adelanto electoral

La profecía de los inversores

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El capital internacional duda de la rentabilidad de España. Esto no es nada nuevo, pues aunque las cifras de empleo parecen que se están recuperando, la corrupción es el gran cáncer que azota al país. Si entendemos que esta corrupción está asentada en el partido que gobierna más aún, los inversores extranjeros plantean dudas sobre si merece la pena dirigir fondos al mercado español.

Se ha comentado esta semana, que es posible que la reducción de las inversiones en los próximos días sea debido al temor a la dimisión del Gobierno de Rajoy. Un hecho que podría producirse si toda la información del caso Bárcenas sale a la luz y termina por salpicar prácticamente a toda la cúpula del Partido Popular. No cabe duda que gran parte de este grupo político está mancillado. Sin embargo, vaticinar su disolución y la convocatoria de elecciones manifiesta un desconocimiento del comportamiento político de nuestra élite.

Visto desde el tiempo, el adelanto electoral de Zapatero crea una imagen más amable del mismo. No obstante, no es amabilidad ni lógica, lo que podemos pedirle a este gobierno que se desmorona entre el aumento del paro y las cifras de pagos ilegales que se hacen públicas. Rajoy no dimitirá porque goza de mayoría absoluta y porque creen fielmente que los plebeyos han depositado su confianza en ellos. Dicho de otro modo, el mismo ejecutivo se mira a sí mismo como una suerte de mesías que combate contra datos macroeconómicos en el desierto de una opinión pública que le ha abandonado. Si bien, no se cumplirá la profecía de los inversores, pero sí la de la visión megalómana de Rajoy a sí mismo como un enviado.

Sobre el adelanto electoral

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La propuesta de un anticipo de los comicios por parte de la oposición representa un indicio del panorama de la competencia electoral. Los populares han descubierto los posibles efectos que puede plantear el recorte de puntos en la valoración de líderes y la intención de voto que ha mostrado el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Y es que, difícil lo puede tener Rajoy, aunque siga apareciendo como el futurible vencedor.

Para ello, los socialistas han encomendado una parte de su campaña a humanizar la figura de Rubalcaba. Todo ello, mientras éste y el pre-jubilado Zapatero se ensarzan por el control de la agenda política. Poner las fechas y marcar los ritmos es uno de los grandes poderes de cualquier político y aquí es donde se juegan un recorte de puntos. Entre que uno garantiza la dignidad de su salida y el otro se prepara para unas elecciones otoñales.

El aspecto decisivo que si marcará la campaña es el reducido espacio de maniobras para el mensaje político. Pues, los ciudadanos una vez reincorporados a la vida corriente, a partir de mediados de septiembre, tendrán algo menos de un mes para recuperarse del síndrome postvacacional y elegir la dirección de su voto. Obviamente, los socialistas han aprovechado más que la niebla, la bruma marina de unas vacaciones donde sigue la borrachera de los mercados del arco mediterráneo. Algo que finalmente, ha roto con todos sus pronósticos.