ciencias sociales

De lo local a lo nacional

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urna electoral.JPGHay una tradición errónea en el análisis electoral que se hace habitualmente en España. Tanto la clase política como los medios de comunicación intentan realizar predicciones de las elecciones generales a partir de los resultados de los últimos comicios municipales. Esto viene a ser una extraña fórmula para adivinar lo que sucede en una escala de gobierno y trasladarlo a otra. Sí es cierto que existe una influencia entre política local y nacional, y viceversa. No obstante, dicha relación no se establece exactamente a partir de un vínculo análogo entre uno y otro. Esta tradición tan aberrante a ojos politológicos es lo que se denuncia como “falacia ecológica”.

En la década de los cincuenta, un sociólogo, Robinson, explicó claramente en términos estadísticos este error de cálculo. Sin embargo, en la mayoría de las Ciencias Sociales se encuentran distintos ejemplos de falacias ecológicas. Desde Platón, que intentó crear una serie de clases sociales de forma análoga a las partes del cuerpo humano, las cuales, él mismo había concebido, hasta el traspaso de las relaciones de poder capitalistas al ámbito familiar por parte del marxismo, son una muestra clara de este fenómeno. Si bien, la falacia ecológica se comete en la mayoría de las ocasiones por tres razones: visión análoga de dos dimensiones distintas, la pereza por no comprobar empíricamente lo sucedido en ambas o la creencia de que una única afirmación permite responder a cualquier pregunta.

En el caso de ese vínculo entre lo local y lo general, no se produce vía una relación análoga. Al contrario, es preciso hablar de la nacionalización de la política local. Y es que, los ciudadanos españoles, y en otros países, acuden a votar a las elecciones municipales a partir de sus valoraciones con respecto a lo que sucede en el ámbito nacional. Por tanto, esto explica que muchas veces en el ámbito municipal se reproduzcan un serie de ciclos de entrada y salida del partido que ostenta la alcaldía en función de sus homólogos en el ámbito nacional. Si bien, esto evidentemente no se trata de una falacia ecológica, sino de la traslación de la política estatal al ámbito más cercano, que en la mayoría de las ocasiones no guarda relación directa con la escala superior.

Volatilidad electoral, no sólo física

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La presente columna va dedicada a un respetuoso lector que confunde la volatilidad electoral con algún proceso físico o biológico. Por lo que, lleva a pensar que se trate de algún recalcitrante fanático de las llamadas ciencias experimentales preocupado por la teoría de cuerdas, la existencia o inexistencia de la materia física o la auténtica verdad sobre la estructura atómica. Y como el señor, pedía en cuestión que se le explicase, pues allá vamos a hacer un ejercicio pedagógico.

La volatilidad electoral parte de dos premisas. Por un lado, este fenómeno actúa sobre los votantes no fieles a un partido concreto. Por otro lado, el ciudadano intenta votar a un partido que se aproxime a su posición política en el eje izquierda-derecha. De esta forma, una cantidad de votos que recibió un determinado partido en unas elecciones generales pueden dirigirse a otro partido ideológicamente cercano en los siguientes comicios, según la coyuntura de las circunstancias. Los votos pueden volar de un partido a otro en cada elección. Bazinga.

Para que usted, mi respetado lector pueda entenderlo, le pondré ejemplos que nada tienen que ver con la teoría de fluidos, sino con la actitud de los ciudadanos en unas elecciones. Por ejemplo, un votante de izquierdas puede votar en unas nacionales a IU por estar identificado con ella, y en otras, votar al PSOE para rentabilizar su voto. Otro caso, un votante de centro derecha puede votar en unas elecciones al PP, y en otras, estar descontento con sus políticas y votar a UPyD. Bazinga.

¿En qué consiste rentabilizar la volatilidad electoral? Si un partido sabe que puede conseguir votos de un partido ideológicamente cercano porque exista descontento con este último, intentará en su campaña atraer estos votos volátiles. Es la estrategia de UPyD por atraer votos del centro-izquierda y del centro-derecha cuando hay hartazgo con el bipartidismo, o de IU por atraer votos del PSOE cuando este último está de capa caída. Espero que esto no haga sudar sus neuronas.

Después de esta columna magistral. Espero que usted, mi querido lector de ciencias experimentales entienda que las ciencias no sólo son la física y la química, ni la biología o la medicina. Hay unas ciencias llamadas Ciencias Sociales, citemos la ciencia política, sociología, comunicación o el derecho; que permiten que su actitud sea calculada al dedo por los políticos, que sus berreos puedan ser interpretados y que su perfil pueda ser cosificado como el de un pedante y receloso megalómano con aspiraciones a descubrirnos su única verdad. Mi duda es, ¿existe la materia física? Bazinga.