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El riesgo de Rajoy: imagen y liderazgo
El Gobierno ha nombrado a sus nuevos ministros. Ahora cabe preguntarse cuál será el estilo de liderazgo y gestión del ejecutivo popular. Aunque, conocemos a Mariano como ese hombre afable y a veces tan criticado en el seno del partido, especialmente tras la anterior derrota electoral de 2008. Éste es el momento para observar y analizar sus dotes como líder de un país que está a punto de ser arrastrado por la escila económica de Italia y Grecia.
Rajoy es un hombre que conoce sus limitaciones. No tiene gran fluidez con el inglés, ni tampoco es un experto en economía, más bien, lo que se ha llamado muchas veces un “político generalista”. Por ello, se ha rodeado de tecnócratas y ha asentado en los ministerios claves para atravesar la crisis a especialistas en la materia. De forma similar, Zapatero también se rodeó de grandes fichajes, como Solbes. Sin embargo, Zapatero trató a sus hombres como lacayos y no como consejeros de los cuáles debiera guiar su criterio. Y es que, no sabemos si Rajoy cambiará este estilo, o lo mantendrá como hizo su predecesor.
En el caso hipotético de que no lo hiciera, entra en juego una segunda variable. Si la comunicación política llevada a cabo desde los ministerios y desde el mismo partido, situasen a Rajoy como un salvador en el largo plazo, cabría el riesgo de la creación de un virtual liderazgo carismático. Y esto, volvería a situar tanto su liderazgo como su imagen en la de un ejecutivo preparado, pero castrado por una mano férrea que dicta en las sombras. A imagen y semejanza, de Zapatero.
El embrión de las nuevas Cortes
La mayoría absoluta del Partido Popular investirá hoy a Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. Por delante, quedan los recortes de los macroministerios y el miedo a la caída de las prestaciones sociales. También, queda el cumplimiento de las promesas que España ha hecho a los países de la eurozona y sus ajustes económicos. Lo que incluye una meta del déficit en un 4%, aunque el próximo ejercicio económico marque una cifra ligeramente mayor.
La estructura de alianzas se establece principalmente entre populares y nacionalistas catalanes, abriendo paso a la aprobación de medidas neoliberales especialmente en el ámbito económico. En un segundo plano, quedan otras colaboraciones coyunturales, como el frente común de PP y UpyD ante las demandas de la izquierda abertzale. Los que han visto, como se les ha negado un grupo parlamentario propio ante el voto de PP y la abstención de los demás miembros de la mesa.
A grandes rasgos, el futuro ejecutivo dividirá sus políticas en las urgentes y las estructurales. O mejor dicho, entre aquellas referidas a economía que piden una mayor atención. Y esas otras, más bien las que corresponden a la legislatura y tienen una vocación largoplacista. Con todo ello, se incluye entre las principales medidas una llamada a la austeridad en las comunidades autónomas. La cuestión está en saber por dónde va a venir dicho ahorro fiscal.
El debate: las creencias de Rubalcaba
El debate entre Rajoy y Rubalcaba ha dejado muchas incertidumbres. Dudas sobre lo qué pasará según gane uno u otro. Ambigüedad sobre los conceptos del programa del Partido Popular. Aunque, lo que está claro es que los socialistas en tiempos de pérdida de liderazgo vuelven a la carga con el “miedo a la derecha”. La R de Rubalcaba se convierte en una sigla de Rottweiler. Surge la duda de si el temor al programa popular será mayor que el descrédito ante el liderazgo de la élite política en general, y de Zapatero en particular, como motivo de voto.
El candidato socialista ha hecho una defensa en su credo de los infiernos de la derecha. Y esa misma creencia, era la que se ha dado a su antecesor que nos llevó a la crisis política. Todo ello, ocultando las cifras de paro que asomaban como punta del iceberg. Y ésta, es la pluscuamperfecta oferta de futuro que González defendía en el mitin de Dos Hermanas. Lo que es innegable es que recortes habrá y la cuestión pasa por saber cuáles serán las carteras que sufrirán el tijeretazo.
La economía en España debe pasar por dos trayectorias. La primera es cambiar el sistema productivo tan vinculado al ladrillo que es un motivo estructural de crisis financiera y laboral. La segunda reactivar el trabajador autónomo que tan denostado está por leyes e impuestos. Pues es ahí, donde se puede sacar un auténtico filón de empleo y riqueza a largo plazo.
En definitiva, la victoria del debate descansa en manos de Rajoy. Unas manos algo resbaladizas que han tenido la suerte de enfrentarse a un Rubalcaba desgastado. Un cansancio que aún deja marca de viejos Suresnes y que debe dar paso a una generación de nuevos socialistas. Un tránsito por el desierto de la oposición que les hará reflexionar sobre la labor política de su último líder.
Piedra, papel o tijera
Los recortes del gasto público. Ése es el tema de la campaña en las elecciones generales. La incertidumbre acecha a izquierda y derecha. A los primeros porque no saben qué van a dejar de recortar, cuando Rubalcaba lo ha soltado como promesa. A los segundos porque han prometido no recortar gasto social y por algún lado tendrán que meter la tijera. La estimulación económica en España es una castración química porque se corta de todo, pero nada se deja crecer ni se alienta.
Hace algunos años, incluso antes del comienzo de la crisis, los economistas advirtieron que el sistema productivo necesitaba de un cambio. Nadie hizo nada al respecto. Cuando entramos en la crisis, o recesión según Zapatero, la estimulación consistió en unas ayudas de promoción económica destinadas a focos muy concretos y que no hacían evolucionar la especialización a largo plazo. Y ahora, seguimos con la tijera porque no queda otra, especialmente en Cataluña donde la hermandad del puño cerrado o Generalitat, suprime de todo menos los sueldos de sus políticos.
El juego de la clase política se ha convertido en un “piedra, papel o tijera”. Piedra para seguir arrimando más ladrillo a la sazón de un cubo de mezcla. Papel para seguir dando esas ayudas a la construcción y tijeras para seguir recortando debido a los efectos de la anemia laboral. La cuestión está, como en el cuento del cascabel, que quién le pasa las tijeras al gato.
Sobre la reforma constitucional, que no democrática
Los españoles sufrimos una vez más, como si de un bucle melancólico se tratase, las consecuencias de la chapuza política. Lo que bien pudiera haberse evitado con un pacto entre las fuerzas políticas, y que no fue posible debido a la ocultación que Zapatero hizo de la crisis a principios de 2008, revienta en la cara de cabreados e indignados. Mientras uno engañaba, y el otro esperaba frotándose las manos a la futurible victoria; los dos grandes han llegado a la conclusión de reescribir la Constitución para insertar el déficit cero.
El déficit cero está fuera de lo que jurídicamente se llama la parte dogmática de la carta constitucional, de lo que son los derechos fundamentales. Aunque eso no quita, que el gasto público no mantenga una estrecha relación con los derechos sociales. Por lo que, a la forma del cacique, los políticos han firmado la defunción del Estado del Bienestar español y se han bajado los pantalones ante la Unión Europea y los mercados financieros. Sin mediar por un referéndum, ni ninguna consulta al pueblo que será el auténtico afectado de esta decisión que elimina la política fiscal.
No fue suficiente con la mentira de unos, con la apatía de otros. Y es que, como ya no les queda nada, sólo pueden esperar a desnudar sus adentros y enseñar lo que tienen a los especuladores. Lo que no evitará que no sus eminencias, sino el Estado sea penetrado por un fálico rescate a la europea. Y como dicen, estas acciones se hacen con espíritu francés y carácter alemán. Por lo que, los españoles andaremos unos años más escocidos y jodidos.
Pero no llore, esta historia tiene un final feliz. Porque los imbéciles que degeneran en malvados, como dice Reverte, se irán contentos a sus casas. Zapatero regresará a su taifa leonesa, donde beberá su coñac satisfecho de haber realizado la segunda reforma constitucional y brindará con sus amiguetes. Una gran reforma dirán sus compañeros juristas de la Universidad con los que alguna vez trabajó. A la par que, el Partido Popular no tendrá necesidad de hacer grandes recortes cuando un pacto de Estado le da carta blanca para minimizar gastos. El arribafirmante se equivocó, en España siguen habiendo grandes pactos, sobre todo cuando el perjudicado es la ciudadanía.
Sobre el adelanto electoral
La propuesta de un anticipo de los comicios por parte de la oposición representa un indicio del panorama de la competencia electoral. Los populares han descubierto los posibles efectos que puede plantear el recorte de puntos en la valoración de líderes y la intención de voto que ha mostrado el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Y es que, difícil lo puede tener Rajoy, aunque siga apareciendo como el futurible vencedor.
Para ello, los socialistas han encomendado una parte de su campaña a humanizar la figura de Rubalcaba. Todo ello, mientras éste y el pre-jubilado Zapatero se ensarzan por el control de la agenda política. Poner las fechas y marcar los ritmos es uno de los grandes poderes de cualquier político y aquí es donde se juegan un recorte de puntos. Entre que uno garantiza la dignidad de su salida y el otro se prepara para unas elecciones otoñales.
El aspecto decisivo que si marcará la campaña es el reducido espacio de maniobras para el mensaje político. Pues, los ciudadanos una vez reincorporados a la vida corriente, a partir de mediados de septiembre, tendrán algo menos de un mes para recuperarse del síndrome postvacacional y elegir la dirección de su voto. Obviamente, los socialistas han aprovechado más que la niebla, la bruma marina de unas vacaciones donde sigue la borrachera de los mercados del arco mediterráneo. Algo que finalmente, ha roto con todos sus pronósticos.
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