Partidos políticos
Collado publica un nuevo artículo sobre la personalización de la comunicación política
La conversión de los candidatos políticos en auténticas marcas de consumo durante las elecciones generales de 2011. De esta forma, tanto líderes como partidos se convierten en productos para el consumo por parte del electorado. Este fenómeno, ha sido recientemente analizado en un artículo titulado «La comunicación personalizadora en el 11-N. Un análisis de caso en la circunscripción de Málaga» de Francisco Collado que publica la revista Disertaciones, Anuario Electrónico sobre Estudios en Comunicación Social, que editan conjuntamente la Universidad del Rosario y la Universidad Complutense de Madrid. En este paper se recoge cómo los distintos soportes de comunicación política de PP y PSOE han empleado esta técnica en la circunscripción electoral de Málaga.
Resaca de bipartidismo
El Presidente del Gobierno, ya a menos de dos meses de las elecciones, ha caído en esa tentación del país de las maravillas. Las maravillas que se observan tras una borrachera de absenta bipartidista. Hace ya dos legislaturas, cuando se hablaba del pensamiento “Alicia” de Zapatero, pero en este caso, el malestar que afecta a Rajoy es de una índole bien distinta. En concreto, se trata de esa obsesión por continuar anclado en un pasado beneficioso. Ese episodio de la historia donde populares y socialistas eran los únicos partidos con capacidad auténtica de formar gobierno. Una especie en peligro de extinción desde que han aparecido Ciudadanos y Podemos en la escena pública.
En un reciente discurso de Rajoy de Finestrat, en la provincia de Alicante, no se ha mencionado a ninguno de los partidos emergentes. Mientras que los líderes populares locales se han referido en distintos fragmentos a la nueva política, Compromís y Podemos. La pesadilla de la resaca bipartidista de Rajoy no es tanto Iglesias, como Rivera con una postura de centro que aúna las posiciones del liberalismo y de la socialdemocracia. Y es que, si se observa la evolución histórica del Partido Popular en España este no experimentó un verdadero ascenso hasta la caía de la Unión de Centro Democrático y el exilio en el desierto de la derecha hacia el centro que duró más de una década.
Para la derecha española no hay mayor ampolla que un partido de centro, aunque sea a título nominal. Porque la victoria política es más sencilla en una visión maníquea de la política y no pluralista. En este sueño de Morfeo que es la resaca de Rajoy, la pesadilla no va acompañada de un desenfadado Pedro Sánchez, sino que es continuada por dos señores treintañeros: uno con coleta y barba y otro con cara de joven infante aún no lo suficientemente embarrado en los lodazales de la política. La ilusión de avaricia de poder de Rajoy se preocupa por amasar su moneda para la fiesta navideña. Sin embargo, el fantasma de la nueva política acosa a Rajoy en sus delirios como el espíritu de la Navidad perseguía al ávaro señor Scrooge.
Ciudadanos sube, Rajoy patina
La maniobra del Partido Popular de vender sus brotes verdes ha caído en papel mojado. Ya ha quedado claro que si hay una salida de la crisis, dicha salida se traduce en las cifras macroeconómicas, pero no necesariamente en la mejora de las condiciones laborales de las personas. Esto se explica principalmente a la receta de los “mini-jobs” importada por Rajoy desde la actual Alemania. De esta forma, juega al disimulo de las estadísticas tal y como hizo su antecesor, Rodríguez Zapatero, y al que él mismo culpaba de dicha visión macro frente a la realidad de las personas.
Mientras tanto, el PSOE de Pedro Sánchez sube ligeramente frente a los populares y la formación de Albert Rivera se beneficia de la volatilidad del caladero popular. No obstante, cabe y surge la duda de preguntarse si parte de esos votos no provienen del centro-izquierda que recientemente ha dado su apoyo a Podemos. Aunque ya advirtió Pablo Iglesias que pescan en caladeros distintos. Lo cierto es que se observa un fenómeno de doble bipartidismo entre unos y otros. Todo esto lleva a la situación de que el próximo gobierno lo determinará el apoyo de Ciudadanos. Es aquí realmente donde se juega la partida y no ya tanto, en el campo electoral.
En este sentido, Rivera no ya es sólo un líder indiscutible, sino que también se ha convertido en alguien que determinará el futuro devenir del panorama político. A fin de cuentas, ha demostrado prudencia al manifestarse frente a los resultados de las encuestas pre-electorales. Prudencia que desafortunadamente no acompaña al actual Presidente del Gobierno, quien entre cuyos grandes éxitos se encuentra el haber convertido a la corrupción política, y no ya tanto a la crisis, en un problema de primer orden.
Navidades rajoyanas, agosto rivereño
La convocatoria para las elecciones generales ya tiene fecha el 20 de diciembre. Apenas con unos cuatro días de antelación para que Rajoy se atragante con el pavo y Rivera celebre un brindis al sol. Ciertamente, los populares han basado su estrategia en el control de los tiempos y en esperar que los “buenos resultados” de la macroeconomía calen entre la opinión pública. Una opinión que todavía no termina de estar segura de ese mensaje que sostiene que hemos salido -o estamos saliendo- de la crisis. Sin embargo, el ascenso de Ciudadanos como principal fuerza nacional tras las elecciones autonómicas de Cataluña asienta un precedente de lo que cabe esperar de los próximos comicios.
En distintas encuestas, se sitúa a Ciudadanos como la tercera fuerza política tras PP y PSOE, de cuya caída se beneficiaría. En cuarto lugar, se encontraría el partido de Pablo Iglesias, que no conseguiría aprovecharse de la volatilidad de votos socialistas, caladero donde Albert Rivera también pesca con éxito. Todo esto ha llevado a que Ciudadanos no sea considerado sólo como una “marca blanca” de los populares, sino a un partido que complementa las tendencias centralistas planteadas por el clásico bipartidismo. De esta forma, esta fuerza habría conseguido el objetivo que no llegó a alcanzar UPyD, al colocarse en el centro político que correspondería con el espacio ocupado por la extinta UCD.
En este sentido, ni las banderas españolas de Pedro Sánchez, ni los desavíos de Rajoy, quemado por los constantes escándalos de corrupción, salvarán la situación en Navidades. Al contrario, se volverá a entrar en una nueva dinámica de pactos en las que las fuerzas de Ciudadanos y en menor grado, Podemos y otras formaciones minoriatarias de izquierdas decidirán el futuro Gobierno de España. Un dato que es indudable es que se producirá una fragmentación electoral en un grado considerable como no se ha conocido en la última década.
El comunitarismo vence al nacionalismo de Mas
Tras las elecciones catalanas, han quedado dos claros vencedores y no porque hayan ganado más votos que los demás, sino porque han aumentado sus escaños de forma significativa. Se trata del partido de Albert Rivera, que ha sorprendido contra todo pronóstico con 22 parlamentarios y los 7 obtenidos por la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). En este contexto, muchos desconocedores se preguntan quiénes son estos señores que hablan catalán, están a favor de la independencia, pero se niegan a dar su apoyo a la investidura de Mas como President.
Una primera descripción de lo qué es la CUP podría ser un conjunto de partidos de izquierda radical y nacionalistas catalanes. No obstante, una ideología, una forma de concebir la vida y un modelo de organización territorial del poder son los elementos a los que van unidas a estas siglas, con las cuales se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero que son reales y efectivas. En cierta medida, la CUP remonta sus orígenes programáticos hacia el anarquismo catalán del siglo pasado, pero con una evolución y una adaptación correspondiente con los tiempos que corren. Entre sus principios se encuentran la democracia participativa municipal, la igualdad social, la consolidación de los «países catalanes» y el fortalecimiento del movimiento asociativo. Por lo que, la propuesta política de la CUP vendría a situarse entre el anarquismo municipalista y el comunitarismo nacionalista. Lo que explica su claro rechazo a la derecha catalana que ha liderado el plebiscito nacionalista.
Históricamente, la CUP se originó durante las primeras elecciones locales a partir de distintas agrupaciones de electores y con una ideología crítica, que terminaron por confluir en una coalición común de independentistas de izquierdas. Entre los grupúsculos principales que la integran caben destacar el Moviment d’Esquerra Nacionalista y el Moviment de Defensa de la Terra. Durante un tiempo, los distintos grupos que conformaban la CUP se integraron en otras candidaturas como Iniciativa per Catalunya, pero a partir de la década pasada volvieron a congregarse en torno al movimiento inicial. Lo que se ha debido especialmente, a una renovación de su élite política y la llegada de jóvenes militantes abanderados del catalanismo, el comunitarismo, el feminismo, el ecologismo y otros sectores de la izquierda más crítica. Asimismo, su implantación social se hace más visible en el interior catalán, especialmente en las provincias de Girona y Lleida. De hecho, una parte fundamental de su éxito político descansa sobre las actuaciones sociales llevadas a cabo en sus municipios en la provisión de distintos servicios públicos donde han realizado un ejercicio práctico y efectivo del comunitarismo más realista posible.
No es país para twits
La opinión manifestada por los políticos en las redes sociales es el tema estrella de esta semana. Baste hacer un recorrido por diversos episodios. Empezando por Zapata, candidato frustrado a concejal en el Madrid de Carmena, pasando por las declaraciones de Pablo Iglesias sobre la redención de portar explosivos y terminando por algún concejal popular que se ha dedicado a revisar sus twits y estados de Facebook de hace un lustro. Parece que a todos nos ha dado una fiebre por saber quién dijo qué aquel día que tuvo un apretón mental y acabo en cagada, o si donde dije digo, digo Diego como le ha pasado al responsable de comunicación de los populares.
En este nuestro país de cainitas, se trata la opinión de cualquier mequetrefe como información. La vanidad más etérea se convierte en la verdad más absoluta. Esto hace posible que cuándo el adversario diga cualquier barbaridad todos se escandalicen, que cuando un amigo de filas diga otra se minimice su efecto o que cuando diga algo que no sea una barbaridad todos aplaudan como primates (mi respeto a los simios, pues son seres con sentimientos) a los que le lanzan fruta. Hay que repensar que la fugacidad a la que se mueven las redes sociales, y la sociedad del conocimiento, hacen imposible tener una opinión, no ya digamos una postura firme, en torno a un tema. Máxime cuando las lógicas de estas opiniones oscilan en alineamientos izquierda-derecha o adversario-amigo.
La velocidad de la comunicación es un problema, pero no el principal. No, no, no. El principal problema es que somos demasiado cainitas. Tan cainitas como para justificar que si alguien llevaba un explosivo (en el caso hipotético de que lo llevara) tiene tanta legitimad a llevarlo como un banquero a robar dinero. Lo suficientemente cainitas como para pedirle a una alcaldesa como Carmena -que al igual que todos- apenas lleva diez días en el cargo, produzca unos resultados con su gestión que en su día no se le exigió a Botella. Debemos darnos cuenta que nuestro problema no es ser de izquierda o derecha, ser «pepero» o «del sóe», o «del coletas» o «de los naranjitos». Nuestro problema auténtico es que somos lo suficientemente gilipollas como para no darnos cuenta de que el cainismo es la variable independiente que nos mantiene sumidos en esta crisis política, social e incluso moral.
Rivera e Iglesias juegan al ajedrez
La “política del consenso” era un espécimen único en su especie en la España democrática. Gunther, Maravall, Bernecker y Maihold, entre otros, han advertido la evolución de la política del pacto a la crispación. La crispación ha sido durante mucho tiempo el monopolio del bipartidismo, ya que todo se resumía en una conversación teatralizada -hasta cierto punto- entre dos adversarios. Tras las últimas elecciones municipales, se ha terminado la función y los nuevos actores han entrado en escenas. No obstante, siguen existiendo reticencias al pacto, como algunos alcaldes populares que han dicho que seguirán en sus cargos en funciones hasta que los expulsen como tales, o Susana Díaz que se niega a acabar con la corrupción entre los socialistas sevillanos.
Aunque se baraja la hipótesis de que Podemos y Ciudadanos son una nueva generación del bipartidismo: una opción de izquierda y otra de derecha, el contexto es bien distinto. Primero porque si se acepta dicho bipartidismo, actualmente conviven dos, pero atravesados por un anclaje de “vieja” y “nueva política”, o “casta” y el “pueblo”. Segundo, en la práctica ambos partidos tienen capacidad de negociación con cualquiera de los demás, a excepción de las reticencias de las agrupaciones de electorales de Iglesias a sentarse con los populares. Tercero, las listas de ambos partidos han entrado en el gobierno en las grandes ciudades -como Madrid y Barcelona- o si no, se han erigido como “gatekeerpers” para permitir el gobierno de otros -como el caso de Valencia, Sevilla y Málaga-, eliminando el control férreo que socialistas y populares mantenían sobre sus tradicionales feudos.
Si algo han demostrado Ciudadanos y Podemos en que son partidos de eminente implantación urbana. De hecho, una observación generalizada a los municipios rurales menores de 50.000 habitantes demuestra como PP y PSOE mantienen el control en comarcas y pueblos que por factores económicos y sociológicos han convertido en bastiones. Esto hace que se haya creado una brecha de mayor representatividad democrática entre los municipios urbanos y los rurales. Volviendo al ámbito autonómico, el PSOE sigue empecinado en su idea de “gobernar para la mayoría”, mientras las minorías -que parece que no representan a nadie según Díaz- exigen la dimisión de Cháves y Griñán. Ahí es donde realmente, Podemos y Ciudadanos están jugando sus cartas como promotores de la renovación de líderes y caras entre los dos clásicos. Lo que nunca nadie hubiera imaginado que se hubiese hecho gracias a iniciativas democráticas internas de PP y PSOE, se está acometiendo a través del chantaje político externo. Esto demuestra, que al menos a nivel de discurso, Rivera e Iglesias suponen un revulsivo de democracia y limpieza política.
Collado analiza el 24M en Ondaluz Sevilla y PTV Málaga
Tras la
agitada jornada del 24M, Francisco Collado, ha participado en distintos medios de comunicación para analizar los resultados de los comicios municipales. El pasado domingo, el politólogo en representación del Área de Ciencias Políticas de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), colaboró como tertuliano en la noche electoral de Ondaluz Sevilla con la presencia de María Luisa Vázquez, presentadora; Manuel Jesús Florencio, jefe del periódico Viva Sevilla; e Isidoro Moreno, Catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla (US). La noche se desarrolló con un debate intenso sobre las candidaturas y los programas de los partidos, pero se alargó finalmente debido a la falta de escrutinio de unos 15.000 votos correspondientes al barrio de Los Remedios de Sevilla donde al parecer, un apagón de electricidad había retrasado las tareas y que se ha resuelto dos días después. Asimismo, se vivieron situaciones únicas como la proclamación de la victoria simultánea tanto de PP como PSOE para la alcaldía de la ciudad hispalense. Los resultados para este municipios fueron PP con 12, PSOE-A con 11, Ciudadanos con 3, Participa Sevilla con 3 e IULV-CA con 2 concejales y para los que Collado preveyó un posible «triunvirato» entre las tres formaciones de izquierdas.
Además, Collado también ha intervenido en «Las cartas sobre la mesa» de Inmaculada Cortés en PTV Málaga. En este programa, que tuvo lugar el miércoles 27 de mayo, han estado presentes Carlos Hernández Pezzi, ex portavoz del PSOE en el consistorio malagueño; y la politóloga y periodista, Concepción. Cortés junto a los tertulianos ha abordado distintos temas como los resultados, los pactos y las candidaturas de los partidos en el consistorio malagueño el pasado miércoles 27 de mayo. En Málaga, los resultados arrojaron PP con 13, PSOE con 9, Málaga Ahora 4, Ciudadanos 3 e IULV-CA con 2 ediles. Por lo que, los populares pierden su mayoría absoluta y la dinámica de pactos determinará la investidura del nuevo alcalde.
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