Mes: septiembre 2014

A Pedro

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En mi anterior tesina, trámite necesario para acceder al grado de doctorando (en gerundio), realicé una investigación sobre el papel que jugaron los alcaldes y los concejales de las primeras corporaciones locales. Las primeras que nacieron en democracia, allá por el año 1979, y centrándome en los casos de Cáceres, Ciudad Real, Málaga y Sevilla. Fue por ese motivo por el que entrevisté al primer alcalde democrático de la ciudad malacitana, el socialista Pedro Aparicio, y cuyo contacto fue posible gracias a Paco Flores. Esta entrevista, la de Pedro, fue la segunda que realicé cuando empecé con el trabajo de campo en invierno de 2012. Su entrevista, una de las más lúcidas que disfruté junto a la del ex alcalde de Ciudad Real, Lorenzo Selas.

Durante los últimos meses, he estado elaborando el marco teórico y la metodología de lo que es mi tesis doctoral. Un trabajo de investigación basado en las historias de vida o biografías de los alcaldes democráticos de las capitales de provincia andaluzas, contadas por ellos mismos. A lo largo de verano, barajé la opción de adelantar la entrevista a Pedro Aparicio, con quien ya había tratado anteriormente. Después la pospuse a octubre y hace dos días, mientras me encontraba por razones académicas en Santiago de Compostela, me llegó la trágica noticia que de Pedro había fallecido de forma fulminante. No llegué a llamarlo.

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El jueves fue un día nefasto. Un día aciago. La muerte de Pedro Aparicio se lleva con él parte de la memoria de la naciente democracia local en Málaga. Se lleva parte de los esfuerzos de aquella corporación socialista que trabajó intensamente en una ciudad en pleno desarrollo urbanístico, con grandes carencias en los equipamientos y saneamientos más básicos. La cual durante tres mandatos tuvo que ir al ritmo frenético de la sexta ciudad más poblada de España. Un trabajo loable en tiempos difíciles, en tiempos convulsos y quien abandonó la Medicina por esta ciudad en la que no nació, pero que lo hizo hijo. Descanse este malagueño ilustre en paz, Pedro Aparicio.

El ocaso de las instituciones

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Decir que el liderazgo político en particular y la política en general, alcanzan sus horas más bajas, no es una afirmación nueva. No es un conocimiento añadido. Ni mucho menos una noticia. Pocos son los líderes que a día de hoy gozan de una valoración no ya positiva, sino que al menos alcance un aprobado según los barómetros del CIS. Todo ello dentro de una época donde en lugar de la política de consenso que debiera primar y se echa en falta, se ha pasado de la política de la crispación a la política de la tribu. Puertas cerradas, olor a cerrado y cada cual con su progenie.

Si se observa la valoración de los líderes que han ocupado el poder ejecutivo en España se demuestra que existe una caída continuada según señala Estefanía y otros intelectuales, desde 2004 hasta la actualidad en las personas que han ocupado dicha institución. De esta forma, la pésima valoración de Rajoy es parte de la herencia recibida del anterior Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. Sin embargo, no se debe entender esto como la “herencia” de la que hablaba Mariano en sus primeros días tras las elecciones de 2011. Esta herencia maldita no tiene como causa única de la gestión de los socialistas desde 2004 hasta 2008. Al contrario, el principal factor que incide en su creación es la tónico y el estilo de liderazgo que se ha ejercido hasta la actualidad, muy distinto al de los primeros años de la democracia que debía basarse en el consenso y el diálogo.

En base a dicha herencia, se observa como la pérdida de confianza no se produce ya simplemente en el individuo, sino también en la institución que ocupa, como es el caso de la Presidencia del Gobierno. Durante mucho tiempo la Ciencia de la Administración ha intentado separar sujeto y estructura, cuando se observa que la dinámica de los integrantes de las instituciones afecta directamente a la confianza que se profesa hacia la misma. De esta forma, se pierde confianza no ya sólo en la misma política, sino en la misma capacidad de organización formal del ser humano, y promoviendo otros métodos informales como los círculos de personas y las concentraciones espontáneas. Esto indica que está llegando el ocaso de la política y el albor de la anti-política en torno a liderazgos mesiánicos.

 

Estado Islámico

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La guerra santa sigue en pie. Habrá acabado el momento de Al-Qaeda, pero ahora ha llegado la época para esta nueva franquicia de islámicos descerebrados bajo las siglas ISIS. A partir de la caída del régimen de Bashar Al Assad, los fanáticos islamistas de distintos puntos del globo acudieron a la llamada de las armas en Siria. Un país donde la guerra civil se recrudece y donde esta organización de inspiración califal e ideología sunita ha creado un feudo de considerable extensión. Más tarde, la misma entidad se ha extendido a Irak desde donde controlan gran parte del territorio y han atentado contra las autoridades gubernamentales e internacionales.

El Islam es una religión que no admite lugar a la tolerancia. Ya se dice en alguna parte del Corán que los musulmanes deben respetar a las otras religiones del libro, es decir, cristianos y hebreos. Si bien, los fanáticos sunitas que combaten en nombre del Estado Islámico tienen como objetivo una única fe y un único Estado, algo similar a la Alemania nazi, pero con ingredientes del profeta. Sus masacres, violaciones y muertes breves y sumarias han alcanzado a cristianos, musulmanes chíitas, judíos, yazidíes, kurdos y otros tantos que no se plieguen ante su voluntad y sus creencias religiosas.

Ahora, su última moda ha pasado por el uso de los medios de masas, para retransmitir el asesinato de periodistas y cooperantes destacados en Irak. Como ya hizo en su momento Al-Qaeda, estos soldados de Alá entienden que el poder audiovisual es un instrumento fundamental y que no debe ser desechado. No ha habido ninguna llamada al respeto del mensajero ni de otros miembros neutrales en el desarrollo del conflicto armado por su parte. Estos perros del desierto además de crueles son unos completos idiotas, ya que si la violencia debe ser administrada no puede ser gratuita, ni dirigida contra cualquier persona que no profese sus creencias en la esfera de la política. Dicho de otra forma, estos subnormales no sirven ni para hacer el papel de “malo”.

Sin embargo, hablar de separación de la política y la religión en el mundo islámico es como pedirle peras al olmo, ya que el mundo musulmán se encuentra en una época de desarrollo similar al de la Edad Media europea. ¿Cuántos sacrificios y cuántas muertes harán falta para que la política, la cultura y la sociedad se escindan de la religión en el mundo islámico? Mientras se responde a esta pregunta, desarrapados, muertos de hambre, psicópatas y fanáticos del Magreb, del Golfo Pérsico y más allá se encaminan hacia Siria e Irak para participar a la llamada de las armas. Por su bien, por nuestro bien (el de Occidente) esperemos que la mayoría de ellos acaben con una bala entre ceja y ceja y sin descendencia que continúe su barbarie.

El fraude magenta

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Propuesta sobre la mesa una posible alianza entre Ciudadanos y UPyD de mano de Sosa Wagner y bien acogida por Rivera y Nart, ha sido bien desechada por la dirección de Rosa Díez. O mejor dicho, por la misma Rosa, que se justifica afirmando que su partido podría sufrir si se convirtiese en una coalición centrista al modo de la antigua UCD. El arribafirmante se desconoce si Rosa se observa a sí misma como una reencarnación de Adolfo Suárez o alguna suerte de figura mítica que separa las aguas (PP y PSOE) de un mar (bipartidismo). Con sinceridad, UPyD reúne entre uno de sus factores de constitución propiciar a Díez el liderazgo que no pudo tener tras su derrota ante Zapatero como Secretaria General de los socialistas.

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Todo esto es prácticamente absurdo y probablemente Ciudadanos obtenga una cuota de los votos de UPyD ya que son barcos que pescan en el mismo caladero. Por su parte, el partido de Rivera ha tejido una estructura interna que funciona de un modo más eficaz en términos de rendimiento político que la ola magenta. A lo largo de su creación, Ciudadanos ha trabajado con un estilo pactista creando redes con pequeños partidos regionales y de similar posición ideológica, además de disfrutar de una transparencia intachable en comparación con otros partidos de la nueva ola como UPyD y Podemos.

Ahora si bien, queda una pregunta en torno a la cuestión de UPyD. Hemos visto como en los últimos diez años han aparecido una serie de partidos que independientemente de su ideología suponen una alternativa al tradicional bipartidismo. Hablamos de Ciudadanos, Equo, Ganemos y Podemos, entre otros; que responden a esos valores postmaterialistas como el bienestar individual, la transparencia o la recuperación del valor del sujeto en la participación política. La pregunta que es difícil de responder es si UPyD pertenece a esta nueva ola, o si simplemente es una marca blanda de los otros dos partidos-cartel.