UPyD
Navidades rajoyanas, agosto rivereño
La convocatoria para las elecciones generales ya tiene fecha el 20 de diciembre. Apenas con unos cuatro días de antelación para que Rajoy se atragante con el pavo y Rivera celebre un brindis al sol. Ciertamente, los populares han basado su estrategia en el control de los tiempos y en esperar que los “buenos resultados” de la macroeconomía calen entre la opinión pública. Una opinión que todavía no termina de estar segura de ese mensaje que sostiene que hemos salido -o estamos saliendo- de la crisis. Sin embargo, el ascenso de Ciudadanos como principal fuerza nacional tras las elecciones autonómicas de Cataluña asienta un precedente de lo que cabe esperar de los próximos comicios.
En distintas encuestas, se sitúa a Ciudadanos como la tercera fuerza política tras PP y PSOE, de cuya caída se beneficiaría. En cuarto lugar, se encontraría el partido de Pablo Iglesias, que no conseguiría aprovecharse de la volatilidad de votos socialistas, caladero donde Albert Rivera también pesca con éxito. Todo esto ha llevado a que Ciudadanos no sea considerado sólo como una “marca blanca” de los populares, sino a un partido que complementa las tendencias centralistas planteadas por el clásico bipartidismo. De esta forma, esta fuerza habría conseguido el objetivo que no llegó a alcanzar UPyD, al colocarse en el centro político que correspondería con el espacio ocupado por la extinta UCD.
En este sentido, ni las banderas españolas de Pedro Sánchez, ni los desavíos de Rajoy, quemado por los constantes escándalos de corrupción, salvarán la situación en Navidades. Al contrario, se volverá a entrar en una nueva dinámica de pactos en las que las fuerzas de Ciudadanos y en menor grado, Podemos y otras formaciones minoriatarias de izquierdas decidirán el futuro Gobierno de España. Un dato que es indudable es que se producirá una fragmentación electoral en un grado considerable como no se ha conocido en la última década.
Díez derrotada por Rivera
El resultado de nueve parlamentarios autonómicos que ha obtenido Ciudadanos ha asestado el último golpe a la formación magenta. La marca de Albert Rivera es la primera vez que se presenta a los comicios andaluces, obteniendo la entrada en la cámara andaluza, mientras que UPyD sigue sin conseguir siquiera un escaño en la institución legislativa. De esta forma, se salda la disputa ya iniciada anteriormente por Rosa Díez cuando se propuso la fusión o la coalición entre ambas fuerzas con idearios similares.
La noticia no ha sentado muy bien en la sede de UPyD donde se ha nombrado un comisario frente a la revuelta interna. Mientras, más de mil afiliados de la ola magenta se han pasado a Ciudadanos, demostrando las tesis elitistas de Michels en las que independientemente de quien gane, al final se produce la victoria de una minoría frente a otra. Y es que, la minoría liberal no queda claramente representada en un partido controlado por una líder de la vieja guardia que se resiste a abandonar la vida públicas después de tres décadas, a la vez que, defiende el “fair play” en la política y la finalización de la profesionalización de la política.
El hecho de que los votos obtenidos por Ciudadanos provengan de antiguos votantes del PSOE y del PP no es algo a lo que nadie le haga asco. Sea como sea, Podemos y Ciudadanos están canalizando el descontento frente a los partidos tradicionales, mientras fuerzas alternativas como IU son barridas por el electorado. Mención a parte, partidos como UPyD o el extinto PA que empiezan a cuestionar su existencia, a excepción de las concejalías que mantienen en distintos municipios. Otra cosa será hablar de la gobernabilidad de Andalucía en manos de un PSOE con escaso apoyos y asediado por las propuestas de la oposición en cuanto a un posible gobierno en solitario.
Sorpresa andaluza
Comentan los expertos que las elecciones andaluzas depara unos resultados inesperados. Tal y como sucedió en las anteriores de 2012, en las que el voto al PP estaba sobrerrepresentado. Sin embargo, esta vez serían Podemos y Ciudadanos algunas de las opciones partidistas que podrían haber sufrido un aumento de su tamaño real como resultado de los efectos de la variable de simpatía política. Sea como sea, las presentes son unas elecciones de cambio en lugar de unas elecciones de continuidad, en las que cambiarán bastante las circunstancias y limitaciones del sistema de partidos autonómico.
El bipartidismo gravemente herido, pero aún vigente pervivirá una legislatura más. Existen datos suficientes en cualquiera de las encuestas publicadas por el CIS, IESA, Metroscopia o MyWord entre otros para observar que los partidos de gobierno clásicos de la democracia española van a sobrevivir. Y es que, lo fundamental no serán los resultados del domingo, sino muy al contrario, lo que se acuerde una vez se sepa el peso de cada fuerza política dentro de la cámara andaluza.
Hacienco memoria, la cámara andaluza ya ha tenido anteriormente más de cuatro partidos en su seno. Recuerden cuando en la primera legislatura, PSOE, UCD, AP, PCE y PA estaban representados dentro de dicha institución. Por lo que, ante todo cabe hacer hincapié en que se experimentará un momento de aumento de las identidades políticas y de transformación en múltiples ámbitos. Las posibilidades de coalición y los pactos que se funden entre las nuevas fuerzas políticas serán realmente los factores que determinen el futuro de la autonomía andaluza en los próximos cuatro años.
Especulando sobre las andaluzas
Las elecciones andaluzas son las primeras del agitado calendario electoral de este año. La débil alianza entre socialdemócratas y comunistas ha pasado a mejor. Descanse en paz. ¿O quizá volverá a resucitar si las cuentas de escaños y futuribles coaliciones no salen? Se están barajando muchos porcentajes de cara a la posible composición del Parlamento Andaluz, pero no hay nada seguro. Si bien hay una serie de cuestiones que no se deben desdeñar y que se pueden afirmar con seguridad de cara a los resultados.
En primer lugar, la entrada de Podemos y Ciudadanos con cierta capacidad de maniobra en la cámara autonómica. Esto demuestra que el desencanto existente en la sociedad española también ha calado entre los andaluces, que no son precisamente los menos perjudicados por la crisis económica. Además, se plantean como alternativa a fuerzas políticas como IU o UPyD que han intentado mostrarse como opciones al bipartidismo. Por otro lado, Podemos entra en una situación difícil, ya que tendrá que elegir entre gobernar con algunas de las antiguas fuerzas -de la casta en su idioma- que han estado en el poder, o mantenerse en la oposición.
En segundo lugar, el bipartidismo ha demostrado que pese a su desgaste, resiste en la comunidad andaluza. Mientras que, el candidato de los populares cree que este es su momento, nadie sabe cómo y probablemente ni él lo intuya, ya que sus únicas salidas pasarían por un pacto con el PSOE o Ciudadanos. Lo que implicaría tanto en un caso como en otro, comerse sus propias palabras sobre el “cambio” -gran proclama de la derecha paradójicamente- y la corrupción. Mientras que, Susana Díaz seguiría presente como la líder de la formación victoriosa, aunque no contase con los escaños necesarios para formar gobierno.
Mientras que, formaciones como IU de Andalucía serían víctimas de sus propios actos. No es posible coquetear con Podemos a la par que se retiran del gobierno con los socialistas. En política y en la vida, no se puede estar en todos los sitios. Y es que, a veces el menú de opciones puede ser autodestructivo si no se maneja con cuidado. Una auténtica pena, teniendo actualmente uno de los líderes nacionales mejor valorados y más jóvenes como Alberto Garzón.
Partidos de la nueva y la vieja política
Cinco procesos electorales, una crisis económica que no acaba y una caída del bipartidismo son tres factores que definen el actual panorama político español. Este horizonte permite plantear la hipótesis de que se ha iniciado una nueva etapa con el descalabro de los dos partidos dinásticos (PP y PSOE) y el ascenso de nuevas opciones en el mercado electoral. Probablemente, los populares y los socialistas no serán los protagonistas de la próxima legislatura, dando paso a lo que se podría llamar como una nueva ola. Una nueva ola de partidos donde sus cuadros están compuestos por personas que han nacido en la democracia y han crecido en libertad frente a las viejas guardias que vivieron el franquismo y la Transición.
Independientemente de la realidad política efectiva, PSOE y PP, junto a formaciones como CiU, han quedado asociados en el imaginario colectivo con la corrupción y la desconfianza en la clase política. Mientras que, nuevos planteamientos como los defendidos desde Ciudadanos, Podemos y Ganemos intentan plantear una alternativa a la política gris, es decir, a los errores del pasado. Será el futuro quien corrobore si efectivamente esas palabras se traducirán en hechos. De lo que no cabe duda y las encuestas hablan es que esta es la imagen que la ciudadanía española en general tiene de la política. La sustitución de viejas élites corrompidas por una nueva generación que aún no ha probado el poder en su máximo esplendor.
Es tarea ardua en otros casos, como IU, UPyD o Equo definir si pertenecen a la vieja o la nueva política debido a que combinan elementos de lo nuevo y lo viejo. Si bien, grupos como Podemos y Ganemos que han acusado a la tradicional izquierda -PSOE e IU- de ser parte de la casta, de culpabilizarlos de sus errores, ya han sellado pactos con estas formaciones en el nivel de gobierno municipal y autonómico, creando una suerte de “frente popular”. Y lo paradójico es que las cuentas no salen en las generales para un gobierno en solitario. En este contexto, habrá que ver si las coaliciones de gobierno se basan en la ideología (de derechas o de izquierdas) y por tanto, habría un pacto entre la vieja y la nueva política, perdiendo credibilidad dicho discurso de la limpieza política; o si por el contrario, esos pactos se sustentarán en los nuevos partidos frente a los otros. Sea cual sea, se traicionará el discurso o la ideología, ya que será necesario un sacrificio para los partidos que aspiren a gobernar.
Enfado con el CIS
El Centro de Investigaciones Sociológicas, lugar en el que el arribafirmante trabajó y permaneció durante 2013, ha vuelto a dar de qué hablar. Las últimas encuestas parecen que no han gustado a muchos, principalmente a los votantes del PSOE que pasa a ser tercera fuerza por detrás de PP y Podemos. Al respecto, se ha hablado de “cocina” y de las típicas críticas con las que se tildan a las encuestas. No obstante, esta crítica en la mayoría de las ocasiones viene fundada por el desconocimiento de elaboración de una encuesta, la selección de la muestra y el análisis de los datos. Por ello, es adecuado alumbrar algo de luz al proceso de producción de estos suculentos aportes de información en años de agitación electoral como el que se presenta.
La elaboración de la encuesta representa un proceso que incluye el diseño, formulación de las preguntas y disposición de las mismas. Al respecto, la mayoría de las preguntas del CIS se han mantenido con la misma formulación a lo largo de más de tres décadas. Por eso, es posible obtener series o muestras gráficas de la evolución de los datos de una misma pregunta a lo largo del tiempo. Desde el momento en que se formuló por primera vez hasta la última que se ha realizado al respecto. Todo ello, resultado del trabajo de departamento de Banco de Datos. Por lo que, difícilmente se puede hablar de “cocina” en la fase de diseño y elaboración de la encuesta. Lo mismo pasa con el ámbito de la muestra, que sigue unos protocolos y unos patrones que se han mantenido constantes a lo largo del tiempo.
Por último, la fase de análisis de resultados es dónde se suelen general las discrepancias. Cuando se construyen las previsiones electorales a partir de datos como ubicación ideológica, recuerdo de voto o intención directa de voto, se elaboran varias decenas de modelos predictivos por parte del personal técnico. Por otro lado, para los profanos en el mundo de las encuestas, estos modelos suelen ser secretos celosamente guardados, de la misma forma que se protege la patente de un software o de un motor de automóvil. Si bien, con una escasa protección jurídica, ya que no existe legislación para protegerlo mediante un sistema de patente. Además, estos modelos suelen ser el producto de un trabajo técnico y elaborado por profesionales del sector con décadas de experiencia a sus espaldas. Ahora bien, son un reducido grupo de personas los que seleccionan el modelo que más se ajusta a la realidad entre todos los disponibles. Y es en esta última fase dónde se produce la supuesta “cocina” que obviamente todos los gobiernos intentan aprovechar para favorecer a su partido.
En definitiva, la cocina es algo que no afecta a las fases de diseño, muestreo, realización ni análisis de los datos en una encuesta electoral. Al contrario, la cocina está en la selección del modelo predictivo que se selecciona a partir de dichos datos y en el equipo de sujetos que participan en dicha decisión. Todo lo demás, queda en el ámbito de la crítica barata.
El fraude magenta
Propuesta sobre la mesa una posible alianza entre Ciudadanos y UPyD de mano de Sosa Wagner y bien acogida por Rivera y Nart, ha sido bien desechada por la dirección de Rosa Díez. O mejor dicho, por la misma Rosa, que se justifica afirmando que su partido podría sufrir si se convirtiese en una coalición centrista al modo de la antigua UCD. El arribafirmante se desconoce si Rosa se observa a sí misma como una reencarnación de Adolfo Suárez o alguna suerte de figura mítica que separa las aguas (PP y PSOE) de un mar (bipartidismo). Con sinceridad, UPyD reúne entre uno de sus factores de constitución propiciar a Díez el liderazgo que no pudo tener tras su derrota ante Zapatero como Secretaria General de los socialistas.
Todo esto es prácticamente absurdo y probablemente Ciudadanos obtenga una cuota de los votos de UPyD ya que son barcos que pescan en el mismo caladero. Por su parte, el partido de Rivera ha tejido una estructura interna que funciona de un modo más eficaz en términos de rendimiento político que la ola magenta. A lo largo de su creación, Ciudadanos ha trabajado con un estilo pactista creando redes con pequeños partidos regionales y de similar posición ideológica, además de disfrutar de una transparencia intachable en comparación con otros partidos de la nueva ola como UPyD y Podemos.
Ahora si bien, queda una pregunta en torno a la cuestión de UPyD. Hemos visto como en los últimos diez años han aparecido una serie de partidos que independientemente de su ideología suponen una alternativa al tradicional bipartidismo. Hablamos de Ciudadanos, Equo, Ganemos y Podemos, entre otros; que responden a esos valores postmaterialistas como el bienestar individual, la transparencia o la recuperación del valor del sujeto en la participación política. La pregunta que es difícil de responder es si UPyD pertenece a esta nueva ola, o si simplemente es una marca blanda de los otros dos partidos-cartel.
El pulso de Wagner
Desde algunas voces de la militancia de UPyD, se promueve una posible coalición o unión con Ciudadanos (Ciutadans) de Albert Rivera y Javier Nart. Eso mismo ha hecho saber Sosa Wagner a la omnipresente Rosa Díez, que ya observa como su proyecto político era algo necesario en el ámbito nacional, pero que adolece de un peso draconiano con su liderazgo personalista. A la par que, han surgido otras fuerzas política que reclaman una vuelta al socioliberalismo, lejos del ultra-nacionalismo del PP y de la izquierda no dogmática que surge como alternativa a los tradicionales PSOE e IU.
En poco tiempo, Ciudadanos ha demostrado un empuje considerable gracias a la volatilidad de votos del centro-izquierda y centro-derecha, cansados del status quo. Lo cual se ha observado en las recientes elecciones europeas y probablemente se acentúe en los próximos comicios nacionales. Ya en un primer momento, este partido intentó acercarse e integrarse en la ola magenta, pero la postura de Díez impidió esa operación en tres ocasiones distintas. Paradójicamente, los eurodiputados de ambos partidos se han integrado en el mismo grupo parlamentario y tienen posturas similares en la mayor parte de los temas. Por lo que, no tiene sentido que existan dos marcas para lo que hipotéticamente es el mismo producto político, por mucho que su lideresa diga que “no son lo mismo”.
Teniendo en cuenta que Ciudadanos y UPyD ocupan un espacio similar en el vértice izquierda-derecha y en el mercado político, es una cuestión estratégica el pensar si dividir o sumar. Y desde el primer partido, se abren las puertas una vez más a la negociación según declaraciones de Albert Rivera y Matías Alonso. La estrategia pasa por observar si finalmente Díez prefiere las siglas de su partido o alcanzar una representación mayor que además ayude a la regeneración política. Y si la regeneración política lo exige, será necesario poner en segundo lugar las siglas, cosa distinta que no se puede decir de Podemos, dispuesta a absorber a cualquier competidor.
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