Volatilidad electoral, no sólo física

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La presente columna va dedicada a un respetuoso lector que confunde la volatilidad electoral con algún proceso físico o biológico. Por lo que, lleva a pensar que se trate de algún recalcitrante fanático de las llamadas ciencias experimentales preocupado por la teoría de cuerdas, la existencia o inexistencia de la materia física o la auténtica verdad sobre la estructura atómica. Y como el señor, pedía en cuestión que se le explicase, pues allá vamos a hacer un ejercicio pedagógico.

La volatilidad electoral parte de dos premisas. Por un lado, este fenómeno actúa sobre los votantes no fieles a un partido concreto. Por otro lado, el ciudadano intenta votar a un partido que se aproxime a su posición política en el eje izquierda-derecha. De esta forma, una cantidad de votos que recibió un determinado partido en unas elecciones generales pueden dirigirse a otro partido ideológicamente cercano en los siguientes comicios, según la coyuntura de las circunstancias. Los votos pueden volar de un partido a otro en cada elección. Bazinga.

Para que usted, mi respetado lector pueda entenderlo, le pondré ejemplos que nada tienen que ver con la teoría de fluidos, sino con la actitud de los ciudadanos en unas elecciones. Por ejemplo, un votante de izquierdas puede votar en unas nacionales a IU por estar identificado con ella, y en otras, votar al PSOE para rentabilizar su voto. Otro caso, un votante de centro derecha puede votar en unas elecciones al PP, y en otras, estar descontento con sus políticas y votar a UPyD. Bazinga.

¿En qué consiste rentabilizar la volatilidad electoral? Si un partido sabe que puede conseguir votos de un partido ideológicamente cercano porque exista descontento con este último, intentará en su campaña atraer estos votos volátiles. Es la estrategia de UPyD por atraer votos del centro-izquierda y del centro-derecha cuando hay hartazgo con el bipartidismo, o de IU por atraer votos del PSOE cuando este último está de capa caída. Espero que esto no haga sudar sus neuronas.

Después de esta columna magistral. Espero que usted, mi querido lector de ciencias experimentales entienda que las ciencias no sólo son la física y la química, ni la biología o la medicina. Hay unas ciencias llamadas Ciencias Sociales, citemos la ciencia política, sociología, comunicación o el derecho; que permiten que su actitud sea calculada al dedo por los políticos, que sus berreos puedan ser interpretados y que su perfil pueda ser cosificado como el de un pedante y receloso megalómano con aspiraciones a descubrirnos su única verdad. Mi duda es, ¿existe la materia física? Bazinga.

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