inmigracion

Lucro cainita

Posted on Actualizado enn


quikfenHa salido a la luz que una empresa toledana, Quickfence SA, experta en la construcción de vallados de alta seguridad concursará, junto con otras, por adquirir el encargo de levantar el famoso muro de Trump entre Estados Unidos y México. Esta compañía que tiene entre otros méritos diseñar otros cercados para centros penitenciarios, instalaciones deportivas y de Fórmula-1, ya tiene experiencia en este tipo de estructuras que atentan contra los derechos más básicos del ser humano como la que comenzaron a alzar en Emiratos Árabes Unidos para evitar refugiados políticos procedentes de Arabia Saudita.

Castilla, el corazón de España y origen de uno de los idiomas más hablados, fue el reino que financió la aventura de Cristóbal Colón hacia las Indias. Y cuyo destino fue el fin del comienzo de la creación del imperio español a lo ancho de América Central, América del Sur y el Caribe. Entre estos territorios, México fue una de las regiones preponderantes y actualmente una de las potencias en su zona. Es en esa frontera desértica entre Texas y el Estado mexicano donde Trump pretende construir este nuevo muro de la vergüenza.

Una empresa del país que fundó México, y más aún castellana, pretende ganar millones de euros a expensas de joder a una de sus antiguas colonias. A un país, cuyo patrimonio histórico bebe directamente de la cultura iberoamericana. ¿Qué es esto? ¿A dónde hemos llegado? Sólo nosotros, españoles, cainitas de sangre oscura vivimos con el oro que sacamos de matar a nuestros propios hermanos.

London First Week: surviving in the urban hell

Posted on Actualizado enn


DSCN0041La estancia académica en Londres durante este verano pretendía ser un descanso en todos los sentidos. Un momento de pausada armonía. Lo que me llevó a pensar que podría descansar de las reflexiones políticas de mis columnas y escribir algo menos apresurado como unas memorias de viaje. Aunque llegué con los ciertos prejuicios que todo español arrastra frente al mundo anglosajón: la cultura, el estilo de vida, la gastronomía y el clima insular; lo cierto es que, esas teorías eran sólo unas aventuradas y vacuas hipótesis que no captaban la auténtica gravedad de todo lo que encierra la “city”. No es mi intención desanimar a ningún alma aventurera, estudiante Erasmus, inmigrante en busca de trabajo o enamorado de la metrópolis. Por lo que, recomiendo a aquellos que se suscriban a alguno de dichos perfiles que abandonen la lectura para evitar que mi opinión subjetiva, sesgada y profundamente juiciosa pueda contaminar en sus expectativas, sueños y pesares. Con esta advertencia previa, puedo dar paso a plasmar en las siguientes líneas lo que he experimentado y conocido durante nada más y nada menos que una semana.

La comida constituye, sin lugar a dudas, uno de los elementos que más determinan nuestra experiencia londinense (y la de otros). Aún desconozco si lo que relataré a continuación sucede sólo en Londres o en cambio, es algo que afecta a todo el país. Básicamente, la comida aquí es una mierda. Sí. Una auténtica mierda. ¿Por qué? Los productos frescos como la carne y la verdura se pudren en cuestión de días. No hablemos ya del pescado. Por cierto, ¿por qué no hay pescaderías en la “city”? ¿han desterradDSCN0058o a los pescadores por el congelado? Aquí puedes comprar una pechuga de pollo, unos tomates o una lechuga que de la noche a la mañana se convertirán en un nido de putrefacción. Esta afirmación ha sido comprobada científicamente. La basura da pruebas fehacientes de ello.

En este sentido, la fecha de caducidad de los productos es exacta. Esto no es España donde Cañete puede darse el lujo de comerse los yogures de hace dos días. Aquí consumir algo que cumplió ayer tendrá nefastas consecuencias como gastroenteritis, diarrea, vómitos y hongos cutáneos. ¿Cómo puede haber tanta obesidad con “questo civo” en Reino Unido? De hecho, los supermercados juegan a diario con la proximidad de la fecha de caducidad de los productos para rebajar consecutivamente el precio de los comestibles hasta que llega la hora punta. Finalmente, añadimos el precio de los productos de primera necesidad y sólo se llega a una conclusión: se paga bastante por una comida de baja calidad y en deplorables condiciones. Por estas razones, los británicos suelen acudir a los supermercados a diario, porque se van consumiendo en el corto plazo. Ni el congelado es de fiar.

El clima es un segundo factor a tener en cuenta. Durante el verano no hay una forma lógica de predecir qué tiempo hará a lo largo del día. Puede que te levantes con un cielo nublado y al cabo de unas horas todo se transforme en un intenso calor veraniego. También existe la posibilidad que la soleada jornada se cierre con una noche tormentosa. El paraguas es uno de tus complementos básicos. Por todo ello, la vestimenta puede variar de un día a otro de una manera abismal. Así que, viéndolo de forma positiva, podrás disfrutar de una amplia gama de tu propio armario. Sí. Tu armario debe ser variado y complementario.

DSCN0068

El carácter de la ciudad es algo totalmente genuino. No es una ciudad fea, pero tampoco es bonita. No es una ciudad acogedora, pero tampoco es repelente. En las fachadas rojizas de sus edificios y los colores violáceos de sus contenedores de basura se exhibe el intento por dibujar las tonalidades de vidas grises. La vida del profesional liberal de Aldgate, del comerciante musulmán de Whitechapel o del hipster de Candem o Picadilly. Entre todos ellos existe el mismo interés por dar sabor a una insípida existencia en las profundidades de la “city”, pues de por sí, suelen ser vidas bastantes impersonales. Una impersonalidad que imprime la ciudad y que sus habitantes intentan borrar con personalidad, identidad y carácter. También una solución muy socorrida son las “pints” y los “gins” al acabar la jornada, ya sea en una tasca del barrio más deprimente o en la más concurrida taberna del centro.

Sin embargo, si todo esto no te ha convencido. No hay mejor forma de cerrar una jornada de trabajo con una “tube strike” que cierra las bocas del metro, convierte los autobuses en latas de sardinas, colapsa las aceras y eterniza la “rush hour”. Así, puedes ejercitar tu cuerpo con una caminata de más de hora y media hasta tu hogar, que sin lugar a dudas, no se encontrará en el interior de la Zona 1. Mientras escribo estas líneas ya pienso en las próximas que versarán sobre el estilo y el sentido de la vida en la “city”, una hipótesis que aún está por poner a prueba para corroborar o refutar. Hasta la próxima.

Calidad en la academia

Posted on Actualizado enn


sheldon La presente podría ser el inicio de una reflexión sobre los cambios políticos que se están sucediendo. No obstante, la prontitud de los hechos muchas veces lleva a opinar con la fugacidad que caracteriza a los periodistas. En cambio y ante el presente fin el curso, es oportuno reflexionar sobre la obsesión de “calidad” en la docencia y la investigación que se está insertando recientemente en España. Desde el Gobierno de Rajoy, se han recortado ayudas a la investigación, se han reducido recursos a las universidades y se han aumentado las exigencias al personal investigador, inclusive el personal en formación.

La universidad y las universidades españolas, entre ellas las más antiguas especialmente, están repletas de senectudes con escasos méritos y poco preocupados por la enseñanza. De hecho, muchos estudiantes saben el nombre de catedráticos que llevan sin actualizar sus apuntes más de una década. Esto permite que los apuntes que el arribafirmante usase en sus estudios de Periodismo allá por 2003 y 2004 sean válidos aún a fechas de hoy para aprobar las asignaturas. En concreto, me refiero al caso de algunos catedráticos y profesores titulares que nada más acabar la tesis y en menos de una década se hicieron con dicha plaza, pasando a ser funcionarios. Por lo que, con menos de cuarenta años ya estaba solucionado y su preocupación presente pasa más por la influencia o la política académica que por la calidad de sus producciones científicas y sus clases.

Por otro lado, la nueva generación de investigadores y docentes desde su etapa predoctoral y anterior incluso al doctorado se les exige “calidad”: artículos de impacto, congresos internacionales, renombre internacional, pertenencia a comités internacionales, etc. Una calidad que no se exigió ni en su vejez ni en su juventud a los despreocupados de los que hemos hablado anteriormente. Y es que ciertamente, para que un joven académico que aún no roza la treintena es difícil reunir esos méritos, que en la mayoría de las ocasiones requieren de una dosis combinada de influencia, poder y recursos económicos. Algo que queda fuera del alcance de una persona que aún no se ha matriculado ni siquiera en el curso de doctorado. A ello, hay que añadir que han aumentado otras exigencias como el tiempo de finalización del doctorado, reduciendo el tiempo de reflexión a veces necesario.

El sistema de carrera académica español, con una oscura similitud con el italiano, espera que después de décadas de ineficacia, la nueva hornada acometa con los cambios que sus mayores no realizaron. Y es que, lo más irónico del asunto es que entre los comités científicos que evalúan dicha “calidad” se encuentran algunas de estas senectudes despreocupadas. Afortunadamente, una de las pocas luces que brilla en este túnel del cambio es la presencia de honrados catedráticos y profesores titulares que sí están realmente comprometidos con su traajo.

Sin embargo, una cuestión fundamental sería redefinir el concepto de “calidad” y las necesidades económicas y técnicas que requiere realmente esa meta, porque si la calidad no se paga se pierde, como está sucediendo con muchos investigadores que abandonan el país para encontrar destinos mejores. Por ejemplo, el reciente caso de una doctoranda de la Universidad de Jaén, Leticia Díaz, que ha trabajado sobre los genes que influyen en el autismo sin asignación presupuestaria durante un año y debido a los recortes económicos en su proyecto. Finalmente, la Universidad de Harvard ha decidido contratarla durante varios años. Mientras tanto, Wert o Rajoy o el espíritu de Aznar aspiran a que la calidad sea una meta imposible en España, pero posible para los investigadores españoles en el extranjero.

La huida de España

Posted on


El barco español se hunde. Mientras tanto, otros navíos toman el relevo de lo que se está llamando “fuga de cerebros” o inmigración de jóvenes españoles. Sin ninguna oportunidad en un país, donde el paro supera la cuarta parte de la población activa, se reduce la inversión en I+D, aumentan los precios de los productos básicos y los desahucios están a la orden del día. No es de extrañar que muchos capacitados y preparados estén haciendo las maletas, cuando otros ya las han abierto en sus nuevos destinos.

Hace una década, la sociedad española manifestó su preocupación por el tema “inmigración”. Sin recordar que hace treinta años, los emigrantes españoles se fueron a Francia, Alemania y Suiza, entre otros países. Ahora son los mismos los que vuelven a emigrar a otros lugares. Cuando Argentina y Chile enviaban inmigrantes a España hace quince años, somos ahora nosotros los que nos estamos marchando. De hecho, indican fuentes oficiales que el mes pasado más de 20.000 españoles llegaron a tierras chilenas.

Sin embargo, no todo son malas noticias. La clase política y empresarial están de celebración. Entre tanto inútil de diputado –disculpen, pues alguno habrá eficiente- y de patrono inculto, se echan a dar palmas porque los que pueden poner su posición en duda ya no estarán. España volverá a ser ese país no atrasado, si no subnormal que siempre ha gustado ser en los dos últimos decenios. Enhorabuena al Gobierno.