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La generación política de los Presidentes del Gobierno produce más cercanía entre ellos que la pertenencia a un partido

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Los profesores Francisco Collado y Ángel Valencia, del Área de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Málaga (UMA) han publicado recientemente el capítulo «Los efectos del partido y de la generación en la configuración del habitus y de los capitales políticos de los presidentes del Gobierno de PSOE y PP», en la obra colectiva Generaciones y liderazgos políticos en España y Europa (Tirant lo Blanch) coordinada por José Francisco Jiménez, de la Universidad Pablo de Olavide (UPO). Esta investigación profundiza en la influencia de la generación y de la adscripción política en las similitudes que producen en los estilos de liderazgo y las carreras políticas de los Presidentes del Gobierno de España desde Felipe González (PSOE) hasta Mariano Rajoy (PP).

Como concluye este estudio, la pertenencia a una misma generación produce cercanía en los estilos de liderazgos y en los recursos políticos acumulados durante sus trayectorias entre líderes de distintos partidos como Felipe González y José María Aznar, y José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. De esta forma, se puede afirmar que existe un «espíritu de los tiempos» o una comprensión común del tipo de liderazgo y del tipo de carrera política que se espera para determinados líderes y responsabilidades institucionales, según la generación y la época en la que fueron socializados y desarrollaron sus carreras políticas.

Renacido

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ELECCIONES PRIMARIAS EN EL PSOE

Hace casi un año que una gestora ilegal expulsó a Pedro Sánchez de la Secretaría General del PSOE. Unos meses antes el líder socialista había intentado formar gobierno a partir de una coalición de centro-izquierda entre su partido y Ciudadanos. La matemática parlamentaria ya vaticinaba el nefasto futuro de ese proyecto de ejecutivo, mientras la cúpula de Podemos le dibujaba la cadena de mando ministerial que implicaría si apoyaban a los socialistas. Esos mismos podemitas que hoy aplauden al «nuevo» Sánchez. O bien la memoria le falla a Iglesias o la paradoja está entre las líneas maestras de su estrategia política.

La salida de Sánchez se ha interpretado de muchas formas. Una negativa a la putrefacta Presidencia de Mariano Rajoy, un intento de gobierno centrista aplastado por los auténticos valedores del Ibex-35 y los demagogos de Lavapiés y la oportunidad perfecta de Susana Díaz para dar el salto de la arena autonómica a la nacional. Este último marco es el que se ha impuesto en la competición de las primarias que se han celebrado el pasado domingo. Y donde ha quedado patente la victoria de la militancia frente a la vieja guardia de González, Guerra, Bono y Zapatero, por citar algunos. Ahora bien, no se debe olvidar que lo que está en juego es la sustitución de una élite dentro del partido por otra que se ha perpetuado durante cuatro décadas.

Díaz mentía. A ella no le gusta ganar. A ella le gusta perder. Porque para ganar debería haber jugado en igualdad de condiciones. Y aún así con todo el poder del aparato ha salido escopetada de Ferraz como alma que lleva el diablo. Susana nunca ha ganado porque su gobierno andaluz es el fruto de la herencia del capital político de Chávez y Griñán y tan denostado que necesita del apoyo de los naranja en la cámara autonómica. No se engañe señora Díaz, ahora mismo es difícil conocer el futuro del PSOE en España, pero en el cortijo andaluz se están afilando cuchillos y como dijo su segunda al mando, Verónica Pérez, Susana no es la máxima autoridad en el partido.