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Atentados anónimos

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La mezquita de Bir al Abed ha padecido los crímenes del islamismo radical. Más de un centenar y medio de muertos ha sido el resultado de este episodio. Como otros tantos, las personas afectadas por este cruel suceso saldrán en algún lugar de nuestras principales cabeceras o entre un espacio y otro del informativo durante medio minuto. Ni mucho menos cabe pensar que habrá una etiqueta en Facebook para aplicarla a tu imagen de perfil para solidarizarte con estos egipcios. De haber ocurrido en el mundo civilizado, otro gallo cantaría.

Después están aquellos que se preguntan por qué los musulmanes han atentado contra una mezquita. Pues mire, es sencillo. Y es que en el mundo islámico todos dicen tener razón y cada uno tiene su propia interpretación del Corán y los otros tantos textos sagrados. En este caso, se ha tratado de un ataque contra la corriente chií aquella que está más cerca de los humildes y no tanto de los poderosos. A diferencia de las guerras entre católicos y protestantes, la guerra religiosa aún azota al mundo islámico.

Y no faltará, algún ingenio multiculturalista que defenderá el respeto a las tradiciones y la aceptación de otras culturas. Con exhibiciones como éstas, se debe preguntar uno cómo es posible que le pidamos a los fanáticos religiosos que no hagan en nuestra casa lo que no dejan de hacer en la suya. Disfruten del Black Friday.

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Estado Islámico

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La guerra santa sigue en pie. Habrá acabado el momento de Al-Qaeda, pero ahora ha llegado la época para esta nueva franquicia de islámicos descerebrados bajo las siglas ISIS. A partir de la caída del régimen de Bashar Al Assad, los fanáticos islamistas de distintos puntos del globo acudieron a la llamada de las armas en Siria. Un país donde la guerra civil se recrudece y donde esta organización de inspiración califal e ideología sunita ha creado un feudo de considerable extensión. Más tarde, la misma entidad se ha extendido a Irak desde donde controlan gran parte del territorio y han atentado contra las autoridades gubernamentales e internacionales.

El Islam es una religión que no admite lugar a la tolerancia. Ya se dice en alguna parte del Corán que los musulmanes deben respetar a las otras religiones del libro, es decir, cristianos y hebreos. Si bien, los fanáticos sunitas que combaten en nombre del Estado Islámico tienen como objetivo una única fe y un único Estado, algo similar a la Alemania nazi, pero con ingredientes del profeta. Sus masacres, violaciones y muertes breves y sumarias han alcanzado a cristianos, musulmanes chíitas, judíos, yazidíes, kurdos y otros tantos que no se plieguen ante su voluntad y sus creencias religiosas.

Ahora, su última moda ha pasado por el uso de los medios de masas, para retransmitir el asesinato de periodistas y cooperantes destacados en Irak. Como ya hizo en su momento Al-Qaeda, estos soldados de Alá entienden que el poder audiovisual es un instrumento fundamental y que no debe ser desechado. No ha habido ninguna llamada al respeto del mensajero ni de otros miembros neutrales en el desarrollo del conflicto armado por su parte. Estos perros del desierto además de crueles son unos completos idiotas, ya que si la violencia debe ser administrada no puede ser gratuita, ni dirigida contra cualquier persona que no profese sus creencias en la esfera de la política. Dicho de otra forma, estos subnormales no sirven ni para hacer el papel de “malo”.

Sin embargo, hablar de separación de la política y la religión en el mundo islámico es como pedirle peras al olmo, ya que el mundo musulmán se encuentra en una época de desarrollo similar al de la Edad Media europea. ¿Cuántos sacrificios y cuántas muertes harán falta para que la política, la cultura y la sociedad se escindan de la religión en el mundo islámico? Mientras se responde a esta pregunta, desarrapados, muertos de hambre, psicópatas y fanáticos del Magreb, del Golfo Pérsico y más allá se encaminan hacia Siria e Irak para participar a la llamada de las armas. Por su bien, por nuestro bien (el de Occidente) esperemos que la mayoría de ellos acaben con una bala entre ceja y ceja y sin descendencia que continúe su barbarie.

El cuervo de Cristo

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Hace algunos años que un conocido cuervo, directivo de una de las cabeceras locales, se dedicó a acosar a uno de sus empleados. La víctima, uno de los periodistas más loable que el arribafirmante ha conocido, padeció las consecuencias de esta persecución. Nuestro querido directivo es una de esas figuras antiquísimas que aún perviven del pasado franquista. Cuando los medios de comunicación eran propiedad del Estado y se entraba en plantilla tanto amigo fueses del régimen, o amigos tuvieses entre ellos.

Este dinosaurio, poeta del fascismo, era uno de esos originales escritores, que por suerte no bohemio; hablaba sobre el españolismo, la cofradía del santo reproche, el deporte nacional y los toros. Se adaptó a la democracia como algunos, pero su carácter tiránico prevaleció como seña de identidad. Y todo siguió como siempre dentro de la jaula, independientemente de lo que pasara fuera.

Desde su pecera, con ojo avisor, mira vigilante la redacción a la espera de algún desencuentro en el que poner sus garras. Allí jubilado hacia arriba dedica su día a ladrar en televisiones locales, rellenar panfletos y escribir sobre el Hijo. Sí señores, y no por hablar de santos, se acerca uno más a las puertas de la gloria eterna. Aunque, este hombre parece que tiene el más allá ganado, mientras hace de otros su infierno.

Esta cabecera carece de la presunción de ser una alabanza al gran periodista fallecido. Pues, hay quienes que con mucha más cercanía pueden hablar de su buenhacer como profesional y como persona. Lo que ustedes no leerán en ningún otro lugar es el interior de los pucheros mediáticos, ni la realidad sobre el acoso laboral que se sufre en las redacciones. Para ti, que también firmas necrológicas, te dedico esta columna para que te conozcan mejor.