todo esto ha llevado a que Ciudadanos no sea considerado sólo como una “marca blanca” de los populares, sino a un partido que complementa las tendencias centralistas planteadas por el clásico bipartidismo. De esta forma, esta fuerza habría conseguido el objetivo que no llegó a alcanzar UPyD, al colocarse en el centro político que correspondería con el espacio ocupado por la extinta UCD.
En este sentido, ni las banderas españolas de Pedro Sánchez, ni los desavíos de Rajoy, quemado por los constantes escándalos de corrupción, salvarán la situación en Navidades. Al contrario, se volverá a entrar en una nueva dinámica de pactos en las que las fuerzas de Ciudadanos y en menor grado, Podemos y otras formaciones minoriatarias de izquierdas decidirán el futuro Gobierno de España. Un dato que es indudable es que se producirá una fragmentación electoral en un grado considerable como no se ha conocido en la última década.
El comunitarismo vence al nacionalismo de Mas
Tras las elecciones catalanas, han quedado dos claros vencedores y no porque hayan ganado más votos que los demás, sino porque han aumentado sus escaños de forma significativa. Se trata del partido de Albert Rivera, que ha sorprendido contra todo pronóstico con 22 parlamentarios y los 7 obtenidos por la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). En este contexto, muchos desconocedores se preguntan quiénes son estos señores que hablan catalán, están a favor de la independencia, pero se niegan a dar su apoyo a la investidura de Mas como President.
Una primera descripción de lo qué es la CUP podría ser un conjunto de partidos de izquierda radical y nacionalistas catalanes. No obstante, una ideología, una forma de concebir la vida y un modelo de organización territorial del poder son los elementos a los que van unidas a estas siglas, con las cuales se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero que son reales y efectivas. En cierta medida, la CUP remonta sus orígenes programáticos hacia el anarquismo catalán del siglo pasado, pero con una evolución y una adaptación correspondiente con los tiempos que corren. Entre sus principios se encuentran la democracia participativa municipal, la igualdad social, la consolidación de los «países catalanes» y el fortalecimiento del movimiento asociativo. Por lo que, la propuesta política de la CUP vendría a situarse entre el anarquismo municipalista y el comunitarismo nacionalista. Lo que explica su claro rechazo a la derecha catalana que ha liderado el plebiscito nacionalista.
Históricamente, la CUP se originó durante las primeras elecciones locales a partir de distintas agrupaciones de electores y con una ideología crítica, que terminaron por confluir en una coalición común de independentistas de izquierdas. Entre los grupúsculos principales que la integran caben destacar el Moviment d’Esquerra Nacionalista y el Moviment de Defensa de la Terra. Durante un tiempo, los distintos grupos que conformaban la CUP se integraron en otras candidaturas como Iniciativa per Catalunya, pero a partir de la década pasada volvieron a congregarse en torno al movimiento inicial. Lo que se ha debido especialmente, a una renovación de su élite política y la llegada de jóvenes militantes abanderados del catalanismo, el comunitarismo, el feminismo, el ecologismo y otros sectores de la izquierda más crítica. Asimismo, su implantación social se hace más visible en el interior catalán, especialmente en las provincias de Girona y Lleida. De hecho, una parte fundamental de su éxito político descansa sobre las actuaciones sociales llevadas a cabo en sus municipios en la provisión de distintos servicios públicos donde han realizado un ejercicio práctico y efectivo del comunitarismo más realista posible.
Demasiada permisividad, futura catalanidad
Corren ríos de tinta sobre los pros y los contra de la independencia catalana. Se escuchan argumentos de un lado y de otro sobre la legalidad de la consulta que no deja de ser un comicio autonómico. Si sube el café, también están los que se preguntan si al escindirse estaría ese nuevo país dentro o fuera de la Unión Europea. Y para atemperar el debate, aparece un periodista de la BBC que desmonta uno a uno los argumentos de “Junts per Sí”. ¿Y quién se preocupará de la futura selección de fútbol catalana? Si bien, se observa que aquí nadie habla de los catalanes o la minoría catalana que se encuentra repartida entre, Andorra, el Rosellón francés y el Alguer italiano.
En un ejercicio de política comparada, se puede afirmar que esta escalada de la tensión catalano-española es el resultado de cierta permisividad del Estado español desde el inicio de la democracia. Como los más mayores saben, el Gobierno Central decidió conceder el reconocimiento de una autonomía a Cataluña, País Vasco y Galicia en un primer momento debido a que tras la Guerra Civil, eran una serie de demandas que se mantenían bajo el nombre de los llamados “territorios históricos”. Desde aquí, España ha evolucionado hacia un Estado descentralizado con determinados ingredientes regionalistas y federalistas, según teóricos como Agranoff, para satisfacer dichas exigencias territoriales.
En Francia, existe una minoría catalana que no tiene acceso a la educación en su lengua, tampoco se admite su lengua en las relaciones entre ciudadano y Administración. Esto es el resultado de un Estado centralizado que ha impuesto el francés tanto como lengua como patrimonio lingúístico común a todos sus territorios, sin ninguna concesión. Tan sólo en 2007, el Consejo General de los Pirineos Orientales lo reconoció como idioma oficial. En Italia, sólo la lengua catalana está reconocida como lengua minoritaria del Alguer desde 1991 y queda protegida por la jurisdicción que vela por la misma con un carácter protector, desarrollada especialmente a través del gobierno regional y municipal. Finalmente en Andorra, coexiste el catalán junto al español y al francés en igualdad de condiciones, existiendo centros de educación diferenciados para cada una de estas lenguas y auspiciados por los ministerios español y francés.
Ante todo esto, cabe preguntarse por qué en España no hemos procedido de forma similar al caso francés, más aún, cuando Francia tiene más minorías etno-lingüísticas (bretones, vascos, occitanos, catalanes, corsos, etc.) que España. O por qué no se quedó todo en un tímido reconocimiento territorial como en el caso de Italia. Tampoco se pudo auspiciar una situación similar a la de Andorra debido al reducido tamaño geográfico de este micro-Estado y a sus propias características socio-culturales. La permisividad ante todo ha sido la política del Gobierno Central, mientras en Barcelona se sigue haciendo dinero con los “tablaos flamencos” que desde una postura estrictamente nacionalista-catalana, no serían patrimonio de su identidad cultural.
Participación en el XII Congreso de la AECPA
José Francisco Jiménez (UPO) y Francisco Collado (UPO) han presentado dos ponencias en el último congreso celebrado por la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración (AECPA), en San Sebastián entre el 13 y 15 de julio. Estas exposiciones han versado sobre una revisión del liderazgo de José Luiz Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno, bajo el título «Liderazgos antes y durante la crisis en España: José Luis Rodríguez Zapatero y la construcción del liderazgo socialdemócrata»; y la importancia de la participación política de los inmigrantes desde la teoría pluralista de la democracia, con el nombre «La participación política de los inmigrantes en las poliarquías: una aproximación desde la teoría democrática de R.A. Dahl».
London First Week: surviving in the urban hell
La estancia académica en Londres durante este verano pretendía ser un descanso en todos los sentidos. Un momento de pausada armonía. Lo que me llevó a pensar que podría descansar de las reflexiones políticas de mis columnas y escribir algo menos apresurado como unas memorias de viaje. Aunque llegué con los ciertos prejuicios que todo español arrastra frente al mundo anglosajón: la cultura, el estilo de vida, la gastronomía y el clima insular; lo cierto es que, esas teorías eran sólo unas aventuradas y vacuas hipótesis que no captaban la auténtica gravedad de todo lo que encierra la «city». No es mi intención desanimar a ningún alma aventurera, estudiante Erasmus, inmigrante en busca de trabajo o enamorado de la metrópolis. Por lo que, recomiendo a aquellos que se suscriban a alguno de dichos perfiles que abandonen la lectura para evitar que mi opinión subjetiva, sesgada y profundamente juiciosa pueda contaminar en sus expectativas, sueños y pesares. Con esta advertencia previa, puedo dar paso a plasmar en las siguientes líneas lo que he experimentado y conocido durante nada más y nada menos que una semana.
La comida constituye, sin lugar a dudas, uno de los elementos que más determinan nuestra experiencia londinense (y la de otros). Aún desconozco si lo que relataré a continuación sucede sólo en Londres o en cambio, es algo que afecta a todo el país. Básicamente, la comida aquí es una mierda. Sí. Una auténtica mierda. ¿Por qué? Los productos frescos como la carne y la verdura se pudren en cuestión de días. No hablemos ya del pescado. Por cierto, ¿por qué no hay pescaderías en la «city»? ¿han desterrad
o a los pescadores por el congelado? Aquí puedes comprar una pechuga de pollo, unos tomates o una lechuga que de la noche a la mañana se convertirán en un nido de putrefacción. Esta afirmación ha sido comprobada científicamente. La basura da pruebas fehacientes de ello.
En este sentido, la fecha de caducidad de los productos es exacta. Esto no es España donde Cañete puede darse el lujo de comerse los yogures de hace dos días. Aquí consumir algo que cumplió ayer tendrá nefastas consecuencias como gastroenteritis, diarrea, vómitos y hongos cutáneos. ¿Cómo puede haber tanta obesidad con «questo civo» en Reino Unido? De hecho, los supermercados juegan a diario con la proximidad de la fecha de caducidad de los productos para rebajar consecutivamente el precio de los comestibles hasta que llega la hora punta. Finalmente, añadimos el precio de los productos de primera necesidad y sólo se llega a una conclusión: se paga bastante por una comida de baja calidad y en deplorables condiciones. Por estas razones, los británicos suelen acudir a los supermercados a diario, porque se van consumiendo en el corto plazo. Ni el congelado es de fiar.
El clima es un segundo factor a tener en cuenta. Durante el verano no hay una forma lógica de predecir qué tiempo hará a lo largo del día. Puede que te levantes con un cielo nublado y al cabo de unas horas todo se transforme en un intenso calor veraniego. También existe la posibilidad que la soleada jornada se cierre con una noche tormentosa. El paraguas es uno de tus complementos básicos. Por todo ello, la vestimenta puede variar de un día a otro de una manera abismal. Así que, viéndolo de forma positiva, podrás disfrutar de una amplia gama de tu propio armario. Sí. Tu armario debe ser variado y complementario.
El carácter de la ciudad es algo totalmente genuino. No es una ciudad fea, pero tampoco es bonita. No es una ciudad acogedora, pero tampoco es repelente. En las fachadas rojizas de sus edificios y los colores violáceos de sus contenedores de basura se exhibe el intento por dibujar las tonalidades de vidas grises. La vida del profesional liberal de Aldgate, del comerciante musulmán de Whitechapel o del hipster de Candem o Picadilly. Entre todos ellos existe el mismo interés por dar sabor a una insípida existencia en las profundidades de la «city», pues de por sí, suelen ser vidas bastantes impersonales. Una impersonalidad que imprime la ciudad y que sus habitantes intentan borrar con personalidad, identidad y carácter. También una solución muy socorrida son las «pints» y los «gins» al acabar la jornada, ya sea en una tasca del barrio más deprimente o en la más concurrida taberna del centro.
Sin embargo, si todo esto no te ha convencido. No hay mejor forma de cerrar una jornada de trabajo con una «tube strike» que cierra las bocas del metro, convierte los autobuses en latas de sardinas, colapsa las aceras y eterniza la «rush hour». Así, puedes ejercitar tu cuerpo con una caminata de más de hora y media hasta tu hogar, que sin lugar a dudas, no se encontrará en el interior de la Zona 1. Mientras escribo estas líneas ya pienso en las próximas que versarán sobre el estilo y el sentido de la vida en la «city», una hipótesis que aún está por poner a prueba para corroborar o refutar. Hasta la próxima.
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